Solo una fan #41 No sabes a lo que te enfrentas
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#41 No sabes a lo que te enfrentas

NO SABES A LO QUE TE ENFRENTAS

La velocidad a la que me muevo hoy es sorprendente. Me he levantado antes de que sonase el despertador, y ni siquiera he dado tiempo a Maly a que preparara el desayuno.

Hoy no han salido huyendo en cuanto me han visto aparecer por la cocina, así que deduzco que me notan de mejor humor.

He estado bastante huraño los últimos días, especialmente desde que supe que mis citas con Nora habían terminado. Después de nuestro desenlace en la discoteca de Brentwood, apenas he vuelto a cruzarme en su camino. Ella hace lo posible por evitarme, y yo por darle esa posibilidad.

Sé que es lo mejor, que hice lo correcto. He conseguido que por fin se aleje de mí, y, sin embargo, soy incapaz de alegrarme.

No poder hablar con ella me hace sentir sólo como nunca antes me había ocurrido.

Pero hoy será distinto; pasaré la mayor parte del día a su lado, más o menos.

Cuando llego al estudio, antes de mi hora, la gente corre de un lado para otro, terminando de organizar todo para el Día de Medios.

Ahora que el equipo final está configurado y han largado a la mitad de los jugadores, van a hacer las fotos y vídeos oficiales de la temporada. Así que hoy cambiamos el campo por las cámaras.

Alrededor del espacio hay una variedad de escenarios con montajes e iluminaciones espectaculares donde predomina el rojo y el logo de los Stallions. Cada uno de ellos parece un mundo distinto, a pesar de que no están terminados.

Enseguida encuentro a Nora hablando con personas que no he visto antes; organizando todo para que quede como ella ha imaginado.

—Llegas pronto, grandullón —me dice un chico con zapatos brillantes que va cargado hasta arriba de ropa. No puedo verle la cara, y me sorprende que él haya podido verme a mí.

—¿Necesitas ayuda? —pregunto, sujetando varias camisetas que se escurren del montón que sostiene.

—Nunca digo que no a un par de manos fuertes. —Recoloca la ropa con un pequeño salto, haciendo que varias camisetas más estén a punto de caer al suelo, y cruza la habitación hasta llegar junto a los percheros.

Yo dejo las prendas rescatadas sobre la mesa donde él ha puesto el resto.

—¿Te habían citado ya?

—No, en una hora. Me he despertado pronto —digo distraído, con la vista fija en Nora. Ha cambiado de grupo, dando más instrucciones a los que están a su alrededor, que enseguida empiezan a moverse en distintas direcciones. Luego, se refugia en su carpeta, revisando sus papeles y sus planes.

—No imagino el motivo por el que querrías venir tan pronto —me dice el chico, que se ha acercado hasta mí sin darme cuenta.

Veo entonces que va vestido de forma elegante, salvo por los colores chillones de su traje.

Cuando sigo su mirada, la tiene sobre Nora.

Entonces, se gira hacia mí y me guiña un ojo.

—¿Te ayudo con otra cosa? —pregunto algo torpe y molesto conmigo mismo. No deberían verme contemplándola. No sé a quién tendrá comprado mi madre, porque siempre es capaz de sacar información en cualquier ámbito en el que me muevo.

—Claro. Puedes colgar las camisetas en perchas.

Me pongo a trabajar y, cuando termino, Ronald, del que ya he descubierto el nombre, me encarga más tareas.

Yo le ayudo por estar ocupado y por seguir observando a Nora mientras trabaja.

Cada movimiento que hace me hipnotiza. Especialmente cuando saca mechones de su pelo y los enrolla en su dedo, perdida en sus pensamientos.

Pero, por mucho que me guste esa manía que tiene, preferiría ser yo quien tuviera mis dedos enterrados en su cabello.

Según se acerca la hora de comenzar la sesión, y todo se calma, Nora echa un vistazo alrededor, y es entonces cuando me encuentra.

Se acerca a mí, y veo su esfuerzo por mantener una actitud serena.

La forma en la que se muerde la boca por dentro me dice que no está siendo tan fácil para ella.

Y en parte me alegro, porque quiero seguir haciéndole sentir algo, aunque sé que está mal.

—Ya estás aquí —me saluda—. No te he visto llegar.

—Tu amigo Ronald se ha dedicado a explotarme, y tú estabas liada —digo, terminando de sacar de una caja los balones que supongo que utilizaremos en las fotos.

—Es un poco mandón —se ríe ella, y siento cómo me desarma. Echo de menos verla así de feliz cuando está cerca de mí, y soy el único culpable de que ya apenas ocurra.

–Hace tiempo que no te veo.

Ella se queda quieta durante un segundo, y luego empieza a alinear los balones para que queden perfectamente colocados.

—He estado ocupada.

Suelto una pequeña risa corta.

—Al menos ya no será cosa mía —digo. Por el gesto casi imperceptible que hace, es posible que me esté equivocando. Sin embargo, no recuerdo ningún nuevo escándalo. Riley no me ha molestado estos días. Ni siquiera he salido. —¿Qué tal el trabajo? —intento alargar nuestra conversación un poco más.

—Bien. Todo tranquilo.

—Suena aburrido —digo, pasándole otro de los balones.

Veo el movimiento de su boca, convirtiéndose en una sonrisa, y por fin se gira hacia mí.

—Puede que un poco.

—Oye… —No estoy muy seguro de lo que voy a decirle. ¿Que siento todo? ¿Que he sido un cabrón?

—¡Kelscot! ¡Te toca! —grita alguien a mis espaldas, haciendo que todas las opciones que fuera a pronunciar queden en el fondo de mi garganta, sin atreverse a salir.

Nora me regala una pequeña sonrisa, y enseguida llega Ronald para llevarme hasta la habitación donde voy a cambiarme.

Comenzamos la sesión poco más tarde, y todo va bastante rápido. Únicamente hay algunos parones cuando ajustan temas de los que no controlo nada, como la luz y la ubicación de algunas decoraciones, encontrando problemas que únicamente ellos son capaces de ver.

Nora sigue todo de cerca, hablando en voz baja al equipo que tiene a su alrededor, y viendo en una pantalla las sandeces que hago y que sé que a los fans les encantan.

Me gusta ver que también consigo sacar alguna sonrisa suya, y eso me anima a darlo todo en la sesión.

Jamás me hubiera imaginado haciéndolo. Odio estas chorradas.

Lo que a mí me gusta es salir al campo. Todo esto sobra para mí.

Tras varias fotos en distintos escenarios, me toca en uno que tiene un montón de balones colgando de hilos invisibles como si flotaran a mi alrededor.

Nora para la sesión y se acerca a donde me encuentro. No es a mí a quién mira, sino a uno de esos balones que tengo detrás. Me quedo en mi sitio, viendo cómo lo mueve.

—¿No está mejor así? —pregunta a alguien en los monitores.

Le responden positivamente, y entonces da un pequeño salto para descolgar el balón de la estructura de la que cuelga. No lo consigue, por lo que el segundo salto que da es un poco mayor. Al aterrizar, choca contra mí.

—Ey —es lo único que logro decir, sujetándola por la cintura. Al hacerlo, noto mi cuerpo activándose de un modo que ni en los partidos he conseguido. Mis manos han echado de menos esa curva más de lo que me he permitido pensar.

El pequeño jadeo que escapa de su boca me hace pensar que ella también lo ha extrañado, y me veo incapaz de controlar mis dedos cuando se aferran un poco más fuerte a ella.

—Perdona. Solo tengo que…

Vuelve a estirarse, y diría que los nervios le hacen olvidarse de su estatura.

—¿Mover esto? —termino su frase mientras alargo el brazo y descuelgo el balón con facilidad, dejando que caiga en sus manos.

—Sí —dice mostrándome su sonrisa—. Eres demasiado alto y queda raro detrás de ti.

Se me escapa una pequeña risa, y ella se gira para ver qué es lo que me hace tanta gracia.

—¿Qué pasa?

—Nada. Hacía tiempo que no te metías conmigo. Supongo que echaba de menos esa vieja costumbre.

Sin pensarlo, le coloco uno de sus mechones detrás de la oreja. Entonces, dirijo la mirada a sus ojos marrones, grandes y brillantes, que me observan fijamente.

Cuando se da cuenta de que lo hace, carraspea y levanta el balón entre nosotros.

—Todo listo. Puedes seguir —me dice.

Se mueve y algo en mí empuja mi brazo hasta que la retengo.

—Creo que no —digo, incapaz de contener mis palabras. Debería callarme, pero el miedo a que se aleje ha desatado mi lengua.

—¿Qué? —pregunta confusa.

—Que no quiero seguir. No así.

—¿A qué te re…? —Antes de que pueda terminar la frase, tiro de su cintura y la arrastro a un lateral del escenario hasta que quedamos escondidos tras unas paredes rojas decorativas.

Nora da una bocanada de aire y yo me dejo caer en su mirada.

Alzo mi mano para alcanzar su sien, acariciándola lentamente con el dorso, bajando hasta su mejilla.

—Nora… —susurro su nombre, y ella cierra los ojos durante un segundo.

Después, da un paso hacia atrás, frenando el movimiento de mi mano y alejándola de su rostro.

—Tyler, ya hemos pasado por esto y no acaba bien.

Sus cejas se arrugan al mirarme, y yo detesto el dolor que le provoca estar cerca de mí. El vacío que ha estado creciendo en mi interior cada día se vuelve insoportable.

—Oye, me siento una mierda por lo que te dije.

—El modo en que me mira, como si necesitara que siguiera hablando, como si hubiera esperado esas palabras demasiado tiempo—.

Tenía que alejarte de mí, Nora. Yo no soy capaz de hacerlo —confieso, recorriendo su brazo, buscando sentir su cuerpo más cerca del mío.

Ella se aparta, dejando mis dedos fríos sin su tacto.

—Pues ya lo conseguiste. ¿Qué más quieres?

—A ti —respondo sin pensar. Mi cuerpo me empuja a seguir hablando, a no dejar que se distancie.

Estoy mal de la cabeza—. No puedo vivir sin ti, Nora.

Me estoy volviendo loco. Te veo en cada lugar que visito, en cada plan que intento hacer.

Debería alegrarme porque por fin he conseguido que te distancies, pero no soy capaz de hacerlo.

Aprieta contra su pecho la carpeta que sostiene, como si quisiera evitar que el corazón siguiera latiendo. Lo sé, porque es lo que yo mismo he deseado desde hace semanas. Que dejara de latir, que parase su tortura.

—A lo mejor solo necesitas tiempo.

El golpe que provocan sus palabras retumba en mi esternón.