Solos contra todos (TU + YO 1) Capítulo 10
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Capítulo 10

Durante el pequeño trayecto que separa el apartamento de Vadim de la mansión familiar, apenas tengo tiempo de bajar de mi nube.

Me entra el pánico. No solo he pasado la segunda noche seguida fuera de casa y no he avisado a mis padres, mi teléfono se ha quedado sin batería y debe de estar saturado de mensajes histéricos, de pánico; no solo es sábado por la mañana y ni siquiera puedo ocultarme en la universidad para pasar el día, sino que además…

lo he hecho. Por primera vez. La más bonita y loca de las primeras veces.

Me siento… distinta.

¿Se me notará a simple vista?

¿Se percatarán de que esta noche Vadim me ha transformado?

¿De que ha hecho que todo cambie?

Me da la impresión de que tengo la boca hinchada de tantos besos.

Mi larga melena lisa aún está llena de nudos que no puedo desenredar con los dedos.

La última vez que me miré en un pequeño espejo del cuarto de baño tenía los ojos brillantes.

Cuando Vadim, todavía con el torso desnudo, tan guapo e insolente, me besaba el cuello para impedir que me marchase.

Ahuyento de mis pensamientos esa imagen y me concentro en el cuarto de hora infernal que voy a pasar.

Posiblemente será el peor de toda mi vida.

Parecer normal. Parecer abatida, agotada, pero normal.

Mierda. Me estoy ruborizando de nuevo. Puedo sentir cómo me arden las orejas.

Me concedo unos segundos más para recomponerme antes de introducir la llave en la pesada puerta de la mansión.

Georgia, nuestra ama de llaves, me recibe con un abrazo.

No sé si es porque está aliviada de verme regresar al fin, o aterrada por todo lo que está a punto de caerme encima.

Mi madre está sentada en los tres pequeños escalones que comunican la entrada con el salón.

En mis dieciocho años de vida nunca había visto a mi madre sentada en una escalera.

Se levanta de un salto y viene hacia mí gritando: «Edward», con voz estridente.

Oigo a mi padre antes de verlo. Suelta improperios y maldice en inglés, como cada vez que está fuera de sí.

Su lengua materna brota con una intensidad directamente proporcional a su enfado.

En la cascada de palabras que prácticamente me escupe en plena cara mientras me señala con el dedo y se pasea de un lado a otro echándose las manos a la cabeza, distingo algunas expresiones clave: «muertos de preocupación», «totalmente irresponsable», «traicionar nuestra confianza», «asumir tus responsabilidades», «alertar a todo el barrio», «sin dormir en toda la noche», «tu pobre madre», «avisar a la policía» y, para terminar, «darnos explicaciones».

Durante el silencio que sigue aparecen Basile y Lily, que han esperado sensatamente a que amainara el temporal para irrumpir en la escena y presenciar el desenlace del espectáculo.

Mi hermano, tenso, con las manos en los bolsillos, se alinea con el bando de los adultos lanzándome una mirada de reproche.

Mi hermana, nerviosa, se muerde el labio.

—Lo siento mucho. De verdad. No quería preocuparos. He pasado la noche con Tim. Sabía que me diríais que no si os pedía permiso.

No me siento orgullosa de mí misma ni de esta falsa coartada, pero no se me ha ocurrido nada mejor.

Se hace el silencio de nuevo. Mi madre se lleva la mano al corazón, Basile alza los ojos al cielo y Lily trata de enviarme un mensaje indescifrable con los suyos. Mi padre permanece imperturbable: mala señal.

—Timothy nos llamó. Ha estado tratando de localizarte toda la noche.

Genial, Alma…

—¿Por qué nos mientes? —estalla mi madre—. Creía que os habíamos inculcado unos valores. A ti, a tu hermano, a tu hermana. ¿Por qué nos haces esto?

Y ahí empieza el chantaje emocional.

—Porque hasta ahora no me había atrevido a decíroslo, pero queréis más a Tim que a mí. Quiero cortar con él y sé que no lo aprobaréis.

—A ver, Alma, esa decisión es cosa tuya —rebate mi madre, indignada por mi acusación.

—¡No, es cosa vuestra! ¡Vosotros me lo presentasteis, me lo impusisteis!

Las lágrimas asoman, muy a mi pesar.

—Darle la vuelta al tema no te salvará de esta —sentencia mi padre con frialdad y determinación—. Y eso no nos aclara dónde estuviste toda la noche. ¡Di la verdad de una vez!

—¡En casa de Clémentine! ¿Dónde queríais que estuviera? Ella estaba tan deprimida como yo, así que nos pasamos la noche hablando, consolándonos mutuamente. Me aseguró que todo iría bien, que vosotros lo entenderíais.

—Entonces ¿por qué no contestabas al teléfono? ¡Por Dios! —replica mi padre, de nuevo muy cabreado.

—Cariño, ¿esa mala cara que traes es de tanto llorar?

Repentinamente afectuosa, me limpia una lágrima que me corre por la mejilla.

—Entonces ¿qué te pasa? —me pregunta, lanzando un suspiro—. Puedes decírnoslo. ¿Eres… homosexual? ¿Te gustan las chicas, es eso?

Su voz se ha vuelto peligrosamente aguda. Al fondo de la sala, Lily estalla en una carcajada.

—¡Oh, dinos que es verdad, Alma! ¡Es justo lo que le falta a esta familia!

—Eso son estupideces —refunfuña Basile, tan arisco como de costumbre.

—Alma, te querremos tal como eres. ¿No es así, Edward?

Mi padre sigue sin reaccionar.

—Déjalo correr, mamá. No se trata de eso. En absoluto. Y aunque sí lo fuera… Verás, lo que pasa es que… estoy harta de que esperéis tanto de mí. Es demasiado. Me gustaría tomar mis propias decisiones.

—Pues deberías empezar tomando decisiones sensatas, Alma.

Prohibido salir durante una semana. Solo irás y volverás de clase, y punto.

Ni cafés ni cine, nada. Si Clémentine quiere verte, que venga aquí.

Se acabaron las mentiras. Dormirás en casa TODAS las noches.

Y el sábado que viene volveremos a hablar del tema.

Mi padre acaba de dictar sentencia. Me encierro en mi habitación casi con alivio.

Mi increíble noche bien valía una semana de castigo.

Y las restricciones que me han impuesto no me impedirán ver a Vadim en la facultad.

Debo hablar con él. Enciendo el ordenador de mi escritorio y busco en el fondo de mi bolsillo el trocito de papel donde me garabateó el número de su móvil, correo electrónico y su apodo antes de irme de su casa.

Abro sesión en el chat de la uni, que usa todo el mundo, pero al que yo casi nunca recurro.

Clémentine es la primera en irrumpir.

Clemy_juicy : Hey, ¿estás ahí? ¿Dónde te habías metido? ¡¿Estabas con él?!

Alma_from_paris : Sí… Gracias por cubrirme las espaldas. Mis padres deben de haberte atosigado. Lo siento…

Clemy_juicy : ¡¿Sabías que han llamado a la poli?! ¡Y no has respondido al móvil en toda la noche! ¡Estaba asustada! ¿Has recibido mis mensajes?

Alma_from_paris : Estoy sin batería. Tengo que cargarlo.

Clemy_juicy : OK, pero después me lo cuentas todo…

Se abre una nueva ventana y parpadea en mi pantalla. Mi corazón late al compás de los parpadeos.

Arcadius : Tienes acceso a internet, luego no te han internado en un convento :)

Alma_from_paris : Aún no. Pero no podré salir este finde. Y tampoco durante la semana, salvo para ir a clase.

Arcadius : OK.

Alma_from_paris : ¿Solo OK?

Arcadius : Sí. Así es la vida.

Pero ¿a qué está jugando?

Alma_from_paris : No sé quién eres, Arcadius, pero pásame a Vadim Arcadi, el de esta noche.

Arcadius : ¿Qué quieres que te diga, Alma?

Alma_from_paris : ¿Qué me echas de menos? ¿Qué estabas preocupado por mí? ¿Qué te preguntas cómo nos las apañaremos para vernos antes de que pasen estos siete interminables días?

Arcadius : Nos veremos el lunes en clase, Alma from Paris.

De pronto me lo imagino con su pose arrogante, detrás de la pantalla. Por encima de todo. Por encima de mí.

Alma_from_paris : ¿Eso es todo?

Arcadius : No, también tengo muchas ganas de ver a Timothy Wallace. Y a tu hermano, dirigiendo el cotarro.

Arcadius : Ah, y a Abrams, me había olvidado de él.

Se me escapa una sonrisa. Quizá no esté tan distinto como parece.

Alma_from_paris : El lunes hablaré con Tim.

Arcadius : Tú no me has prometido nada.

Siento que acaban de estrujar mi estúpido corazón.

Alma_from_paris : Y tú a mí tampoco, ¿no?

Arcadius : Yo no he escrito eso.

Alma_from_paris : Lo has dado a entender tan claro que ya te imagino añadiendo una crucecita a tu lista de conquistas mientras piensas en tu próxima presa.

Arcadius : Entonces es que no has entendido nada. Sigues sin tener ni idea de quién soy.

Alma_from_paris : Dímelo tú…

Arcadius : No, yo no voy acompañado de un manual de instrucciones.

Alma_from_paris : ¡Vadim, esto ya no es un juego! ¿Sabes cuánto he arriesgado para estar contigo? ¿Lo que esta última noche representa para mí?

Se me empañan los ojos. No responde. Debe de estar preparando su pequeña frase mágica o asesina con la que recobrará su libertad. La última fase de su trampa para chicas. En la que he caído como la peor de las idiotas.

Me odio. Lo odio.

Arcadius : Sí, lo sé. E ignoro cómo seré capaz de pasar la próxima noche sin ti.

Mi estúpido corazón estalla.

Alma_from_paris : Entonces ven a mi casa. Si mis padres no me dejan salir, puedes entrar tú. Estarán contentos de conocer a mi compañero de grupo. Podremos trabajar sobre nuestro proyecto en mi habitación. O hacer otra cosa…

Arcadius : No puedes pedirme eso, Lancaster.

Alma_from_paris : ¿Por qué?

Arcadius : Sabes muy bien por qué. Me odiarán en cuanto me vean. Yo no pertenezco a vuestro mundo, ahí no pinto nada.

Alma_from_paris : Pero ese también es mi mundo… Si lo rechazas, ¿qué posibilidad nos queda?

Arcadius : Me interesas tú, Alma. No tu extracción social. Ni vuestra lujosa mansión ni vuestras exigencias ni vuestros modales. Tampoco vuestros criados, que me mirarán con desdén. ¿Y después, qué? ¿Me pedirás que me vista como tu hermano?

Sonrío al imaginarme la escena.

Alma_from_paris : ¡Pues yo sí que me he puesto tu cazadora! Y tú estarías muy guapo con un blazer azul marino…

Arcadi : Ni siquiera sé qué es eso.

Alma_from_paris : ¡Mentiroso! Lo que pasa es que tienes miedo.

Arcadius : Ya lo ves, no eres la única.

Mi mente revive algunas imágenes de la noche anterior y siento mariposas revoloteando en el estómago.

Alma_from_paris : Vadim Arcadi, ¿vendrás o no vendrás a mi casa? Mañana, a las 15 horas. Ya conoces el camino. Se exige ir vestido adecuadamente.

Arcadius : ¿Lo ves? Ya estás empezando a querer cambiarme. Ni hablar.

Alma_from_paris : Retiro lo dicho. ¡Ven sin nada puesto!

Arcadius : Solo si tú también lo haces.

Alma_from_paris : Hasta mañana, Vadim.

Arcadius : Alma, espera…

Alma_from_paris : Si te importo, vendrás.