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E l Gremio de Cazadores se encontraba justo encima de la Custodia Nox y, al estar tan cerca, compartían ascensor y el mismo sendal, de modo que Viri no tuvo que bajarse del ascensor cuando se topó con Meera.

Su mentora se situó junto a ella y había tanta tensión en el ambiente que Viri dejó escapar un suspiro de alivio cuando se abrieron las puertas del ascensor y sus ojos observaron el familiar pasillo de mármol verde oscuro del Gremio.

Al contrario que los miembros de la Nox, los cazadores no tenían espacios de trabajo, ya que casi siempre estaban fuera buscando segadores, así que solo iban al Gremio para entrenar, tener reuniones y pasarle novedades a su mentora.

Cuando un cazador atrapaba a un segador, se lo entregaba a la Nox para que finalizara el arresto e hiciera todo el papeleo necesario.

A Viri le venía de perlas que ese fuera el procedimiento, ya que odiaba la idea de trabajar sentada en un escritorio todo el día.

Necesitaba estar activa e ir de arriba abajo; no le gustaba sentirse atrapada en un lugar ni en ningún aspecto de su vida.

Y, en ese mismo instante, se sentía muy atrapada al seguir a Meera por el pasillo iluminado por lumiternas; avanzaron por túneles que llevaban a salas de combate, una sala de juntas del tamaño de un teatro y una zona de despachos que se utilizaban para reuniones informales.

Meera, como supondría cualquiera, tenía su propio despacho, ya que era la jefa del Gremio de Cazadores; un despacho tallado en la ladera de la montaña y con una pared acristalada sellada que se alzaba sobre los acantilados del oeste de Isla Elverdine, a cientos de metros de altura del embravecido mar.

Cuando entró en el despacho de Meera, se fijó de lleno en la ventana y un escalofrío le atravesó toda la espalda al observar la amenazadora nebruma que se cernía sobre el océano.

Hasta que, de pronto, el sonido de alguien aclarándose la garganta la sacó de sus pensamientos.

Al darse la vuelta, se encontró con Darik, que estaba junto al escritorio de madera caoba de Meera al fondo de la habitación y la miraba igual que su mentora: serio y con el ceño fruncido.

Ambos eran líderes altos, fuertes y, sin duda, intimidantes, pero eso era lo único en lo que se parecían.

Meera, que tenía treinta y tantos años, era de piel oscura y pelo castaño rizado, y llevaba un conjunto ajustado de cuero.

Darik le sacaba unos veinte años a Meera, tenía el cabello entrecano y una piel pálida que tapaba con su abotonado uniforme de la Nox.

La mirada verde jade de Meera era aguda y atenta, mientras que los ojos negros de Darik eran severos y rayaban la hostilidad, aunque esa mirada solía reservarla para Viri.

Era un secreto a voces que el capitán de la Custodia Nox estaba resentido con ella, aunque se mostraba bastante profesional como para no permitir que esto influyera en sus interacciones. La mayoría de las veces.

Todo el mundo sabía el motivo, uno de lo más trágico: Darik culpaba a Viri de la muerte de su hija.

En realidad, ella no tuvo nada que ver. De hecho, ni siquiera llegó a conocer a Istrid Farrow, pero sí que compartían una historia.

Porque casi diecisiete años atrás, Istrid era una joven cazadora cuyos mentores eran nada más y nada menos que los padres de Viri: Jorth y Amity Solace.

Y también habían sido los mentores de Meera.

Todo pasó cuando tanto Istrid como la mentora de Viri terminaron la formación.

Justo acababan de prometerse y Meera e Istrid siempre cazaban en pareja mientras que Jorth y Amity las supervisaban.

Hasta que una noche, sin previo aviso, los padres de Viri no aparecieron.

Esa misma noche, un segador se presentó ante Meera e Istrid por sorpresa y le rebanó la garganta a Meera con una daga, de modo que la otra joven tuvo que enfrentarse a él sola.

Istrid consiguió matar al segador, pero no logró sobrevivir al ataque.

Meera, en cambio, sí que lo hizo, aunque la herida de su garganta era tan grave que tuvo que recurrir a un amuleto mágico que la había acompañado desde entonces, un objeto de los mismísimos magos ancestrales que le permitía hablar mentalmente.

Su alcance estaba limitado a las personas que tenía a la vista y quienes la escuchaban tenían que responder de forma audible, pero al menos podía comunicarse con los demás.

Y, sobre todo, tuvo la suerte de sobrevivir , al contrario que su amada prometida.

Tras la muerte de Istrid, Darik se la tenía jurada a la familia de Viri: primero a sus padres, por no haber protegido a su hija, y, cuando ellos murieron, a ella misma.

Viri entendía su pena y, de hecho, empatizaba con él. Pero su paciencia tenía unos límites, y Darik ya se estaba dejando arrastrar demasiado por su infundado rencor. Si Meera, que amaba a Istrid con todo su corazón, podía superar lo que había pasado, Darik también podría hacerlo.

El capitán, sin embargo, se negaba a desprenderse de esa enemistad.

Incluso en ese momento, se fijó en la oscuridad de sus ojos y en los músculos tensos de la mandíbula.

Cuando se encontró con su mirada inquebrantable y un enfadado Darik le señaló la silla que había delante del escritorio de Meera, Viri se acercó y se dejó caer en el asiento con pesadez, preparada para la reprimenda que estaba a punto de recibir.

Decidió que lo más inteligente era pasar a la ofensiva, sin rodeos, así que esperó a que Meera se sentara antes de preguntarles a sus superiores:

—¿Alguno de vosotros tiene algo que contarme?

Meera arqueó las cejas, sorprendida, mientras repetía mentalmente:

— ¿ Algo que contarte nosotros a ti ?

—Ajá. —Viri se sacudió una pelusa de la capa—. Voy a daros una pista: cuando atrapáis a la mano derecha del Padre Segador y os dice que solo está dispuesto a hablar con una persona, tal vez, tal vez , debáis informar a esa persona.

Vio un atisbo de culpabilidad en el rostro de Meera, pero los ojos negros de Darik permanecieron impasibles.

—Hay una serie de protocolos que debemos seguir, Solace —dijo el capitán de la Nox—. Ya lo sabes.

Viri miró a su mentora y se sintió un poco reconfortada por la pizca de frustración que percibió en su rostro.

Darik era un fiel seguidor de las reglas y se había encargado de inculcarles esa misma costumbre a sus guardias.

Meera, en cambio, tenía alma de cazadora y consideraba que algunas reglas estaban hechas para saltárselas.

—Los segadores no tienen derechos —siguió diciendo Darik en un tono grave y ronco—.

Que Ashton quisiera hablar contigo no significa que tuviéramos que estar de acuerdo con ello.

Hemos seguido el procedimiento y le expusimos su petición al consejo; si hubieran votado que sí, entonces te abríamos avisado.

—¿Votaron que no? —preguntó desconcertada.

Que Reeve fuera tan cercano al Padre Segador era motivo más que suficiente para que incluso Sarielle se diera cuenta de la importancia de hacerle hablar, sin importar qué conllevara o a quién involucrara.

Aunque la magistrada fuera la tutora legal de Viri, y por muy protectora que se mostrara, Sarielle tenía la obligación moral de anteponer el bien de la mayoría al de unos pocos.

— Aún no han votado —respondió Meera por Darik. Y, dedicándole una mirada fría a Viri, añadió—: Y ya no hace falta que voten, ¿no?

Viri se retorció en su silla, avergonzada.

—Sabemos que Archer te llevó hasta Ashton —dijo Darik con desaprobación—. Él no lo ha reconocido todavía, pero no tiene sentido que lo niegue —añadió con tono de advertencia—. Algún día la lealtad de tu amigo va a traerle serios problemas.

—Él no tiene la culpa —exclamó—. Yo le pedí que lo hiciera.

— Soren Archer no hace nada que no quiera. Prueba con otra cosa —dijo Meera tras resoplar.

Antes de que pudiera rebatirle, Darik la interrumpió:

—Podemos hablar de tu insolente desacato de las reglas más tarde. Ahora queremos que nos respondas a dos preguntas.

¿Solo dos? , se preguntó Viri para sus adentros. Estaba mareada de la cantidad de preguntas que tenía en la cabeza, sobre todo porque no conocía la respuesta a ninguna de ellas gracias al arrogante segador que estaba encerrado bajo sus pies.

Darik se apoyó en sus caderas.

—Queremos saber por qué el seguidor más fiel del Padre Segador ha pedido hablar contigo. —Su mirada se volvió perspicaz y recelosa al enfatizar—. Solo contigo, y qué te ha dicho.

Viri dudó un instante porque sabía que debía tener cuidado con lo que les contaba. Darik y Meera no se habían ganado sus cargos de capitán y comandante por casualidad; ambos eran expertos en detectar mentiras, sobre todo en el caso de Meera cuando trataba con Viri.

Así que, intentando ser lo más honesta posible, respondió:

—Ree... Ashton no me dijo por qué quería hablar conmigo. —Verdad—. Yo creo que solo era por tener la oportunidad de provocarme. —También verdad, aunque se había saltado una parte que Meera y Darik desconocían.

Como era de esperar, Meera se relajó al escuchar sus palabras. Se frotó la gruesa e irregular cicatriz de la garganta y dijo:

— ¿Por lo de tus padres?

El rostro de Darik se ensombreció al hacer referencia a Amity y Jorth, pero, después, se quedó pensativo.

—Pues claro. Seguro que Ashton sabe lo que les pasó a tus padres.

Y te estás ganando una fama entre los segadores, así que no es de extrañar que haya venido a por ti.

—Darik se calló un instante—. Aun así, me parece algo bastante personal.

¿Por qué no ha elegido a otro segador? ¿O a la Nox? ¿O a un miembro del consejo?

Por un momento, deseó que a Darik no se le diera tan bien su trabajo o que, al menos, fuera un poco menos inquisitivo a la hora de hacer preguntas.

—No me lo ha dicho —repitió Viri, que no pensaba contar más de la cuenta.

— ¿Y qué te ha dicho, entonces? —preguntó Meera apoyando las manos en el escritorio—. ¿Te ha contado algo del Padre Segador?