28. Whit #2
—Algún día, cuando Jonas sea adulto, espero que «ir a ver a mi madre» esté también en la lista de cosas que le guste hacer.
—Entrecierra los ojos ante el sol del ocaso.
Baja la visera y se encoge de hombros—. Aunque no albergo grandes esperanzas, teniendo en cuenta cómo está ahora nuestra relación, y la relación que tengo con mis padres. Aun así, estaría guay.
—¿No tienes buena relación con tus padres?
—A ver… No me han hecho nada malo. Y cuando Jonas era apenas un bebé, no habría sobrevivido sin ellos…
Alex jamás ha sido de mucha ayuda. No estaba presente cuando nació Jonas.
Ojalá le hubiera hecho caso a Blair cuando me dijo que lo sacase del certificado de nacimiento.
Pero bueno… —Un suspiro de indiferencia le sale de los labios.
Yo me sorprendo al saber que el mierda de Alex ni siquiera estuvo presente cuando nació su hijo.
Joder, si pudiera viajar en el tiempo, lo llevaría a rastras hasta allí.
Whit prosigue—: Mis padres y yo no tenemos una relación muy estrecha, ¿sabes?
Siempre han sido más como… desconocidos familiares.
—«Desconocido familiar» es la manera perfecta de describir a mi padre.
—Aprieto el volante y la camioneta se interna por el camino de gravilla que lleva hasta el autocine—.
Creo que no tienes que preocuparte por acabar teniendo ese tipo de relación con Jonas.
Te importa demasiado como para que algo así suceda.
Y también me importa a mí, para ser sincero.
Siempre me he dicho que el hecho de que mi padre estuviese viajando siempre no me afectaba mucho, pero de no haber experimentado yo mismo parte de lo que le está pasando a Jonas, no sé si estaría tan a muerte con el crío.
Quiero hacerlo todo bien. Quiero estar ahí para él, y para Whit.
—Sí…, espero que tengas razón. —Whit me mira con ojos brillantes. Se obliga a esbozar una sonrisa—. Vale, basta de hablar de mi patética vida. Dios, tener una cita conmigo es horrible.
—Cariño, ya hemos dejado atrás las charlas intrascendentes sobre el trabajo y la familia. Yo ya lo sé todo sobre ti. Prefiero ir directo al grano… o a las arenas movedizas, si lo prefieres así.
Ella me contempla con una ceja alzada, mientras yo busco en el teléfono los billetes electrónicos que hay que enseñarle al empleado de la puerta. Conduzco hacia nuestro espacio de aparcamiento, y Whit dice:
—No lo sabes ya todo sobre mí. ¿De qué trabajo?
La camioneta levanta una nube de polvo en medio del resplandor de una línea de luces traseras, mientras yo voy buscando nuestro sitio.
Este lugar está hasta arriba de vehículos.
Por la ventana bajada entra un abrumador aroma a palomitas con mantequilla y carne a la barbacoa.
La gravilla cruje bajo los neumáticos, y vamos tan lento por el estrecho carril que no deja de adelantarnos gente que va a pie al bar.
Estoy seguro de que Whit piensa que estoy estrujándome el cerebro para responder a su pregunta, pero en realidad guardo silencio porque se me da fatal hacer varias cosas al mismo tiempo.
Una vez que hemos aparcado sanos y salvos en el estacionamiento número treinta y dos, apago el motor, me quito el cinturón de seguridad y me giro hacia ella.
—En su día le pregunté a Jonas de qué trabajas, y me dijo que le das trabajo a la gente.
No estoy seguro del todo de qué significa, pero sé que trabajas desde casa y llevas un montón de camisas elegantes.
Ah, y que no puedes teñirte el pelo de rosa.
—Me enderezo un poco en el asiento, listo para impresionarla con mis conocimientos—.
Tienes una hermana. Te gustan las gominolas ácidas…
, y, por cierto, para esta noche he comprado una bolsa XXL.
Aún no sé cuál es tu plato favorito. Jonas me dijo que tu color favorito es el naranja, pero creo que se equivoca, porque casi siempre llevas algo negro o verde.
Técnicamente, el negro no es un color, y hace poco que el verde se ha convertido en mi color favorito, así que prefiero apostar a que es ese.
Lo único que la ilumina es el cálido resplandor del tráiler de una película en pantalla. Incluso en el interior tenuemente iluminado de la camioneta, está arrebatadora.
—Muy bien, todas esas respuestas son bastante buenas.
—Habla sin dejar de esbozar una sonrisa.
Parece impresionada—. Trabajo en selección de personal, así que básicamente hago justo lo que te ha dicho Jonas.
Selecciono gente para puestos de empleo en la industria sanitaria.
Esto…, mi plato favorito es la pizza, sin duda.
Me duele físicamente tener que decirle que no a Jonas cuando me pide que comamos pizza, porque es casi cada día.
Pero… tengo que recordarme a mí misma que soy su madre y que tengo que asegurarme de que lleve una dieta equilibrada.
Cosas que le gustan a Whit :
– el café con dos azucarillos
– los pines esmaltados
– leer
– que un tío buenorro le lave el pelo y le prepare su comida favorita (pizza)
– un orgasmo tras otro
—Y has acertado con mi color favorito. Si dices que tu favorito es el verde porque ese es el color de mis ojos…
—Nop. Es mi favorito porque es tu favorito. Y porque estás como un tren cuando vistes de verde. Por otro lado, tus ojos son de las cosas más asombrosas que he visto en mi vida, así que sería un motivo válido por sí mismo. Ha sido sencillo elegir el verde.
Ella separa los labios, con las palabras pegadas a la punta de la lengua. Se la pasa por los dientes, sin decidirse a pronunciarlas. Al cabo, cierra la boca para luego volver a abrirla y susurrar en tono ronco:
—¿Y qué me dices de ti? Beau es tu único hermano, ¿verdad?
—Sí, pero mis primos son prácticamente como si fueran mis hermanos. Crecimos juntos. Además, siempre había más niños del barrio por ahí, como Keely, la novia de Beau y su hermano.
—Suena increíble. Crecer entre tantos niños debió de ser genial.
Su tono de voz encierra algo que no consigo descifrar. No es exactamente tristeza.
—Éramos una puta manada de fieras. —Me echo a reír—. Demasiados niños juntos. Yo diría que dos o tres es preferible. Así se tiene amigos con los que jugar, pero todo es más manejable.
Whit mira a su derecha y dice de pronto:
—Hey, en la cola del bar no hay mucha gente. Deberíamos ir a por algo de comer antes de que empiece la película.
—Ah…, sí, bien pensado. Vamos.
Suelto su mano con pocas ganas. Nos bajamos de la camioneta y nos internamos por el aparcamiento oscurecido, en el que flota el aroma a palomitas y a perritos calientes junto con el de los tubos de escape.