Solos contra todos (TU + YO 1) Capítulo 19
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Capítulo 19

«¡Alma, contesta, joder! ¡Es la décima vez que te llamo!

Estoy en el gimnasio. El partido va a empezar y ¡tu puto nombre está pintado en la pared!

¡Junto al de tu puto novio! Toda la universidad está aquí, no se habla de otra cosa, ¡espero que estés orgullosa!

Esta vez no he podido cubrirte. En serio, ¿cuántos años tienes?

Me estás haciendo pasar la mayor vergüenza de toda mi vida.

¡Me mira todo el mundo desde las gradas!

Bueno, los tíos de mantenimiento están limpiándolo para borrarlo antes de que los jugadores entren en el terreno de juego, pero todo el mundo ha sacado fotos.

Y Tim está furioso, ¡ni te lo imaginas! ¿Eres imbécil o qué te pasa?

¡Estás acabada! Cuando papá se entere… En fin, ¡llámame! ».

Basile vocifera por el contestador. Escucho su mensaje tirada en la cama, todavía medio dormida. Mi cuerpo dolorido me recuerda mi noche mágica con Vadim. Después de ese rato de locura, recogimos la ropa y nos fuimos corriendo sin mirar atrás.

Sin lanzar una sola mirada al grafiti. Sin pensar un solo segundo en las consecuencias. Yo llegué tarde, me fui directa a mi cuarto sin hacer ruido y he dormido como un bebé.

El despertar es brutal.

Hundo la cabeza en la almohada para que desaparezca el mensaje de voz de mi hermano que todavía resuena en mis oídos. Solo quiero volverme a dormir, no pensar, no afrontar este día, hacer como si nada de esto hubiera pasado.

Salvo esta noche.

—¡Alma!

Esta vez, es la voz de pánico de mi madre la que pronuncia mi nombre llamando a la puerta de mi cuarto. Mi padre no se anda con tantas formalidades y se planta como un loco a mi lado. Sacude el edredón y se pone a gritarme.

—¡Levántate!

—Calma, Edward… —intenta tranquilizarlo mi madre.

—Adivina quién nos ha llamado de buena mañana —continúa mi padre mientras me incorporo con esfuerzo—. ¡El director de la universidad! ¡Un amigo! ¡Gracias al que has podido entrar en la UCLA! ¿Y sabes por qué llamaba?

—No… —miento sin convicción al tiempo que me froto los ojos para evitar mirarlo.

—¡Un grafiti, Alma! Tu nombre y el de un tal Arcadi. En letras rojas, en el gimnasio, ¡donde se está jugando un partido en este mismo momento! ¿Te das cuenta?

—Ya, también había pintadas en la facultad ayer por la mañana. Pero yo no tengo nada que ver con eso, papá.

—Cállate. Se lo explicarás al director. Nos ha citado en su despacho dentro de media hora.

—Ve a vestirte, no podemos llegar tarde —interviene mi madre, tan pragmática como siempre.

—Estoy muy decepcionado, Alma. Espero que no me hagas arrepentirme de haberte traído aquí. De que nos hayamos mudado todos a Estados Unidos.

Mi padre me lanza su mirada más letal, luego se da la vuelta y sale de mi cuarto dando un portazo. Los ojos se me llenan de lágrimas. Mi madre sigue a mi lado, con la mano en la garganta, como si le costara respirar.

—Está cabreado, no piensa lo que dice. Todos estábamos encantados de venir a vivir aquí, cariño. Estoy segura de que hay una buena explicación y que no estás detrás de todo esto. ¿No es cierto, Alma?

Procura sonar tranquilizadora, pero percibo en su voz que necesita que la tranquilice mientras se alisa de forma nerviosa la melena con la palma de la mano.

¡Es imposible que su hijita discreta y bien educada haya cometido un acto de vandalismo y quiera montar un numerito delante de toda la universidad!

Ni se lo imagina. Mi madre, por principios, está de mi lado.

Mi padre, por orgullo, está del lado de la reputación de su apellido.

* * *

Cuando entramos en el lujoso despacho del director, intento mantener un perfil bajo, con la mirada clavada en los zapatos.

Los de Vadim entran de pronto en mi campo de visión.

Levanto la cabeza y lo veo de pie con los brazos cruzados, al lado de su educador social.

Mis padres y el resto de los adultos presentes se estrechan la mano con educación; mi padre se permite hacer una pequeña broma para relajar el ambiente y Vadim aprovecha el momento para arremangarse y enseñarme con discreción su antebrazo.

Sobre esa piel suave hay unas letras mayúsculas escritas con trazo tembloroso en boli negro:

Niégalo todo. Nunca ha pasado. Te quiero.

Tira de la manga y me guiña un ojo, apenas perceptible, que hace que me estalle el corazón. Después sonríe mientras mira al frente. Me quedo absorta por su actitud en apariencia indiferente. Realmente sublime.

Me quiere… Hasta en su propia piel.

Todavía me cuesta creerlo.

La hora siguiente parece una obra de teatro improvisada y caótica, delante de un público de entrada escéptico.

Vadim exagera muchísimo su papel de estudiante rebelde y solitario.

Afirma que me odia tanto —a mí y a todas las niñas ricas como yo— que jamás hubiera pintado un grafiti ni pensado en hacer algo así.

Keith Johnson lo reprende con la mirada y le pide que muestre un poco más de respeto a los Lancaster.

Yo confirmo su versión sobre nuestra relación impuesta y soportada en el marco de nuestro curso del señor Abrams. Aprovecho para agradecer al director la oportunidad que me ha dado de entrar en su brillante universidad e insisto en lo valiosa que es la enseñanza que se imparte en UCLA.

Vadim pone los ojos en blanco y suspira por mis zalamerías.

Sigo con mi discurso y recuerdo a todos los presentes que una chica «como yo» —mirada despectiva hacia mi compañero de trabajo— tiene cosas mejores que hacer que meterse en líos; por ejemplo, dedicarse a estudiar.

Vadim le da la puntilla al mencionar nuestro único punto en común, la pasión por el cine, frente a los miles de puntos en los que no coincidimos.

Después, consigue desviar la conversación hacia los potenciales autores del grafiti: estudiantes de mente estrecha, deportistas lerdos y racistas, inquietos por la inverosímil pareja de trabajo que formamos e incapaces de considerar relaciones entre seres humanos que se basen en otra cosa que no sea el sexo o el deporte.

Keith vuelve a regañarlo, mi madre no aguanta la risa ante ese argumento tan bien elaborado y el director, sin duda avergonzado por las observaciones de Vadim, decide poner fin a la reunión.

Cada uno recibe una advertencia y una orden estricta: que no se hable más de nosotros hasta que se termine el curso.

En el trayecto de regreso a la villa, me acuerdo de nuestras mentiras y de la mirada intensa de Vadim en el momento de despedirnos: descarada y detestable a ojos de aquellos que no saben nada de nuestros secretos; provocadora y enamorada a los míos.

Cómo me gustaba odiarlo…

Mi padre, quien probablemente cree que la sentencia del director ha sido demasiado clemente, me castiga el fin de semana y me prohíbe quedar con Arcadi fuera del horario lectivo.

Así que me encierro en mi cuarto durante dos días y solo salgo para hacer incursiones en la nevera o intercambiar unas palabras con Lily, toda entristecida por el ambiente tenso en casa.

También salgo para maquinar con Georgia, mi cómplice de toda la vida, que acepta ayudarme a enviar un regalo a escondidas sin ni siquiera preguntarme la identidad del destinatario.

Para agradecerle el habernos salvado la vida en ese despacho, le envío a Vadim un frasco de Ciao Amore de Fendi, mi perfume masculino favorito, con sus notas de flor de azahar, desde luego, pero también de higo y de haba tonka, aromas tan salvajes, tan deliciosos y embriagadores como él.

Me muero de ganas de olerlo sobre su piel.

Arcadius: Gracias por el regalo. ¿Te parece que apesto?

La ventana aparece en la pantalla del ordenador portátil que tengo apoyado en las piernas mientras, tumbada bajo el edredón, veo una peli que ya he visto tres veces.

Alma_from_paris: No, me parece que echo un poco demasiado de menos tu olor… así que he buscado el que más se te parece. Y mira qué casualidad, es mi perfume favorito. ¿Qué haces?

Arcadius: Deberes de inglés.

Alma_from_paris: ¿Para quién esta vez?

Arcadius: No quieras saberlo. ¿Y tú qué haces en tu celda? ¿Te han concedido permiso para un paseo, al menos?

Alma_from_paris: Ni eso. Pero es una prisión moderna, puedo acceder a las plataformas de streaming .

Arcadius: ¡Menudo lujo! Déjame adivinar… ¡Estás viendo otra vez El verano en que me enamor é ! No, ¿Call Me by Your Name? ¿El diario de Noa? ¿Maxton Hal l ? ¡ Ya sé ! ¡Corazones rotos!

Alma_from_paris: Sí que sabes de pelis románticas, ¿una pasión oculta? No, algo más cercano a lo que siento en este momento…

Arcadius: Hmmm… ¿El resplandor? ¿Sientes cómo te invade una locura asesina que podría llevarte a cargarte a toda tu familia? Si necesitas que te eche una mano, me ofrezco para librarme de tu hermano…

Alma_from_paris: Basile no está, él sí que tiene libertad. Mientras que yo me paso el fin de semana expiando mis pecados… Debería haber visto Seven , mira.

Arcadius: ¿No te apetece hacer un remake de Cadena perpetua y venir a verme?

Alma_from_paris: Me encantaría, pero estoy un poco más o menos en la misma situación que el tío de Hacia rutas salvajes . ¿Nos vamos a Alaska para encontrar la paz espiritual absoluta?

Arcadius: Tengo una idea mejor… Voy yo a tu casa y ¡rodamos una escena de Crueles intenciones en tu piscina! :)

Alma_from_paris: ¡En tus sueños, Arcadi!

Arcadius: No me ves, pero estoy llorando. Bueno, he perdido. ¿Qué estás viendo?

Alma_from_paris: Náufrago . Patético, ¿no?

Arcadius: Lo que empieza a ser un poco patético es ¡tu pasión por Tom Hanks!

Alma_from_paris: Philadelphia, Forrest Gump, Apollo 13, Salvar al soldado Ryan, Tienes un e-mail, La milla verde, Atrápame si puedes, La terminal, Capitán Phillips, Los archivos del Pentágono … ¿Cómo se puede competir con eso?

Arcadius: Me encanta cuando te entusiasmas así… ¡Joder, ahora te echo más de menos!

Alma_from_paris : Lo siento :)

Arcadius: Estaba pensando, sabes, que la próxima vez, tal vez debas poner en la pintada Tú + Yo en vez de Vadim + Alma. Bueno, lo digo por ser discretos más que nada…

Alma_from_paris: Gracias por el apoyo, de verdad. Recuérdame que no te mencione cuando dé mi discurso al recoger mi primer Oscar.

Vadim está escribiendo una respuesta, pero interrumpo sus tres puntitos parpadeantes.

Alma_from_paris: ¿Me acabas de enviar un correo?

Arcadius: No, estaba respondiéndote.

Alma_from_paris: Un segundo. Voy a ver.

Con un mal presentimiento, abro mi bandeja de entrada, allí aparece un mensaje no leído.

No sé qué dirección me lo envía. El correo está vacío, pero una foto se va cargando despacio.

Muy oscura. Entonces aparece la claridad de la textura de la piel.

Mi cuerpo desnudo, sentado, se revela ante mis ojos.

Luego el de Vadim, de espaldas, de rodillas frente a mí.

Mi cabeza echada hacia atrás. La suya hundida entre mis muslos.

Se me acelera el corazón, me martillea en el pecho.

Noto una presión en la sien. Me queman los ojos por dentro.

Mi mano derecha tiembla y vacila. Destruir este correo.

Destruir este maldito ordenador. Destruir esta foto que está destruyendo mi vida.

Otra vez. Acabo por pasársela a Vadim con varios clics mientras las lágrimas me resbalan por las mejillas.

Arcadius: Alma, ¿¿¿qué es eso???

Alma_from_paris: Acabo de recibirla.

Arcadius: Pero ¡¿de quién es, joder?!

Alma_from_paris: Ni idea. Solo Clémentine sabía dónde estaba. ¿Tú se lo has dicho a alguien?

Arcadius: ¡A nadie! ¡Alguien tuvo que seguirnos!

Alma_from_paris: ¿Cómo va a ser eso posible, Vadim? ¿Quién nos odia hasta ese punto? ¿Para qué sirven estas fotos? ¿Por qué no nos dejan de una vez tranquilos?

Arcadius: No tengo ni idea. Tengo que salir o voy a matar a alguien, a quien sea.

Alma_from_paris: ¡No, quédate! ¡Tenemos que pensar!

Arcadius: No, elimina el correo. No hables de ello con nadie. Voy a encontrar al imbécil que ha hecho esto. Te juro que lo voy a encontrar. Nos vemos mañana.

Alma_from_paris: Vadim, no te marches.

Arcadius: Sé que tienes miedo, Alma. Pero no te abandonaré nunca. Quien quiera hacernos daño, se va a arrepentir.