Soltar las riendas (El rancho Wells 4) 18. Whit
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18. Whit

Whit

E l césped medio muerto del jardín cruje bajo mis pies. Al salir a la calle, la puntera de mi zapatilla deja una huella en el sellador negro con el que han cubierto las grietas del asfalto. A una temperatura normal, este material es duro como una piedra.

«Estupendo. Hace tanto calor que el infierno intenta salir por las grietas de la calle».

Tengo el pelo aún mojado de la ducha, pero para cuando llegue a casa de mis padres, probablemente estará húmedo de sudor. Me muero de ganas de que sea otoño. Estoy lista para volver a ponerme vaqueros negros y sudaderas holgadas con capucha.

Voy calle abajo y cruzo el patio vacío, apretando mi taza de café helado contra el pecho y dando frenéticos sorbos para mantenerme fresca.

Esta semana, Blair se ha caído de un caballo y se ha roto el tobillo, así que se han acabado los paseos que solíamos dar con nuestra madre.

En vista de esta repentina e insoportable ola de calor, en secreto me alegro de esta pausa.

Cuando por fin llego a la puerta principal, la abro y me abalanzo al interior para disfrutar del aire acondicionado.

La capa de sudor que me cubre la piel se enfría y un estremecimiento me recorre el cuerpo.

En el ambiente flota el penetrante aroma del café recién hecho, y mi cuerpo reacciona instintivamente y va en su dirección.

—Alguien tiene ganas de empezar el día —dice Blair en tono sarcástico, sentada en el sofá. Me mira al tiempo que recoloca el pie herido sobre un montón de cojines.

Estoy segura de que, con este pelo despeinado y el rostro sudoroso y sonrojado, tengo un aspecto de pena.

—Tú, en cambio, pareces muy feliz para haberte roto el tobillo hace pocos días.

Me acerco al sillón donde está sentada mi madre y le doy un abrazo, sin dejar de mirar a mi hermana con una ceja alzada.

La camioneta de papá no está en la entrada, así que seguramente haya ido a la ferretería. Eso deja libre su cómodo sillón reclinable. Me aposento en él. Denny se apoya en la encimera de la cocina y dice:

—Es porque está drogada.

Blair le saca la lengua.

«No sé, yo creo que tiene más que ver con Denny que con los fuertes calmantes».

Denny no se ha apartado de su lado desde que se rompió el tobillo, un nivel de compromiso y tiernos cuidados que solo veo en los libros que leo.

Siento una punzada en el corazón al ver cómo se miran, claramente enamorados a pesar de haber pasado tantos años separados.

Aunque yo conociera a un hombre que me mirase como Denny mira ahora mismo a mi hermana, no se quedaría conmigo en cuanto descubriese que soy mercancía dañada.

Por supuesto, yo no cambiaría a mi hijo por nada del mundo.

Mayormente, he hecho las paces con el hecho de que Jonas vaya a ser mi único hijo.

En el último año, desde luego, ha compensado la falta de hermanos creando el mismo caos que tres niños o más.

Y sin embargo parte de mí desearía haberlo hecho todo «en condiciones».

Debería haber conocido a un hombre increíble que me quisiera bajar la luna del cielo, debería haberme enamorado, casado y tenido un bebé.

Si algún poder superior decidió que mi destino era tener solo un hijo, habría estado bien tenerlo con alguien a quien amase.

Y, aunque no suelo tener citas con nadie, aún albergo la delicada esperanza de encontrar a alguien algún día.

La mirada cautivadora de Colt, su tierno contacto, el modo en que me llama «mami»…

Todo ello me provoca un estremecimiento en el corazón y en otras partes de mi cuerpo.

Sin embargo, sé que no puedo ceder a la tentación.

Jonas y yo no podríamos soportar otro corazón roto. Sobre todo estando como estamos ahora.

Blair vuelve a centrar su atención en mí.

—¿Se puede saber qué te pasa esta mañana?

—Nada, es que es demasiado temprano para estar aquí. Resulta más sencillo lidiar con el odio que tiene Jonas a levantarse pronto.

—¿Dónde está? —pregunta mi madre.

Aunque no debe de haber pasado más de un año, parece que hace siglos desde la última vez que vi a mi hijo ansioso por pasar tiempo con sus abuelos.

Solía sentarse en el garaje mientras mi padre arreglaba algún cacharro, le pasaba llaves inglesas y le calentaba la oreja a base de hablar sin parar.

A veces nos sentábamos fuera para ver a Jonas hacer el caballito o montar en bicicleta sin manos.

—Creo que aún se está recuperando de cuando se puso enfermo el otro día. Además, siempre acaba cansadísimo cuando va a trabajar al rancho, así que lo dejo dormir más los días en que tiene terapia.

Blair mira a Denny con el ceño fruncido.

—Estás matando a trabajar al chico, ¿verdad?

—¡Yo no! —Denny le tiende una taza de café y alza las manos—. Es cosa de Colt.

—No pasa nada —digo yo—. Colt se ha portado muy bien con Jonas, sobre todo desde que Alex ha vuelto a desaparecer de la faz de la tierra.

—Blair me lanza una elocuente mirada de reojo al tiempo que da un largo y lento trago de café—.

En realidad no me sorprende. Creo que aquella vez que fue a recoger a Jonas de la terapia fue solo porque mencioné a Colt y se puso celoso.

—¿Estaba celoso de Colt? —Denny se echa a reír—. Será que no lo ha visto.

«¿Y eso qué cojones significa?».

Aprieto tanto el ceño que empiezo a notar temblores en los músculos. Me enderezo un poco y noto el pulso acelerado en los oídos. Relajo la mandíbula y respondo:

—Tiene motivos para estar celoso. La verdad es que Colt tiene una relación estrecha con Jonas. Mucho más de lo que puede decir Alex.

La tensión en el aire es tan palpable que mamá podría cortarla con un cuchillo a pesar del frágil estado en que se encuentra. Blair me clava la mirada, con las pupilas tan dilatadas que parece mirarme directamente al alma. Lo sabe.

Mamá carraspea suavemente.

—¿Dónde está Jonas, cariño?

—Está durmiendo en casa, mamá. —Señalo hacia la puerta principal con el pulgar—. Ha estado trabajando tanto en el rancho que está agotado.

El asentimiento de mi madre indica que me ha entendido. La expresión vacía de sus facciones indica lo contrario.

—Ha estado haciendo un buen trabajo en el rancho —dice Denny—. A principios de verano no estaba yo tan seguro, pero ha mejorado un montón.

Yo me esfuerzo por parecer algo sorprendida ante este dato, como si Colt no me informase cada vez que viene a dejar a Jonas en casa.

—Bueno, hermanita, ¿qué quieres que te regalemos por tu cumpleaños? —pregunta Blair con una sonrisa.

—Vino. Suficiente vino como para llenar el depósito de gasolina de una camioneta.

Ella niega con la cabeza y suelta un resoplido en forma de risa.

—No sé si vamos a poder llenar un depósito entero, pero una o dos botellas son factibles. Y también deberíamos salir mañana a celebrar tu cumple.

—Ni hablar.

—Venga, vas a cumplir treinta. No es moco de pavo, Whit. Además, es la primera vez que estoy por aquí en tu cumpleaños desde que tienes edad legal para beber. Vamos a La Herradura.

—Tantos calmantes deben de haberte fastidiado el coco. —Enarco una ceja—. Jamás he estado en ese sitio, ni tengo intención alguna de ir. Beber y socializar con tanta gente a la que odio se parece a mi idea del infierno.

¿Alimentar los chismorreos locales? No, gracias. Probablemente la gente empezaría a rumorear que he dejado a mi hijo solo en casa para irme a beber, perpetuando así la teoría de que soy una mierda de madre.

—Vale, entonces iremos a Sheridan. —Blair se endereza en el sofá, tan emocionada que vuelca el cuenco de patatas fritas que tenía en el regazo—. Lo más seguro es que allí no conozcas a nadie. Jonas puede quedarse aquí con papá. Será perfecto.

Le lanzo una mirada a Denny, que me enseña el pulgar alzado como respuesta, con aire entusiasta.

—Si te molesta alguien con quien no quieras hablar, le atizaremos con el yeso de Blair. Cuando te dan con eso en la espinilla duele mogollón… ¿Quieres saber por qué lo sé?

Blair le agarra la mano y se la aprieta.

—Podríamos preguntarles a Red y a Cass si quieren venir. Y a quien te apetezca invitar…

Deja morir la frase como si esperase a que le diese una lista de invitados, a pesar de saber que tengo exactamente cero unidades de amigos. La mayoría de mis conocidos dejaron de quedar conmigo cuando se dieron cuenta de lo mal que sienta tener un niño a los diecinueve años.

—Seguro que algún que otro ranchero se apuntará —dice Denny—. Colt, sin duda. Siempre se apunta a salir.

Algo empieza a hervir en el mismo centro de mi ser al oír el nombre de Colt. Ante la posibilidad de estar con él en un ambiente libre de niños.

—¿Estás segura de que no veremos por allí a nadie a quien conozcamos? —pregunto, vacilante.

Denny aprieta los labios y niega con la cabeza.

—Qué va. Casi nadie está dispuesto a conducir una hora para ir a un bar, teniendo en cuenta que hay uno en Wells Canyon, a tiro de piedra de su casa, para emborracharse a gusto.

Me muerdo el interior del carrillo, debatiendo conmigo misma. Excepto que no es un debate. Ya he aceptado en cuanto Denny ha mencionado el nombre de Colt.

Blair me mira y pestañea.

—Venga, será divertido.

—Vale, está bien. —Pongo los ojos en blanco para que parezca que aún me resisto—. Supongo que podemos ir.