35. Whit #2
La verdad flota en medio del aire cálido y húmedo. Una puerta se cierra de golpe entre él y yo y corta los hilos invisibles que Colt parecía creer que unían nuestras almas.
—Vale… —Frunce el ceño, confundido.
—Cuando Jonas nació, sufrí una hemorragia…
, perdí muchísima sangre muy rápido. La verdad es que no recuerdo mucho.
Me… me hicieron transfusiones e intentaron cortar la hemorragia, pero…
—Un estremecimiento me recorre la columna al recordar las semanas siguientes a la operación de urgencia—.
Cuando desperté, me habían extraído el útero.
Me operaron para salvarme la vida. Y doy las gracias por que lo hicieran…
, pero ya no puedo quedarme embarazada. Siento no habértelo dicho antes.
Hay un silencio desacostumbrado por parte de este hombre que siempre tiene una ocurrencia preparada.
Inspiro por la nariz y me paso los dedos por las mejillas mojadas, negándome a mirar a ningún sitio que no sea el suelo.
—Tardé mucho en aceptar que me habían arrebatado la posibilidad de tener más niños.
Mayormente, ya he hecho las paces con la idea de que Jonas será mi único hijo.
Pero a veces… a veces es una puta mierda, ¿sabes?
Y me… me ha dolido mucho que Alex pueda seguir con su vida y tener otro bebé.
Después de todo lo que ha pasado. ¿Por qué él sí y yo no?
Escuchar esa idea en voz alta es como apuñalarme a mí misma en la barriga. Y decepcionar a Colt es como girar la hoja dentro de la herida.
«¿Por qué él sí y yo no?».
«¿Por qué yo no?».
Por una puta vez, me gustaría ser yo quien sale ganando. Ni siquiera me merezco que Dios, si es que existe, me eche un puto cable.
Colt suelta todo el aire por la nariz y me habla con tanta suavidad que tengo que esforzarme para entender lo que dice.
—¿No… no dijiste que no fue al hospital cuando Jonas nació? ¿Ni siquiera con eso que sucedió?
—No, no fue. —«Técnicamente, me llevó comida un par de veces, pero no vale la pena defenderle por ello».
Él se cruje los nudillos—. No es justo, joder.
No es justo que se la pele hacer de padre con el hijo que ya tiene, pero pueda dejar preñada a otra chica a la que conoce desde hace pocos meses.
Cuando Amapola se dé cuenta de que Alex es un pedazo de mierda, va a ser la hostia de injusto para Jonas no tener cerca a su hermano.
—Mierda, me brotan de nuevo las lágrimas.
Me rindo y ya no intento contenerlas; dejo que los ríos fluyan hacia la punta de mi barbilla, donde se acumulan las gotas hasta que caen sobre mis piernas como una fuerte lluvia—.
Y es la hostia de injusto conocer a alguien tan genial como tú y que nuestra relación esté condenada desde el primer día.
—Espera un momento. ¿Por qué está condenada nuestra relación?
—Colt…, no puedo quedarme embarazada, y tú has mencionado varias veces que quieres tener niños. Serías un padre increíble, y te mereces vivir esa experiencia. P-puedes… puedes conocer a otra persona y tener todo aquello que quieres. Todo lo que yo no puedo darte.
—Podríamos adoptar niños si quisiéramos.
Quiero decirle emocionada que podemos adoptar todos los bebés que quiera, como si no fuera algo que ya me he planteado antes. Me encantaría volver a avivar la chispa de esperanza que desaparece a toda velocidad de su cara.
—Ya… —Le dedico una sonrisa desinflada—. Dudo que podamos permitirnos algo así, pero…
—Vale, pues no tendré niños. —Se encoge de hombros, como si no fuese algo que destruyese por completo el futuro que ya había planeado para sí.
Como si fuese tan sencillo encogerse de hombros y renunciar a algo con lo que ya había soñado.
De ser así, no me arderían los ojos y no me dolería el pecho por haberme enterado de que será mi exnovio quien le dé un hermano a mi hijo, no yo.
—Pero tú quieres tener niños…
—Yo lo que quiero es tenerte a ti —dice con una brusquedad en la voz que me impulsa a alzar la vista hacia él.
Cuando contemplo esos ojos grandes y tristes, se me encoge el estómago.
Este tipo ha cuidado mi corazón desde el mismo día en que apareció ante mi puerta con una estúpida camiseta con las mangas cortadas.
Se ha tomado tiempo para sanar mis heridas, para nutrir mi confianza.
Me ha prometido cosas que no tenía obligación de prometerme.
—No. Algún día, cuando todos tus amigos tengan hijos, sentirás que tu reloj biológico está sonando y ya no me querrás.
—Tú eso no lo sabes. —Parpadea y toma aire por la nariz.
—Pero no puedo pasarme todos los días preparada para el impacto.
Quizá una mujer más segura que yo sería capaz de ignorar la bomba activa en la habitación, pero…
pero yo me voy a pasar todo el tiempo mirando el detonador, con la esperanza de ser lo bastante rápida como para agarrarlo antes de que tú lo acciones.
Y así…, bum.
La hago explotar ahora que sigue siendo pequeña y el impacto se reduce a Colt y a mí.
—Whit… —Se le llenan los ojos de lágrimas.
—Está bien querer hijos, Colt. Es comprensible.
No te puedo culpar por querer algo así. Ojalá…
, me encantaría que la situación fuese distinta.
—Me aprieto entre las cejas y cierro los ojos con tanta fuerza que me duelen.
O quizá me duelen por las lágrimas que se derraman de ellos—.
Es mejor así. O… lo será…, te marcharás y…
—Pero yo no quiero marcharme.
Alzo la vista hacia el techo. Ya no me duele bajo el esternón. Tengo el corazón entumecido, desangrado.
—Será más sencillo si te marchas. Necesito que te marches. No me lo pongas más difícil. Por favor.
Con la mano aún apoyada en mi muslo, Colt se inclina y me planta un beso firme en la frente.
Me quema tanto que resulta insoportable.
Lo oigo tragar saliva —con la emoción que tiene atrapada en la garganta— y todavía se queda en el sitio durante unos cuantos latidos.
Cuando al fin se aparta de mí, lo único que quiero es echarle los brazos al cuello y detenerlo.
Pero el desaliento recorre todos los huecos de mi costillar y se instala en las grietas donde vivió brevemente la esperanza.
—Nos vemos, mami.