4 #3
Viri se detuvo, cerró los ojos y llenó sus pulmones del intenso olor a papel y tinta mientras esperaba a que su cuerpo se adaptara al ambiente.
Por fin, cuando la sensación pasó de ser como relámpagos que le sacudían todas las terminaciones nerviosas a un ligero cosquilleo bajo la piel, volvió a abrir los ojos.
Fue entonces cuando se fijó en que todos los archivistas de la sala estaban mirándola.
Se aclaró la garganta y, justo cuando se dirigía hacia el grupo de la esquina, se interpuso en su camino un hombre bajito y calvo que salió de entre las estanterías.
—¿Viridia Solace?
—Sí, soy yo —afirmó mientras se fijaba en que la poca estatura del hombre se debía a lo encorvado que estaba; no había duda de que era consecuencia de años y años inclinado sobre un escritorio.
—Soy Thornton, el jefe de los archivos —exclamó soltando un bufido arrogante. Entonces se dio la vuelta y se encaminó de nuevo hacia las estanterías—. Ven conmigo.
Viri no había tratado mucho con los archivistas, pero Soren y sus compañeros de la Nox siempre bromeaban sobre que los encargados de los registros eran un grupo demasiado serio. De hecho, la palabra que usaban era «arisco». Y Thornton le encajó con esa descripción en cuanto abrió la boca.
Sin más remedio que tragarse el orgullo, la cazadora lo siguió como un perrito obediente y los tacones de sus botas resonaron sobre el impoluto suelo blanco conforme atravesaban filas y filas de estanterías hasta llegar a una pared blanca en la que había una puerta abierta.
—Aquí es donde trabajarás mientras estés con nosotros —dijo el hombre haciéndole un gesto para que entrara en la habitación.
A Viri casi se le escapó un silbido de asombro cuando cruzó el umbral y se encontró con otra poderosa tutela de élixen.
Apretó los dientes hasta que se le pasó la molesta sensación de la magia y, después, observó el estrecho y árido despacho en el que había papeles por doquier, incluso debajo del escritorio y sobre la silla.
—Estos últimos meses hemos estado bastante cortos de personal —se excusó Thornton al ver el desastre que tenían delante—. Hemos tenido que dejar de lado algunos asuntos para darle prioridad a los casos más urgentes.
Thornton se acercó al escritorio y agarró un montón de papeles.
—Todos los documentos que hay en esta habitación tratan sobre un crimen, una denuncia o un problema del que se ha informado a la Nox.
Altercados por ruidos, robos, pintadas, allanamientos de morada, posesión de sustancias ilegales.
.. Todo lo que se te ocurra, está aquí —explicó el hombre mientras soltaba los documentos—.
Tu trabajo va a consistir en revisar todo esto para poder archivarlo.
Viri tragó saliva al darse cuenta de la cantidad de trabajo que tenía por delante.
—¿Cómo?
Thornton agarró una página y señaló la parte superior, donde había escrito un número siete con tinta verde. Después, sacó otra página en la que había un número once en azul, y así sucesivamente, hasta que le enseñó todo el caos de colores y números con el que tendría que lidiar.
—Todo está codificado por categorías de delitos. Lo único que tienes que hacer es colocarlos en montones por color y organizarlos por número.
—Parece un trabajo para idiotas —comentó.
—Lo es —respondió mirándola a los ojos.
A Viri casi se le escapó la risa. Sí que era arisco.
—Sé que los cazadores estáis acostumbrados a trabajar a todas horas —siguió explicándole el archivista—, pero esta semana tendrás que seguir a rajatabla el mismo horario que yo: de ocho de la mañana a seis de la tarde, con dos descansos de diez minutos y media hora para comer.
Suspiró por lo bajo al escuchar el inflexible y aburrido horario que tendría esa semana y ya echaba en falta la libertad que ofrecía su trabajo de cazadora.
—Volveré en unas horas —dijo Thornton dirigiéndose a la puerta—. Solo puedes salir de este despacho para tus descansos o si tienes alguna pregunta, ¿entendido?
Se marchó antes de que Viri le respondiera y la dejó sola con la enorme pila de documentos por clasificar. Viri ya daba por hecho que, en tan solo una semana, no le daría tiempo a ordenar ni la mitad de papeles. Sin embargo, se tragó sus inquietudes, se enderezó y se puso a trabajar.
La primera hora se le hizo muy lenta.
Durante la segunda, parecía que se había congelado el tiempo.
Y de la tercera en adelante estuvo al límite de la tortura.
Aun así, fue organizando los papeles de uno en uno y, de hecho, fue un paso más allá tras decidir ordenarlos, además de por colores y por números, por fecha.
Por una parte, lo hizo porque corría el riesgo de morir por aburrimiento y eso le daba una distracción adicional y, por otra, porque no quería que Thornton le dijera a Darik que su trabajo había sido chapucero.
A lo largo de su turno, el jefe de los archivos volvió al despacho unas cuantas veces por si Viri tenía preguntas para, después, irse a toda prisa.
Cuando Thornton se asomó en una de sus visitas de media tarde, Viri ya había logrado despejar una sección del amplio escritorio y fue entonces cuando se dio cuenta de un patrón que despertó su curiosidad.
—Aquí hay muchos documentos en rojo —le comentó al hombre, que justo estaba saliendo en ese momento por la puerta, como si deseara volver a ponerse con lo que estuviera haciendo.
Thornton asintió.
—El rojo significa que se ha informado de una desaparición. Es una denuncia bastante habitual.
Viri agarró el pequeño montón de papeles en rojo que había ordenado.
—Muchos de los documentos tienen el número tres, sobre todo en los últimos seis meses. Y, antes de eso, apenas había uno al año, dos como mucho...
Thornton la interrumpió y Viri lo notó impacientarse:
—Te he dicho que no te preocupes por el código de los archivos. Ese no es tu trabajo.
—¿Qué significa el número tres? —insistió, ya que era incapaz de descifrar la taquigrafía que usaban en los informes—. ¿Qué es lo que ha desaparecido?
—Niños —respondió Thornton con brusquedad—. Pero solo han informado de que han desaparecido, así que eso no significa que lo estén o que sigan desaparecidos. La Nox ha investigado cada uno de los casos, así que o están resueltos o se han quedado sin pistas.
Lo miró atónita.
—¿Esto son niños desaparecidos? —Su voz sonó más chillona de lo normal—. ¿ Todos ?
El archivista se encogió de hombros y no mostró nada que indicara que le inquietaba la situación.
—¿Por qué no habéis informado de esto al Gremio de Cazadores? —le exigió Viri—. Si están desapareciendo niños, lo más probable es que sean los segadores los que...
—No son segadores —la interrumpió de nuevo; su tono seguía reflejando impaciencia, pero también sonó condescendiente—.
Los segadores no secuestran niños; los matan.
Los informes que tienes en las manos son de niños desaparecidos , no de niños muertos .
Los segadores dejan los cadáveres. Y tú, como cazadora, deberías saberlo mejor que nadie.
A Viri le vino una imagen de la noche anterior a la mente: el niño del que habían extraído hasta la última gota de élixen, y de vida, para cuando ella llegó al sótano.
No era el primer niño al que encontraba muerto en manos de un segador, ni sería el último.
Thornton estaba en lo cierto: los segadores raptaban a los niños para matarlos, no para quedárselos.
—Como te acabo de decir —siguió el archivista—, la Nox se ha encargado de investigar estos casos y han considerado que no son urgentes. La mayoría de los niños vuelven con sus familias a las horas de desaparecer. Así que deja el tema, cazadora Solace, y céntrate en la tarea que te he encomendado.
Esas fueron sus últimas palabras antes de marcharse, unas palabras cargadas de advertencia que hicieron que le costara no salir corriendo detrás de él.
Thornton tenía razón sobre que los niños desaparecían de forma constante y que los padres entraban en pánico casi al instante, pero acababan encontrándolos comiendo golosinas en el Distrito Mercantil o deambulando por los inexplorados túneles de la subterra.
Que hubiera muchos informes de los últimos seis meses no significaba que estuviera pasando nada turbio.
De hecho, pensó que, entre los montones de papeles que aún tenía que ordenar, también podría haber cifras similares de años anteriores y que lo que sucedía era que no había llegado hasta esos casos.
Decidida a ignorar sus inquietudes, siguió clasificando los documentos y, cada vez que añadía uno nuevo al montón de números tres en rojo que no paraba de crecer, se repetía a sí misma que no tenía de qué preocuparse.
A la Nox se le daba bien su trabajo, de modo que esos casos se habrían marcado como no urgentes por algún motivo.
Y, a un así, en caso de que ocurriera algo alarmante, Darik y Meera se enterarían y avisarían tanto a los cazadores como a los miembros de la Nox. Todo estaba bajo control.
Sin embargo, a pesar de que intentara convencerse a sí misma de lo contrario, la intuición de Viri le estaba gritando que ahí pasaba algo raro.
Pero no sabía qué.