Capítulo 47
¿Tú +Yo no significaba
nada para ti?
Me has hecho creer en el amor absoluto…
antes de arrancarme el corazón.
¿Te sientes orgulloso?
Sumida en la oscuridad de la habitación, la deslumbrante luz de la pantalla me quema los ojos. Sin embargo, no puedo apartar la vista de los cuerpos de Cheyenne y Vadim.
Tan hermosos, tan próximos, tan atroces.
Las lágrimas me nublan la vista, pero no importa, porque me sé la imagen de memoria. La tengo impresa bajo los párpados, tatuada en las pupilas. Grabada en mi corazón. Con un cincel.
Arcadi, te odio.
No tengo fuerzas para correr hasta la casa de Vadim y gritarle mi sufrimiento.
Mi decepción y dolor. Tampoco me quedan fuerzas para llamarlo y descubrir que todo no era más que un sueño.
Puede que ni siquiera se moleste en darme una explicación, tranquilizarme, y alegue que él es un ser libre.
Y que aluda a mi eterno sentimiento de inseguridad.
Solo soy capaz de redactar mensajes cortos, con dedos temblorosos, una opresión en el pecho, las mejillas cubiertas de lágrimas. Tres frases hechas, que a él le parecerán banales, manidas.
Las releo, lanzo el móvil al otro extremo de la cama. Me las quedo mirando durante unos minutos que se me hacen eternos, hasta que el teléfono comienza a vibrar.
***
Y vibra de nuevo.
Lancaster, ¿has tenido una
pesadilla? ¿Estás delirando?
¿Has tomado drogas?
Por lo visto solo a ti
te parece gracioso
Pero ¿de qué me estás hablando, Koala?
¿Quieres que llame a un médico?
Lo sé todo
Pues yo no sé nada en absoluto.
Si pudieras explícamelo, nos resultaría
más fácil comunicarnos
¿Demasiado cobarde para confesarlo?
La foto habla por sí sola
En mi pantalla aparece « Vadim ». Me está llamando, pero yo solo le respondo a través del chat. Tres o cuatro veces.
Voy a tener que borrar ese estúpido corazón de mi agenda.
Alma, si no me coges el teléfono,
me planto en tu casa.
¡Contesta, joder!
Nueva llamada. Pulso el botón rojo en la pantalla del móvil.
Mantente alejado de mí,
Arcadi. Muy alejado
Más vibraciones.
El tiempo transcurre como si yo no estuviera. Apoyo los pies en la pared y fijo la mirada en la guirnalda luminosa, hasta que empiezo a ver puntitos.
Me siento vacía. Simplemente vacía.
Cuando pensaba que todo este circo había llegado a su fin, mi móvil vuelve a echar humo.
Estoy delante de tu casa, princesa
O sales discretamente
y hablamos, o salto la verja,
rompo una ventana y la cosa
resultará mucho menos discreta.
Tú decides…
Que rompa lo que quiera, ya no es mi problema.
La alarma sonará en todo el barrio y aquí estará mi padre para recibirlo mientras espera a que llegue la policía. Vadim deberá asumir sus responsabilidades.
Quiero que lo pague.
Que sufra.
Alma, no me obligues a cometer una estupidez.
Porque pienso hacerlo.
Aunque acabe en la cárcel
Mi corazón es tan cobarde que se niega a permitir que suceda algo así. De modo que finalmente le respondo, maldiciéndome por ser tan débil.
Y por quererlo tanto.
No rompas nada. Ya bajo
Antes de escabullirme fuera de la habitación, fotografío la pantalla del ordenador, solo para poder enseñársela en caso de que me quede sin palabras.
No me cruzo con nadie por el camino, abro y vuelvo a cerrar la pesada puerta de la mansión lo más silenciosamente que puedo, doy un pequeño rodeo para que no se encienda la luz automática del pasillo que conduce al portal.
Me encuentro a Vadim sentado en la acera, vestido completamente de negro, empuñando una gran piedra.
—¿Así es como pensabas romper una ventana? Mi casa está blindada…
Intento sonar despectiva. Él entorna los ojos, contrariado.
—Búrlate de mí todo lo que quieras, pero háblame, Alma.
—No tengo nada que decirte, pero sí quiero enseñarte algo. Toma.
Le tiendo mi teléfono y miro en la dirección contraria.
—¿Quién te ha enviado esto? ¿Es otro correo anónimo? —masculla, apretando la mandíbula.
—¡El problema no es quién, Vadim, sino qué!
—Escúchame sin interrumpirme, por favor.
Su voz ronca adquiere una profundidad que no le había oído hasta ahora.
—Después podrás decidir si me crees o no.
Una estúpida lágrima se desliza por mi mejilla. Él trata de abrazarme, pero lo rechazo.
—Alma, sé lo que parece mostrar esta foto, pero no pasó nada. Nunca.
—No me tomes por una estúpida. Ahora me dirás que es inteligencia artificial, ¿no?
—No.
—Entonces ¿es tu puñetero doble el que sale en esta foto?
—Tampoco. Fui a su casa una vez. Solo una…
—Eso ya es una mentira en sí —espeto.
Él se me acerca, yo retrocedo un paso.
—Cheyenne había bebido demasiado, yo solo la acompañé a casa. Y sí, esa noche se me insinuó.
—Segunda mentira.
—Preferí guardármelo para mí —admite—. No quería que pensaras lo que no era.
—Es muy generoso por tu parte. ¿Quieres que te aplauda?
—Alma…
—Además, eso no explica que tengas la cabeza entre sus muslos, pedazo de…
—¡Haz el favor de fijarte bien! —me interrumpe, acercando el móvil a dos centímetros de mi cara—. ¡Ella está vestida, yo también!
Trato de ignorar la pantalla, pero él insiste.
—Ella acababa de volcar un jarrón que se hizo añicos en el suelo.
¡Estaba borracha! O puede que lo hiciera a propósito, pero yo solo me agaché para recoger los cristales.
Y cuando ella aprovechó para pasarme la mano por el pelo, me marché inmediatamente.
¡Te lo prometo! Tendría que haberme dado cuenta de que todo estaba calculado…
—Vadim Arcadi, víctima de una terrible maquinación… ¡No me hagas reír! Es la excusa más tonta que se te podría haber ocurrido. ¡Cheyenne siempre ha querido que fueras suyo y ha acabado por tenerte, fin de la historia!
Siento una arcada y le arranco el teléfono de las manos.
—Alma, si fuera cierto, el acosador habría tomado una foto mucho más comprometedora, ¿no te parece? Sé que en el fondo me crees…
Empiezo a creerle.
Vadim se recuesta en el murete, como si le faltara el aliento.
—Acabo de comprenderlo… —me anuncia.
—¿Qué?
—Alma, creo que por fin sé quién está detrás de todo esto. ¡Qué estúpido he sido!
—Yo diría que te quedas corto.
—¡No volveré a ver a Cheyenne en mi vida! Ella está implicada, ¡segurísimo! Necesito pruebas, pero pronto lo comprenderás todo.
Vadim se me acerca y me acaricia las mejillas con ambas manos.
—Te pido que confíes en mí una última vez —susurra, mirándome directamente a los ojos.
Puedo sentir su aliento en mi rostro, su perfume ya algo desvaído, el calor que desprende su cuerpo.
Mi coraza se resquebraja.
—Necesito que te vayas.
Bajo la mirada.
—No te rindas, aún no. Tú +Yo es más fuerte que todo eso.
—Vadim, vete.
—Te quiero, Alma. Y tú también me quieres, aunque prefieras pensar que me odias.
Ya me he dado la vuelta cuando él pronuncia estas últimas palabras.
Un escalofrío glacial me recorre todo el cuerpo, a pesar de la calidez de esta noche de mayo. El amor de Vadim siempre rompe mi armadura y se cuela por todas las grietas. Sacude mis certezas. Pone mi mundo patas arriba, una y otra vez.