Solo una fan #38 ¿Qué sabes sobre ella? #2
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#38 ¿Qué sabes sobre ella? #2

Busco el contrato de Tyler que Hunter, muy amablemente, filtró a la prensa.

Me pongo a leerlo, y no encuentro nada raro.

De hecho, lo releo varias veces, y sigo sin dar con esa cláusula especial que hubiera podido exigir para su llegada al equipo, aparte de un sueldo desorbitado que los Stallions rentabilizarán con creces.

Continúo revisando las noticias de sus contratos, y caigo en la única diferencia.

Me restriego los ojos, porque llevo ya un rato con la mirada fija en la pantalla y empiezan a escocerme.

Paso una vez más las imágenes de las presentaciones, una tras otra, y confirmo lo que podría ser su condición: su madre no está en la presentación de los Stallions.

Me echo hacia atrás, porque he pasado tanto tiempo mirando el ordenador, que estoy totalmente encorvada sobre él y empieza a dolerme la espalda.

Podría ser una casualidad, pero, ¿y si esa fuera la condición? Sacarla de su vida o, al menos, de sus negocios.

«Estoy cogiendo lo que es mío, y enseñándole lo que tendrá sin mí», dijo ella.

Busco mi móvil, escondido entre los cojines de la cama, y marco el número de Patrick sin mirar la hora. No necesito verla para saber que no es horario de llamadas.

—¿Sí? —responde su voz ronca, confirmando que estaba dormido.

—Patrick, ¿qué sabes sobre Aurora Kelscot? La madre de Tyler Kelscot.

—¿Qué? —pregunta mi amigo confuso. Me recuerdo que acabo de despertarlo y que debo darle tiempo para empezar a funcionar.

—Su madre. La madre de Tyler Kelscot. ¿Qué sabes sobre ella? No encuentro nada en internet —repito.

—Nora, son las doce y media de la noche. ¿Estás de coña?

—Es importante —le pido. Podría haber esperado a mañana, aunque no habría conseguido dormir nada.

—Vale, a ver —lo escucho suspirar y, luego, ruido contra el teléfono. Debe de estar moviéndose—. Se llama Aurora… —comienza.

—Patrick, eso ya lo sé. Busco algo gordo. Algo que no haya en los medios.

—Tía, me estoy levantando de la cama. Relájate un poco —me replica molesto.

—Vale, perdona. —Me mantengo en silencio, guardando mi impaciencia para mí, rezando para que no se duerma durante la llamada. Por suerte, empieza a hablar sin hacerme esperar demasiado.

—A ver. Me suena que Nelly quiso publicar sobre ella hace unos meses. Estuvo investigando algo, y al final Gordon le tiró el reportaje.

—¿Tu jefe? ¿Por qué? —más preguntas empiezan a acumularse en mi cabeza, que ya de por sí está a punto de estallar.

—No tengo ni idea. Supongo que no sería lo suficientemente bueno.

—¿De Nelly? —me muestro escéptica porque, de Game On , sus reportajes son los mejores, con permiso de Patrick. Me gusta la forma que tiene de explicar las cosas, fijándose en detalles que para el resto pasan desapercibidos.

—Sí. La verdad es que fue un poco raro. No le di importancia entonces. Ya sabes que, a veces, las juntas directivas se ponen un poco pesadas.

No comento nada, porque sé exactamente lo que es trabajar duro y que tu jefe te lo eche por tierra con cualquier excusa estúpida.

—¿Lo leíste?

—No, solo me contó un poco por encima. La madre no estaba contenta con el contrato. Se habían ahorrado una millonada eliminando a un intermediario, y ella no sabía nada.

Entonces, entiendo todo: los agentes siempre se llevan una comisión en los traspasos y, la mayoría de las veces, esos agentes son los propios padres. Aurora debía llevarse una parte por sus contratos, y si la dejaron a un lado al venir a los Stallions, eso explicaría su reacción.

«No hay relaciones de amor. Solo de dinero».

—¿Necesitas el teléfono de Nelly? —pregunta Patrick, sacándome de mis pensamientos—. ¿Tiene que ver con el acosador? ¿Lo habéis pillado?

—No, no es necesario —digo rápidamente, antes de darle más alas a sus elucubraciones, que no van desencaminadas—. Es una larga historia, ya te contaré.

—En nuestra entrevista, espero —aprovecha para recordarme lo que le debo por ayudarnos.

—Sí, descuida —le aseguro—. Una última cosa: ¿te suena que hubiera alguna condición especial en el contrato de Tyler? Algo que no hubiera en los contratos de otros jugadores, o incluso en los suyos.

—¿Alguna cláusula especial?

—Sí.

Patrick se toma un momento para pensar, y yo practico mi paciencia.

—No, la verdad. Eso lo sabría mejor su agente. Me suena que tampoco estaba muy contento con el traspaso de Kelscot. Al menos en las pocas palabras que crucé con él.

—¿Y eso?

—Bueno, todo el mundo sabe que el contacto fue un poco subterráneo. Había muchos rumores de que iría a los Stallions, pero creo que las conversaciones como tal fueron directas entre Tyler y vuestro presidente. Y eso es super raro, en realidad. Es trabajo de los agentes.

—Claro. —«A no ser que necesitara unas condiciones que no quería compartir con nadie», termino de decir en mi cabeza.

—¿Algo más? ¿O puedo volverme a la cama?

—me pregunta el reportero y, de pronto, me siento fatal por haberlo llamado, aunque me ha ayudado bastante.

No voy desencaminada creyendo que Tyler quería apartar a su madre de sus negocios.

Si bien eso no explica por qué no la denuncia, o por qué no quiere estar conmigo.

Una parte de mí me recuerda que no soy suficiente para él, que nunca lo fui y que no necesita más excusas.

Otra parte, recuerda nuestro beso en el armario, nuestras manos enredadas en los trayectos en coche, nuestras citas, falsas y reales…

Patrick carraspea al otro lado de la línea.

—Sí, claro, perdona. Te lo compensaré con un buen desayuno cuando vuelva a Redmont.

—Cuento con ello —me dice y, después, cuelga.

El silencio me rodea de nuevo, haciendo que el discurso en mi cabeza resulte más ruidoso.

Aurora Kelscot, la acosadora de Tyler, la condición que quería evitar. Tiene que ser eso.

Sin embargo, pese a conseguir la respuesta de una de mis preguntas, ninguna solución viene con ella.

El sonido de mi móvil me saca de mi laberinto de conjeturas.

Tengo varios mensajes sin leer de un mismo remitente. Abro la conversación y encuentro distintas fotos de una discoteca.

El nudo en mi garganta, que apenas había logrado aflojar, vuelve a cerrarse como una soga, asfixiándome con cada imagen que paso. En todas sale Tyler en una discoteca. Y junto a él, muy junto a él, una rubia de espadas, seguramente preciosa. Su mano…

Suelto el teléfono tratando de contener el dolor que palpita furioso en mi pecho, como si quisiera salir de allí. Sabía que esto podía ocurrir. No es que me hubiera prometido amor eterno. Tan solo que no iba a desaparecer; y lo hizo.

Mi teléfono vibra otra vez. Me llega una dirección.