Solo una fan #40 Derrocar a la bruja malvada
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#40 Derrocar a la bruja malvada

DERROCAR A LA brUJA MALVADA

Volver a Redmont ha sido un alivio. Estar de viaje con el equipo reduce mi mundo al trabajo, más que de costumbre, y necesitaba distancia tras lo ocurrido con Tyler.

Por suerte, él también me ha dado ese respiro durante el resto de la gira de pretemporada.

Sin embargo, la poca calma que había conseguido volviendo a casa se ha disipado en cuanto he llegado al Complejo y Matthew me ha requerido en su despacho.

No le sentó nada bien que lo llamara desde Brentwood diciéndole que había terminado con la farsa de Tyler.

Se enfadó tanto, que estaba segura de que todo el hotel habría oído sus gritos a través de mi teléfono, advirtiéndome de que tenía hasta que empezase la temporada para controlar la imagen de Tyler.

«Un jugador sin ventas no interesa en el equipo, por muy bueno que sea», me había dicho.

Me alegré cuando los medios se centraron en el partido y en la escena de Tyler, en lugar de en nuestra falsa y fallida relación. Pude venderlo como la rabia de quien lo da todo por su equipo, incluso en la pretemporada.

Pese a todo mi esfuerzo, el ultimátum sigue en pie. Así que tengo más trabajo que nunca.

Hoy no he terminado todo lo que quería hacer, por lo que me llevo el ordenador y una montaña de tareas pendientes a casa.

Como cada noche al irme, el Complejo está vacío y solo quedan los guardas de seguridad.

Cruzo el aparcamiento en dirección a mi coche con el único ruido de mis zapatillas contra el asfalto cortando el silencio.

Ya ha anochecido, y las farolas alejadas hacen que tarde en descubrir las dos figuras permanecen junto a mi vehículo.

Detengo mis pasos al instante. Están quietos, sin hablar, como si me estuvieran esperando.

Todavía estoy planteándome si seguir andando o volver al edificio cuando las sombras se percatan de mi presencia y caminan hacia mí.

Me paso la correa del bolso por la cabeza y me preparo para huir.

Entonces, distingo a la más alta de las dos siluetas: Eddie, el chófer de Tyler.

Cuando se acercan lo suficiente, reconozco también a Maly.

Me permito tomar el aire que he estado conteniendo y me dirijo a su encuentro acelerando el paso, porque, de pronto, me saltan las alarmas poniéndome en el peor escenario.

—¡Hola! —saludo sin poder esconder la ansiedad que me produce verlos allí—. ¿Ha pasado algo? ¿Está Tyler bien?

—Sí, tranquila. Él está bien.

—Más o menos —discute Eddie con su habitual sonrisa cordial.

Respiro hondo, intentando olvidar las imágenes de Tyler en un hospital que, de algún modo, se han colado en mi cabeza y empiezan a torturarme.

—¿Qué ha pasado? —pregunto entonces, aún nerviosa.

—Niña, tienes que volver a su lado —dice Maly.

Se me escapa todo el aire en mis pulmones de una bocanada. ¿Ese es el motivo de su visita?

—Yo… No tengo nada más que hacer con él—les informo, ignorando el dolor que golpea mi pecho al pronunciar esa respuesta.

Sacudo levemente mi cabeza y me obligo a proseguir con mi camino en dirección al coche, demasiado lejos en este momento.

—¡Sabemos que descubriste lo de su madre! —dice la asistenta detrás de mí, haciendo que mis pasos se detengan—. Pero no es toda la historia.

Me giro para mirarlos con una sonrisa escueta.

—Ya me imagino. Tyler se ha empeñado en ocultar todo bien —les recuerdo—. Mirad, chicos, yo… Me alegro de que tenga cerca a gente que se preocupa por él, pero ya no queda nada entre nosotros. No hay nada que yo pueda hacer.

—Eres la única que podría —dice el chófer, mirándome fijamente.

Noto el dolor de la esperanza tratando de resurgir en mi interior. Un dolor agudo que abarca desde mi estómago hasta mi garganta.

No quiero luchar más.

—Por favor. No dejes que arruine su carrera —insiste Maly, con su fuerte acento—. Ha trabajado mucho por lograr esto.

—Es lo que llevo semanas intentando, y lo único que he conseguido es que me aleje de las formas más crueles que ha podido. No puedo más —les digo, haciendo un esfuerzo por no derrumbarme allí mismo.

—Quiere protegerte —me asegura la asistenta, acercándose a mí.

—¿Protegerme? —Se me escapa una pequeña risa de incredulidad—. Pues tiene una forma extraña de hacerlo.

Recuerdo cada palabra que me ha dicho, cada mirada de odio que me ha dirigido.

Las manos de Maly me sacan de mis pensamientos cuando cubren las mías con una suave caricia.

—Su madre es más dañina de lo que todo el mundo cree. Si te aparta, es para que ella no pueda llegar a ti —me asegura.

Con ver su rostro preocupado, es fácil intuir lo mucho que aprecian a Tyler, y me alegro de que, al menos, haya dejado que dos personas se acerquen lo suficiente a él.

—Siempre empieza con los de su alrededor —me explica Eddie.

—Hasta que lo dejan y solo queda ella.

—Vosotros seguís a su lado —les rebato, celosa de que hayan conseguido lo que yo no he sido capaz: continuar en su vida.

—Y salimos malparados —replica el chófer.

—Familia —Maly levanta la mano, y Eddie lo hace después.

—Trabajo.

Me quedo mirándolos un momento, tratando de asimilar lo que me están diciendo, entendiendo en cierto modo el comportamiento de Tyler, si es verdad todo aquello.

Aun así, no puedo dejarme llevar por lo que quiero que ocurra, sino por la realidad. Tyler me ha apartado, me ha echado de su vida, asegurándose de que no vuelva.

Así que decido no pensar más en él, sino en su madre.

—¿Por qué lo hace? —pregunto, ya que todavía no soy capaz de entender sus motivos.

—Poder. Dinero.

—Control —Ambos siguen turnándose para darme sus respuestas en esta conversación—.

Cree que todo lo que tiene Tyler es gracias a ella; que le pertenece.

Durante mucho tiempo estuvo utilizándolo, sacando el máximo jugo a su hijo.

Para él fue muy difícil conseguir el contrato con los Stallions dejándola al margen.

Desde que empezaron los rumores de traspaso, esa mujer se volvió loca.

Lo de «loca» me lo puedo imaginar después de las cosas que ha hecho, como boicotear la carrera de su propio hijo, o colarse disfrazada en mi habitación de hotel.

De todos modos, nada de eso importa.

—¿Y qué podría hacer yo? Él no quiere detenerla —les recuerdo al mismo tiempo que a mí misma. No puedo volver a caer en esto. Me ha costado días empezar a asumir que se acabó.

—Claro que quiere —me asegura Eddie—, pero ahora está más atado que antes, Nora.

—¿Por qué?

—Por ti —responde sin dudar.

Casi me ahogo al escucharlo.

—¿Por mí? Yo… Yo no puedo ser la culpable.

—Claro que no, niña —me tranquiliza la asistenta acariciando mis manos—. No es culpabilidad. Pero si se deja manejar es porque teme que esa bruja te haga daño. No me extrañaría que lo hubiera amenazado contigo.

El chófer, a su lado, asiente, dando peso a sus palabras.

Maly vuelve a llamar mi atención.

—Él siempre se siente responsable. Cree que es su culpa si nos pasa algo, y estoy segura de que le ocurre lo mismo contigo.

—Ya, pues ya soy mayorcita. Sé cuidarme sola —respondo con un enfado que querría dirigir a él.

—Nora… Venga —Eddie suelta una pequeña risa por la nariz—. Conoces a Tyler.

Y esas palabras me duelen más de lo que creía posible, porque no estoy tan segura de ellas. Llevo semanas hecha un lío.

—¡No lo sé! —digo derrotada—. Ya no sé qué parte es verdad y qué parte es una farsa.

—Aquí sí lo sabes —me asegura la asistenta dándose unos golpecitos con el índice sobre el pecho.

Me atrapa con su mirada durante un momento en el que mi respiración se agita. Necesito parar. Necesito distanciarme. No puedo romperme otra vez. No me quedan más pedazos para Tyler.

—Yo… Lo siento. No puedo ayudaros —les digo, evitando mirarlos a la cara.

Me doy la vuelta y, sin decir nada más, me marcho de allí.

Que no iba a dejar de pensar en lo ocurrido en el aparcamiento, lo daba por hecho. Nada más subir al coche tuve que esforzarme para que mis manos dejaran de temblar y me permitieran conducir.

En casa, apenas pude concentrarme. La lista de preguntas que me hacía y para las que no encontraba una respuesta iba aumentando a cada segundo.

¿De verdad Tyler no sabía nada de la visita de sus amigos? ¿Por qué habían venido los dos? ¿Tan mal estaba? ¿Tan horrible era la situación con su madre?

Eso podría explicar lo que había creído ver en los últimos entrenamientos: su falta de chispa. No brillaba como lo hizo las semanas anteriores. Era algo en la forma de moverse, incluso fuera del campo.

Pensaba que eran imaginaciones mías, o el deseo de que estuviera afectado por lo que ocurrió en Brentwood, dado que no había bajado su rendimiento. Había anotado más touchdowns que nadie durante la pretemporada y, en los entrenamientos, conseguía siempre los mejores resultados.

Pero ¿por qué se inventarían eso Eddie y Maly? ¿Y qué podría hacer yo para arreglar la situación con Aurora Kelscot?

Tyler seguía sin quererme cerca, y el motivo, si no era simplemente que yo no le interesaba, seguía siendo una incógnita para mí. Y, de todos modos, si él no quería enfrentarse a su madre, yo poco podía hacer.

¿Quizás lo que querían era que convenciera a Tyler para plantarle cara? ¿Y por qué no lo había hecho aún?

—¿Hola?

La mano de Susan se mueve delante de mi cara, devolviéndome al presente, a mi salón. Estábamos seleccionando la película para esta noche, pero en algún momento he desconectado, y no tengo muy claro si hemos escogido ya.

—Perdona —me disculpo por haberme ausentado mentalmente.

—¿Se puede saber en qué estás pensando? —me pregunta, más curiosa que molesta, antes de llevarse un puñado de palomitas a la boca. Deberían durarnos toda la noche y, como siempre, no llegarán ni a los créditos del inicio. Solemos liarnos a hablar y damos al play más tarde de lo que nos proponemos.

—Nada, cosas del trabajo —trato de quitarle importancia, aunque mi amiga es demasiado lista como para tragárselo. Eso, y que me conoce muy bien.

—¿Cosas del trabajo en plan redes, o en plan un rubio buenorro e idiota?