#33 Mi chica #2
—Esa era la idea. Bueno, que la vieran los demás. Siento no haberte avisado. Matthew empezó a hablarme de las ventas de las camisetas y quería una respuesta inmediata… —titubeo.
—¿Qué? —pregunta confuso.
Tomo aire profundamente para calmarme, y empiezo a explicar todo desde el principio.
—Después del vídeo que salió ayer…
—Oye, respecto a eso… —Me corta Tyler. Da un paso hacia mí y me entra el pánico. A no saber contenerme, a caer en su misma trampa, a suplicar que siga mintiéndome. Así que me pongo a hablar de carrerilla, sin darle opción a interrumpirme de nuevo.
—Tus estadísticas bajaron drásticamente. Matthew y el equipo de ventas estaban preocupados por tus cifras y querían una respuesta inmediata. Intenté otras opciones, pero la única opción para Matthew era hacer como si nada hubiera ocurrido.
Cuando termino de hablar, me siento mareada y mi respiración está tan acelerada como mi pulso. Tenía que haberle consultado antes de subir la foto. Especialmente tras lo ocurrido en el restaurante.
Ahora mismo solo quiero que entienda que no ha sido idea mía, que no pretendo aprovecharme de él, que es solo trabajo.
Me mira intensamente, como si en su cabeza se estuviera debatiendo entre creerme o denunciarme por acoso.
—¿Y ahora qué? ¿Tenemos que fingir que estamos juntos? —pregunta de mala gana. Es exactamente lo contrario a lo que me dijo ayer. Se pasa la mano por el pelo, seguramente buscando alguna salida al disparate que le estoy proponiendo.
Me alejo un paso para tomar perspectiva y para liberarme de su fragancia, que no deja de buscarme, haciéndome olvidar todo para imaginarme enredada en sus brazos. Necesito centrarme.
—Únicamente para los medios. Es idea de Matthew.
Puedes subir alguna foto, o lo hago solo yo, como si fuera una fan loca; no me importa —El vacío en mi pecho me ataca al pronunciar esas palabras, haciendo que mis piernas pierdan fuerza—.
También propuso que nos vieran juntos por la calle, pero no es necesario.
Puedo hacerlo simplemente con las redes.
—¿Vernos por la calle? —pregunta, ignorando mi último comentario.
—Sí, quiere que parezcamos… una pareja. Sin escondernos. Tiene que parecer real.
«Tanto como me lo pareció a mí», me digo, preparando mi estómago para el siguiente golpe que el vacío tiene preparado para mí. Esperaba que mis palabras le hicieran daño, y soy yo la que sale malparada.
Después de un momento en el que ambos nos mantenemos en silencio, Tyler me dirige su mirada ceñuda.
—¿No hay otra opción?
Ignoro la punzada en mi pecho, que se encoge bajo la mano invisible de su pregunta. Ha estado fingiendo todo este tiempo para que no le perjudicase en la comunicación. ¿Tan duro sería seguir mintiéndome un poco más?
—Que tenga resultado rápido, no —le digo, sonando tan profesional como puedo—.
Esto es por tus ventas, que afectan a tu contrato.
Podemos dejarlo exclusivamente en mis publicaciones.
No tenemos que vernos más. Yo me encargo de mover la historia hasta que todo se calme, tus ventas mejoren y Matthew se tranquilice.
Después, tenemos una ruptura amistosa, y todo habrá acabado.
Tyler permanece callado un poco más, frunciendo sus labios y sin apartar la vista de mí. Yo hago lo posible por mantenerme firme, por hacerle ver que esto es trabajo, que no me afecta en absoluto, aunque, por dentro, mi cuerpo me pide auxilio.
—No sería real. Solo un montaje —dice, y no estoy segura de si es una pregunta o una afirmación. Ambas me duelen.
—Solo para los medios —respondo.
Tyler se toma otro momento para pensar en todo aquello, y no sé si quiero que acepte, facilitando todo, o que se ponga a gritarme y me libere de esta locura de estrategia.
—¿Vernos juntos por la calle ayudaría a que todo fuera más rápido? Quiero acabar con esto cuanto antes. —Termina la frase mirando en otra dirección, y me alegro, porque no me veo capaz de esconder el dolor que muestran mis facciones.
Dirijo mi mirada hacia mis manos, con los dedos entrelazados delante de mí, buscando un poco de calma en su estrecho agarre. Respiro hondo para hablar con la pausa suficiente que mantenga firme mi voz.
—Si les damos lo que quieren, buscarán otra noticia que desvelar. La nuestra ya no será interesante.
—Vale. Si solo hay que fingir un poco…
El dolor que lleva instalado en mi pecho desde que lo vi entrar en el restaurante me golpea sin piedad, recordándome lo fácil que ha sido engañarme y lo difícil que va a ser este trabajo para mí.
—Buscaré un sitio concurrido —dice, satisfecho con mi nuevo plan de tortura.
—Vale —es todo lo que soy capaz de decir.
En mi cabeza, por el contrario, no dejo de preguntarme por qué he accedido a este disparate.
¿Por estar un poco más con él? La respuesta me resulta tan obvia como preocupante.
¿Acaso creo que alguien como yo podría hacerle cambiar de opinión?
No estoy en una de mis películas. No soy una de sus guapas protagonistas.
Trato de autoconvencerme de que se trata de trabajo, pero sé que, cuando acabe todo esto, apenas quedará nada de mí. Y, aun así, accedo, desesperada por las migajas de un amor que nunca tendré.
—Necesito que mi entorno lo sepa —me pide, ignorante de lo mucho que me duele su petición. ¿De verdad sería tan horrible que la gente creyera que estamos juntos? ¿Tanto se avergüenza de mí?
«Es solo trabajo», me obligo a pensar. Después, asiento con la cabeza.
—Sí. Hablaré con Riley, y tú puedes contárselo a… quien consideres —digo—. Es importante que nadie lo filtre a la prensa.
—¿Tus compañeros lo saben? —Tyler me saca de mis pesadillas.
—No. Solo Matthew y tú. Puede que recursos humanos. Y se lo diré a Susan.
—Vale, entonces… —Se agacha lentamente hacia mí, y yo me quedo tan quieta como una estatua, al igual que mi respiración.
El perfume de Tyler se cuela por mi nariz, volviendo furiosas las mariposas en mi estómago, y siento el calor de su mano en mi mejilla; en la otra, deja un suave beso—. Te veo esta tarde.
Luego se aleja por el pasillo, y yo tardo un momento en ponerme en marcha, con una única certeza entre tanta mentira: esto no puede salir bien.
—¡¿Estás de broma?!
Según abro la puerta de mi casa, la voz indignada de Susan me taladra el oído. Por supuesto, los fotógrafos aposentados al otro lado de la calle intentan poner el oído para enterarse de algo más. Yo tiro del brazo de mi amiga y hago que entre en casa antes de decir ni una palabra más.
—Es solo trabajo —le recuerdo, como ya he hecho cientos de veces por mensaje.
—Ya, pues hasta donde yo recuerdo, tu puesto es directora de comunicación, no e scort de un imbécil.
Expulso todo el aire de mis pulmones al escuchar esa acusación.
—Creo que ahí te has pasado —le digo dolida.
No había pensado en esta estrategia así, y me preocupa que alguien más pueda entenderlo de este modo. Otra marca más a mi lista de fracasos laborales.
—Vale, lo siento. Es que no quiero que siga haciéndote daño —recula un poco antes de acercarse a darme un abrazo.
Se lo devuelvo con ganas respirando hondo, y consigo recomponerme lo suficiente para seguir con todas las mentiras que giran a mi alrededor.
—No tienes que preocuparte por eso. Está superado —le aseguro—. Tampoco es que me hubiese enamorado de él. Solo estuvimos juntos unos días.
Hablo con la máxima calma que consigo reunir, porque el tener una nueva cita con Tyler, aunque sea fingida, me tiene de los nervios.
—Ya, pues la sonrisa que traías después de verlo decía otra cosa.
—No es nada, de verdad. Vamos a dejarnos fotografiar, hablar de fútbol, y ya está. Será un rato con un compañero de equipo —intento convencerla mientras me echo un poco de colorete en las mejillas.
—¿Entonces por qué te estás arreglando?
—Porque se supone que es una cita, y voy a salir en todas las revistas… Prefiero no dar más motivos a la gente para criticarme.
—Te van a criticar igual —dice, todavía molesta por el plan.
—¡Auch!
Sé que quiere ayudarme, hacer que cambie de idea, protegerme… Pero no ha dejado de atacarme en el proceso, y estoy cansada de tanto asalto.
Se da cuenta de ello y relaja sus hombros respirando profundo.
—Ven, que te ayudo —se ofrece finalmente, sentándose a mi lado en el sofá. Y menos mal que lo hace, porque estoy tan nerviosa que puedo montar un buen lío haciéndome la raya del ojo.
Por suerte, los nervios de Susan son de acero y, además, es una artista con el pincel.
Cierro los ojos para dejar que haga su magia conmigo, procurando sosegarme.
—¿Prometes que no te vas a enamorar de ese imbécil? —me pregunta cuando ha terminado. Esta vez, su voz es más calmada, e incluso puedo intuir el tono de inquietud que la tiñe.
—No te preocupes. Es solo trabajo. Soy una profesional —repito mi discurso interior, ahora en voz alta.
Antes de que pueda responder nada, escuchamos el bullicio en la calle.
—Creo que el Príncipe Maldito ha llegado.
Yo sonrío, porque la última vez que Susan le abrió la puerta lo llamó «Príncipe Encantador». Solo han pasado unos días, y el título ha cambiado significativamente.
—Gracias por todo. Luego te cuento —le prometo.
—Llámame si necesitas algo. Estaré pendiente.
Me giro antes de abrir la puerta y le lanzo un beso de la forma más despreocupada que consigo. No quiero que esté angustiada por mí. Solo voy a dar un paseo. Sin sentimientos.
Abro la puerta y salgo tan rápido como puedo, esperando quitarme a los fotógrafos de encima cuanto antes. Sin embargo, un muro me retiene entre sus brazos y, sin llegar a abrir los ojos, su aroma me desvela quién es.
Trato de separarme de Tyler antes de decir cualquier tontería, porque mis sentidos se han quedado abotargados.
—¡Hola! —saludo un poco nerviosa.
Él me sonríe, como solía hacer.
—Hola. Estás muy guapa —dice, pese a que estamos tan pegados que no ha podido ver el conjunto que llevo, y que no es nada del otro mundo.