Soltando amarres 26
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FILOMENA

Lo que hace una por amor…

En general, nunca he sido de quedarme dormida en ningún sitio que no fuera un coche. Y en el caso de estos vehículos, mi teoría es que el runrún del motor me arrulla y me acuna y por eso me quedo instantáneamente KO .

Pero ¿en un sofá cama destartalado y, encima, sin abrir? ¿Con el cuello en una posición imposible y sin siquiera ponerme el pijama?

Ha sido la actuación de mi vida. Aunque tengo que reconocer que asustar a Miguel hablando en arameo me ha resultado tan gracioso que me ha costado mucho no reírme. Ese momento vivirá para siempre en mi mente.

Sí, puede que estés pensando que soy una manipuladora, y me da igual. Si no te habías dado cuenta hasta ahora, no sé qué libro estás leyendo o si eres una de esas personas que tienen una fe absoluta en la bondad de otros. Te diría que dejes de malgastarla en mí.

Es que, ¿tú los has visto? Bueno, más bien: ¿tú los has leído ?

Son perfectos el uno para el otro, y están buscando fuera lo que tienen justo delante de los malditos ojos. Jamás había visto a Tamara tan contenta, o tan… viva.

Y no tiene que ver con estar haciendo nada en particular, sino con la ilusión de compartirlo con alguien que la hace sentir especial.

A ver, es que eso de ser especial… es muy subjetivo.

A mí llevan diciéndomelo toda mi vida, pero con un deje extraño, pastoso, que me hace entender que no se refieren a que sea demasiado positivo.

Tamara lleva desde que nos conocemos empeñada en que no lo es, y da igual lo mucho que intente convencerla de lo contrario. Ella piensa que es peloteo, que se lo digo porque la quiero, porque es mi mejor amiga, pero… es que genuinamente pienso que todo el mundo es especial a su propia manera.

No hay dos personas iguales. Y no te lo digo por sus auras (no nos pongamos ahora a hablar de eso, necesito un café antes), sino porque nadie reacciona exactamente igual a nada. Nadie siente de manera idéntica un mismo sentimiento.

Es parte de lo bonito de la vida. Las personas son como piedras preciosas, canalizan la energía a su manera, y no es que una sea mejor que otra… es que hay que encontrar la que funciona para ti.

Y Tamara y Miguel funcionan el uno para el otro. Se canalizan, se aportan lo que al otro le falta.

Hasta ahora no podía hacer ninguna maniobra para que se acercaran más, porque, al fin y al cabo, el viaje tiene un propósito claro: un amarre y un desamarre.

No pienses en la parte del amor verdadero, por favor, que te veo venir. Yo también lo he leído y no es el tema que nos ocupa.

Estamos hablando de ellos ahora mismo.

El caso es que, hasta que hemos llegado a Combarro, no podía hacer ningún movimiento porque conociendo a Tamara, que se raya por cualquier cosa, si tuvieran algo pasaría de hacer el desamarre: directamente entraría en pánico y querría volver a Madrid para ordenar sus ideas.

Y no conozco mucho a Miguel, pero si venía tan convencido de volver con su exnovia…

no sé cómo podría reaccionar si se liaran.

Lo importante es que pasen juntos el mayor tiempo posible para que esta energía que noto entre ellos (y no soy la única, tú también la notas, y lo sabes) se asiente y crezca.

Y, vale, también reconozco que me venía bien postergarlo un poco: si de repente Miguel reconocía que Tamara era la mujer de su vida en vez de su ex, ¿quién nos iba a llevar a Combarro para ver a Uxía…? No podía permitir que eso sucediera.

Como ya he dejado claro y he probado mil veces, no soy una buena persona.

Mentiría si dijera que no me muero de ganas de verla, pero es que, a la vez, estoy atacada.

No sé qué puede pasar, quién puede ser. Han pasado unos cuantos años, y yo misma he cambiado mucho.

Poco queda de la adolescente desaliñada de entonces: me ha poseído el ritmo ragatanga y, además, el espíritu de Zara, y ahora disfruto descolocando con mi imagen.

Si fuese una bruja «al uso», o lo que esperas a nivel físico al encontrarte con una, siento que estaría a medias.

Disfruto parecer una cosa y resultar ser otra totalmente distinta.

En eso sí que me diferencio muchísimo de Tamara: ella teme no dejar claro desde un principio, punto por punto, todo lo que es.

Y si bien yo me destapo pronto, ella ni siquiera es capaz de reconocerse a sí misma que es mucho más de lo que se ve a simple vista.

Soy una persona con bastante confianza, por lo que para mí no es cuestión de si voy a gustar a Uxía o no. Estoy convencida de que seguiré pareciéndole atractiva, o incluso más que cuando estuvimos juntas.

Lo que me preocupa es que por mi parte los sentimientos se puedan desvanecer. O que no lo hagan, pero ella tenga ya una familia, otra pareja o cualquier otro impedimento para… no sé. No tengo muy claro para qué. Planear las cosas no solo no es lo mío, sino que no me gusta.

Considero que pierden la magia. Y es que la magia es lo más importante que existe. ¿No? Al fin y al cabo, por eso estamos todos hoy aquí.

«Toca despertar a los tortolitos», pienso, y tardo un rato en darme cuenta de que la risita maquiavélica que estoy escuchando sale directamente propulsada de mis propios labios.