Solo una fan #40 Derrocar a la bruja malvada #2
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#40 Derrocar a la bruja malvada #2

Se me escapa una risa corta al escuchar cómo se refiere a Tyler. Sus apelativos han ido bajando de rango cada día que pasa.

Me tapo los ojos antes de confesar y, posiblemente, de estropear la noche. Desde hace días, en cuanto sale su nombre, Susan se pone hecha una furia y acaba de mal humor, sin ganas de hacer nada salvo cruzarse de brazos y respirar fuerte.

—Lo segundo.

Casi puedo notar la temperatura de mi salón subiendo varios grados al mismo tiempo que la cara de mi amiga se vuelve de un tono cercano al violeta.

—¿Qué ha hecho ahora? —pregunta con una voz contenida que sé que no le va a durar mucho.

—Él nada. —Le concedo al menos este asalto—. Sigue ignorándome y evitándome.

—¿Entonces? Es lo mejor que podría ocurrir. Tienes que pasar página, nena.

—Ya… —le digo, no muy convencida. La conversación con los amigos de Tyler regresa a mi cabeza, reproduciéndose en bucle.

—¡Nora! —Susan me empuja con brusquedad—. ¡Que estás empanada! Dime qué ha pasado.

Yo respiro hondo y empiezo a relatar a mi amiga todo lo acontecido en el aparcamiento. Por supuesto, parando con cada frase para que ella pueda hacer sus aportaciones y, en ocasiones, lanzar más preguntas que no sé responder y que añado a mi lista.

—¿Y qué se supone que ibas a poder hacer tú? —pregunta molesta. Está claro que no le ha gustado la visita que he recibido.

—No lo sé. No llegaron a decírmelo —digo, y me recuesto en el sofá soltando un largo resoplido.

Susan se mantiene un momento en silencio sin dejar de mirarme, así que, al final, opto por taparme la cara. No sé si me interesa saber lo que tiene que decirme respecto a todo este tema.

Su pregunta, en cambio, me pilla desprevenida.

—¿Y quieres averiguarlo?

Muevo las manos que cubrían mi rostro.

—No lo sé.

Me siento perdida, con miedo, con deseos de acabar con esta historia…

Pero ¿y si realmente soy la única que puede ayudar a Tyler? ¿De qué forma? ¿No tendría que, al menos, intentarlo? ¿No lo haría por cualquier otro miembro del equipo? Si puedo liberarlo de su mayor carga, la que entorpece su carrera… Casi sería un asunto de trabajo.

—Por cómo te evades, diría que la respuesta es «sí» —me despierta Susan una vez más.

—Estoy intentando pasar página —dejo que mi frase más repetida durante los últimos días cruce mis labios sin percatarme de ello.

—Lo sé —dice ella.

—Pero ¿y si tienen razón? No deberíamos dejarla ganar. No, si es por mí.

—Lo sé.

Me quedo observándola, porque veo lo que está haciendo: deja que discuta conmigo misma hasta llegar a una conclusión.

—¿Y eso a dónde nos lleva? —pregunto, incapaz de enfrentarme a la respuesta.

—A que sigues enamorada hasta las trancas, nena. —Esta vez, sí que contesta, y me temo que su comentario es más cierto de lo que me gustaría. Llevo días tratando de superar esto, y no he conseguido nada.

Me río sin ninguna gana mientras me tumbo boca abajo en el sofá, como si así pudiera esconderme de todo, incluidos mis sentimientos.

—Soy una idiota.

Noto el peso muerto de mi amiga cayendo sobre mí y tengo que girar mi cabeza para no asfixiarme con los cojines.

—No, eres maravillosa —me dice dándome un abrazo que no le he pedido, y que necesito—. Y por eso él también está enamorado de ti.

—Ya, claro —respondo irónicamente.

—Nora, si de verdad te aparta por protegerte, es que le importas.

—¡No! —Saco una fuerza que desconocía tener para levantarme sobre mis brazos, apartando a mi amiga en el proceso. Mis manos están temblando, y no se debe al esfuerzo—. No puedo permitirme creer eso.

—Yo solo digo que no sería tan difícil. Si él también…

—No, Susan —la corto—. Si le ayudo, si hago esto, es solo por trabajo. No puedo volver a empezar. Me dolió demasiado. —Me llevo la mano al pecho, donde todavía siento el vacío lacerante que lleva torturándome desde hace semanas—. Debo tener la mente fría.

—Como quieras. —Mi amiga se da por vencida, aunque su ceja levantada y su pequeña sonrisa me dan a entender que no termina de creerme. Con lo mal que me salió la última vez, entiendo sus dudas.

Me digo que ahora es distinto: las cartas están sobre la mesa y tengo más información.

Además, el miedo instalado en mi interior desde hace semanas me recuerda lo que pasará si vuelve a rechazarme, si caigo de nuevo.

Por eso decidí conformarme con observarlo a lo lejos en sus entrenamientos, o cruzando los pasillos del Complejo; con verlo reírse con sus compañeros en el campo o en la cafetería.

Me hice a la idea de que era lo máximo que tendría.

No me permití preguntarme si, de haber alguna oportunidad, lucharía por tener algo más.

—Ahora solo tenemos que averiguar cómo solucionar lo de su madre sin que él se entere. Se pone hecho una furia cada vez que me acerco a ella.

Mi amiga se ríe suavemente y sacude la cabeza. Sé lo que significa, pero no pienso darle la razón.

«Mente fría».

—No te preocupes, conseguiremos derrocar a la bruja malvada.

Sus palabras, lejos de tranquilizarme, me ponen más nerviosa. Estoy a punto de meterme en la boca del lobo, y no sé qué quedará de mí cuando todo termine.