33. Whit #2
—Alex. —Pongo cara severa y reprimo el temblor en mi voz—. ¿Qué quieres?
—Me has colgado en mitad de una discusión.
—Eso no era una… —Aprieto los dientes y cierro los ojos al notar la áspera textura de la mano de Colt al agarrarme el coño. Lo toca como si fuera suyo, y me pasa el dedo corazón por la raja—. No era una discusión. No hay nada que discutir.
—Quiero llevar a mi hijo a la feria. ¿Por qué te supone un problema tan grande?
Echo el cuello hacia atrás, y las puntas de mi cabello me acarician la espalda. Me sube un gemido por la garganta al notar los suaves remolinos que trazan los dedos de Colt en mi clítoris. Bajo la vista hacia él. Sus labios dibujan las palabras «Buena chica».
—Pues… pues… —Joder, cómo lamento esta decisión. Alzo levemente las caderas hacia la mano de Colt—. Ya te lo he dicho: no puedes venir cuando se te antoje a hacer de padre guay.
Colt me mete dos dedos hasta el fondo, con una mueca sonriente en los labios. Su mano libre me agarra del tobillo justo antes de que se me resbale el pie de la encimera.
—¿Prefiere ir con ese amigo idiota a quien de todos modos ve cada día en el colegio? —Alex resopla—. Lo dudo. Apostaría a que, si quisiera ir con Colt, estarías encantada.
«¿Encantada con Colt? Ya lo creo que sí».
—Si quisiera ir contigo me parecería bien. Pero no quiere. Joder . —Ups. Esa última palabra no era para Alex. Colt se inclina de repente sobre mí y me acaricia el clítoris hipersensible con la lengua. Estoy lista para dar por concluida esta llamada—. Tengo que colgar.
Colt se detiene y me mira. Niega firmemente con la cabeza y dibuja de forma exagerada con los labios las palabras «Mándalo a la mierda».
—Sigues cabreada porque se vino a mi casa cuando se escapó, ¿verdad? Estás cabreada conmigo y me estás castigando por ello.
—Es decisión de Jonas. Deberías respetar sus deseos. ¿Lo recuerdas? —Le devuelvo sus palabras envenenadas.
Paso los dedos por el cabello de Colt y lo agarro con fuerza de la raíz para volver a apretármelo entre las piernas, guiando su boca justo hacia el lugar donde más la necesito.
Colt aplana la lengua y lame el flujo que me empapa los labios del coño con un gemido acalorado.
Le aprieto tanto la cabeza que empiezo a sentir espasmos en las manos.
Me restriego contra él, muevo las caderas para sentir su suave y húmeda lengua por todas partes.
—Yo siempre…
—Tú siempre ¿qué? Tú siempre… me cago en la puta …
lo decepcionas. —Dejo de intentar auparme hacia él; le suelto la cabeza y me dejo caer sobre la superficie fría y dura de la encimera.
Mi pecho asciende y desciende, y me paso la mano por mi propio cabello.
Cada terminación nerviosa de mi cuerpo hormiguea de pura desesperación—.
Si quieres ser parte de su vida, tendrás que hacerlo en sus propios términos.
La lengua de Colt sigue sobre mi piel, dibujando círculos y líneas.
La tierra empieza a girar algo más rápido.
Me resisto a la bruma que me envuelve e intento encontrar las palabras que he ensayado un millón de veces.
El discurso que quería soltarle a Alex en cuanto encontrase el valor para establecer límites.
Y, por una vez, no solo me siento preparada para establecerlos, sino para mantenerlos.
Colt me hunde los dedos en el coño y me lleva hacia el borde de la encimera, así como al límite de mi cordura, con firmes gestos de «acércate». Me muerdo el labio inferior hasta que un crudo sabor ferroso me inunda la boca.
—Soy su padre —escupe Alex.
—Pues compórtate como tal. Jo-der . —Doy un manotazo en la encimera cuando Colt empieza a aumentar el ritmo—. Deja de comportarte como un… sinvergüenza… por una puta vez en tu vida… jooooder .
Con sangre en la punta de la lengua y cada vez más cerca del orgasmo, no consigo obligarme a que me importe una puta mierda lo que piense Alex. Lo que quiero es acabar esta conversación para poder centrarme en el único hombre que me importa.
Una sensación empieza a crecer en mi entrepierna, lujuriosa y cálida, con cada aliento que me cae sobre la piel.
Un gemido brota de mi pecho, y me apresuro a apartarme el teléfono de la cara.
Sea lo que sea lo que responde Alex, no llego a oírlo.
Estoy tan a punto que se me arquea la espalda, se me encogen los dedos de los pies y siento espasmos en todos los músculos.
—Tienes que estar presente —inspiro rápidamente—…
ser consistente… —trago saliva y contemplo la mata de cabello oscuro entre mis muslos—…
cuando él te necesite… —Me sale la respiración entrecortada—…
O si no, no te acerques ni una puta vez más…
—me clavo las uñas en la tierna carne de la parte superior del muslo—…
a nosotros. Ni te necesitamos ni te queremos.
—¿Por qué estás respirando así? —pregunta.
—Ay. —Mi espalda sudada se pega a la lisa superficie de la encimera. No ha sido el discurso elocuente que yo había planeado, pero mi cerebro está demasiado nublado como para continuar—… Es que… esto… joder. Tengo que… que…
Y así, llego al orgasmo, con los dedos de Colt apretando lenta y profundamente mis paredes interiores y su lengua caliente acariciando mis terminaciones nerviosas hipersensibles.
Suelto el teléfono, deseando olvidarme por completo del hombre al otro lado de la línea, y dejo que Colt me desbarate por completo. Que me recompense.
Todo mi ser se tensa; mis muslos amenazan con ahogarlo, pero Colt no me suelta hasta que empiezo a gritar. Me lleva hasta el clímax, y la certeza de que me estoy enamorando de él me sacude con mucha más fuerza que este orgasmo explosivo.
—Ha colgado. —Colt aleja el teléfono de nosotros—. ¿Cómo te sientes?
—Aliviada. Qué alivio, joder. —Le acaricio la mejilla con el dorso de los nudillos—. También me siento un poco como si fuera capaz de conquistar el mundo.
—Eres capaz de conquistarlo todo, mami. De quemarlo hasta los cimientos. —Me agarra de las caderas y me clava los dedos como si quisiese estabilizarse con mi contacto. Baja la voz, que suena ruda y acalorada. Se me acelera el pulso—: Yo solo quiero ser quien avive tus llamas.
Me da un toquecito con la polla en el coño, y luego otro, y otro más. No solo está avivando las llamas. Les acaba de tirar un cóctel molotov.
Lo engancho con el tobillo y lo azuzo con un golpecito de talón en el culo, para acercar su cuerpo al mío.
Cuando vuelve a meterse en mi interior, inspiro este aire saturado de sexo y del aroma de Colt y me hundo en un bendito olvido.
Él empieza a empotrarme, y no tardo mucho en alargar las manos en busca de algo a lo que agarrarme por la encimera.
De algún modo, mi cuerpo agotado encuentra energía para retorcerse contra él, peligrosamente cerca de empezar a arder.
—Estás a punto otra vez, ¿no, cariño? Joder, cómo me gusta ver que te sueltas así.
Su polla se estrella contra mí y sus dedos me acarician el clítoris como si fuese su trabajo a jornada completa. Me pasa el antebrazo libre por el bajo vientre. Estoy aplastada, bajo el peso de su brazo casi me salgo del pellejo.
—Estoy… Estoy…. Ni se te ocurra parar, joder.
—Empiezo a gemir y temblar, incapaz de contenerme, lo cual lo excita aún más.
El bombeo es errático; sus dedos, frenéticos.
Me salen todo tipo de maldiciones de los labios entre jadeos.
Una ola recorre todo mi cuerpo retorcido y me rompe el ritmo.
Una descarga de flujo cae sobre la encimera, debajo de mi cuerpo.
Un sollozo de lo más sexy escapa de los labios de Colt, que vuelve a apuñalarme con la polla.
—Hostia… puta. Me acabas de empapar la polla de flujo. Joder, cariño. Gracias, hostia puta. Te qui…
Mi cuerpo reacciona antes de que mi cerebro pueda hacerlo: me abalanzo hacia delante y le doy un beso en plena embestida y plena confesión.
Me la saca casi por completo y baja las manos para acariciar su reluciente polla.
Sus caderas se mueven en círculos rápidos y breves; apenas me la mete un par de centímetros y la vuelve a sacar.
Y, en pocos segundos, me suelta un gemido al oído y los dos contemplamos el chorro denso y cremoso de semen que brota de su glande.
El semen le corre por entre las venas oscuras y palpitantes del tronco hasta acumularse en las tensas dobleces de sus pelotas.
Temblando, me la saca del todo, pasa la punta por el charco de semen y la vuelve a meter con un último sonido estrangulado.
—Increíble —jadeo. Me parece que esa palabra no le hace justicia. Que yo sepa, ninguna palabra puede describir lo que siento por él—. Eres…
No estoy segura de dónde ha acabado mi capacidad para formar frases. Seguramente se la ha llevado el huracán que me acaba de destrozar. Tendrá que bastar con un beso.
Sus labios saben a mí. Quiero que Colt sepa a mí —que sea mío— para siempre.
Le paso los dedos por la mandíbula y me tenso al oír la penetrante alarma que suena en mi teléfono y que señala que queda poco para acabar la pausa del almuerzo.
Verse brevemente para almorzar sonaba perfecto en teoría, pero ahora no estoy segura de cómo voy a arrastrar el culo otra vez al despacho a hacer nada productivo.
—Se me ha pasado el tiempo volando. —Me da un pico en los labios con cada palabra, y luego apoya su frente contra la mía—. Ya es hora de volver a quemar el mundo.
—Dame un par de minutos. —Le dedico una sonrisa amodorrada. Primero una siesta, y luego eso de conquistar el mundo… O al menos conquistar mi bandeja de entrada. Señalo con un gesto su polla, que ya empieza a encogerse—. Esa cosa de ahí es peligrosa. Me parece que ya no me funcionan las piernas.