Solo una fan #37 Has ganado
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#37 Has ganado

HAS GANADO

El pánico me invade cuando mi mano no alcanza la de Nora a tiempo. Ante mis ojos se mueve a cámara lenta, a pesar de la velocidad de sus cortas piernas. No sé cómo voy a enfrentarme a lo que está a punto de suceder.

Grito su nombre, pero nada la detiene. Está empeñada en acabar con mi acosadora.

Llega a su dormitorio, pasa la tarjeta en un rápido movimiento y abre. Entonces, se queda quieta en la entrada y, al acercarme, descubro la imagen que la tiene paralizada: mi madre, vestida con la misma gabardina que llevaba en la plaza de Northpoint, está en el centro de la habitación.

—¿Señora Kelscot? —escucho la voz temblorosa de Nora.

Entro en la estancia y cierro la puerta. No necesitamos espectadores para lo que va a ocurrir.

Mi madre se gira, mostrando su mejor sonrisa.

—Hola querida. Me dijeron que era tu habitación y quería saber qué tal estabas. Después de vuestra discusión en el restaurante por mi culpa, me sentía un poco mal.

Sigue actuando tan natural como recordaba, solo que esta vez tengo los ojos bien abiertos y no pienso dejar que juegue conmigo, o con Nora.

—Pero, usted… usted…

Imagino que su cabeza trata de entender cómo mi madre es la mujer que ha estado boicoteándome. Me pasó durante un instante cuando vi su figura dirigirse a la librería en la otra ciudad. Luego, recordé cómo había sido siempre, y todas las dudas se disiparon. Tenía que haber sospechado antes de ella.

—Ya te dije que podías tutearme, querida.

—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunta directamente, esperando que tenga una buena excusa. Sin embargo, tiene poco a su favor. Nora ha preparado bien el queso de su trampa. Lo que no esperaba era la rata que ha caído en ella.

—Nora… —Pongo mi mano en su cintura. Ojalá no la hubiera dejado escapar.

Ella se gira enfurecida hacia mí.

—¿Por eso has estado reteniéndome?

Libera las palabras dirigiendo su rabia hacia mí y, por más que me duela, lo prefiero.

Mi madre no es alguien a quien deba enfrentarse.

Llevo intentando evitarlo desde que supe que había aparecido en la ciudad, desde que la vi poniendo sus manos sobre ella.

Aunque no tenía ni idea de que era la misma que lleva jodiéndome toda la pretemporada por teléfono y con los medios.

—Gracias por tu ayuda, hijo —dice ella feliz. Como siempre, es experta en hacer que todo parezca peor de lo que es.

Aprendí a ignorar sus comentarios hace mucho, cuando entendí que de su boca no salían más que mentiras. En cambio, Nora no la conoce, y yo tengo la culpa de ello. Debería haberla avisado en lugar de ocultar todo.

—Tyler, ¿tú lo sabías? —Conoce la respuesta y, aun así, se queda mirándome, esperando a que diga algo—. ¡Sabías que era ella! —me acusa ante mi silencio.

Sus ojos se humedecen, pero se controla lo suficiente como para mantener las lágrimas a raya.

—¿Desde cuándo? —Apenas queda un hilo de su voz. Imagino que le dolerá la garganta tanto como a mí. El nudo que tengo en ella aprieta hasta el punto de ahogarme.

—La reconocí en Northpoint —confieso con un suspiro.

—¿Por eso te comportaste así? —Libera una pequeña risa—. Yo pensaba… —Se ríe de nuevo y no termina la frase, así que no tengo ni idea de qué era lo que pensaba. Luego, se cubre la frente—. Soy estúpida.

—No, querida. Estás enamorada. ¿Por qué, si no, ibas a seguir con él después de lo que dijo? —Mi madre usa un tono suave y cariñoso que poco tiene que ver con sus intenciones.

Yo me quedo petrificado en ese instante.

En cuanto la miro, el nudo en mi garganta se vuelve insoportable.

¿Cómo he dejado que pasara? ¿Cómo voy a ser capaz de apartarla ahora, sabiendo que voy a destruirla? Sabiendo el dolor que voy a infligirle; el mismo que me ha estado matando a mí desde hace semanas.

¿Por qué decidió poner su corazón en mis manos? En manos de quien solo podía romperlo.

—Es normal. Es lo que hace Tyler. Se le da muy bien. —Mi madre sonríe como si estuviera explicando la situación a un niño, como si no estuviera quebrando a mi chica por diversión, y a mí de paso.

—Mamá, cállate —le digo sin fuerzas. No quiero que hable con ella, que la dañe con sus palabras como hizo en el pasado conmigo Nora, a mi lado, me observa sin decir nada.

—¿De verdad creías que podrías estar con él? ¿No te lo ha dicho ya?

Odio cada palabra que sale de su boca, pero necesito que Nora las comprenda. No podemos estar juntos. No pienso exponerla a los juegos de mi madre. Aunque le duela. Aunque me duela.

Si a cambio tiene que acabar conmigo y con mi carrera, que lo haga.

—Tyler… —me llama Nora suplicante, esperando que responda. Yo solo puedo mirarla.

Me gustaría acercarme a ella, decirle que esto es una pesadilla. Pero esta es mi realidad, y no hay forma de despertar. Los monstruos que me persiguen continúan detrás de mí durante el día, y la única forma de escapar de ellos es desaparecer de mi vida.

—Querida, recuerda que lo vuestro es un montaje. Os ha funcionado, pero ¿cuánto tiempo vas a aguantar que te utilice?

—Cállate —vuelvo a exigirle.

Nora tiene que saber que debe alejarse de mí y de toda la mierda que llevo a mis espaldas, pero no permitiré que mi madre acabe con ella.

—¿Acaso miento? —pregunta usando su voz de santa, consiguiendo que regresen todos los recuerdos de cuando me manejaba—. En los negocios es así. No hay relaciones de amor, solo de dinero. Ya lo sabes.

Me mantengo quieto, tratando de controlar el fuego que consume mi cuerpo, porque crece en mí un deseo cada vez mayor de golpear todo lo que tengo alrededor.

—Aun así, has conseguido más que ninguna otra chica. Estoy impresionada, niña. —Le dedica un aplauso tan falso como su felicitación.

Claro que ha conseguido más. Lo ha conseguido todo. Puede que no lo sepa, que lo nuestro haya acabado; nada de eso cambia que soy suyo.

—¡Estás boicoteando a tu hijo!

Mi chica no se da por vencida. Ha venido a terminar con mi acosador, y sé que no va a detenerse por unas palabras de odio. Lleva enfrentándose a ellas varias semanas, y ninguna la ha derrumbado antes.

—No, querida. Estoy cogiendo lo que es mío y enseñándole lo que tendrá sin mí.

—¡Es tu hijo! —grita ella, sin entender la motivación de mi madre.

—¡Nora! —la llamo yo con más fuerza. Esto tiene que acabar. La necesito fuera. No puede enfrentarse a ella. No la dejaré—. Ya sabes quién es. Ahora vete.

—¿Qué? —Me mira confusa, pestañeando varias veces seguidas.

—Que no va a denunciarme. La familia es lo primero. Las chicas como tú, no.

—Mamá, cállate. Puedo encargarme solo —vuelvo a pedirle sin levantar la vista de Nora. Dejo en mi mirada toda la furia que debería dirigir a mi madre.

Quiero gritarle que corra, que huya, que se esconda. En cambio, solo la miro, haciendo mi mejor jugada de engaño. Necesito que se esfume, que me odie si hace falta. Y, sobre todo, necesito que mi madre crea que no me importa, que no es nadie para mí, que no puede hacerme daño a través de ella.

—Quiero ayudarla a entender —responde mi madre, siempre teniendo la última palabra, siempre quedando por encima de los demás con sus falsamente bienintencionadas palabras—. Mírala. La pobre sigue buscando cómo seguir contigo. Un poco patético, querida.

—Nora… —Ignoro a mi madre para hablar con ella.

—Ha estado sacando todas esas noticias sobre ti —me dice, como si esa fuera razón suficiente para ponerme de su lado. Y, si se tratase de cualquier otra persona, lo haría.

—Lo sé.

—¡Y sobre mí!

Suelto un pequeño suspiro.

—Nora, vete ya —le pido, ignorando el dolor que empieza a desgarrar mi pecho.

—No —se niega—. Quiero saber por qué. ¿Por qué dejas que te haga esto? ¡Es tu carrera!

—¡Porque no quiero estar contigo! —grito desesperado. «Por favor, vete ya».

Ella no se mueve. Me contempla paralizada en su sitio, como si no hubiera escuchado bien. Deseando no haber escuchado bien.

—¿Qué? —escucho su voz débil, suplicante.

Me muevo hacia ella, reuniendo todo el asco que siento hacia la otra persona en esta habitación y haciendo lo posible porque piense que va dirigido a ella. Aprieto mi mandíbula conteniendo las palabras que no quiero decir, y que debo pronunciar.

—Que no quiero estar contigo, Nora. Pensaba que ibas a ponérmelo más difícil, que de verdad me odiabas; pero me costó tan poco abrirte de piernas que perdió toda la gracia.

Esperaba que con el acosador molestando te dieses por vencida, y sigues aquí, empeñada en cuidarme o en salvarme.

No lo necesito. No te necesito. No eres más que otra fan. Ahora vete.

Nora escucha cada una de mis palabras en silencio, con sus cejas contrayéndose a medida que llegan a sus oídos.

Alza su mano y la lleva directa a mi mejilla con un golpe que no esperaba y que, aun habiéndolo sabido, no esquivaría.

Se queda mirándome mientras sus ojos se llenan de unas lágrimas que no va a liberar frente a mí. Antes de que eso ocurra, se da media vuelta y sale de su propia habitación.

Yo me quedo en mi sitio, contemplando su figura desaparecer. Mi único consuelo es que, ahora que me odia, estará lo suficientemente lejos como para que mis problemas la alcancen. Y nada me impedirá seguir viéndola por el Complejo de los Stallions en la distancia.

—Es mejor así, Tyler. Toda esta farsa ya estaba durando mucho, ¿no crees? —Escucho la voz de mi madre a mis espaldas, totalmente despreocupada, indiferente al vacío que asola mi cuerpo.

Sin decir una palabra, salgo de allí.

El partido contra los Howlers llega más tarde de lo que me habría gustado. Tengo demasiada rabia acumulada desde ayer por la noche, cuando todo mi mundo se derrumbó en un instante.

Después de ello, me encerré en el gimnasio hasta que el entrenador ofensivo vino a echarme una buena reprimenda por seguir allí teniendo partido al día siguiente.

Estoy actuando como un crío, pero castigarme bajo la tortura de las máquinas es lo único que me ayuda a no mandar todo a la mierda, que es lo que quiero hacer.

Me pasé el resto de la noche en mi habitación, como un niño castigado.