Sombra carmesí (Sombra carmesí 1) 4 #2
14%

4 #2

Esta pregunta era más fácil de responder para Viri, aunque le seguía pareciendo exasperante.

—He intentado hacer que hable, pero se ha dedicado a vacilarme y no paraba de andarse con jueguecitos. —Y, en un murmullo, añadió—: Tiene un ego tan grande que es un auténtico milagro que quepa en esa celda.

—Piensa un poco más, Solace —insistió Darik—. ¿Estás segura de que no dijo nada que pudiéramos usar a nuestro favor?

—Nada de nada. —Viri negó con la cabeza—. Además, dejó bastante claro que solo responderá a mis preguntas si...

— ¿Si qué? —la presionó Meera inclinándose hacia delante sobre sus manos.

—Intentó hacer un trato conmigo —confesó—. Su libertad a cambio de mis respuestas.

Ambos reaccionaron tal y como se esperaba: Meera suspiró fastidiada y Darik frunció los labios.

— No me sorprende —dijo Meera—, pero, aun así, resulta decepcionante.

—Puedo volver a intentarlo —ofreció Viri de mala gana. Habían pasado siete años desde la última vez que vio a Reeve y preferiría esperar otros siete para tener que volver a verle la cara, o más, si era posible.

—Valoraremos tu propuesta —respondió Darik, aunque su ceño fruncido parecía decir lo contrario—. Por ahora, lo dejaremos aislado. Una vez que se adapte a su nueva vida encerrado en esa celda, puede que se muestre más colaborativo y que nos cuente lo que sabe.

Viri no confiaba en que eso pasara, pero asintió de todos modos y se puso de pie; estaba deseando salir e iniciar su caza. Los segadores también moraban en las montañas y en la subterra, pero hoy necesitaba sentir el aire fresco y el sol en la piel. Necesitaba sentirse viva .

—Si eso es todo... —dijo encaminándose hacia la puerta.

—No —respondió Darik, lo que hizo que Viri se detuviera.

No siguió hablando de inmediato, sino que se tomó su tiempo para colocarse bien los guantes negros de piel que siempre llevaba puestos.

Meera no era la única con cicatrices, pero nadie sabía cómo se había hecho Darik las suyas, solo que eran lo bastante macabras como para que las tuviera siempre ocultas—.

Todavía tenemos que hablar de tu castigo.

Viri se giró hacia Meera con la esperanza de descubrir que su mentora estaba de su parte. En cambio, sus ojos la miraron con una mezcla de arrepentimiento y determinación cuando dijo:

— Has visitado a un prisionero de alta seguridad sin autorización.

Conocía a Viri tan bien como para entender por qué lo había hecho, pero, aun así...

— Lo siento, Viri —murmuró Meera—, pero algunos actos tienen consecuencias.

—¿Pensarías lo mismo si hubiese averiguado algo útil? —preguntó sin poder contenerse.

—No has averiguado nada —interrumpió Darik, que nunca se andaba con rodeos—, así que eso da igual.

Eso había sido un golpe bajo y Viri no pudo evitar sentir que había vuelto a fracasar. Se giró hacia la ventana y observó la nebruma, una nube oscura y amenazante, flotando sobre las olas que rompían con fuerza contra los acantilados.

—Vale. ¿Cuál es mi castigo, entonces? ¿Más entrenamientos? ¿Enseñar a los aprendices? ¿Limpiar las armas?

No sería la primera vez que tuviera que hacer algunas de esas labores y ninguna le entusiasmaba, pero todas eran mejor que...

— Tareas administrativas . —Las palabras de Meera hicieron que Viri se diera la vuelta, horrorizada—. Trabajarás directamente desde los archivos de la Nox. Una semana. Y nada de cazar.

—¿Una semana entera ? —exclamó boquiabierta.

—Y agradece que no sean más —gruñó Darik cortante mientras les daba un último tirón a los guantes antes de volver a apoyar las manos sobre las caderas.

—Pero...

— Y, aun así, tendrás que venir a entrenar cada mañana —interrumpió Meera lanzándole a Viri una mirada de advertencia.

Viri conocía bien esa mirada, ya que no era un aviso para que no siguiera discutiendo, sino para que dejara de tentar a la suerte.

Si se negaba a aceptar su castigo, sobre todo con Darik presente, podrían impedirle la entrada al Gremio durante una semana, o más.

Al menos de esta forma podía seguir viendo a Meera a diario y estar al tanto de cualquier novedad que haya sobre la caza de segadores.

Era un acuerdo justo y Viri sabía que pocos de sus compañeros recibirían ese trato de favor.

De modo que se tragó sus quejas y preguntó:

—¿Cuándo empiezo?

— Ahora mismo —respondió Meera, lo que hizo que Viri dejara caer los hombros con pesadez—. Ya hemos avisado de tu llegada a Thornton, el jefe de los archivos.

—En la Nox, no hay cabida para holgazanes ni para irrespetuosos —le advirtió Darik—. Durante los próximos siete días, serás una ayudante de los archivos, no una cazadora. No lo olvides si no quieres que esos siete días se alarguen bastante más.

Viri tuvo que morderse la lengua para no protestar. Aunque no le gustara nada el castigo que le habían impuesto, tampoco era una delincuente menor que fuera a estar haciendo el vago, por muy tedioso que le resultara el trabajo que tendría que afrontar.

— No hace falta que te diga que no puedes volver a visitar a Ashton —dijo Meera observando a Viri con atención, como si esperara que fuera a quejarse. Sin embargo, Reeve era la última persona a la que quería ver en ese momento.

—No será un problema —afirmó con decisión para que Meera se quedara tranquila. Y Darik también.

— Genial —exclamó Meera señalando la puerta con la cabeza—.

Nosotros tenemos que regresar con el consejo, pero te sabes el camino hasta los archivos, así que ponte en marcha.

Y una cosa más, Viri. —Los ojos jade de Meera la miraron con suspicacia—.

No llegues tarde al entrenamiento de mañana. No aceptaré otra de tus disculpas.

Viri asintió en un murmullo y se fue del despacho de inmediato.

De pronto, su tensión se alivió al ver a Soren apoyado contra la pared, esperándola.

Seguía estando perfectamente peinado y con el uniforme impoluto, pero sí que había una mancha de preocupación en sus ojos marrones que desapareció cuando vio que Viri estaba de una pieza.

—La próxima vez que te diga «date prisa», prueba a hacerme caso —dijo Soren enfatizando cada palabra.

—He aprendido la lección —respondió arrugando la nariz—. ¿Te he metido en muchos problemas?

—¿A mí? ¿Al chico de oro de la Nox? —Sonrió con ironía y le hizo un gesto a su amiga para que lo siguiera por los pasillos del Gremio hasta llegar al ascensor—. Que va. Solo una pequeña amonestación y algunos turnos más para patrullar por la subterra. Nada de lo que no pueda encargarme. ¿Y a ti?

—Una semana de tareas administrativas. —Viri sonó tan deprimente como se sentía—. Y empiezo hoy mismo.

—Que los Sabios se apiaden de ti —dijo Soren entre dientes—. Tu peor pesadilla, ¿eh?

Viri le respondió con un gruñido.

—¿Ha merecido la pena al menos? —preguntó mientras recorrían el pasillo de mármol verde—. ¿Conseguiste que Ashton te dijera algo de utilidad?

—No y no —contestó Viri volviendo a enfadarse por todo lo que había pasado.

—Yo te avisé, que no iba a hablar contigo —inquirió Soren con tono apacible.

—Sí que habló, pero no dijo nada que mereciera la pena escuchar.

—¿Le hiciste hablar? —exclamó Soren con las cejas rubias levantadas.

—Lo complicado era hacer que se callara —murmuró Viri antes de recobrar la compostura.

Por suerte, para entonces, ya habían llegado al ascensor; justo cuando se abrieron las puertas, salieron tres cazadores y uno de ellos saludó a Soren para preguntarle sobre un arresto que habían hecho juntos poco antes.

A juzgar por la mirada coqueta que le dedicó el atractivo joven, eso no era lo único que habían hecho juntos. Viri casi no pudo contener la sonrisa cuando le dijo a su amigo que se verían más tarde.

Cuando ya estaba sola en el ascensor, se quedó quieta y, por un momento, deseó poder tener tiempo para salir al exterior para despejar la mente, sobre todo tras la inútil visita que le había hecho a Reeve.

No obstante, no podía arriesgarse a que Darik alargara su castigo, así que, tras respirar hondo, pulsó el botón de bajar e ignoró la punzada de élixen que notó cuando el ascensor empezó a moverse.

Una parte de ella le rezó a los Sabios para que el ascensor se q uedara atascado entre dos plantas y así tener una excusa válida para ausentarse durante el resto del día.

No le sorprendió darse cuenta de que los Sabios no la habían escuchado; los dioses de la antigüedad tenían mejores cosas que hacer. De modo que, a los pocos segundos, se abrió la puerta que daba a los archivos de la Nox.

En cuanto puso un pie en ese espacio cavernoso de paredes blancas, recordó por qué odiaba tanto los archivos.

Y no era solo por las pilas interminables de papeleo que había.

Tampoco eran las estanterías que se extendían desde el suelo hasta el techo y tan a lo lejos que ni le alcanzaba la vista, todas ellas repletas de libros de contabilidad e informes que cubrían desde los delitos menores a los asesinatos más atroces.

Ni siquiera era por los asfixiantes y abarrotados escritorios amontonados en una esquina o por los agotados archivistas que se sentaban en ellos.

Nada de lo anterior le llamaba la atención, pero tampoco era tan malo como para que tuviera la necesidad de irse nada más llegar.

Era el denso aire de los archivos lo que le daba ganas de salir corriendo; había olvidado lo intensas que eran las tutelas de protección de los archivos, por lo que el élixen era tan potente que le nublaba todos los sentidos.

En general, a Viri no le importaba ser más sensible a la magia que la mayoría, pero, en ocasiones así, cuando el élixen estaba tan concentrado que lo sentía como una avalancha de estímulos, deseaba parecerse más a los demás.

Ni siquiera en las celdas de la Críptula se usaba tal cantidad de magia, aunque allí tampoco tenían que preocuparse porque los delicados informes se vieran afectados por el aire húmedo del interior de la montaña.