Solos contra todos (TU + YO 1) Capítulo 48
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Capítulo 48

A la mañana siguiente me encuentro a Clémentine en la facultad y prefiero no contarle lo sucedido.

Ella insiste una y mil veces, deseosa de saber si me pasa algo, y al final acaba llamándome aguafiestas.

Nuestros cortometrajes han sido un éxito, el curso llega a su fin, y mi mejor amiga cree que debería estar saltando de alegría.

Me excuso diciendo que tengo migraña, estoy estresada y aún debo hacer un repaso de última hora para los exámenes pendientes. Clem alza los ojos al cielo como respuesta, me coge del brazo y me arrastra hasta el aula.

El señor Abrams ya ha llegado.

Vadim aparece al cabo de unos minutos, sin pedir disculpas por llegar tarde. Se deja caer en su silla de la última fila. El profesor lo observa y suspira, pero es a mí a quien Arcadi mira fijamente, con un extraño rictus en los labios.

Entre sonriente y desafiante.

Es como si con la mirada me estuviera pidiendo perdón y me retara al mismo tiempo.

—Al parecer, esa cara de bicho raro es contagiosa.

Clem se troncha de risa, pero lo disimula en forma de susurro apenas audible.

—D’Aragon, ¿tienes algo divertido que quieras compartir con nosotros?

—Mmm… no, pero me comería una galleta o un Twix, ¡si tiene!

—Clarck, ¿has traído provisiones que nos ayuden a mantenerla callada?

—¡Yo me encargo, señor!

—Perfecto. Entonces, mientras esos dos desayunan, voy a decir unas palabras que nunca más me oiréis pronunciar. ¡Así que recodadlas bien!

—¡Nosotros también lo queremos, señor Abrams! —exclama Nicki Scott con su voz estridente, y toda la clase estalla en carcajadas.

—No creo que sea para tanto —replica él sonriendo a su vez—, pero quiero felicitaros por vuestro trabajo.

Los jueces se quedaron muy impresionados y, teniendo en cuenta lo malos que erais en septiembre, ha resultado toda una sorpresa.

La mayoría de vuestros cortometrajes me han parecido interesantes, algunos muy logrados, y otros me han dejado sin palabras.

Mira a Vadim.

—Y Dios sabe que no suelo callarme.

Más risas en clase.

—Por desgracia, algunos han sucumbido a lo fácil.

Esta vez yo soy la destinataria de una mirada cargada de intención.

—Falso. Yo soy cualquier cosa menos un caso fácil —lo interrumpe Vadim.

—Vaya, el justiciero cabalga de nuevo en su corcel blanco.

Abrams le dedica unos aplausos pausados, irónicos, que no tardan en volverse incómodos.

—No, Alma no necesita a un caballero andante —responde Vadim en tono provocador—. No necesita a nadie, prefiere estar sola.

—Y también prefiero que no se hable de mí como si yo no estuviera presente…

Me vuelvo hacia el fondo de la clase y fulmino a Vadim con la mirada. Su media sonrisa y su aire burlón hacen que me entren ganas de pegarle.

—¿No os estaremos molestando con nuestra presencia?

—pregunta el profesor—. ¡Si queréis que yo decida el desempate, no tengo inconveniente en hacerlo!

Arcadi fue quien tuvo la revelación cinematográfica.

Lancaster se contentó con hacer un bonito documental.

Sin duda me equivoqué al principio del curso, pero eso suele sucederle hasta a los mejores…

—En una cosa sí tiene razón, señor. Nunca se está callado el tiempo suficiente —le suelto sin pensarlo dos veces, provocando una nueva sucesión de risas.

—Al menos este año habrá servido para endurecerte, Alma. ¡Reto superado!

Abrams se inclina haciendo una reverencia teatral.

Entretanto, el chico moreno de ojos grises no deja de mirarme.

Vadim está jugando con mis nervios. Y al mismo tiempo con mi corazón.

* * *

Durante los días siguientes me sigue todo el tiempo con la mirada, me lanza puyas y me desafía como al principio. Como si el único modo que tuviera de recuperar mi confianza fuera montar el numerito del chico rebelde y seguro de sí mismo con el que caí rendida a sus pies la primera vez.

Sin embargo, resisto.

Sigo sin saber si debo creer su historia. La foto con Cheyenne aún me revuelve el estómago cada vez que la veo. Pero al mismo tiempo la teoría de la conspiración comienza a abrirse paso en mi mente. Nos han sucedido tantas cosas que ya no hay nada que pueda sorprenderme.

¿Solo soy una chica buena y sensata que se ha enamorado de un chico malo?

¿O realmente Vadim Arcadi es el amor de mi vida, pero el mundo se ha empeñado en ponérnoslo difícil?

¿Cómo saberlo?

¿Cómo estar segura?

—¡Alma!

Estoy repasando para el último examen del curso cuando escucho a mi madre llamándome. Voy hasta su habitación para ver qué quiere y la encuentro en brazos de mi padre. Hay dos maletas hechas a toda prisa encima de la moqueta. Ella me ve y me tiende una mano para que me acerque.

—¿Qué pasa? Me estáis asustando…

—Tu abuela, cariño. No se encuentra bien.

—Hoy mismo volvemos a Francia. Puede que solo sea una falsa alarma, pero preferimos ir enseguida para estar a su lado —añade mi padre con voz afectuosa.

—¡Yo también quiero ir!

—Aún te queda un examen por hacer, Alma. Podrás unirte a nosotros cuando hayas terminado.

—Lo dices para que no me sienta culpable…

Siento cómo se me acumulan las lágrimas.

—Tu padre tiene razón —dice mamá sorbiéndose la nariz mientras me pasa la mano por la espalda—. Basile y tú os quedaréis aquí hasta que acaben las clases. Además, Georgia estará con vosotros. Nos llevamos a Lily, no pasa nada porque pierda unos días de escuela.

—Esperamos que os comportéis como adultos responsables durante nuestra ausencia, ¿de acuerdo? —recita mi padre, pero yo paso de su consabido discurso patriarcal.

—Decidle a la abuelita… que pienso en ella. Y que la llamaré. ¡Y que la quiero!

* * *

Esa misma tarde mis padres nos llaman desde París para decirnos que el estado de salud de la abuela ha mejorado un poco. Ya puedo respirar de nuevo.

—Sigue igual de vieja y arrugada, ¡pero está en forma para aguantar lo que le echen! —dice Lily al otro lado de la línea.

Los tres han decidido quedarse unos días en Francia. Y yo siento el impulso de escribirle a Clémentine.

¡Clem, la abuela sigue adelante!

¡Las abuelitas son las mejores!

¿Noche de piscina y cine en mi casa?

Voy para allá. ¿Hay palomitas?

Pedimos lo que quieras

¡Coreano!

¡Y pizza!

¡Y donuts Krispy

Kreme, por supuesto…

Pienso arruinarte,

Lancaster

Sí, pero Lorelei y

Rory Gilmore [8] estarían

orgullosas de nosotras…

Diez minutos más tarde mi mejor amiga está haciendo sonar el timbre, al menos cinco veces. La oigo parlotear mientras bajo la escalera.

—¡Hola, Georgette! Me he topado con este maleante merodeando delante de tu casa… ¿Lo dejo entrar o llamo a la policía?

—No estaba merodeando, iba a llamar al timbre cuando esta furia se me ha adelantado.

Vadim y yo cruzamos una mirada.

Siento un pequeño nudo en el estómago.

—¡Alma, me hubiera gustado que lo vieras! Arcadi no paraba de dar vueltas de aquí para allá por tu acera, como un gatito olvidado fuera de casa…

—Alto ahí, bestia salvaje, las personas civilizadas nos lo tomamos con calma para llamar, en vez de pulsar el timbre como posesos.

—¿Y a ti quién te ha invitado a esta fiesta, para empezar? Creía que estabais enfadados.

—He sido yo.

Vadim alza una ceja, perplejo al descubrir que acabo de mentir por él.

—Los dos me tenéis harta. Creo que lo mejor será que pase la velada con Georgia…

Georgia se ríe y me da un beso en la cabeza.

—Por cierto, ¿qué os preparo de cena?

—Nada, esta noche libras. Y también podría haberles abierto yo, ¿sabes?

—¡Alma, basta ya de impedirme trabajar!

Le saco la lengua y ella hace el gesto de arrebatármela y hacer un nudo con ella, como cuando yo tenía diez años.

Georgia siempre ha estado ahí. Discreta, pero presente. Raramente severa, la mayoría de las veces cariñosa, siempre justa, como lo sería una madre.

Clémentine se dirige a la cocina y Georgia la sigue dando pasitos cortos y rápidos. Vadim pasa sin prisas por mi lado, procurando rozarme.

—Basile me ha dicho que tu abuela no se encontraba bien.

—Es menos grave de lo que pensábamos.

Hablamos en susurros, con nuestras bocas demasiado cerca la una de la otra.

Yo no me aparto ni un centímetro. Pero sus labios, suaves y carnosos, no me besan. Los tensa y esboza una sonrisa que me deja sin palabras.