5 #3
El buen ánimo que tenían cayó en picado al escuchar las palabras de Viri, pero Sarielle se aclaró la garganta y dijo en un tono intencionadamente alegre:
—Bueno, creo que podemos confirmar que el Gremio de Académicos sí que está manteniendo un buen nivel educativo —exclamó sonriéndole a Jessalyn con orgullo—.
Pero, ahora, vamos a hablar de algo un poco más animado, ¿no os parece?
—Le guiñó un ojo a la chica—. Tal vez...
No sé... ¿Sobre un cumpleaños que celebraremos muy pronto? Los catorce son muy especiales.
—¡Solo quedan dos semanas! —gritó Jessy radiante de emoción, como si en un segundo se hubiera olvidado de todo lo que habían estado hablado sobre los segadores. Viri decidió dejar el tema a un lado también—. Soren me va a dejar dar una fiesta para celebrar mi concesión.
—Ahora que lo dices... —dijo Soren mirando a Viri y a Wynter—. Del uno al diez, ¿cuánto os apetece organizar una fiesta para un grupo de niños hiperactivos?
Viri resopló y Wynter se ahogó con su propia risa, ya que ambas sabían que a Soren no se le daba nada bien organizar ese tipo de eventos.
—Yo estaré encantada de ayudaros —ofreció Sarielle mientras lanzaba el dado y avanzaba con la figura de su mago—.
La concesión solo se celebra una vez en la vida, así que tenemos que darle la importancia que se merece.
—Observó pensativa el salón y se fijó en el paisaje nocturno que se veía a través de la ventana justo antes de dedicarle una sonrisa a Jessy y decir—: Haremos la fiesta aquí.
Hay espacio de sobra, así que puedes invitar a quien quieras.
Jessalyn estuvo a punto de ponerse a llorar.
— ¿Lo dices en serio?
—Por supuesto —confirmó Sarielle—. Habrá música y juegos.
De hecho, les voy a preguntar a mis amigos de teatro del Gremio de Entretenimiento si pueden venir a hacer un espectáculo rápido.
O... —Chasqueó los dedos al ocurrírsele una nueva idea—.
Los Ignicionistas están actuando en el Callejón del Eco hasta final de mes. Les pediré el favor.
— ¿Los Ignicionistas? —gritó Jessy con los ojos llenos de ilusión—. ¿Te refieres a los acróbatas que hacen malabares con fuego ?
—Que los Sabios se apiaden de mí —murmuró Soren pasándose una mano por la cara.
—Dudo que te estén escuchando —dijo Wynter, que no dejaba de reírse mientras Sarielle seguía proponiendo ideas para la fiesta y Jessalyn se iba dejando llevar por la emoción al imaginar cómo sería su cumpleaños.
—Desde luego, seguro que los Sabios se están riendo a mi costa —gruñó Soren.
—Vaya... ¿No será que al gran e imponente miembro de la Nox le dan miedo un puñado de niños pequeños? —se burló Wynter—. ¿O son los acróbatas de los fuegos? Sabemos que te dan pánico los payasos, Sor. Pero no te preocupes, aquí estarás a salvo.
El chico se rasgó la nariz con el dedo corazón y Wynter se rio con disimulo y le respondió mostrándole el mismo dedo.
Viri ocultó la risa que le entró al ver a sus amigos haciendo el tonto y se sintió aliviada porque volvieran a comportarse como mejores amigos después de su breve y desastroso intento de salir unos meses antes.
—En cuanto a la ceremonia de concesión, imagino que tienes un día en mente, ¿no, Soren?
La pregunta de Sarielle hizo que él se sobresaltara porque se había desviado un poco del tema de la fiesta.
—Ah... Sí, claro —respondió irguiéndose—. Lo haremos a primera hora el mismo día de su cumpleaños.
—Estupendo —dijo Sarielle—. Haré hueco en mi agenda.
Viri ya había avisado a Meera de que necesitaría esa mañana libre.
Era tradición que los más allegados acudieran a la ceremonia de concesión, tanto por mostrarle su apoyo como por honrar los sacrificios que hacían todos los niños y niñas al entregar su magia a los obeliscos, aunque tampoco les quedaba más remedio.
La concesión era la ley más sagrada de Isla Elverdine y así lo había sido desde que los magos ancestrales se fueron volando a lomos de sus dragones; se llevaron toda su sabiduría y conocimientos, pero dejaron los cuatro obeliscos como regalo de despedida.
Un regalo que protegía a los ciudadanos de Isla Elverdine de la nebruma y de los segadores.
Un regalo que impedía que se consumieran.
Algunas personas lo consideraban una tragedia y, de hecho, Viri entendía por qué.
Sin embargo, a su parte cazadora la tranquilizaba vivir en una época en la que los únicos habitantes que tenían niveles destacables de élixen tenían menos de catorce años, ya que eso significaba que los segadores no contaban con la libertad de alimentarse de toda la población.
Al igual que Viri, que lo hizo con diez años, había niños y niñas que no esperaban a los catorce para entregar su magia p ara reforzar la protección de los obeliscos.
Apenas se acordaba de su ceremonia de concesión, aunque se debía a que ese recuerdo había quedado eclipsado por la muerte de sus padres, que fue ese mismo día.
—¿Todo bien, V? —preguntó Wynter—. Estás pálida.
Viri se dio cuenta de que era su turno, así que lanzó los dados, utilizó a su mago guerrero para salvar una aldea de los saqueadores y recogió su copiosa recompensa.
—Nada, será que estoy cansada. Es que alguien me ha despertado esta mañana.
Wynter le sonrió con descaro.
—¿Y cómo es posible que, aun estando cansada, te las arregles para ganarme? —preguntó Soren señalando su montón de cartas del tesoro, que eran la mitad que las de Viri.
Fue entonces cuando Viri se dio cuenta de que habían terminado la partida y los demás empezaron a contar sus cartas. A ella no le hizo falta, ya que saltaba a la vista que su montón era el más grande de todos.
—Viri ha ganado y Soren ha perdido —confirmó Jessy sin mucho entusiasmo—. Así que te toca elegir su castigo.
—Nunca he llegado a entender por qué el premio del ganador es castigar al que pierde. ¿Qué somos? ¿Sádicos? —se quejó Soren, aunque solo estaba bromeando. De todos ellos, él era el que menos guardaba rencor y ni siquiera tenía mal perder.
—¿Qué es un sádico? —preguntó Jessy inclinando la cabeza con curiosidad—. ¿Eso no es algo sexual?
Wynter, que acababa de darle un sorbo a su chispeante zumo de bayas de sauco, estuvo a punto de escupirlo encima de la mesa.
—Pues claro que no —dijo Soren tajante.
—Bueno, sí que puede serlo —murmuró Wynter limpiándose zumo de la barbilla—. A ver cuándo te da por abrir un libro, Sor.
La mirada que le dedicó Soren a su amiga hizo que Viri tuviera que toser para disimular una carcajada.
—Este tema no es el más apropiado para vuestra edad —dijo Sarielle en tono afable, aunque sus ojos delataron que se estaba divirtiendo con la conversación—. Así que mejor pasemos a otra cosa.
—Ya tengo casi catorce años —se quejó Jessalyn—. No tenéis por qué tratarme como a una niña.
—Para mí, siempre vas a ser una niña, mi dulce Jessalyn. —Sarielle le dedicó una mirada a todos los que había en la mesa—. Y eso va por vosotros también.
—Vaya, parece que ha llegado el momento de ponernos sentimentales —dijo Wynter haciendo una mueca de broma—. Rápido, Viri, dile a Soren cuál va a ser su castigo antes de que mamá se ponga a decirnos cursiladas.
Viri estaba tan cansada que no se le ocurría nada original, así que se decantó por algo que le sería útil.
—Me deberás un favor —le dijo al chico—. El que yo quiera.
Soren fue lo bastante compasivo como para no mencionar el favor que ya le había hecho esa misma mañana.
—Vale, pero que no sea nada raro —advirtió—. Y que no se te olvide que donde las dan, las toman. Más te vale tener cuidado la próxima vez que gane yo y pierdas tú.
Viri ni siquiera recordaba la última vez que Soren ganó un juego en la noche familiar. Aun así, no dijo nada; se limitó a sonreír para sí misma y ayudó a Sarielle a recoger el tablero mientras los demás limpiaban los restos de comida. En cuestión de minutos, dejaron el salón impoluto.
—Hora de irse a la cama —dijo Soren pasándole un brazo a Jessalyn por el hombro.
Ella le dio un codazo para librarse de él.
—Yo no soy la que necesita recuperar horas de sueño.
—En eso tiene razón —exclamó Viri bostezando—. Por tu cara, diría que necesitas dormir un día entero.
Soren no dudó ni un instante.
—Por suerte para ti, en la vida hay cosas más importantes que el físico.
—Eres un encanto, Soren —respondió Viri riéndose.
—Siempre me guardo las mejores frases para ti, Solace.
Y, entonces, se despidió de ellas con un gesto insolente y condujo a su hermana hasta la puerta.
Viri, volviéndose hacia Wynter y Sarielle, preguntó en tono de broma:
—¿Podéis decirme qué fue lo que vimos en él?
—La verdad es que tiene un buen trasero —dijo Wynter en tono serio—. Aunque de frente tampoco está nada mal.
—¡Wyn! —exclamó Viri.
—¿Qué? —respondió haciéndose la inocente—. Solo es un hecho objetivo.
—Ya, pero estás hablando de nuestro amigo.
—Sí, y las dos tenemos ojos. Maldita sea, salí con ese tío, así que créeme cuando te digo que, aparte de un buen trasero, también tiene un buen...
—Lalalá, no te escucho —gritó por encima de su amiga tapándose las orejas.
Sarielle, que estaba allí con ellas, se debatía entre la risa y la vergüenza ajena.
—Bueno, chicas, creo que ya hemos tenido bastante por hoy. Mejor nos vamos a dormir.
—Me parece una buenísima idea —respondió Viri.
—Lo mismo digo —añadió Wynter. No obstante, se dirigió a la puerta delantera—. Pero primero voy a ir a por unas notas que se me olvidaron antes. Las necesito para unas tareas que tengo que hacer en el fin de semana.
—¿Y no puedes esperarte hasta mañana? —preguntó Sarielle arrugando la frente.
—Mamá, la procrastinación es el mayor enemigo de los sueños. No te preocupes, Viri vendrá conmigo.
Justo cuando estaba a punto de quejarse, Viri se percató de la mirada que le dedicó su amiga y supo que no pensaba ir al Gremio de Sanadores, sino a su laboratorio secreto para practicar un poco de alquimia; fue entonces cuando se acordó de que le había prometido ayudarla con algunos experimentos.
Aunque ahora se arrepentía de haberse ofrecido, no tuvo tiempo de inventarse una excusa porque su amiga ya estaba empujándola para que saliera por la puerta.
—No nos esperes despierta, mamá —exclamó Wynter por encima del hombro.
Sin tener voz ni voto en el asunto, y maldiciendo mentalmente a su amiga, salió a rastras por la puerta, justo detrás de Wynter.