CAPÍTULO 13 #2
Sonríe de oreja a oreja con mi rabieta. El ascensor se abre y entro rápido al ático. Me atrapa por la cintura, me pone contra la pared y vuelve a besarme. Su boca insiste y mi cuerpo se rinde. Entrelazo mis manos en su pelo mientras su mano trepa por mis muslos.
—Scott —interrumpe una dulce voz de mujer.
—Oh, Dios mío… —murmuro, avergonzada al ver a una señora mirándonos. Lo empujo, alejándolo de mí.
—¡Nana! —se ríe Scott al verla—. No pensé encontrarte por aquí.
—Ya me he dado cuenta —responde ella, riendo también.
La levanta en volandas y ella lo abraza entre carcajadas. Después la trae de la mano hacia mí. Estoy colorada como un tomate por la bochornosa escena anterior y ella me observa risueña.
—Nana, te presento a Sofía, mi novia.
Me sonríe con dulzura, mostrando unos labios finos y delicados. Tiene el cabello negro en una media melena, la piel dorada y unos ojos oscuros llenos de calidez.
—Hola, Sofía. Soy Mariana, aunque puedes llamarme Nana. He oído cosas bonitas de ti —dice con acento mexicano—. No solo has enamorado a Scott, Emma está loca contigo. No para de decir lo guapa y graciosa que eres.
Sonrío con timidez.
—Encantada, nana. Y perdone por… —le digo antes de darle dos besos.
—No te preocupes, son cosas de enamorados.
—Bueno, nana. Aquí la tienes. ¿Qué te parece? —dice Scott.
—Es muy linda, con mirada esmeralda, como dijiste. Parece una princesa de Disney.
Me ruborizo al oírlos hablar de mí y ella se ríe.
—Y muy vergonzosa, como también nos contaste a Emma y a mí —añade, abrazándome con ternura.
—Nana —cambia de tema Scott, gracias a Dios—. Me encanta que vengas a mi casa, pero quiero que lo hagas de visita, no a trabajar. Viene el servicio de limpieza del edificio todos los días. Esto es como vivir en un hotel.
—Pero, Scott, todo ese dinero que me das por nada…
—Gástalo. Cómprate cosas bonitas.
—Bueno, está bien —dice, aunque no parece del todo convencida—. Pero vendré una vez por semana para comprobar que lo dejen bien. —Hace una pausa, lo mira con cariño—. No me gusta que entren extraños en tu casa.
Scott abre la boca para responder, pero ella se adelanta.
—Me voy ya —añade, ajustándose el bolso en al hombro—. Te he dejado comida, Scott.
Él suelta una risa suave, resignada.
—Como quieras… —contesta—. Y gracias por llenarme la nevera.
Le da un beso en la mejilla.
—Sofía, ha sido un placer conocerte —dice mientras me coge la mano—. Sé que vas a trabajar con Pierre y Diego. —Hace un gesto cómplice—. Ya le he dicho a mi hijo que te traten como a una reina…, o se quedarán sin mi enchilada de los domingos —añade entre risas.
Me contagia su buen humor.
—Gracias, nana —respondo, sonriendo de verdad—. Espero verla pronto de nuevo.
Segundos después, ya solos, Scott se vuelve hacia mí con una mirada traviesa.
—¿Por dónde íbamos? —pregunta, acercándose.
—Ni hablar —le freno—. Retira que soy sosa y aburrida.
— Oh, my God … ¿Por qué te lo habré dicho?
Le da igual. Viene hacia mí, me alza en brazos y me lleva flotando hasta su habitación.
—¡Scott! Bájame.
Me deja sobre la cama con delicadeza. Yo me pongo de pie y él empieza a quitarse la ropa.
—No, no. Ni se te ocurra desnudarte. Retíralo.
—Bombón, solo me voy a cambiar para salir a dar un paseo —dice mientras la americana del traje se desliza por sus brazos y la deja sobre la butaca de piel.
—Bueno, da igual. No lo retires si no quieres —murmuro cabizbaja—. Ya sé que has estado con chicas más atrevidas y divertidas que yo. No soy tonta.
Sin apartar los ojos de mí, suelta la corbata con una curva suave, la saca por la cabeza y la deja caer sobre la americana. Sonríe, se acerca mientras desabrocha el primer botón de la camisa y me baja de la cama.
—¿Quieres seguir tú? —me dice, sabiendo que me gusta hacerlo.
—Vale —respondo, poco animada.
Me mira divertido mientras lo hago.
—No eres sosa ni aburrida. ¿Contenta?
—No. —Le quito la camisa por completo—. Quiero que digas que soy la mejor amante que has tenido en tu vida.
Sonríe. No para de hacerlo. Le acaricio el pecho. Madre mía… qué guapo está. Me coge de la barbilla y me da un beso suave.
—Claro que lo eres, Sofía. Lo digo en serio —murmura.
—Vale —mi voz apenas audible.
Me aparta el pelo y suspiro cuando me besa el cuello. Mi corazón se acelera.
—¿Quiere la mejor amante del mundo hacerme el amor? —me pregunta al oído, con una sensualidad que me recorre entera.
—Sí —susurro.
—Muy bien —sonríe pegado a mi cuello—. Lo estoy deseando.
Sus manos recorren mi espalda con calma, deshaciendo mi vestido, mi ropa… hasta dejarme casi desnuda frente a él.
—Dios…, me encanta verte así.
Se inclina hacia la mesilla y coge un paquetito.
—Estoy harto de esto —gruñe.
—El lunes tengo cita con la ginecóloga. Ya te queda menos, impaciente.
—Menos mal —resopla, entregándomelo.
Se desviste sin prisa. Me siento poderosa al prepararlo, al verlo así, tan mío.
—No imaginas lo que siento cuando te miro, cariño —dice en voz baja, con los ojos brillantes.
Me besa con hambre, atrapando mi labio antes de profundizar el beso. Nos dejamos caer sobre la cama y, piel contra piel, le muestro cuánto lo deseo. Nos embriagamos el uno en el otro por completo, y le hago el amor con posesión, revelando mi parte más salvaje y sensual.
—Te quiero. Te quiero, Sofía —susurra cuando se rinde al placer.
Una enorme sonrisa me ilumina al escucharlo.