Solos contra todos (TU + YO 1) Capítulo 22
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Capítulo 22

—Entonces ¿qué tal el fin de semana? —me pregunta Clémentine, haciendo un gesto hacia mi cara de derrota cuando llego al campus.

—Bah.

Me obligo a sonreír a pesar de todo.

—¿Bah u horrible? Cuéntaselo todo a la tita Clem.

—Espantoso, atroz, horroroso.

—En cualquier caso, te ha dado tiempo a repasar los sinónimos —intenta bromear—. ¿Por qué no has querido que saliéramos? Te habría distraído un poco…

—No tenía ganas. ¿Qué has hecho tú?

—He ido a casa de Hannah Goldberg para trabajar en el corto.

—Ya, para ver a Aaron.

—Pff, me puse mis tejanos de la suerte, ya sabes, LOS tejanos. Casi no podía respirar, pero ¡estaba imponente!

—¿Y qué? ¿Le gustaron?

—Ni siquiera estaba allí, el muy idiota.

Me echo a reír. Clémentine cuenta las historias mejor que nadie y no hay nadie como ella para conseguir animarme con solo una frase.

—¿Al menos pudiste desabrocharte el tejano para sentarte?

—Le dije a Hannah que estaba hinchada y ¡me bajé la bragueta hasta abajo antes de tumbarme en su cama! Ahora se cree que somos mejores amigas… Y yo, creo que voy a pasar de los tíos, la verdad.

—Podemos montar un club… —propongo, invadida por la tristeza—. ¿Y si compartimos la custodia de un gato?

—Sigues sin noticias de Vadim, ¿eh?

—Sí, ya ha pasado una semana. Lo detuvieron el lunes pasado.

—Pero ¿por qué no lo sueltan? ¿Ha matado a una anciana o algo así?

—No lo sé. El viernes me encontré con su colega Felix y no quiso decirme nada. Aparte de que era mi culpa y que tenía que mantenerme alejada de él.

—¿Sabes…? A ver, haz lo que quieras, pero… Puede que no sea tan mala idea.

—¡Ah, no! Tú no, Clem, no vas a empezar también con eso, ¿no? ¡Retiro mi proposición sobre lo del gato!

—Que no, Felix no dice más que chorradas, no tienes nada que reprocharte, Alma. Pero si Vadim ha hecho algo grave, ¿de verdad tienes ganas de meterte en eso? A lo que me refiero es que esa faceta rebelde era divertida, sexy y todo eso, pero ¿salir con un tío que está en la cárcel? ¿Un delincuente?

—¡¿Un qué?!

—La poli vino a buscarlo y no lo han soltado, ¡tiene que haber un motivo! —insiste la reina del drama.

—Estoy segura de que es inocente. Tiene que haber una buena explicación…

—Mientras tanto, te aferras a Arcadi aunque hay un montón de tíos en la universidad, solo digo eso.

—No hay ninguno como él —murmuro, más para mí misma que para Clem

Salgo en defensa de Vadim, pero las palabras de mi mejor amiga me afectan más de lo que me gustaría.

¿Y si tiene razón? ¿Y si mis padres, mi hermano e incluso Timothy tenían razón desde el principio?

Mi mente duda y me lleva varios meses atrás.

Cuando no conocía a Vadim, cuando mi vida era sencilla y ordenada, aburrida tal vez, pero no aterradora como lo es hoy.

Cuando mi novio era todo calma y sensatez.

¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿A enamorarme de un chico incontrolable, irresistible, imposible de descifrar, por el que he mentido, dormido fuera de casa e incluso vandalizado un gimnasio?

¿Me estoy convirtiendo en una delincuente como él?

¿Te meten en la cárcel solo por cobrar por hacerle los deberes a alguien?

¿Ha hecho cosas aún más graves? ¿Debería salir corriendo?

Clémentine me arrastra hasta la primera clase del día enterrando el hacha de guerra a su manera:

—Vale, no estamos de acuerdo, pero todavía te quiero. ¡Y te apoyaré hasta el cielo! Eh, ¿has visto?, ¡Rima! Sin haberlo deseado he formado un pareado. Vale, ¡dejo el cine y me matriculo en poesía!

—No hay una carrera de eso.

—Vale, dejo todo y monto una universidad con asignaturas graciosas: poesía, saltar a la cuerda, siesta, imitación de sonidos de animales.

—¡Eso se llama preescolar!

—¡No he terminado! También habrá clases de ligoteo, baile en ropa interior delante de un espejo e incluso degustación de Twix, ¡así me aseguro de que Andrew Clark se matricule!

—Ya está, ya te has vuelto a enamorar…

—Mira, a un tío goloso, seguro que le gustan… todos los placeres de la vida, ¿no? Venga, vamos.

En la pausa de media mañana, apenas he salido del aula cuando diviso a Felix, recostado en un banco, ahí fuera.

Esboza una sonrisa falsa cuando nuestras miradas se cruzan.

Con aire avergonzado, se levanta y se acerca despacio hacia mí, pudiendo andar a duras penas porque la entrepierna de sus enormes pantalones baggy le llega casi hasta las rodillas.

—Hola, Lancaster. ¿Podemos hablar un momento?

—Te escucho.

—Mejor a solas. Si tu amiga se puede ir a dar una vuelta…

—Con mucho gusto, Felix—responde Clémentine—. Ten cuidado, te sale un sapo de los calzoncillos.

—Es el coquí, el emblema de Puerto Rico, cretina. Y no deberías mirar ahí si no puedes aguantarlo —la vacila Felix, pasándose una mano por la parte baja del abdomen.

—¡Y tú deberías devolverle el pantalón a tu hermano mayor! —replica Clem sin dejarse apabullar.

—Bueno, ¿qué es lo que tienes que decirme? —digo para poner fin a su debate sin sentido.

Felix espera a que mi amiga esté a una distancia prudencial para tranquilizarse un poco. Su cara de tío duro se transforma poco a poco en la de un niño avergonzado que ha hecho una tontería y que no sabe cómo pedir perdón.

—Creo que el otro día me pasé un poco contigo. Así que ya está, lo siento.

—Vale… ¿Eso es todo?

—No. Van a soltar a Vadim, no tienen nada contra él. O casi. Y le ha dado algo para ti a Keith. Y como soy un tío majo, he venido a traértelo.

Felix se mete la mano en su enorme bolsillo y la saca con un trocito de papel amarillo doblado varias veces. Lo tiende frente a mi cara, entre su dedo índice y el corazón. Me lanzo a por ello, pero me esquiva y alza la mano por encima de mi cabeza.

—Y como también soy un tío curioso, por supuesto que lo he leído. Creo que te va a gustar…

—Entonces ¿por qué no me lo das?

—Porque estoy enfadado, ya ves. Si pudieras tener un pequeño detalle… Al menos por el desplazamiento. No tenía por qué venir hasta aquí. Además, me puedo marchar si en realidad no quieres leerlo.

—Me pides dinero, ¿es eso?

Me cuesta creer lo que acabo de oír.

—Lo pillas rápido cuando quieres, Alma. Es solo para salir del paso, Vadim te lo devolverá. Bueno, para eso, tendrás que saber dónde encontrarlo, ¿no?

—No llevo casi nada encima.

—¿Cuánto?

—Veinte o treinta dólares, creo.

—Me vale.

¿De verdad estoy a punto de comprar un mensaje que es para mí? A este tío no le da miedo nada… Y a mí me da miedo él. Pero Vadim me ha escrito. Y sus palabras no tienen precio.

Tras nuestro intercambio discreto que me hace sentir como una camella, Felix se marcha sin mirar atrás y yo salgo corriendo hacia el baño de chicas.

Me encierro y me apoyo contra la fría pared mientras que la cabeza me echa humo.

Me tiemblan los dedos al abrir el papelito plegado, tengo la boca seca y el corazón me va a mil por hora.

Los garabatos son más ilegibles que nunca.

¿También estaba nervioso al escribirme estas líneas?

¡Me sueltan dentro de poco! He pensado tanto en ti…

La semana más larga de mi vida.

Tú + Yo en el Sunset, a las 20 h. Dime que estarás allí.

V.

Llevo siete días esperando esto. Y todavía tengo que esperar siete horas. Tan poco y tanto al mismo tiempo…