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FILOMENA
Cuando entro en la casita, ya tengo claro lo que voy a ver. ¿Qué clase de bruja sería si no lo hubiera pronosticado?
Vale, puede que Uxía haya ayudado esta vez. La última hora la hemos pasado trasteando con sus utensilios, probando sus péndulos, usando sus piedras, adivinando… no sé. Qué va a ser de nosotras, primero; qué va a pasar con todo, después.
Y tras varias lecturas de manos un poco… candentes, yo ya sabía lo que iba a pasar cuando volviera.
Además del cabreo que debe de tener Tamara encima, por supuesto. Aunque supongo, por la forma en la que se abraza a Miguel en el pequeño sofá (que parece grande porque ellos están tan juntos que podrían fundirse), que habrá buena parte de ese cabreo que se le habrá pasado cuando despierte.
O no. También es probable que tenga que ayudarla un poco a no sentirse culpable.
Me detengo solo unos segundos, el límite para no ser una persona demasiado creepy , a observarlos.
Y, en cuanto lo hago, lo primero que se me viene a la mente es la conversación con Tamara en la que me confesó que echaba de menos los mimos.
Por la forma en la que se abrazan el uno al otro, con fuerza y como si no quisieran dejar entre ellos ni un milímetro, algo me dice que ya no lo echa de menos.
¿Quién no quiere esto para su mejor amiga?
¿Sería muy raro hacerle una foto para que mañana, cuando le entren todas las dudas, vea su propia cara de felicidad?
¿Sí? Bueno… Pues no lo hago, pero solo porque a ti te parece raro, que conste.
Yo en general no me guío por esas memeces. Pero tú me caes bien, porque has llegado hasta aquí y estás igual de a tope con estos dos que yo. Te lo veo en esos ojillos.
¿No tienes que madrugar mañana? Lo digo porque nosotros estaremos aquí cuando vuelvas a coger el libro, te lo prometo. Me espero sentadita.
Venga, ahora lo puedes dejar para ir al baño. No te preocupes. Yo los cuido mientras tú no estás.
¿Ya? Vale, pues seguimos.
Te estarás preguntando, porque eres una persona de lo más curiosa, qué ha pasado conmigo y Uxía.
Bueno, más bien estarás esperando que te confirme si lo que has imaginado es verdad.
Y lo es. Vaya si lo es. De todas las maneras que se hayan podido pasar por esa cabecita tuya.
Madre mía. Las personas más desorganizadas suelen ser las más pasionales, y ya has visto lo llena de mierda que tiene su casa.
Y si bien tuve que pedirle por favor que cambiara las sábanas antes de que pasara nada (no me fiaba de cuántos animales diferentes hubieran podido pasar por ahí), creo que ahora las va a tener que cambiar por otro motivo diferente.
Sí, soy así de buena .
¿Acaso lo dudabas?
Y lo de desaparecer por completo ha sido a propósito, que conste. Los vimos tan acaramelados en el bar que decidimos dejarles espacio. Lo que sí no había sido planeado era estar sin dar señales… toda la noche.
Cuando me di cuenta de que eran las seis de la mañana tengo que reconocer que sí que sentí un pelín de culpabilidad. Pero en cuanto entré en la casa y los vi así… Bueno, no soy capaz de pensar que no ha sido una buena idea, lo siento.
En cuanto a Uxía y a mí…
Tengo mucho que pensar.
Y también mucho sueño.
Así que me voy a ir a dormir con las gatitas, que deben estar pensando en por qué hay dos personas en esta casa que no les hacen nada de caso.
Buenas noches, personita lectora.
Qué ganas de saber qué pasará mañana. Y qué suerte para ti: yo tengo que dormir, pero tú… lo descubres en la siguiente página.