#32 Solo una fan #2
Tampoco es que yo me pasee por allí; me encierro en el gimnasio a hacer que mi cuerpo sufra tanto como mi cabeza.
Joder, me he comportado como un puto gilipollas con Nora, pero no puedo cambiar lo que dije. Tengo que apartarla antes de que todo se complique más.
Resoplo molesto por ser incapaz de olvidarme del tema, y llamo a Louis. Cuando descuelga, le propongo quedar antes siquiera de saludarlo.
—¿Qué pasa bro ? Pensaba que ya no salías. ¿No te tiene bien ata’o la del equipo?
—No me jodas tío, ¿quieres salir o no? —pregunto exasperado. La idea es olvidarme de Nora, no tenerla todavía más presente.
—Que sí, bro . Dime lugar y hora, y voy pa’llí con unas pibitas.
Media hora más tarde, ha llenado mi casa de gente con su panda de amigos y unas cuantas chicas.
No sé dónde las conoce a todas, pero me da la impresión de que nunca repite.
Después de presentármelas y de no quedarme con ningún nombre, me tiro en el sofá con algunos tíos que están jugando a la consola.
El resto bailan o tontean mientras beben a mi costa.
Una vez más, me pregunto por qué accedí a montar una fiesta, por pequeña que sea. La verdad es que nunca las he aguantado, y ahora todo me molesta mucho más.
Como la música, que está demasiado alta.
Louis se sienta a mi lado y me pasa una Red Label que, por supuesto, he pagado yo.
—¿Te siguen tirando las rubias? —me pregunta antes de dar un trago a su botella, señalando a un grupo de chicas que bailan, o más bien se exhiben, junto al televisor.
—Creo que ahora soy más de morenas. Con pecas. Una en particular.
Louis estalla en risas a mi lado.
—No jodas cabrón. ¿T’as pillado de ella?
Me da un empujón en el hombro y se sigue riendo.
—Joder, sí —respondo agotado.
—¿Y por qué no estás con ella? Pensaba que teníais un rollo —me pregunta, y reconozco que llevo con esa duda en mi cabeza todo el día. Si es lo que quiero, ¿por qué no estoy a su lado? ¿Por qué me dedico a joder lo que teníamos? ¿Por qué no puedo dejar que se acerque sin que me invada el pánico?
Resoplo, conociendo la respuesta a todas esas preguntas.
—Supongo que la cosa se estaba poniendo seria.
Louis lleva mis palabras a su terreno, malentendiéndome, y yo le dejo.
—Se vuelven controladoras.
—La pillé comiendo con mi madre.
—¡No jodas tío! Sí que iba a saco.
Lo que no le explico es que no creo que fuera cosa de ella, sino de mi madre. Prefiero que siga convenciéndome de que no debería estar con Nora.
—Estás mejor así, bro . Cada noche con una. Cero dramas —me dice acercando su bebida para chocarla con la mía.
Como no le doy mucha más conversación, termina levantándose y yéndose con el grupo de chicas, que no tardan en dorarle la píldora.
Yo saco el móvil del bolsillo, sabiendo que no encontraré uno de sus mensajes. A lo mejor si aviso a Nora de que hemos montado una fiesta en mi casa, se presenta aquí, como ya hizo en el pasado. Me pregunto si es eso lo que me ha hecho escoger este plan en primer lugar.
Recuerdo entonces que la idea era alejarme de ella, poner distancia. No tiene sentido hacerla venir.
Antes de guardar el móvil, veo la notificación de un número oculto en la pantalla.
Número oculto:
¿Te quedaste sin el felices para siempre?
Comienzo a escribir, sabiendo que en el futuro me arrepentiré, porque responder solo puede traerme más problemas. Pero, ahora mismo, todo a mi alrededor se ha derrumbado, y me da igual que llegue otra movida más.
Yo:
Que te jodan.
Mientras espero su respuesta, recibo un mensaje de mi agente.
Riley:
Mira que eres gilipollas.
Leo ese mensaje con una sonrisa, porque llevo pensando eso mismo dos días.
Lo siguiente que me envía es una noticia recién publicada del Game On: « Kelscot confirma el montaje con su publicista. “Es solo una fan”».
—¡No me jodas! —Hago clic en el enlace, y aparece un vídeo. No me hace falta darle al play para saber qué es lo que han grabado: Nora no está en la mesa, por lo que tiene que ser la conversación que tuve con mi madre.
Me levanto del sofá de un salto y me dirijo corriendo al garaje. Allí está Eddie, pasando un trapo por encima del coche que he usado esta mañana.
Me acerco a la mesa donde está la caja con todas las llaves, y él se adelanta, impidiéndome abrirla.
—Tyler, has bebido.
—Que te jodan. Voy bien. —Trato de apartarlo, y él no se deja.
—Como quieras, pero no vas a salir de aquí conduciendo —dice arrastrando la caja fuera de mi alcance.
—Tengo que ver a Nora. —Joder, si llega a leer esa puta noticia… ¿Qué digo? Estoy seguro de que ya lo ha hecho. Necesito hablar con ella.
—Pues escoge coche. Yo te llevo —me dice.
Mis opciones son pegarme con él y conducir con medio litro de Johnny Walker en el cuerpo, o ceder. Así que resoplo cabreado y me subo al coche más cercano.
—Más te vale darte prisa —lo amenazo.
—Claro. Las multas las pagas tú —responde él de buen humor haciendo rugir el motor.
Tardamos unos minutos en llegar a la casa de Nora. No veo ningún paparazzi, por lo que mi temor empieza a cobrar vida. Aun así, subo los seis escalones hasta su vieja puerta azul.
Llamo al timbre y espero. Nadie abre. Vuelvo a llamar y pongo la oreja sobre la madera. No oigo nada. Aporreo la puerta y grito su nombre.
—No está aquí —alguien se hace oír sobre mis gritos. Al girarme, veo a una chica joven, seguramente en edad de ir al instituto, con el pelo morado y una selección de ropa extraña—. Se fue esta tarde, con todos los fotógrafos persiguiéndola.
—¿Sabes a dónde? —pregunto nervioso, bajando los escalones.
La chica niega con su cabeza antes de seguir su camino.
Yo me dirijo al coche, derrumbado.
—¿Dónde puede estar? —me pregunta Eddie.
Me quedo por un momento pensando. No recuerdo que me hablase de ningún sitio especial para ella. Sin embargo, sé quién estaría a su lado después de lo ocurrido.
Mi chófer empieza a conducir como un loco en cuanto le doy la dirección.
Llegamos enseguida a la calle de Susan y encontramos a todos los fotógrafos frente a su casa, buscando la exclusiva de Nora. Se me encoge el estómago al pensar que tiene que enfrentarse a todo eso porque soy un maldito bocazas.
Me llevo la mano al pecho, sintiendo su anillo a través de mi camiseta. Le pido a Eddie que dé un rodeo hasta la parte trasera, de donde la recogí hace solo unos días para tener la mejor noche de mi vida.
Todavía está aparcando cuando salto del coche, desesperado. Alcanzo la puerta de la casa y comienzo a aporrearla, esperando que esta vez sí venga a abrirme. Pero no es ella quien lo hace.
—¡Susan! —digo aliviado. Ese sentimiento se esfuma tan pronto como veo su cara de pocos amigos.
—¿Qué haces tú aquí? —Me escupe la pregunta como si fuera veneno. Está claro que han visto la noticia.
—Necesito hablar con ella —le pido dando un paso hacia delante, con la esperanza de que abra para dejarme entrar.
En lugar de eso, cierra la puerta un poco más, quedándose encajada entre ella y el marco.
—Me importa un rábano lo que necesites. Lárgate.
—Déjame verla. Sé que la he cagado…
—Sí, claro que la has cagado —Me corta antes de que pueda decir otra palabra—. Ahora vete. No va a hablar contigo.
—No voy a irme sin verla. ¡Nora! —la llamo a voces intentando asomarme al interior.
La reacción de Susan me pilla desprevenido cuando me empuja con una fuerza que no imaginaba que tuviera y cierra detrás de sí. Está claro que Nora se ha buscado una buena amiga.
—¡¿Qué te crees que haces?! —me grita, a pesar de su esfuerzo por mantener la voz baja—. Márchate ahora mismo si no quieres que llame a la policía; y no creo que quieras eso. Solo conseguirías una mierda más que ella tendrá que limpiar para ti.
Me paso la mano por el pelo, exasperado. No puedo haber venido para nada.
—Joder. Solo quiero hablar, por favor.
—Creo que ya has hablado lo suficiente. Si no, date una vuelta por Game On . —Su mirada contiene un odio furioso y abrasador. Para ella, soy ahora un enemigo. —No pienso dejar que te vea, ni aunque me lo suplique.
Me quedo en mi sitio, debatiéndome sobre si alejarme o no, cuando la puerta detrás de Susan se abre. Mi corazón se paraliza durante un segundo, esperando ver mis pecas favoritas tras ella. En cambio, es un tío quien sale a nuestro encuentro.
Noto un fuego crepitando en mi interior al imaginarme a ese imbécil consolando a Nora. Sin embargo, este se disipa rápido cuando le pasa el brazo por los hombros a Susan y ella le rodea la cintura.
—¿Qué pasa aquí? ¿Todo bien? —pregunta él mirándola, como si yo no existiera.
—Sí, cariño. Tyler ya se iba —dice enfadada.
Expulso el aire de mis pulmones resignado, y me doy la vuelta. Oigo la puerta de Susan cerrándose detrás de mí, y cuando me meto en el coche, mi conductor no arranca.
A veces me sorprende lo mucho que me conoce para lo poco que hablamos. No quiero alejarme de allí. Nora está a unos metros.
Finalmente, le digo a mi chófer que podemos movernos, y comienza el trayecto dando un largo paseo. Tardo un tiempo en percatarme de que la radio está apagada y que no hemos hablado en todo el camino. Supongo que mi cabeza me ha mantenido ocupado.
Cuando llegamos a casa, Louis y los demás se han marchado, cosa que agradezco.
Maly sigue sin dar señales de vida, aunque sé que ha sido ella quien los ha echado. Seguramente, en cuanto Eddie y yo nos fuimos.
Mi cena está en una bandeja en la cocina, junto a una botella de agua y un paracetamol.
Esto último es lo único que me tomo.
Luego, me subo a mi habitación, esperando que el sueño no tarde en alcanzarme.
A la mañana siguiente, mi asistenta viene a levantarme.
Miro la hora en el teléfono, y veo que tengo tiempo antes de que suene el despertador, por lo que decido ignorarla.
Por suerte, mi cabeza no está tan embotada como esperaba. Ayer salí corriendo antes de beber demasiado y, además, me tomé el paracetamol al acostarme. Así, al menos, no pasaré el día en la mierda física. Solo mental.
—Maly, me queda media hora de sueño —le digo molesto cuando ella abre las cortinas.
—Deja de quejarte como un niño pequeño y mira tu móvil —me indica en forma de regañina.
—¿Y qué tengo que ver? ¿Que me has despertado antes de lo que me toca?
Mi asistenta pone los ojos en blanco y se acerca para sentarse en mi cama. Me quita el teléfono de las manos y comienza a teclear.
Yo me dejo caer sobre la cama de nuevo, agotado.
Entonces me da un codazo y me devuelve el móvil.
En cuanto echo un vistazo, me siento de un salto olvidando al instante mi sueño y mi cansancio.
En la pantalla hay una foto de Nora conmigo en la que estoy dándole un beso en la mejilla.
Nos la hicimos en su casa. Nadie puede saberlo porque nuestras caras ocupan toda la imagen.
Le dije que quería actualizar mi fondo de pantalla, cuando la realidad era que solo quería una foto con ella.
Le entró la risa cuando no dejaba de darle besos en la mejilla y el cuello.
Al final, todas las fotos salieron movidas, como la que estoy viendo. Aun así, fueron perfectas.
Deslizo la imagen en la pantalla para descubrir que es una publicación de Nora. Leo entonces la descripción: «Su mayor fan».