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#33 Mi chica

MI CHICA

Me muevo como un alma en pena por la casa de mi amiga, forzando a mover mis pies; uno, después el otro. El peso que se ha instalado en mis hombros desde que abandonara el restaurante hace dos días me lo pone difícil.

Preparo el desayuno para mis amigos a sabiendas de que Susan va a obligarme a comer.

Anoche no fui capaz de cenar nada. Quizá a eso se deba mi cansancio.

Entonces el vacío en mi pecho me recuerda que no, que ese no es el motivo.

«Ni siquiera ha intentado hablar conmigo», pienso dolida, revisando sin descanso todo lo que hice tan mal con él, como dejarme llevar o creer que alguien como Tyler Kelscot querría, de verdad, algo conmigo, no solo para un momento.

Lo conocía. Sabía cómo era. Y, aun así, me creí todo.

Anoche vi el último vídeo que salpicó a Tyler. El dolor que sentí al escuchar sus palabras fue desgarrador, como si cada una de ellas me fuera lanzada con furia, con el único objetivo de romperme. Y lo hizo.

Mi cuerpo, en cambio, permanecía inmóvil.

Susan me miraba preocupada, y yo hice lo posible por actuar con naturalidad. Como si no me doliera. Como si no hubiera sido tan tonta de creerme sus mentiras. Como si no me hubiera enamorado de Tyler Kelscot.

—¿Has desayunado? —La voz de mi amiga y ella aparecen por la puerta de la cocina, y me doy cuenta de que llevo un rato en el mismo sitio con las servilletas en la mano, ahora arrugadas.

Las pongo sobre la mesa y sonrío.

Debo de hacerlo estrepitosamente mal, pero no puedo esforzarme más.

Susan se acerca a mí y me da un beso en la frente antes de continuar con su ritmo frenético alrededor de la casa, preparando las cosas de su marido. Este, al contrario que ella, se mueve con toda la parsimonia del mundo hasta sentarse a tomar su café.

—¿Cómo estás? —me pregunta con suavidad.

Yo trato de sonreír, pero es mi amiga quien le da la respuesta.

—¿Y cómo quieres que esté? ¡Vaya preguntas haces! ¡Déjala tranquila! —Las voces de mi amiga nos llegan desde distintas zonas de la casa mientras se mueve.

Yo sonrío por primera vez en veinticuatro horas, aunque no me dura mucho.

Desayunamos en silencio. O, más bien, él desayuna y yo le hago compañía, porque no consigo dar un solo trago al café.

Cuando termina, nos levantamos. Susan sigue organizando la casa.

Yo he recogido mis cosas esta mañana. Apenas pude dormir por el dolor de cabeza que llorar en la oscuridad me provocó. Únicamente me permití ese momento para derrumbarme y sentirme tan tonta por haber caído en la trampa de Tyler, a pesar de haberme prometido que nunca lo haría.

En cuanto consigo que Susan pare un momento, me despido de ambos.

—¿No puedes pedirte el día libre? —me pregunta mi amiga—. Podemos decir que tienes fiebre.

—No te preocupes. Ya te dije que no es nada grave.

Tengo los ojos demasiado hinchados para que ninguna de las dos se lo crea, pero Susan sabe que refugiarme en mi trabajo es lo que más me ayuda en momentos así, si bien puede que hoy no vaya a ser tan agradable.

Las noticias actuales de los Stallions tienen que ver con Tyler y conmigo, y me he visto forzada a leer todo para que Matthew no pueda amenazarme con quitarme el puesto.

Así que he tenido que ver el vídeo de Tyler con su madre, diciéndole que no soy nada para él, y todas las noticias que se han escrito alrededor. También las publicaciones en las redes y los comentarios de la gente.

Acabé la noche sin ganas de hablar, agradecida porque mi amiga lo entendiese.

Cuando llego al Complejo, es pronto para que incluso Claire se encuentre en el puesto de recepción.

Me siento en mi mesa con la mayoría de las luces apagadas.

Sin embargo, no soy la primera en llegar.

Tengo cuatro llamadas perdidas de Matthew.

Así que recojo mis cosas y me dirijo a su despacho antes de que el teléfono vuelva a sonar.

—Ah, Nora. Pasa, pasa —me indica mientras cierro la puerta detrás de mí—. ¿Cómo va el asunto con Tyler? —me pregunta directamente, y yo siento que me atraganto.

—Em, bueno, están saliendo muchas noticias de su vida personal. He pensado algunas ideas para dirigir todo de vuelta al equipo y la pretemporada…

—¿Pero has visto las cifras? —me corta, haciendo caso omiso a mi propuesta.

Yo cierro la carpeta, porque da igual lo que intente, Matthew va a decirme exactamente lo que quiere que haga. He aprendido a reconocer a la perfección el camino que van a llevar nuestras reuniones.

—Sí, las he visto.

—La noticia de ayer lo ha dejado por los suelos —me indica, y no puedo negarlo.

Los medios venden cotilleo, y la respuesta de la gente ha sido bastante mala. Por un lado, pensaba que se lo merecía, un lado muy pequeño avivado por la furia de mi amiga Susan; por otro, sabía que debía solucionarlo.

Pensaba que quizá quitando el protagonismo a esta historia y dándoselo al equipo entero, podría calmar un poco la opinión pública. Mostrando los entrenamientos y la buena adición que es Tyler para el equipo, podríamos conseguirlo.

La idea de Matthew es muy distinta.

—Tienes que solucionar esto. Desde ventas me han dicho que distintas tiendas han reportado que nadie quiere saber nada de Kelscot.

En la web, su camiseta se ha estancado. ¡De golpe!

Ni que decir tiene que estamos en plena pretemporada.

Necesitamos que se venda ahora, que acaba de llegar al equipo.

Es parte del motivo por el que lo trajimos.

—Sí, claro.

Cuando trato de hacerme oír y retomar mi lista de ideas, mi jefe me suelta la suya de sopetón.

—Sube alguna foto con él, haz que os vean en la calle juntos, lo que sea. Quiero esto solucionado para ya mismo.

Me quedo mirando mi carpeta, llena de propuestas que al menos nos llevarían unas semanas para conseguir que funcionaran. No tengo nada que pueda arreglar las ventas en un momento, salvo hacer lo que Matthew me indica: actuar como si no hubiera ocurrido nada.

—Venga, te dejo con ello. Hazlo cuanto antes, ¿eh? —me pide, y se levanta para invitarme a marcharme—. Hablamos luego, para ver si todo se soluciona. Y tranquila, yo me encargo de recursos humanos.

Salgo de su despacho a trompicones, y cuando llego a mi mesa, sigo igual de confusa.

Me quedo mirando a la nada, preguntándome si de verdad podría hacer como si el día de ayer no hubiera ocurrido. Como si no hubiera escuchado a Tyler decir que únicamente estaba conmigo porque le convenía.

Puede que para él sea normal, debido a su fama y dinero. Yo, en cambio, no estoy acostumbrada a ser usada de esta forma. Me dejó devastada.

Quizás pueda subir la foto y olvidarme del asunto. Darles a los medios lo que necesitan para que vuelvan a confiar en Tyler de una forma en la que yo no puedo hacerlo.

Abro mi móvil y empiezo a navegar por la galería. No suelo hacer fotos, porque soy bastante negada con la cámara, por más que Chris haya intentado enseñarme sus trucos. Pero, al final, encuentro una que podría valer.

La subo a Instagram y escribo el primer mensaje que se me ocurre. Etiqueto a Tyler y dejo mi móvil sobre la mesa, boca abajo, esperando a que eche humo.

Luego, me pongo a trabajar.

Cuando el resto de la gente empieza a llegar, me permito echar un vistazo al teléfono.

Como esperaba, los principales medios deportivos han publicado artículos con esa foto, a pesar de que tiene poco que ver con el deporte. La vida personal de Tyler se ha convertido en la noticia más esperada.

Justo lo contrario a lo que debería conseguir como directora de comunicación.

Me siento decepcionada conmigo misma. No ha empezado la temporada, y ya he metido al equipo en más problemas de los que puedo solucionar. Por si fuera poco, ahora parece que lo único interesante de los Stallions es la vida privada de uno de sus jugadores, y no lo bueno que es en el campo.

Pensaba que podría hacer algo importante con este trabajo, que me lo merecía, que me lo había ganado. Esperaba trabajar más duro que nadie y demostrar que podía hacer cosas buenas para el equipo.

Ahora, me siento una farsante.

He fracasado.

—¡Ay, Nora-Bora! ¡Qué calladito te lo tenías!

—Ronald entra por la puerta con más energía de la que poseemos juntos el resto de personas en el departamento.

Viene hasta mi mesa y se sienta en ella cruzando las piernas—.

Con lo mona que te pones desde que llegó al equipo, no sé cómo no lo vi antes. —Me guiña el ojo.

Ronald sigue con su perorata, y yo encuentro las cabezas de mis compañeros asomando por encima de sus ordenadores.

Me levanto para explicarles la situación, aunque no sé si debería decirles la verdad. Todos tienen contactos con los medios, y pese a que confío en ellos, los periodistas son muy buenos sonsacando información.

De todas formas, da igual lo que pensara decirles o no, porque Tyler aparece por la puerta, y, por cómo respira, diría que ha venido corriendo desde el aparcamiento.

Se me queda mirando, y a mí me empieza a doler el pecho. ¿Por qué sigue pareciéndome tan condenadamente atractivo? Tras todo lo que ha ocurrido, sigo esperando que se acerque a mí, me rodee con sus brazos y me bese como solía hacerlo. Que solucionemos todo con un acto de amor.

En lugar de eso, permanece quieto en su sitio, aguardando una señal por mi parte.

El vacío en mi pecho tira de mí, queriendo arrastrarme a la oscuridad y la desesperación. Me cuesta moverme, pero finalmente me acerco a él sin decir una palabra y le hago un gesto para que me siga.

«Esto es solo trabajo. Se te da bien tu trabajo», me repito una y otra vez.

Salimos al pasillo sin conseguir mucha más intimidad, pues las paredes son de cristal, y, si no bajo la voz, estoy segura de que podrán escuchar todo.

—He visto la foto —empieza hablando él, y yo tengo que esconder mis manos, que empiezan a temblar. Sé que se da cuenta de ello, porque las mira con el ceño fruncido. Al menos, mis pulsaciones no puede verlas.

Debería alejarme antes de que su aroma siga haciendo estragos con mi poca fuerza de voluntad. Debería centrarme en mi trabajo.