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—No empieces... —se quejó cuando Soren abrió la boca—. Luego le echas la bronca a Wyn si quieres, pero a mí no. —Entonces se giró hacia la puerta—. Necesito ver a Darik ahora mismo para saber qué...
—No está aquí.
—¿Dónde está? —preguntó volviéndose hacia su amigo.
—Con Meera. Están hablando con los testigos que vieron lo que pasó anoche.
—¿Testigos? —exclamó Viri con el ceño fruncido—. ¿Por qué?
Soren se pasó una mano por el pelo y despeinó alguno de sus mechones rubios, pero, al segundo, volvió a tenerlos perfectamente peinados.
—Por el segador. Según dicen... apareció aquí.
El segador.
Era un hombre.
Viri sintió un hormigueo bajo la piel ante la inminente necesidad de saber más al respecto.
—Nadie se ha atribuido el mérito de haberlo capturado —siguió contando Soren—.
El capitán Farrow cree que tienen miedo de las represalias que pueda tomar el Padre Segador, de modo que nadie ha dicho nada para proteger a sus familias.
Aun así, lo importante es que tenemos a un segador de alto rango bajo custodia y un buen puñado de preguntas sin responder.
—¿Alguien le ha interrogado? —preguntó Viri.
—Pues claro —respondió—. Pero se niega a soltar prenda. Dice que solo está dispuesto a hablar con una persona.
—¿Con quién?
—El capitán no nos lo ha dicho. Parece que Meera y él se lo están callando hasta que obtengan más información.
Arrastrada por la frustración, se dio la vuelta y se encaminó de nuevo hacia el ascensor.
—Espero que no estés pensando en lo que creo que estás pensando —le advirtió Soren mientras trataba de andar a su lado.
—Quiero verlo.
—Ni se te ocurra.
La cazadora ignoró las firmes palabras de su amigo.
—Tú no tienes que darme permiso. Yo...
—En realidad, sí. Está en una celda de alta seguridad en lo más profundo de la Críptula, es decir, una zona a la que solo tienen acceso los miembros autorizados de la Nox.
Viri, al escuchar el extraño tono con el que se lo dijo su amigo, se detuvo en el pasillo de mármol entre dos cabinas vacías y lo miró de reojo.
—Hay algo que no me estás contando.
Soren parecía estar debatiendo algo en su interior.
—El segador no solo es alguien del círculo cercano del Padre Segador. Hay... algo más.
Notó cómo se aceleraron los latidos de su corazón, como si supiera que lo que vendría a continuación no sería nada bueno.
—¿Quién es, Soren?
El guardia se quedó callado un buen rato, como si se estuviera arrepintiendo por haber hablado más de la cuenta, pero sus ojos se encontraron con los de su amiga y decidió responderle:
—Reeve Ashton. El servidor más fiel del Padre Segador. Su mano derecha.
Reeve.
Ashton.
Por un instante, Viri no escuchó nada salvo el zumbido de sus oídos.
En ese momento, se le vinieron a la mente imágenes de un chico de cabello negro enmarañado y ojos plateados que brillaban como estrellas.
Su cabeza empezó a darle forma a otros recuerdos, pero decidió dejarlos a un lado antes de recordar algo más, o a alguien .
Se tambaleó un poco e intuyó que Soren iba a decirle algo que ella ya sabía: que tanto la Nox como los cazadores conocían a Reeve y su cuestionable reputación, y que se le consideraba un objetivo prioritario tras años y años de rumores que hablaban de él y de su cargo.
El Padre Segador era otro tema, ya que su identidad era un secreto muy bien guardado que solo conocían las personas de su círculo de confianza.
Y Reeve Ashton era una de esas personas. De hecho, había muchas probabilidades de que él fuera quien mejor lo conociera.
Viri volvió a tambalearse y Soren empezó a gritar su nombre, preocupado. Fue entonces cuando recuperó la compostura y, aunque le ardía la garganta, repitió:
—Quiero verlo —exclamó en un tono serio y decidido—. Tienes dos opciones: o me ayudas o me delatas. Pero, hagas lo que hagas, voy a ir.
Soren, al ver que no iba a conseguir que cambiara de opinión, maldijo por lo bajo antes de decir:
—No creo que hable contigo.
—Puede que no. Pero, aun así, tengo que intentarlo . —Se le quebró la voz al decir la última palabra, incapaz de seguir reteniendo todas las emociones que amenazaban con salir a la vez de su interior.
Soren relajó el rostro. Conoció a Viri pocos meses después de que sus padres murieran, así que era plenamente consciente de la vorágine de sentimientos que estarían invadiendo a su amiga y lo que ese arresto significaba para ella.
No obstante, también había muchas otras cosas que él desconocía.
Cosas que nunca sabría, ni podría saber.
Como, por ejemplo, que Viri ya conocía a Reeve de antemano.
—Viri... —Le sostuvo la mirada y observó la tormenta que asoló el interior de su amiga; después, resopló con fuerza—.
Está bien, te llevaré hasta él. Pero, si nos pillan, será mejor que utilices todos tus recursos para que la magistrada no nos encierre en una celda con Ashton en lo más profundo de la Críptula. ¿Entendido?
Ella asintió con rapidez y Soren volvió a suspirar para luego murmurar algo sobre lo exasperantes que eran sus mejores amigas conforme la guiaba otra vez hacia el ascensor.
En los espacios de trabajo que había a su alrededor todavía reinaba el caos, pero, esta vez, Viri apenas se percató.
Estaba reuniendo todas sus fuerzas y valentía para plantarle cara al fantasma de su pasado, uno al que no creía que volvería a ver.
Habían pasado siete años desde la última vez que vio a Reeve Ashton.
Siete años desde que el Padre Segador mató a sus padres.
Siete años desde que Reeve le juró lealtad a su asesino justo antes de verlos desaparecer juntos, sin dejar rastro alguno.
Hasta ahora.