46. Whit
Whit
Arranco otro pelo de perro de la manta y maldigo en silencio a Betty por soltarlo. La semana pasada le compré la cama perruna más cómoda que pude encontrar, pero insiste en robarme esta manta para hacerse un nido en el suelo cada vez que puede.
Blair mastica un nacho. Hay algo raro en ella hoy, pero no llego a ver qué es. Yo suponía que tras dos semanas completas de sexo incesante y margaritas al sol, iba a venir radiante.
—Bueno, cuéntame, ¿qué tal ha ido la luna de miel? —pregunto.
Ella relaja los músculos un poco, y sus hombros se hunden un centímetro.
—Ah, ha ido estupenda. Podría haberme pasado un mes entero en la playa, pero largarse dos semanas ya ha sido demasiado.
A pesar de que Blair insistió en que no podían aceptar unas vacaciones pagadas a México como regalo de boda, aduciendo que tenía que cuidar de nuestra madre y trabajar en la clínica y que Denny tenía que estar en el rancho, tanto mis padres como él la convencieron.
—Quizá podáis ir otra vez el año que viene. Podríais convertirlo en un viaje anual de aniversario.
Ella arruga la nariz.
—Ya, no sé si va a ser posible.
En esto diferimos fundamentalmente mi hermana y yo. Si alguien me da la oportunidad de escaquearme del trabajo y ponerme a leer novelas guarras en una piscina, ni me lo pienso.
Se vuelve a hacer el silencio en la habitación, excepto por el bucle infinito de tráileres de películas que creo que me gustarían en la tele.
—¿Qué tal la vida de casada?
«¿Tendrá que esforzarse tanto Denny para que hable?».
—Ah, bien. Muy bien. —Esboza una media sonrisa—. Mejor de lo que me había imaginado, sinceramente. Denver es… es muy bueno conmigo.
—Me alegro por ti —digo con toda honestidad—. Te mereces a alguien que te ame así.
Ella se recoloca en el sofá y se arranca un par de bolitas de la camiseta. Asiente.
—Tú también.
Por primera vez en mi vida, no solo estoy de acuerdo con ella, sino que siento que lo he encontrado. Aunque solo ha pasado un mes desde la noche de bodas de Blair y Denny, puedo decir con seguridad que jamás he sentido algo así por nadie.
—Colt es lo mejor que me ha pasado… A mí y a Jonas. Ojalá lo hubiera conocido hace años. Trata a Jonas como si fuera su propio hijo, lo cual me hace increíblemente feliz. Pero también me pone un poco triste, ¿sabes? Tipo ¿por qué no ha podido esforzarse Alex aunque fuera la mitad que él?
—¿Has hablado últimamente con Alex?
—Por desgracia, sí. —Pongo los ojos en blanco—. A ver…, se está esforzando más que nunca. Tal vez estaría muy impresionada si Colt no estuviese haciendo muchísimo más por un niño que ni siquiera es biológicamente suyo. Pero, sí, Alex ha estado recogiendo a Jonas de terapia todos los jueves.
Ella suelta una risa a medias.
—Tienes razón. Hace seis meses le habrías estado chupando la polla a ese tío si hubiera traído a su hijo a casa de terapia una vez la semana.
«Puaj. Tiene razón, y odio que tenga razón».
Hago como si sufriera una arcada.
—Por favor, no me recuerdes lo bajo que tenía el listón.
—Pero ahora tienes a Colt, así que no ha sido para nada. Si Alex se hubiese involucrado más, Jonas no habría ido al rancho, quizá nunca os habríais conocido. —Vuelve a arrancarse bolitas de la camiseta—. Quizá todo pasa por una razón.
Estar enamorada ha derretido el cerebro lógico de mi hermana.
—Imagino que nos habríamos encontrado igualmente… Los dos íbamos a ir de todas formas a tu boda.
—Vale, tienes razón. Pero probablemente ni habríais hablado.
No se equivoca. A primera vista, me convencí de que no era mi tipo. No fue hasta que se abrió camino en mi vida que me di cuenta de lo increíble que es. Así pues, asiento para darle la razón y alargo la mano hacia el cuenco de patatas fritas… para descubrir que se lo ha acabado casi del todo.
—Y hablando de que todo pasa por una razón…, quería contarte algo…, pero no sé cómo hacerlo…
—¿Cómo que no sabes cómo hacerlo? Cuéntamelo y ya está. Soy tu hermana, así que…
—Estoy embarazada. —Se encoge como si esperase a que yo fuese a abofetearla o a gritarle, a reaccionar de manera negativa.
Se me llenan los ojos de lágrimas, pero no son de rabia. Es cierto que siento unos momentáneos celos que inundan mi sistema nervioso, pero no tardan en verse reemplazados con tanto puto amor que me duelen hasta los huesos.
—Oh, Dios, Blair. ¿En serio? ¿Desde cuándo lo sabes?
—Me hice un test ayer mismo, o sea que… apenas estoy embarazada. Ni siquiera se lo he contado aún a Cass. Quería… necesitaba… hablar contigo primero.
—¿Y estamos emocionadas por la noticia? —Escruto su rostro en busca de un indicio de cómo reaccionar.
—Muy emocionadas. —Se enjuga las lágrimas que se acumulan en sus ojos—. La hostia de emocionadas, Whit.
—Ahora doy aún más las gracias por que Denny y tú os hayáis mudado a esta misma calle. Cada vez que tenga que digerir el mal carácter de Jonas, iré a hacerle carantoñas al bebé.
—O sea, que vas a venir cada día. —Se echa a reír entre lágrimas—. Tomo nota.
Me acerco a ella por el sofá y la rodeo con mis brazos.
Nos corren las lágrimas por la cara a ambas.
Nos quedamos así un largo rato, al menos lo que duran cuatro tráileres, sin pronunciar palabra.
Cuando por fin me aparto, Blair parpadea para espantar las últimas lágrimas que le quedan.
Tiene las mejillas sonrojadas, las pestañas empapadas, y a pesar de la felicidad que burbujea bajo la superficie, su sonrisa tiene un ápice de miedo.
—Puedes alegrarte por esto. Estoy contenta por ti.
Me encuentro bien. —Sorbo por la nariz—.
Puede que reaccionase mal al enterarme de que Alex iba a tener otro hijo, pero me muero de ganas de hacerle mimos a mi futura sobrina o sobrino.
Y lo que es más, Denny y tú os lo merecéis.
Ser madre es lo mejor que me ha pasado en la vida.
Claro, a veces es una absoluta mierda, y puedes venir a desahogarte conmigo cuando tengas un preadolescente a quien le encante señalar todo lo que estás haciendo mal.
Pero vale la pena, B. La cantidad de amor que estás a punto de sentir por este diminuto ser humano no tiene comparación con nada.
—Estaba un poco nerviosa por decírtelo, pero…
Se me encoge el corazón.
—Lo siento. Deberías haber podido echar la puerta abajo y haberme puesto el test de embarazo en la cara dando saltos de alegría. Intentémoslo de nuevo.
Me pongo en pie y la llevo hasta la puerta principal. Ella se ríe y dice que hace demasiado frío para salir sin zapatos ni sudadera. La saco por la puerta y se la cierro en la cara.
Y, cuando entra de nuevo menos de treinta segundos después agitando un test de embarazo invisible en el aire, las dos nos echamos a reír y gritamos y lloramos mucho más.
El saludo de Colt reverbera por la casa.
Enciendo la secadora y salgo al pasillo.
Cierro la puerta para ahogar el traqueteo.
Paso junto a Jonas por las escaleras y le revuelvo un poco el pelo, con lo que le saco un quejido de protesta.
Betty baja justo detrás de él, trotando felizmente hasta su dormitorio para después despatarrarse en su cama mientras él juega a videojuegos.
—Hola, preciosa. —Colt me saluda al pie de las escaleras. Su voz desciende unas cuantas octavas y adopta un tono ronco y sensual. Señala con la cabeza hacia el lavadero—. ¿Es una señal de que necesitas que te «arregle la secadora»?
Yo lo abrazo, porque sentir su firme pecho y sus fuertes brazos alrededor de mi cuerpo es lo único en lo que he podido pensar desde que Blair se marchó hace una hora. Colt es mi persona. Es mi espacio seguro.
—¿Estás llorando? —Me coloca el pulgar bajo la mandíbula e intenta alzarme la cabeza para mirarme a los ojos.
Sí que estoy llorando, aunque no entiendo del todo por qué.
—Blair está embarazada.
—Oh… —Entrecierra los ojos—. Vaya, cariño…, mierda. ¿Te encuentras bien?
—Sí, me alegro por ella. Me alegro de verdad. Por ella y por Denny. Necesitan este final feliz después de todo por lo que pasaron cuando eran jóvenes.
—Entonces, ¿estamos llorando porque… estamos felices?
—Yo qué sé. —Suelto una risa en forma de resoplido—.
Estoy llorando y nada más. Hoy tengo los nervios a flor de piel, supongo.
Había pensado en decirte que… si tener un bebé es tan importante para ti…
, podemos encontrar la manera. Me cerré de golpe a tu sugerencia de adoptar, cosa que fue bastante egoísta por mi parte.
Quiero que seamos una familia para siempre, así que…
—Nuestra familia, porque ya somos familia y lo vamos a ser siempre, puede ser lo que decidamos que tiene que ser. No necesitamos decidirlo ahora mismo, ni siquiera dentro de unos años.
—Lo único que digo es que… —Tomo su mano en la mía.
Su piel encallecida acaricia mis dedos temblorosos.
Tengo el corazón encogido en el pecho—. Si el bebé de Denny y Blair me da ganas de tener uno propio, y los calcetines apestosos y los insultos implacables de Jonas no me las quitan de inmediato, podemos hablarlo.
Pero ahora mismo, este es el sitio donde quiero estar. Aquí, contigo.
—Justo donde quiero que estés. Aquí.
Se inclina hacia mí y sus labios rozan los míos con lo que casi es un beso.
—Entonces supongo que estamos justo donde tenemos que estar.