#33 Mi chica #3
—Bueno, se supone que es una cita —respondo separándome y sonando tan seca e indiferente como puedo. «Cita falsa» , me corrijo.
Creo escuchar una pequeña risa, pero los disparos de las cámaras a nuestro alrededor amortiguan el sonido.
—Claro, se supone —coincide él a mi comentario—. ¿Vamos?
Antes de que pueda responder, saca una gorra de su bolsillo y me la pone, como acostumbraba a hacer en nuestras salidas reales.
Ese pensamiento hace que se me revuelva un poco el estómago. Tengo que recordarme que estamos fingiendo.
—Así no te molestarán tanto —me explica.
Y a mí me parece bien, porque de este modo daremos la idea de que queremos intimidad, aunque en realidad estamos deseando ser fotografiados.
—Gracias. —Es todo lo que digo.
Un segundo más tarde, la mano de Tyler rodea la mía y bajamos los escalones de mi porche.
Los paparazzi no han dejado de hacernos fotos, e incluso de llamarnos. ¿En serio son tan invasivos en la vida de las personas? Pensaba que trabajaban a distancia.
—¿Te apetece un helado en el centro? Un amigo me habló de Cone la única que se ha enamorado.
Él se mueve cómodo a mi alrededor hablando de fútbol como en nuestra primera salida. Debería estar cabreada con él y sus mentiras, pero todo parece tan real como lo fue hace unos días, y no puedo. Porque yo sigo engañándome de la misma forma.
Durante las siguientes citas, nuestra rutina va cambiando.
Visitamos el mercado de los libros, paseamos junto al río y cenamos en una terraza.
No sé si los medios se van cansando de nosotros, o es que yo me acostumbro más a ellos cada día que pasa, pues casi olvido que están allí, o que nuestras salidas son para que nos persigan.
Tyler me lleva de la mano, de la cintura, me abraza, me deja pequeños besos.
Y con cada uno de sus gestos, pierdo un poco más en este juego de simular.
Mi autoengaño se ve en una continua lucha entre creer cada movimiento de Tyler, o percatarse de sus preguntas no formuladas antes de acercarse a mí.
Después de unos días, soy incapaz de ignorar lo mucho que me gusta estar con él, escuchar su voz o su risa; o las mariposas que revolotean en mi tripa cada vez que se acerca más de la cuenta.
Y las ganas de besarlo, siempre presentes, siempre tirando de mí. Apenas logro contenerme. Al terminar nuestras salidas, me siento exhausta tras tanto ejercicio de autocontrol.
Entonces, acepto otra cita, y otra; convenciéndome de que lo hago por trabajo.
Con tanto vaivén de sentimientos y emociones, trabajar se me hace cada día más duro. En mi cabeza solo entran Tyler y la lucha interna que despierta en mí.
Sigo pensando en el lío en el que estoy metida cuando llego al campo de entrenamiento, prometiéndome concentrarme en lo que he venido a hacer, y no en Tyler Kelscot.
—¿Entrenador Taylor? —me hago notar cuando me acerco a la banda del campo.
Este se gira, sorprendido de verme allí, pues siempre procuro avisar si voy a pasarme.
—¿Nora? ¿Qué haces aquí? Y no me digas que necesitas a uno de mis chicos.
Me pongo nerviosa al momento. Si hay alguien que me dé más miedo que Matthew, ese es el entrenador Taylor. En lo que respecta al equipo, es la persona más estricta que he conocido; y me ha visto venir de lejos.
—Hemos tenido un lío con el calendario y los horarios, y necesitaría a uno de ellos durante un par de horas máximo —le digo con mi mejor tono de súplica. Arrugo un poco mis cejas, para hacerle saber que me siento culpable.
—¿Sabes que tenemos partido la semana que viene? Empieza la pretemporada, y no creo que a nadie le gustase que hicieran el ridículo contra los Guardians.
—Lo sé, y de verdad que lo siento. Ha sido un fallo mío, y no volverá a ocurrir, se lo prometo.
—En realidad, el fallo no tiene nada que ver conmigo, sino con los nuevos vídeos que he propuesto a Matthew.
Le han gustado, y, por supuesto, necesitaba todo para hoy mismo—.
Lo haremos lo más rápido posible, para que no interfiera demasiado con el entrenamiento.
—¿A quién necesitas? —pregunta, aunque todavía no me alegro. No va a ser tan fácil.
—Kylen Blaze.
—¿Y cuánto lo necesitas? —Se gira hacia mí sonriendo con los brazos cruzados.
Aquí empieza lo difícil, porque no se refiere a cuánto tiempo lo necesito, sino a cómo de importante es que Blaze me acompañe.
—Puedo librarte de la próxima entrevista para YouTube y poner a los entrenadores especiales —le propongo.
Él me mira con los ojos entrecerrados y, un momento después, me guiña un ojo sonriendo y se gira hacia el campo.
—¡Blaze! ¡Ven aquí, chico! —grita tan fuerte que todo el campo lo escucha, a pesar de que no hay más que voces y vítores alrededor.
En cuanto se quita el casco, lo encuentro rápido al otro lado del césped, y hago lo posible por mantener mis ojos fijos en él y no buscar a otra persona.
—¡El resto! Descanso de cinco minutos, a ver si cogéis un poco de aire, ¡que estáis matados!
Según anuncia esto, un sinfín de suspiros llenan el ambiente, y tengo que contener mi risa.
—¡Nora! ¡Hola! —me saluda Kylen entusiasmado, como cada vez que nos vemos.
Su sonrisa infunde la mía, y me pregunto por qué no he hablado más con él en los últimos días. Me habría venido bien.
—¡Hola! —saludo, intentando sonar igual de animada que él.
—Mejor no te abrazo —me dice alargando su brazo con la mano cerrada en un puño, hasta que lo choco con el mío—. Estoy sudando.
—Tranquilo.
—¿En qué puedo ayudarte?
—Estamos preparando la campaña para la pretemporada, y hemos tenido una idea en la que puedes participar, si te apetece. Ya he hablado con el entrenador, y no habría problema en que me acompañaras durante un rato.
—Claro, lo que sea por mi Stallion favorita —me dice colocándose el pelo que empieza a caerle hasta los ojos.
No sé cómo contestar a eso, así que me quedo en silencio con una sonrisa tensa. No consigo acostumbrarme a las buenas palabras de la gente. Algo dentro de mí siempre me recuerda que no debo creerlas, que no las merezco.
—¡Te has puesto como un tomate! —me acusa él antes de echarse a reír.
—Bueno, la culpa es tuya por decir cosas así. —Le doy un pequeño puñetazo en el brazo, como castigo por su carcajada.
—¡Venga ya! Aquí eres la favorita de todos, no solo de Tyler.
—¿Qué pasa conmigo?
Se me congela la sangre cuando escucho la voz del jugador que acaba de nombrar a mis espaldas. ¿Por qué me quedo paralizada de pronto? Venía dispuesta a arreglar un tema de trabajo, no a tener que enfrentarme a todos los sentimientos encontrados que enciende en mí.
Su brazo moviéndose alrededor de mi cintura y empujándome hacia él, tampoco me ayuda a relajarme.
—¡Hola! —saludo con voz entrecortada.
Tyler no dice nada, y Kylen se ha quedado igual de mudo.
—Tengo una campaña con él —le explico antes de que el silencio resulte más incómodo.
—¿Una campaña? —Su tono es serio, pero, cuando me mira, no veo que esté enfadado. Más bien parece que me ha echado de menos, por la forma en que estudia mi rostro con detenimiento. Aunque pueden ser imaginaciones mías, como las que llevo teniendo desde que lo conozco.
—Sí, de la pretemporada —me concentro en nuestra conversación—. Es el rookie favorito, y vamos a preparar unos vídeos.
—Claro —me dedica una sonrisa, y endurece sus facciones cuando se dirige al jugador—. Pues mientras sea un asunto de trabajo, preferiría que no babearas por mi chica, novato.
Tengo que hacer un esfuerzo por no atragantarme con mi propia saliva al escucharlo.
Kylen está más o menos igual de sorprendido, alzando sus cejas de forma extrema.
—¿Entonces seguís juntos? —pregunta.
Yo me muevo bajo el agarre de Tyler. Siento que nos van a pillar en cualquier momento. Y, por su silencio, creo que está igual de nervioso que yo porque puedan destapar nuestro engaño. Entonces, respira furioso.
—¿A ti qué te parece? —escupe sus palabras con rabia contra Kylen, que instintivamente da un paso hacia atrás, levantando las manos en signo de rendición.
—Perdona, tío. —Veo en su rostro las ganas que tiene de irse de allí, y me mira preocupado—. Recojo mis cosas y te acompaño.
Espero a que se aleje lo suficiente para girarme hacia Tyler, que ha relajado los dedos sobre mi cuerpo y no es consciente de que ahora los mueve en una caricia. Yo no puedo dejar de pensar en ellos, deseando sentirme igual de cómoda a su lado.
—¿«Mi chica»? —pregunto, porque no se me va de la cabeza las palabras que ha utilizado para referirse a mí.
Me enseña su sonrisa ladeada y socarrona. Esa que no aguantaba hace unas semanas, y que me encanta ahora.
—¿No lo eres?
Mi presión se dispara, y me cuesta mantenerme entera.
—Solo para los medios —respondo en parte para mí misma, que creo que soy quien más necesita recordarlo.
—Bueno, no queremos que se filtre nada, ¿verdad? —me pregunta, y yo me esfuerzo en asentir. El nudo que tengo en la garganta amenaza con ahogarme si intento decir algo más.
Entonces, Tyler me sostiene por la barbilla, como cada vez que quiere decirme algo importante, algo que no quiere que olvide.
—Puede que solo estés fingiendo, pero, aunque esto sea una mentira, yo no comparto. Hasta que decidas que se acaba la farsa, eres mía, Appaloosa.