Soltar las riendas (El rancho Wells 4) 32. Colt #2
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32. Colt #2

—Bueno, ¿y entonces quién es? —Cassidy repite la pregunta de Blair.

Denny se lleva la botella a los labios con una sonrisa demoniaca.

—Deberías haberla invitado a la fiesta.

Todos los ojos se centran en mí.

—Es que…, bueno, es complicado. Tiene un crío, así que de momento no hacemos mucho alarde de nada.

Puede que no sea el tipo más listo del lugar, pero hasta yo me he dado cuenta de que ya he contado demasiado.

Blair me mira con el ceño fruncido y una frialdad implacable; una mirada espectralmente parecida a la de Whit.

Mi armadura, que en realidad estaba hecha de papel maché, empieza a hacerse putos pedazos.

Para evitar su contacto ocular, estudio la etiqueta de mi botella de cerveza.

—¿Os habéis preguntado alguna vez quién fue la primera persona que se emborrachó en toda la historia de la humanidad? ¿Pensaría que estaba poseído o algo así?

—Cuando se despertó al día siguiente seguramente pensó que se estaba muriendo —añade Denny.

Yo asiento con la cabeza.

—Ya te digo. Yo también creo que me estoy muriendo cuando me emborracho, y eso que sé lo que es una resaca.

Cuando Whit se acerca, me doy cuenta de que he metido la pata hasta el fondo al traer solo una silla.

No me queda más alternativa que ponerme en pie enseguida y cederle mi asiento, con lo cual la mirada de Blair se intensifica un poco más.

Y luego, cuando pongo otra silla a su lado treinta segundos después, me queda enormemente claro que nos han descubierto.

—Un momento. —Blair señala algún punto del espacio vacío entre los dos. Su dedo flota en el aire mientras nos mira, boquiabierta. Ya lo ha entendido todo—. ¿Estáis juntos?

«Ay, mierda». Se me ha olvidado que Whit no estaba presente en la conversación anterior. Literalmente, le he puesto una silla para que puedan interrogarla. Se queda petrificada por completo, como un ciervo al que iluminan con las luces largas de un coche.

—Ah, bueno, es que estamos… —Con el corazón al galope, apuro el resto de la cerveza—. ¿Alguien quiere otra ronda?

— Siéntate . —Whit me da un manotazo para que deje el culo quieto en el asiento.

«Me parece que la he cagado a lo grande».

—Estamos… —Me paso la mano por la nuca, a la espera de que sea Whit quien responda, porque estoy bastante seguro de que no quiere que nadie oiga mi respuesta sincera.

—De momento nos lo tomamos con calma… y no vamos a mencionar ni una palabra de esto delante de Jonas.

Whit alza una ceja y mira a todo el mundo con cara de «como nos jodáis, os vais a enterar».

—Vale, lo entiendo, pero ¿por qué se ha enterado Denver antes que yo? —Blair se gira hacia Denny—. ¿Y por qué no me has dicho nada?

Estoy convencido de que, si bajo la mirada, podré contemplar el jardín en el que me he metido yo solito. Y seguramente veré que Denny está conmigo.

—Para ser justos, yo no le he dicho nada, así que realmente no lo sabía —digo—. Es que es más listo de lo que parece.

Denny me mira y parpadea.

—Gracias, Colt. —Luego, el gilipollas de mi amigo mira a Whit y añade—: Sabes que es un tarugo, ¿verdad? O sea…, probablemente podrías encontrar a alguien que al menos sepa atarse los cordones.

Ella se echa a reír.

—Ah, eso explica por qué solo lleva botas de vaquero. Pero bueno, a Jonas he podido enseñarle a atárselos, así que nos apañaremos.

Whit me da un ligero apretón en el antebrazo.

Estoy acostumbrado a los chistes de tontos; me los llevan haciendo toda mi vida, y admitiré que a veces sigo la corriente.

Puede que no sea capaz de construir una nave espacial y que tampoco entienda cómo les meten el relleno a los dónuts, pero no soy un lerdo integral.

Blair esboza una media sonrisa, mirándonos de hito en hito a su hermana y a mí.

—A mí me parecéis muy monos. Mi hermana se merece un buen tío, y si al final resulta que tú no eres de esos, Cassidy y yo nos encargaremos de castrarte.

Su voz pronuncia las palabras como si fuera una nana, en tono tan dulce que casi no capto la última amenaza.

—Amén —dice Cass.

—Tomo nota. —Hago una mueca.

Al ver que los niños se acercan, Whit le lanza a todo el mundo una última mirada y aparta la mano de mi antebrazo desnudo. Hace calor y el sol brilla, pero sin ella, la temperatura parece haber bajado diez grados.

Jonas salta en el aire para golpear una rama, como quien hace un mate de baloncesto, creo.

El movimiento sobresalta a la pequeña gatita anaranjada que lleva Odessa en brazos, así que la niña le da un revés a Jonas en el pecho.

Él arruga la cara y se lleva una mano al esternón, haciendo como que no le ha dolido.

—¿Dónde está tu hermano? —le pregunta Kate a Odessa.

Ella saca una mano de debajo de la gatita, a la que se le queda el culo colgando en el aire, mientras la agarra con fuerza con la otra mano. El paradero de Rhett parece algo incierto, teniendo en cuenta que la niña señala en una dirección aleatoria.

—Eh… Se cayó por las piedras y empezó a llorar, así que papá fue a por él.

Jonas se tiende en la hierba, estira las piernas y apoya la cabeza en las manos.

Se tumba a su lado otro chico a quien nunca he visto, pero que debe de ser de alguno de los jornaleros del rancho.

Whit los contempla con toda intención, con una sonrisa asomando a los ojos.

No puedo decir que entienda por qué se fija tanto en las quejas que sueltan los dos chicos sobre el inicio del curso dentro de un par de días, pero lo que la haga feliz me hace feliz a mí también.