Solo yo soy para ti (Solo nosotros 2) CAPÍTULO 5 #2
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CAPÍTULO 5 #2

—Dios mío, Sofía. Eres clara y directa. Me alegra que quieras estar a su lado, aunque no sea fácil. Lo debes querer mucho.

—Sí. Lo quiero mucho. Pero ni siquiera está preparado para que se lo diga. Tendré que esperar —musito.

Me sonríe con ternura. La canción finaliza y aparece Scott.

—Me tengo que llevar a esta chica de tu lado o me la quitarás, papá —bromea.

Henry se ríe, me besa la mano y se aleja para estar con sus invitados.

—Has encandilado a mi padre. Creo que le gustas mucho —susurra.

—Pues claro. ¿Lo dudabas? —le digo coqueta, aleteando las pestañas.

Scott sonríe mientras me coloca delante de él, rodeándome con sus brazos. Echo un vistazo hacia un lado y veo que están a punto de sacar la tarta. Tiene una pinta exquisita. Por fin voy a comer algo. Estoy exhausta.

Su padre lo llama, al igual que a su hermana, para que lo acompañen en el momento de soplar las velas.

—No te importa, ¿verdad? —pregunta.

—Por favor… Es donde tienes que estar —respondo encantada.

Los acordes de Happy Birthday llenan el jardín. Contemplo cómo esos dos hijos disfrutan de la felicidad de su padre. Es un momento adorable.

Cuando termina la canción y las velas de la tarta están apagadas, me escabullo al baño. Llevo un buen rato aguantando y no puedo más.

Mientras me seco las manos y a punto de salir, aparece ella. Otra vez.

—Hola, Sofía, ¿te lo estás pasando bien? —me dice en inglés, demasiado achispada.

—Sí, muy bien, Alice. Gracias —respondo seria.

—¿Ya has echado un polvo con tu novio? —se ríe.

—Pues sí.

—Si quieres te cuento lo que le gusta, por si te interesa para la próxima vez —balbucea, tambaleándose.

Va como una cuba.

La miro con pena. No quiero entrar en su juego. Intento salir, pero me bloquea el paso.

—En la cama siempre se ha movido muy bien —sigue provocando—. El otro día recordamos los viejos tiempos y… lo sigue haciendo de maravilla.

—Qué desfachatez, Alice. Ten un poco de dignidad —le digo, sin poder evitarlo—. No te inventes algo así. Puedo entender que, si lo sigues queriendo, te duela que esté con otra persona, pero pasa página, sé feliz y deja que nosotros lo seamos.

—Seré feliz cuando vuelva conmigo y te largues a tu país. Zorra —grita, tirándome encima una copa de champán—. Pregúntale si cenó conmigo. Si me llevó a mi casa.

—¡Déjame salir, gilipollas! —La empujo contra la pared y salgo de allí nerviosa, muy nerviosa.

Confío en él, confío en él, repito mentalmente una y otra vez. Esa estúpida me ha mentido.

Atravieso el salón, empapada de champán. Me mareo. Me siento débil. El impacto de sus palabras me ha dejado aturdida. No puede ser cierto. ¿Cenó con ella? ¿Fue a su casa? No la creo. Estoy mareada, mareada de verdad, no me encuentro bien. Quiero vomitar. Mi cabeza da vueltas.

Busco a Scott, a Elliot, a Grace. Los veo, sí. Están ahí, también Emma. Quiero llegar a ellos, pero parece que no avanzo. Mi estómago está vacío, me duele.

Ha sido cruel. Él nunca me mentiría. No ha estado con ella. Todo se me mezcla en la cabeza. Mi corazón está disparado. Scott me mira y me sonríe, pero cambia el gesto al ver mi cara. Lo veo borroso, me mareo. Las piernas me fallan y me desplomo a su lado.

—¡Sofía! —grita.

Abro los ojos despacio. Lo primero que veo es a Scott, asustado. Le acaricio la cara. Tiembla. Su hermana llora a mi lado y Grace me abanica, preocupada.

—Emma, no llores. Estoy bien. Solo me he mareado un poco.

Me abraza.

—Qué susto, Sofía. Ha sido horrible ver cómo te has desplomado en el suelo.

Estoy en el sofá. Me incorporo, aún algo desorientada. Los invitados nos observan desde la distancia.

—Estoy bien, de verdad —digo—. Grace, ¿me traes un poco de agua, por favor?

Ella me acaricia, me da un beso suave y se aleja. Henry, Elliot y Oliver se acercan. Scott sigue en silencio. Solo me mira.

—Señor Clayton… perdóneme. Siento haberle estropeado el cumpleaños.

Se inclina, me besa la frente.

—No hay nada que perdonar. Y llámame Henry. Lo importante es que te sientas mejor.

—Sí, sí. Estoy mejor.

—Pitufa, venías con la cara desencajada —dice Elliot.

—No he comido mucho… seguro que ha sido eso.

—¿Te traigo tarta? Es de chocolate —me dice Emma con dulzura.

—Mmmm… Eso suena a solución mágica.

Me sonríe y va a por ella.

—Scott, ¿estás bien? —pregunto. Todavía no ha dicho nada.

—No, no. No lo estoy. Yo… yo tengo que irme de aquí un momento —dice serio.

Me besa la frente, se levanta y se va.

—¡Scott! No puedes dejarla sola, por Dios —le reprocha su padre mientras él se aleja.

—Henry. No pasa nada, de verdad —digo—. Está asustado. Luego hablaré con él.

—Pero no puede hacer eso, Sofía.

Bebo un poco del agua que Grace me acaba de traer. Emma me entrega la tarta. Tiene una pinta buenísima.

—¿Puedo hablar contigo a solas? —me dice Elliot.

—Sí, claro.

—No os importa, ¿verdad? —pregunta a todos.

Se alejan comprensivos y él se sienta a mi lado.

—No he visto a Emily. ¿Dónde está? —pregunto.

—Alex y sus padres la han acompañado a casa.

—¿Y eso…?

—Le dio un ataque de nervios cuando te desmayaste. Fue horrible, Sofía. Parecía que te caías muerta en el sitio.

—¡Ay, Dios mío! Lo siento, Elliot. Dile que estoy bien ¿Quieres que la llame?

—No, pitufa. Ya lo sabe. Le mandé un mensaje. Tú come un poco de tarta.

Cojo un pedazo. ¡Madre mía, está de muerte! Vaya, no sé si es oportuno este comentario.

—¿Ha pasado algo más que no sepa, Sofía?

—Sí, Elliot.

—Joder, lo sabía. ¿Alice?

—Sí. Me pilló por sorpresa en el baño. Me dijo cosas horribles. Está loca. Me tiró su copa de champán.

—¿Qué cosas horribles?

—Que cenó con Scott, que la llevó a su casa y que se acostaron. ¡Dios mío, Elliot! No me lo creo. Confío en él. Pero entré en pánico, me mareé, mi corazón iba a mil, tenía el estómago vacío, los nervios y mi cabeza… no sé.

—Joder… Tienes que contárselo a él, lo tenéis que hablar. Pero con cuidado, mira cómo ha reaccionado. Se ha largado. Esto no va a ser fácil, Sofía.

—Lo sé.

—¿Tienes claro que quieres estar con él? Me contó la llamada de tu cumpleaños. No dudo que te quiera, pero Scott es complicado de cojones. Y a mí la que me importas eres tú.

—Lo quiero, Elliot. Solo él es para mí. Lo sé. Me necesita. ¿Dónde puede estar?

—Estará escondido en su dormitorio. Pero antes de ir, termina la tarta. Necesitas fuerzas por si sale ese dragón enfurecido que lleva dentro.

Le sonrío. Me hace gracia lo del dragón. Apoyo la cabeza en su hombro y me acabo la tarta.