9. Whit #3
—Supongo que ya irá de camino a la pizzería. —Colt retira una silla de la mesa para que me siente.
Instintivamente, me acerco a él, hurgando en la cartera para sacar dinero.
—No hacía falta que pagaras la pizza. Te doy el dinero.
Él niega con la cabeza.
—Me muero de hambre, así que seguramente voy a comer más que vosotros dos juntos. Lo justo es que pague yo.
—Bueno…, gracias.
Tomo asiento a la mesa y el vino en mi estómago vacío chapotea.
Estoy un poco demasiado cerca de él. «No pasa nada».
Es solo que desde aquí huelo su gel de baño, o quizá es su detergente, y disfruto de una gran vista de su afilada mandíbula, salpicada de una barba incipiente que seguramente me arañaría la delicada piel de la mano de un modo casi perfecto.
Aprieto levemente el puño y me acaricio la palma de la mano con las uñas a modo de sustituto. Me aseguro a mí misma que solo me parece tan atractivo debido a la luz tenue y al alcohol. Nadie tiene tan buena pinta ni huele tan bien después de pasar el día pescando.
Si lo que me está jodiendo la cabeza es el alcohol, la pizza me la arreglará. Y, si no me la está jodiendo el alcohol, también.
Cojo un buen trozo de pizza meat lovers de la caja y empiezo a salivar al ver cómo se estira la mozzarella. Me lío tres veces los jirones de queso derretido en la lengua y luego hundo los dientes en el trozo de pizza. Está tan buena que tengo que cerrar los ojos para degustarla del todo.
Ya ha quedado establecido que estoy hecha un desastre.
Colt no me estaba devorando con la mirada.
Y, aunque así fuera, me daría igual. Gracias a Dios, porque si esto fuera una cita con un tío, o una cena con Alex, me obligaría a comer solo un trozo para no hincharme.
Sin embargo, esta noche no tengo que impresionar a nadie, y estos pantalones cortos tienen bastante elástico en la cintura.
Así que me como tres pedazos más.
—Bueno, ¿y pensáis pescar algo la próxima vez? —Tamborileo con las uñas en el vaso.
—Yo he pescado uno hoy —responde Jonas—. Colt no ha sacado más que hierbas del lago.
—Sip, atrapaste el piscardo más grande que he visto en mi vida.
—Colt se aprieta la lengua contra el interior del carrillo, y llama mi atención para luego añadir—: Habríamos hecho una foto, pero no habría sido posible agrandarla lo suficiente como para ver el pescado sin que se desenfocase por completo.
Atrapa un trozo suelto de pepperoni de la caja de pizza y le da un bocado. Mastica con concentración, con el resto aún sujeto entre el pulgar y el índice. Luego lo alza, triunfante, con una sonrisa tonta e infantil, los ojos entrecerrados.
—He aquí un retrato exacto de Jonas con su pescadito.
Si yo hiciese un comentario así, Jonas se cerraría por completo. Se sentiría avergonzado y enfadado. Sin embargo, ahora se echa a reír como una hiena. Hasta da botes en el asiento.
—Mira, mira, mira. —Alza las manos al aire y se esfuerza por recuperar la compostura—. Esta es la pinta que tenía Colt cuando yo echaba la caña cerca de él.
Se pone en pie, carraspea y hace una gran imitación de un Colt aterrado, dando un salto para ponerse a salvo. Su pequeño cuerpo se derrumba en el suelo y rueda sobre sí mismo mientras hace como que llora. Una desagradable exageración, claro, pero todos nos reímos. Colt se esfuerza por defenderse.
Es la mejor cena que he tenido… quizá en toda mi vida.
Me reclino contra la silla y suelto un suspiro relajado. Jonas pasa a imitar a un pez recién pescado… Quizá se trate del piscardo del que hablaba Colt, pero mi hijo se está riendo demasiado como para poder explicarse. Entonces, la atención de Colt se centra en mí.
—Qué lástima haberme perdido la diversión —digo, y mis ojos caen sobre el leve roce de su lengua al lamerse el labio superior.
—Supongo que tendrás que venir con nosotros la próxima vez. —Ese tono de barítono me provoca temblores en el pecho.
Antes de que pueda responder, Jonas interviene. Y con eso remiten las chispas que empiezan a surgir entre nosotros.
—Seguro que mamá tendría la suerte del principiante. Y eso es hacer trampas.
Lo miro y frunzo el ceño.
—He pescado más veces que tú en toda tu vida, chaval. ¿A quién crees que llevaba el abuelo a pescar antes de que tú nacieras?
Jonas y yo nos miramos con el ceño arrugado al unísono. Ninguno de los dos está preparado para ceder.
—Nop. —Colt menea una mano entre los dos para romper el momento—. Cada vez que os miráis así me dan ganas de cagarme en los pantalones. Me parece que voy a tener que meterme en una pelea entre dos rottweilers en cualquier momento.
—Más bien un rottweiler y una… chihuahua. —Jonas me saca la lengua. Parece muy contento con el insulto, y yo se lo dejo pasar.
—La chihuahua más aterradora que he visto en mi put… —Al ver la mirada que le echo por empezar a pronunciar esa palabra, Colt se corrige a toda prisa—: … vida, vida, que he visto en toda mi vida.
No sé cómo ha reaccionado tan rápido, pero los dos empiezan a reírse de nuevo. Y es lo más increíble que he visto en mi puta vida.