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—Lo sé... —murmuró Viri mientras se dirigía al armario para elegir uno de sus uniformes de cuero que estuviera limpio—.
Pero también sé que quieres mucho a tu madre como para contarle que con solo ver sangre se te revuelve el estómago porque arruinarías su sueño de convertirte en la mejor médica de todo Aravell.
—No es solo por la sangre —exclamó Wynter exagerando un escalofrío—. La gente en general me da asco.
Viri ocultó su sonrisa mientras rebuscaba entre sus perchas una capa carmesí que también estuviera limpia.
—Eres un orgullo para todo el Gremio de Sanadores, Wynter Starling. No dejes que nadie te haga pensar lo contrario.
—Tú misma has dicho que anoche te salvé la vida —protestó—. Y estaría encantada de aprender a tratar a pacientes con medios mágicos. Pero ¿con medicina común? ¿Tratar con enfermedades, dolores y muerte? —dijo estremeciéndose de nuevo—. No, gracias.
—Perdón por sonar repetitiva, pero es que resulta que tus métodos preferidos son ilegales .
—Solo si te pillan.
No pudo evitar resoplar.
—Prueba a soltarle ese mismo argumento a tu madre, a ver qué opina ella.
Su amiga se puso pálida y frunció el ceño justo antes de cambiar de tema a propósito.
—Vaya, parece que ya no tienes prisa.
Viri se colgó el uniforme del antebrazo y agarró sus botas cuando le respondió:
—Lo más probable es que Meera se haya enfadado por no aparecer a primera hora de la mañana, pero cuando vea los informes de arrestos, sabrá que ayer terminé tarde. Seguro que lo entiende.
Contaba con que Meera, en su próximo entrenamiento, aprovechara para darle una paliza, pero eso iba a acabar pasando igualmente.
—No me refiero a Meera —dijo Wynter—. Pensaba que te irías directa al cuartel general de la Nox en cuanto te despertaras. Tengo que reconocer que me ha sorprendido de forma grata tu fuerza de voluntad.
Entonces Viri se quedó callada un segundo.
—¿De qué estás hablando?
Al percatarse del desconcierto de su amiga, el rostro de Wynter pasó de la confusión a la preocupación.
—Espera... ¿No lo sabes?
—¿Saber qué ?
Wynter empezó a alarmarse más aún.
—He escuchado a mi madre hablando con el capitán Farrow esta mañana. Anoche atraparon a alguien. Y, al parecer, alguien importante.
Cuando Viri escuchó el nombre de Darik Farrow, el capitán de la Custodia Nox, se relajó.
Los guardias urbanos y los cazadores compartían la misión de proteger la ciudad, pero eran organismos distintos: la Nox se encargaba de supervisar el cumplimiento de las leyes en general y los cazadores se centraban en los segadores.
La única noticia por la que Viri habría salido corriendo hacia el cuartel general de la Nox tendría que haber venido de. ..
—Meera estaba bastante ocupada tratando de controlar los daños como para informar ella misma —siguió diciendo Wynter, por lo que los pensamientos de Viri se detuvieron en seco—. No hay necesidad de que se corra la voz ni de que cunda el pánico, o eso es lo que le dijo Darik a mi madre.
A Viri se le heló la sangre y, un segundo después, le ardió. Entonces sintió una mezcla de temor y sospecha que la recorrió de pies a cabeza.
—¿A quién han atrapado, Wyn?
—No escuché cómo se llama —respondió negando con la cabeza—. Solo sé que es un segador de alto rango y que pertenece al círculo cercano del Padre Segador.
De pronto, Viri se quedó sin aire.
Por fin, después de tantos años de buscar sin descanso, esta podría ser la oportunidad perfecta para poder seguir la pista de cerca al Padre Segador.
—Tengo que irme —dijo conforme salía corriendo hacia la puerta de la habitación, pero Wynter la agarró del brazo.
—La ropa, V. —Señaló el montón de prendas que llevaba Viri en el brazo y la empujó hacia su baño—. Aunque me encantaría verte interrogando a un segador letal en pijama, creo que será mejor que lo hagas con tu uniforme de cuero de cazadora malota.
Viri bajó la vista hacia su camisón rosa pastel y maldijo por lo bajo antes de cambiarse de ropa a una velocidad sobrehumana y colocarse el fílux en el antebrazo.
—A por ellos, cazadora —exclamó Wynter cuando Viri volvió deprisa a la habitación—. Luego quiero que me hagas un buen resumen.
Viri ya estaba saliendo por la puerta y recorriendo el largo pasillo de su apartamento, por lo que dejó tanto a su amiga como a sus palabras atrás.
Escuchó a Sarielle en la cocina, lo que le resultó raro, ya que su trabajo le quitaba mucho tiempo, y, por un segundo, se planteó si ir a hablar con ella.
Pero su tutora solía ser muy estricta a la hora de separar el trabajo y la familia, así que lo más probable era que no le dijera nada sobre lo que había hablado con Darik.
Así que decidió sobre la marcha que lo mejor era atajar el problema desde la raíz.
Salió disparada por la puerta principal y se encaminó por los túneles interiores de la montaña.
Sus pulmones se llenaron del aire terroso y filtrado mientras iba cruzando las curvas a una velocidad vertiginosa; lo único que iluminaba el recorrido eran unas lumiternas sin llamas fijadas a la roca negra.
No era la primera vez que Viri se sentía afortunada por vivir con la magistrada, ya que su casa se encontraba en una ubicación privilegiada con pocos vecinos, por lo que nunca había demasiada gente de camino al sendal más cercano.
Y más afortunada aún se sintió al ir más tarde de lo normal, ya que se había ahorrado todo el bullicio matutino de los trabajadores con los que coincidía cuando se dirigía a su entrenamiento habitual a primera hora.
En cambio, pudo ir corriendo directamente hasta el brillante arco de piedra mágica y atravesarlo sin demora mientras pensaba en el portal que estaba más cerca de su destino para que la llevara hasta allí.
El cuartel general de la Custodia Nox se encontraba en las profundidades del monte Verta, el pico más al sur de las montañas Tridus.
El monte Tembris estaba formado por apartamentos como el de Viri que se extendían hasta la cima; el monte Verta, en cambio, estaba hueco más bien por la zona del centro, con gruesas paredes de piedra talladas por los magos ancestrales para que constituyeran distintos niveles en forma de espiral.
Ahí era donde se encontraban los distintos gremios, los servicios municipales y los distritos mercantiles, lo que les daba a los ciudadanos espacio de sobra dentro de la montaña para trabajar, estudiar y socializar.
Como la Nox necesitaba tener fácil acceso a la Críptula, su sede se situaba en la base del monte Verta, lugar al que Viri llegó en pocos segundos a través del sendal conectado.
Tras salir del deslumbrante arco, se encontró en la zona de recepción de la Nox, una estancia con paredes blancas de mármol.
Había dos guardias uniformados custodiando la entrada principal, como siempre, y Viri asintió en su dirección mientras pasaba por el mostrador central de camino al ascensor.
En cuanto se cerraron las puertas, apretó con fuerza el botón para bajar y movió el cuello en círculos al sentir la presión de la magia cuando el ascensor, que funcionaba con élixen, empezó a descender.
Tardó poco en llegar a la zona de administración de la Nox, que era donde trabajaban los guardias urbanos cuando no estaban de patrulla.
Por lo general, era una parte silenciosa y tranquila, pero Viri se encontró con el más absoluto caos al salir del ascensor.
Había guardias uniformados de negro que se movían con prisa de arriba abajo y algunos cazadores de capas rojas mezclados con ellos, todos esperando a que les dieran novedades.
Viri sabía que podía haberse quedado esperando con ellos, pero le podía la impaciencia porque necesitaba respuestas ya .
Avanzó a grandes zancadas entre los espacios de trabajo y las puertas abiertas de los distintos despachos, y siguió andando hasta la parte más alejada de la planta.
Por fin, se detuvo cuando llegó a una puerta de madera tallada en la misma montaña en la que había un cartel que decía Capitán Darik Farrow .
Estaba a punto de llamar cuando escuchó una voz que la sobresaltó.
—Ya era hora de que aparecieras. He estado a punto de enviar a un equipo en tu búsqueda.
Viri se dio la vuelta y se encontró con su otro mejor amigo, Soren Archer, que estaba de pie mirándola con los brazos cruzados.
Llevaba puesto su uniforme de la Nox, con los botones y las hebillas plateadas de su abrigo negro pulidos a la perfección.
Gracias a su pelo rubio y a sus ojos marrón claro, era el ejemplo modélico de la Custodia Nox, no solo por su apariencia de chico bueno, sino también porque cumplía las reglas a rajatabla e iba ascendiendo de rango a pasos agigantados.
Para Viri, sin embargo, siempre sería el chico flacucho al que conoció el primer día de su instrucción, aunque ella como cazadora y él como guardia urbano; ese día, se pusieron en pareja para un ejercicio de combate en el que tuvieron que poner a prueba sus habilidades innatas y acabaron forjando un vínculo de sangre y moratones.
Desde entonces habían sido inseparables.
Aparte de Wynter, nadie conocía a Viri tan bien como Soren, por lo que no se extrañó de que su amigo estuviera esperando a que llegara en cuanto se hubiera enterado de la noticia del segador capturado. Su sonrisa burlona lo delató, pero se desvaneció en cuanto observó a Viri con detenimiento.
—¿Qué demonios te ha pasado en la cara?
—No es nada —dijo tratando de quitarle importancia—. Ahora está mucho mejor. Ya casi no me duele.
El rostro de Soren se tensó al leer entre líneas. Al igual que Viri, a él tampoco le entusiasmaba la idea de que Wynter estuviera obsesionada con la alquimia, pero, en su caso, era más por el hecho de que estuviera infringiendo las leyes que porque fuera algo peligroso.