33. Whit #3
—¿Que yo soy el peligroso? Casi me arrancas la cabeza con esto.
—Sus manos me acarician los muslos y me provocan un escalofrío—.
Sería una manera perfecta de morir, eso sí.
No me enfadaría por ello…, aunque supongo que, si muero, no voy a poder enfadarme.
—Se lo piensa un segundo y menea el bigote de un lado a otro mientras frunce los labios—.
Quizá no regresaría como fantasma para perseguirte, pero probablemente sí.
Te daría pollazos fantasmales y espantaría a los hombres que te trajeses a casa.
Mi carcajada se convierte rápidamente en un suspiro resuelto.
—Vale, debería volver al trabajo.
—Ya te echo de menos. —Me mira con unos ojos de cachorrillo que rivalizarían con los de Betty.
—No me lo estás poniendo fácil. —Bajo el culo de la encimera y dejo que me agarre en pleno salto. Como un animal recién nacido, apenas me funcionan las piernas durante los primeros segundos. Se me sube la sangre a la cabeza y se me nubla la vista. Una vez que me recompongo, le doy un beso.
—Yo me encargo de limpiar el… —Señala con un gesto vago la encimera. Más concretamente, el mejunje aún húmedo que la cubre—. Tú vuélvete al trabajo, mami.
—¿Hablamos por videollamada esta noche? —Me sale la voz más suplicante de lo que esperaba.
Él esboza una media sonrisa y se dirige ya hacia el rollo de servilletas de papel.
—Joder, de verdad eres una calentorra, ¿eh?
—Me voy a pasar el resto de la tarde pensando una y otra vez en esto mientras finjo que hago mi trabajo. Puedo decir que estoy bastante segura de que esta noche voy a necesitar más disfrute.
—Te lo repito…: me gustaría partirle la cara a Alex…
, aunque tú ya te has encargado de hacer algo parecido antes.
Eres la hostia. Por otro lado, también quiero estrecharle la mano y darle las gracias por haberla jodido tanto.
Preferiblemente, con la mano que te acaba de hacer un dedo.
Sería una maniobra típica de ti, muy de jefaza.
«De verdad que podría llegar a amar a este hombre».
Compartimos una última mirada anhelante y echo a andar lentamente escaleras arriba. Justo antes de empezar a subir, Colt me guiña un ojo, y el órgano que tengo en el pecho se encoge. Qué irónico que me sienta más viva que nunca cuando Colt consigue que se me pare el corazón.
Algunos días después, estoy celebrando que hayamos pasado las primeras dos semanas de colegio con cero incidentes. Si hay un motivo por el que brindar, es justo este.
Además, es sábado, el sol brilla, mi hermana está aquí y Jonas se encuentra en el rancho con Colt. Sinceramente, no sé cómo podría mejorar la situación.
—Bueno, nos hemos reunido hoy aquí por dos motivos. —Blair se inclina y da un sorbo a su copa de vino, que está tan llena que bastaría con lanzarle una mirada de soslayo para que se derramase—. Primero y, para mí, principal: Denver y yo ya no nos vamos a casar el verano que viene.
Casi me levanto de un salto del asiento.
—¿Qué? Espera, ¿por qué no?
Blair saca la mano de la manga de su sudadera, y yo suelto un suspiro de alivio al ver que aún lleva el anillo de compromiso: el anillo de la madre de Denny.
Es hermoso, sencillo y perfecto para Blair.
Me asalta el recuerdo del dolor de mi hermana por la muerte de Lucy Wells.
En aquella época, yo apenas era una niña, y no entendía por qué ella estaba tan afligida por la muerte de la madre de su novio.
Sin embargo, ahora comprendo que Lucy fue una figura materna para Blair casi tan importante como nuestra madre…
, si no más. Ningún otro anillo tendría sentido, ni para Blair ni para Denny.
—Hemos decidido que no queremos esperar más tiempo para hacer algo que deberíamos haber hecho hace años.
—Alarga la mano y agarra la copa de vino, sonriendo para sí misma cuando el anillo choca contra el vidrio—.
Además, quiero que mamá esté presente, y prefiero no esperar hasta el verano que viene… , por si acaso.
—Sí… sí, tiene sentido.
El vino me inunda la garganta, repentinamente áspera.
Me resulta devastador comentar la posibilidad de que, dentro de uno o dos años, mamá no esté lo bastante lúcida como para vivir una boda.
Por supuesto, hace tiempo que lo sabemos, pero hasta ahora no lo había pensado en profundidad: si llego a casarme algún día, dudo que mi madre vaya a estar presente.
—Aún no tenemos fecha, pero yo diría que va a ser en cuanto pueda quitarme la bota ortopédica.
—Golpea con los nudillos la bota de plástico de color gris ceniza—.
Así que… eso nos lleva al tema número dos.
¿Te traerás a Colt a la boda? Dicho de otra manera, ¿le has dicho que quieres que venga como tu pareja a la boda?
Blair me arrinconó durante la fiesta del día del trabajo y me obligó a contárselo todo.
Desde nuestro primer beso hasta las piruetas que hemos hecho para que Jonas no se entere.
Y, por supuesto, también quiso saber si le había hablado de mi histerectomía.
Ella llevaba ya tres copas durante esa conversación, así que cuando le dije que no se lo había contado, me dio un pellizco, como si volviéramos a ser dos crías.
—No me hagas daño por lo que te voy a decir ahora mismo —alzo las manos en gesto de rendición—: aún no se lo he contado. En mi defensa, diré que no he encontrado el momento adecuado.
Como Jonas vuelve a ir a clase, ya no hace falta que Colt lo traiga a casa.
Hacemos bastante sexting, pero el único cara a cara que hemos tenido fue el miércoles, cuando vino a almorzar conmigo.
Y no me pareció un buen momento para contárselo, porque estaba ocupado empotrándome sobre la encimera de la cocina mientras yo hablaba por teléfono con mi exnovio.
Y tampoco tengo tanto tiempo para la pausa del almuerzo.
Tenía otras prioridades que no incluían poner una bomba en mi vida y luego sentarme una hora a charlar por videoconferencia con un puñado de señoros blancos propietarios de una cadena de residencias de ancianos.
—Ay, Whit, Dios mío. —Echa la cabeza hacia atrás y suelta un gemido—. Cuéntaselo de una vez. Si resulta que no puede aceptar no tener más críos, podéis seguir teniendo un rollo hasta que alguno de los dos conozca a otra persona…, lo cual, en mi opinión, es mejor que seguir tirando de Alex.
—No es tan sencillo. Colt quiere una relación, nada de rollos.
Ha aceptado ir despacio por Jonas. Si por Colt fuera, probablemente ya se habría mudado a mi casa.
—Bajo la vista al suelo y parpadeo, siguiendo las muescas de los tablones y acariciándolas con mi pie embutido en un calcetín—.
Pero la verdad es que me gusta mucho, y me da miedo lo que me va a doler si decide que no puede aceptarlo, si…
si no quiere una relación conmigo porque estoy rota.
Me ahogo en vino tinto mientras las lágrimas me corren por las mejillas.
El vino me salpica el chándal y se extiende por sus hilos hasta formar grandes manchas en la tela.
En algún punto de mi cuerpo, me imagino que está sucediendo algo parecido con el miedo.
Se filtra y empapa la esperanza que en su día sentí por los dos.
Blair me contempla en silencio, sin darme ninguna respuesta o sugerencia que yo no haya pedido.
Con una pesada respiración, suelto un susurro chirriante:
—¿Y si no soy suficiente? —Las palabras salen directamente de mi alma, muy livianas y finas.
—Lo eres.
«No, la verdad es que no».
Lo he sospechado desde que era pequeña. Desde la primera vez que mi madre me echó la culpa de las canas que le estaban saliendo poco después de colgar el examen de ortografía de Blair en el frigorífico con un imán con forma de estrella dorada.
Yo no era lo bastante buena para mis padres.
Y a Alex le gustaba aquella chica que siempre se metía en problemas, pero tampoco fui lo bastante buena para él, porque tuvimos un bebé y dejé de ser divertida.
Jamás he sido lo bastante buena como para que nadie quiera tener más de dos citas conmigo, porque tenía un crío, un ex de mierda y todo tipo de cargas.
Y tampoco soy lo bastante buena para Jonas, porque no puedo organizar mi puta mierda de vida lo bastante como para darle la madre, la familia y la vida que se merece.
Soy demasiado, y al mismo tiempo, demasiado poco.
¿Por qué iba Colt a pensar lo contrario?
—¿Y si no soy suficiente para él ?
—Serás suficiente para la persona correcta.
Ni mucho ni poco, justo lo suficiente. —Me roza la mano—.
Lo serás para la persona que sea para ti.
No te verá rota ni ninguna de esas mierdas que te estás contando a ti misma, al igual que yo no veo nada de eso.
Ninguna de las personas que conoces y que te quieren piensa así.
—Entiendo que probablemente quieres que tenga una epifanía y te crea de repente, pero… —toqueteo el anillo de su dedo— estoy asustada.
—Lucy Wells solía decir: «Hazlo aunque estés asustada». No estarías asustada si no hubieras puesto ya mucho corazón. Y cuanto más aguantes, más corazón invertirás, ¿verdad?
—¿No te cansa tener siempre razón?
Ella me aprieta los dedos con la mano.
—¿Me haces el favor de ir a decirle a Denver que siempre tengo razón? No se lo cree.
—Y una mierda. Ese hombre se traga todas y cada una de las palabras que le dices.
Blair sonríe para sí y luego me mira con las pestañas negras entornadas.
—Porque es mi persona, Whit. Tú también encontrarás la tuya.
Tengo dudas y esperanzas a partes iguales.