Solo una murió Capítulo 17 — La mujer equivocada #2
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Capítulo 17 — La mujer equivocada #2

Isara condujo con la ceja tirante bajo las tiras adhesivas. Cada vez que miraba por el retrovisor, el morado le devolvía una sombra oscura alrededor del ojo.

No apareció ningún coche siguiéndolas, aunque aquello no consiguió tranquilizarla.

Nuria las recibió en una cafetería de Huesca. Era una mujer alta, de pelo entrecano muy corto, y no se parecía a ninguna de las niñas de la fotografía de una forma que Isara pudiera reconocer inmediatamente. Eso tampoco significaba nada después de treinta y siete años.

Nuria miró a las cuatro y después se fijó en la herida de Isara.

—¿Tiene que ver con esto?

Isara decidió no mentirle.

—Puede.

La mujer dejó la taza sobre el plato.

—Entonces empezad por ahí.

Le explicaron únicamente lo necesario: estaban investigando hechos relacionados con un antiguo hogar infantil, alguien intentaba detenerlas y una antigua trabajadora había recordado el apellido Rivas asociado a una niña llamada Sara que debía terminar en Huesca.

Nuria escuchó sin interrumpir. Cuando Isara sacó la fotografía, la mujer se inclinó.

—No soy ninguna de ellas.

Cora fue a responder, pero Isara se adelantó.

—¿Estás segura?

—Sí.

—Han pasado muchos años.

—No lo digo por mi cara.

Nuria cogió el teléfono, buscó durante unos segundos y mostró una fotografía antigua. Aparecían cuatro niñas delante de un edificio blanco y una de ellas era claramente Nuria, con unos ocho años.

—Verano de 1989.

Duna se acercó para mirar la fotografía.

—¿Dónde?

—En un centro cerca de Jaca. Estuve allí casi dos años.

Nuria mostró después otras dos imágenes de la misma época.

—Tengo una hermana biológica que sigue viva. Entramos juntas. Ella salió antes que yo y volvió con nuestra tía. Yo terminé siendo adoptada por los Rivas.

Leire dejó escapar el aire. No había decepción en la cara de Nuria, sino curiosidad.

—¿Por qué habéis pensado que era yo?

Isara se lo explicó y la mujer frunció el ceño al escuchar el nombre de Pilar Cifuentes.

—No me suena.

Duna aprovechó la pausa para preguntar:

—¿Tu familia tuvo alguna relación con La Esperanza?

—Que yo sepa, ninguna.

—¿Llegaste a Huesca a finales de 1989?

—Sí.

—¿Y antes usabas otro apellido?

—El de mi madre biológica.

La coincidencia había sido bastante buena, pero no era Sara.

Cora guardó la fotografía con cuidado.

—Lo siento.

Nuria la miró con auténtica sorpresa.

—¿Por qué?

—Porque hemos venido a removerte la vida para nada.

—Mi vida ya sabía que era complicada antes de que llegarais.

Nuria sonrió levemente antes de añadir:

—Y habéis preguntado antes de decidir quién soy. Podía haber sido peor.

Ese comentario acompañó a Isara cuando salieron y Leire fue la primera en ponerlo en palabras.

—Si hubiéramos dado por bueno Huesca más Rivas más adopción...

—La habríamos convertido en Sara —terminó Duna.

Cora metió las manos en los bolsillos mientras repasaba mentalmente las coincidencias.

—Y todo encajaba bastante bien.

—No lo suficiente —respondió Isara.

Ninguna encontró nada que discutir en aquello.

Salcedo las llamó mientras regresaban e Isara utilizó el manos libres.

—¿Nuria?

—No es ella.

—¿Seguro?

Duna respondió desde el asiento trasero.

—Tiene fotografías de antes del incendio en otro centro, una hermana biológica y una historia anterior comprobable.

—Bien.

Cora miró el teléfono, como si Salcedo pudiera verla.

—Podrías parecer un poco más decepcionada.

—Prefiero una mujer equivocada a una identificación equivocada.

Isara, aunque no lo dijo, pensó exactamente lo mismo.

—Voy a volver a hablar con Pilar —continuó Salcedo—. Quiero saber de dónde salió ese apellido.

La llamada terminó, pero no tardó ni media hora en volver. Cuando Salcedo llamó de nuevo, su voz había cambiado.

—Pilar acaba de contarme algo que no dijo esta mañana.

Isara redujo ligeramente la velocidad al notar el cambio de tono.

—¿Qué?

—Ayer recibió una llamada.

Cora se giró hacia el teléfono, pese a que solo estaba oyendo la voz por los altavoces.

—¿De quién?

—No lo sabe. La persona dijo haber estado relacionada con La Esperanza y empezó a hablarle de los años del centro. Mencionó varias cosas reales.

—¿Entre ellas Rivas?

—Sí.

Duna se inclinó hacia delante desde el asiento trasero.

—Entonces Pilar no lo recordó sola.

—Ahora dice que no está segura. Cuando la entrevisté esta mañana ya tenía ese apellido en la cabeza y lo mezcló con sus recuerdos.

Isara apretó las manos alrededor del volante. Aquella llamada había puesto el apellido Rivas en la memoria de Pilar antes de que Duna preguntara nada.

—¿Por qué no te contó la llamada?

—Dice que se avergonzó cuando comprendió que podía haber mezclado lo que recordaba con lo que había escuchado el día anterior.

Cora soltó una palabrota, pero Salcedo continuó sin detenerse.

—Esto sí me interesa mucho. Significa que alguien sabía que Pilar podía acabar hablando de La Esperanza y trató de contaminar su memoria antes de que nosotros llegáramos.

Leire buscó la mirada de Isara.

—Sabe que la policía está investigando.

—Eso parece.

Duna preguntó entonces:

—¿Podéis rastrear la llamada?

—Lo estamos intentando.

Isara miró de nuevo el retrovisor. La persona que las perseguía había entendido la nueva situación antes que ellas y ahora podía intentar empujarlas desde lejos en vez de ponerse delante de su coche.