Solo una fan #31 No eres como ellas
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#31 No eres como ellas

NO ERES COMO ELLAS

Mi teléfono suena, pero no me doy cuenta de ello hasta que Chris se da la vuelta desde su mesa y me hace señas con los brazos.

Decir que he estado totalmente despistada desde mi última cita con Tyler hace dos días es quedarse corto.

Estar junto a él me hace sentir que vivo un sueño; y, cuando no lo estoy, me paso el tiempo soñando de verdad, recordando cada uno de nuestros momentos juntos, como si temiera olvidar algún detalle.

Me lanzo a por el teléfono antes de que siga molestando a mis compañeros y oigo la voz de Claire, la recepcionista. Algo bastante extraño, pues Susan tiene su propio pase y nadie más viene nunca a visitarme.

—¿Nora? Está aquí Aurora Kelscot, la madre de Tyler Kelscot. Dice que quiere verte.

Casi se me cae el teléfono de la mano al escuchar el nombre.

—¿A mí? —pregunto, a pesar de que Claire me ha dejado bastante claro el motivo de la llamada.

—Mh-mh —responde en tono amable, y no dice nada más.

—Em... vale. Vale, voy para allá —le aseguro, aunque de pronto siento que he olvidado hasta cómo levantarme de la silla.

Salgo rápidamente de mi departamento sin dar explicaciones a nadie y me dirijo a la entrada del edificio. Antes de llegar, me recojo el pelo de nuevo e intento adecentarme un poco, lo que es inútil, pues mi aspecto no tiene mucha solución.

Según llego a recepción, me encuentro con la mirada de Claire, que me dedica una sonrisa cómplice, como si compartiéramos un secreto. Uno que yo desconozco.

Antes de que pueda preguntarle por el paradero de mi inesperada visita, esta se descubre a mis espaldas.

—Ah, ¡aquí estás! —me dice, llamando mi atención y estrechándome en un abrazo cálido en cuanto me giro.

Solo cuando se separa soy capaz de verla. Es de mi misma estatura, así que me imagino que la de Tyler le vendrá por su padre, y no por su madre. Parece mucho más joven de lo que esperaba. Va muy maquillada y tiene una melena corta, perfectamente alisada.

Su pelo es incluso más rubio que el de Tyler, y su expresión amigable es similar. Reconozco algunos rasgos de su hijo en ella de inmediato, como la forma en que sus ojos se entornan cuando sonríe.

—Hola, señora Kelscot —la saludo cordialmente, tratando de sonar natural y relajada, a pesar de no saber el motivo de nuestra inesperada reunión.

Estoy acostumbrada a hablar con los padres de los jugadores, especialmente de los más jóvenes, pues suelen ser sus agentes. Sin embargo, sé que Tyler ya tiene uno, así que no creo que hablemos de campañas de marketing.

Ella se acerca a mí y sostiene mis manos.

—Creo que ya podemos tutearnos, ¿no, querida? Llámame Aurora —me susurra, aunque no lo suficientemente bajo como para que Claire quede fuera de nuestra conversación, consiguiendo que el rubor cubra mis mejillas.

—Claro, perdone —respondo en un murmuro, deseando salir de allí.

En un gesto natural, mueve sus brazos alrededor del mío, y comienza a andar por el pasillo, alejándome de la entrada y ganándose mi gratitud sin saberlo.

—Tenía muchas ganas de conocer a la chica que ha hecho que mi hijo sentara la cabeza.

—Oh, yo no… —Trato de pensar alguna excusa, pero ella me corta rápido.

—No era una pregunta, querida —canturrea con una sonrisa que abarca toda su cara.

Obviamente la madre de Tyler no es una periodista del Game On , así que no debería estar nerviosa hablando de esto con ella. Aun así, me gustaría que su hijo estuviera presente antes de decir cualquier tontería.

—Claro, perdone —me disculpo una vez más.

La señora Kelscot me dedica una mirada amable al tiempo que aprieta levemente su mano sobre mi brazo.

—Así que tú también trabajas aquí. ¿Y qué haces? —me pregunta echando un vistazo a nuestro alrededor con curiosidad.

—Bueno, yo… estoy en el área de comunicación. Cuido la imagen y las relaciones del equipo y los jugadores —digo sin titubear. Sin duda, preferiría pasar el resto del tiempo hablando de trabajo.

—Vaya, ahora entiendo por qué mi hijo tiene tan buena fama en este equipo. Los medios ahora lo adoran, pero no sabía que era gracias a ti.

Yo me muevo nerviosa bajo sus manos.

—No, bueno. Kelscot…—Carraspeo, porque me cuesta mucho llamarlo por su nombre delante de otras personas, como si así pudieran descubrir nuestras citas secretas—. Tyler es muy buen jugador. No necesita mi ayuda para que la gente lo valore.

Mi acompañante empieza a reírse a mi lado.

—Con las fiestas en las que lo encontraban, no te quites mérito. —Me palmea el brazo al que sigue aferrada—. Cada noche con una distinta…

Ese comentario se estrella contra mi estómago, y no soy capaz de responder nada.

Intento quitarme el mal sabor de boca que se ha instalado en mi cuerpo al darme cuenta de cómo había conseguido olvidar todo eso.

Las barreras que había construido alrededor de mí, especialmente frente a Tyler, tenían un motivo, y lo había ignorado hasta este momento.

—Me preocupaba que acabara solo, ¿sabes? —Aurora me saca de mis pensamientos—. Por eso me alegré tanto cuando vi tus fotos. Tú no te pareces a esas chicas.

La señora Kelscot debe ver algo en mi cara, porque enseguida vuelve a palmear mi brazo.

—Lo digo en el buen sentido, querida. Esas delgaduchas solo querían estar con él por la fama. Pero es fácil ver que tú no quieres eso. No eres como ellas —me asegura con una sonrisa.

Pestañeo aturdida y con la necesidad imperiosa de continuar moviéndome.

—Si quiere puedo llevarla a ver el campo —consigo decir al fin—. El entrenador es un poco estricto, pero conozco un sitio desde donde podemos mirar sin meternos en un lío.

—Yo te sigo.

La dirijo rápidamente hacia el pasillo que lleva a la zona de la cafetería, desde donde alguna vez he hecho mi descanso viendo al equipo.

A pesar de que hay demasiada gente en el campo, separados en distintos grupos de entrenamiento, no tardo en localizar a Tyler, que ahora mismo está haciendo una carrera con un pase de McKillen.

Su madre también lo encuentra sin necesidad de indicaciones.

—¡Mira cómo corre! ¡Y qué guapo está! —dice orgullosa, pegándose un poco más al cristal.

Y no puedo negárselo, porque es lo primero que he pensado al verlo en el campo, bajo el sol de la mañana. Está demasiado guapo. Tanto, que parece irreal.

Se mueve con rapidez y, un segundo después de girarse para controlar la trayectoria del balón, da un pequeño salto alargando su brazo izquierdo y alcanzándolo con una sola mano.

Todos a su alrededor comienzan a vitorearlo, y él, como si no oyera nada, sigue deslizándose por el campo hasta llegar a los conos que marcan el final de la carrera.

Cuando termina, se mueve alardeando, y puedo imaginarme su sonrisa debajo del casco.

Lanza el balón de vuelta al entrenador, y éste le da unas palmadas en el hombro al pasar por su lado.

Me hago a la idea del pellizco de orgullo que debe estar sintiendo Aurora al ver la escena, porque yo experimento algo parecido.

—¿Y tú cómo estás llevando todo esto, querida? —me pregunta sin levantar la vista del campo.

—¿Yo? Em… —Todavía me cuesta hablar de ello sin las evasivas que he tenido que ir lanzando todos estos días en el trabajo.

—Tiene que ser difícil, tanta atención mediática y escrutinio de pronto.

—Sí, bueno. Creo que se ha sacado un poco de quicio…

—trato de quitarle importancia, porque no estoy segura de qué querría Tyler que dijese.

Una vez más, me invade el miedo y el deseo de que estuviera aquí conmigo.

Quizá tendría que haber llevado a la señora Kelscot al campo directamente y que se hubiese apañado él.

—Pero tú le gustas. Eso no se puede fingir en las fotos —Aurora sigue hablando, y yo sin saber qué responder—. Claro, con esa carita. Eres una monería —dice entornando los ojos por la creciente sonrisa de su boca—. Tú no te preocupes por lo que dicen los medios. Suelen ser muy crueles.

Me ofrece un gesto de cariño antes de volver a concentrarse en el entrenamiento.

Su comentario, en cambio, se repite en bucle en mi cabeza.

Conozco bien la crueldad de los medios y de los usuarios en las redes, a pesar de que había conseguido vivir aislada de ellos.

De forma abrupta, regresan a mí: «¿Que se supone que ha visto en ella? ».

«¿Ahora cualquiera puede salir con Tyler Kelscot?».

«Si no eres guapa, eres guarra…».

Empiezo a sentirme pequeña bajo el peso de mis inseguridades, incapaz de relegarlas al fondo de mi mente, donde las tenía escondidas.

—¿Y qué tal lo está haciendo mi niño?

—Um, bien, muy bien —contesto casi en automático. Al menos a esta puedo responder sin pensar demasiado—. Va a ser una gran temporada contando con él, estoy segura.

—Claro que sí. Y dime, ¿tú estás enamorada? —Sigue con su tanda de preguntas, esta vez, dejándome fuera juego—. Una madre quiere saber estas cosas.

—No, claro. Em… A ver… Supongo que todavía no había pensado en eso —respondo nerviosa, aunque lo siento como una mentira, ya que últimamente he temido que estuviera ocurriendo, a pesar de mis esfuerzos por mantener todo de la forma más ligera posible.

—Bueno, ya te llegará —me dice ella tranquila—. Mira la de chicas con las que ha estado mi Tyler, y ahora le ha tocado. Solo prométeme que seguirás siendo su ángel de la guarda —me pide—. Quiero seguir viéndolo así de feliz.

—Claro. —Soy incapaz de articular más palabras. A Aurora Kelscot, en cambio, le sobran.

—Bueno, y dime, ¿hay algún buen sitio para comer por aquí? Tengo entendido que el entrenamiento no acaba hasta tarde, y tengo mucho tiempo libre.

Me alegro de que toque el turno de una pregunta fácil.

—Le puedo recomendar algún restaurante por aquí cerca —me ofrezco. Mi acompañante, en cambio, se muestra escandalizada.

—¡Pero no irás a dejar a una turista sola por aquí! Además, tienes que contarme todo sobre vuestra historia de amor. Tyler no va a contarme nada, ya sabes cómo son los hombres, por muy hijos que sean.

Aurora consigue ruborizarme una vez más, si bien no es culpa suya que todavía me cueste creer que Tyler pueda estar interesado en mí. Y quizá una comida con su madre me ayude a hacerme a la idea.

Sea como sea, tiene una forma extraña de convencerme de todo, así que, al final, termino recogiendo mis cosas y acompañándola a mi restaurante favorito más cercano.

Mientras salimos, le mando un mensaje a Tyler diciéndole dónde comeré, y que estoy con alguien que él conoce, aunque no le digo quién, para darle una sorpresa.

Lo que no esperaba era su reacción al entrar al restaurante media hora más tarde, acercándose a nosotras como un lobo furioso y lanzándome su peor mirada.

—¿Qué coño te crees que haces? —me grita.