#30 ¿Y qué te ha dado la pista? #2
—Esto… está fuera de contexto. —Intento mostrarme segura sin demasiado éxito.
—¿Y nos puedes explicar ese contexto? —replica Lauren.
—Yo estaba esperando a mi Uber, y Tyler se ofreció a esperar conmigo.
—Susan me enseñó que las mejores mentiras son las que se sustentan en algo de verdad, así que procuro mentir lo mínimo, pese a que me siento una auténtica delincuente; sobre todo bajo la atenta y escrutadora mirada de Lauren—.
Luego, se acercaron unos fans, y él se colocó así para darles la espalda y que no lo atosigaran con fotos y autógrafos.
—¿En serio? —pregunta mi interrogadora, como si las palabras se le escaparan.
—Al menos es lo que él me dijo. No sé si hay más fotos, o incluso si veis los vídeos del hotel. No encontraréis nada más, porque no pasó nada —respondo mirándola directamente. Esta conversación se ha convertido en una lucha entre ella y yo, y no tengo ni idea de por qué la ha tomado conmigo.
—Podemos mirarlo —responde Lauren, excediéndose. Hasta yo, aterrada, sé que no tiene sentido una persecución así.
—Claro que no vamos a hacerlo —me asegura Julen—.
Ya te hemos dicho que estamos aquí para protegeros, a ambos, y a los Stallions.
Si nos dices que no hay nada, entonces no tenemos nada más que hacer aquí.
A no ser que quieras informarnos de algo.
Si crees que él se ha sobrepasado de alguna forma, por lo que vemos en las fotos y nos cuentas…
—No, no. Está bien. No me molestó y no fue para tanto. Los medios siempre necesitan historias y consiguen que la gente vea lo que no hay.
—En eso puedo darle la razón —responde Matthew levantándose de la mesa–. Pues si ya está todo solucionado… —deja la frase en el aire, dando la reunión por zanjada.
Los tres trabajadores de recursos humanos se levantan torpemente de la mesa al verse echados de forma tan abrupta, y yo trato de aliviar la situación agradeciéndoles su visita y preocupación. En silencio, por el contrario, rezo por no tener que volver a enfrentarme a ellos.
Cuando la puerta se cierra y me quedo a solas con Matthew, mis nervios vuelven a florecer.
—Entonces, ¿qué hay entre vosotros? —me pregunta directamente, tomando asiento detrás de su escritorio y dejándome en blanco—. No es cotilleo. La valoración de Tyler ha subido como la espuma. ¿Has visto las redes?
—Lo he mirado por encima. He estado con lo de Hunter…
—Nora, tienes que estar al tanto. Si va a afectar a tu trabajo…
—¡No! —lo corto antes de que pueda amenazarme con mandarme al almacén, como ha hecho en más de una ocasión—. Es solo que he estado preparando lo de Hunter. Hoy mismo me pongo al día con la repercusión de Tyler.
—Muy bien. Que los medios sigan dando esas noticias es bueno para el jugador y el equipo. Los Stallions están en boca de todos.
—Que sigan dando esas noticias…
—Sí, que no hagas declaraciones. Ni afirmes ni desmientas. Estás espesa hoy. Déjame ver qué has preparado para la rueda de prensa —me exige con más dureza, y yo tengo que forzarme a guardar en el fondo de mi mente sus indicaciones respecto a mi vida personal para seguir funcionando con normalidad.
Tyler Kelscot:
¿Un mal día?
Yo:
¿Tanto se me nota?
Tyler Kelscot:
Veo las señales
Releo su mensaje. ¿De qué señales habla? ¿Y cómo es que las ve?
Me giro sobre mí misma, con la esperanza de que estuviera cerca, pero no veo a nadie, así que retomo mi camino por el aparcamiento.
Después de lo ocurrido con la filtración de fotos, Tyler ha decidido no aparcar en mi plaza. Supongo que simplemente quiere hacer las cosas más fáciles, aunque, de haberlo hecho, habría tenido una excusa para acercarme al gimnasio y gritarle que quite su coche de mi plaza.
Tyler Kelscot:
Estoy en mi coche, viendo a la jefa de comunicación más guapa que he tenido nunca. ¿Te hace una reunión de trabajo esta noche? Revisamos jugadas mientras te invito a cenar.
Yo:
Suena a cita.
Tyler Kelscot:
Genial. Me preocupaba ser demasiado sutil.
Me quedo mirando el teléfono. A veces me cuesta asimilar que Tyler Kelscot sea de verdad quien me habla o escribe así. A mí.
Sigo teniendo la sensación de que despertaré algún día de este sueño, dándome de bruces con una realidad mucho menos agradable.
Yo:
Sigo con el problema de los paparazzi.
Respondo contrariada, porque es cierto. Y no pienso saltar por la ventana de mi cocina.
Tyler Kelscot:
Tranquila, tengo un plan.
Yo:
Planeando y todo. Se te ve un poco desesperado, 89.
Doy a mandar antes de pensármelo dos veces y guardo el móvil en el bolso, porque, si no, sé que voy a borrarlo. De hecho, mientras conduzco, me planteo parar el coche en varias ocasiones para hacerlo.
Cuando aparco frente a mi casa, los fotógrafos que esperaban allí se abalanzan con sus cámaras. Debería ponerme la gorra de mi primera cita con Tyler.
Según me encierro en casa, recuerdo que, con todo el jaleo frente a mi puerta, no he leído su plan para vernos. La sonrisa se me dibuja en el rostro al instante.
Tyler Kelscot:
Perfecto. Me preocupaba ser demasiado sutil.
Luego, pasa a detallar dónde y cómo nos veremos.
Llamo a la puerta nerviosa, mientras los primeros fotógrafos que me han perseguido desde mi casa aparecen en la acera y me preguntan a voces si he quedado con Tyler. Sus cámaras hacen un continuo clic detrás de mí que no me permite concentrarme.
Recuerdo la reunión con Matthew y su comentario sobre no hablar con los medios. Por un lado, me sabe mal, porque siempre he tenido buena relación con ellos, aunque empiezo a entender por qué son tan molestos para los famosos.
Por fin, la puerta se abre y las cámaras se vuelven frenéticas, esperando captar alguna imagen del jugador de la NFL. Me lanzo al pequeño hueco abierto y cierro rápidamente detrás de mí.
Susan está en su entrada, con los brazos en jarra y cara de confusión.
—¿Me puedes decir que está pasando? ¿Y quiénes son esos?
—Ahora tengo paparazzis siguiéndome.
—¿Qué? ¿Ahora eres toda una estrella?
—Yo no diría tanto —me lamento falsamente. Apenas he probado las mieles de la fama, y ya me resulta tediosa.
—¿Me cuentas qué haces aquí? Hoy no es jueves. Iba a salir con Ryan.
—¡Ay no! ¡Perdona! —Me tapo la boca. Estaba tan obsesionada con mis propios planes que no pensé en que Susan tendría los suyos—. Dime que no lo he estropeado.
—Eso depende de lo que hagas aquí. ¿Está todo bien? Íbamos a ir a cenar al Albahaca, pero lo cancelo y pedimos algo. Seguro que no le importa.
—¿Cancelamos la cena? —pregunta su marido asomándose por el pasillo con los botones de su polo blanco a medio abrochar. Por su tono de voz, juraría que no le importa.
—¡No! — grito alarmada—. Solo he venido para despistar a los fotógrafos.
La cara de Ryan es suficiente para que su mujer le haga un breve resumen del caos en el que se ha convertido mi vida en unos días.
También me percato de la habilidad que demuestra para hacer que todo suene mucho más romántico y épico de lo que es.
Parezco la protagonista de una historia emocionante, salvo por algunos aspectos, como la reunión vergonzosa de hoy, el acosador, o quince tíos con cámaras persiguiéndome allá donde vaya.
Ryan se queda mirándome en silencio durante un momento en cuanto su mujer termina la historia, y, por la forma en la que entorna sus ojos, en realidad quiere decirme algo así como «Bien hecho, Nora», y yo enrojezco bajo esa mirada.
—¿Me sigo vistiendo entonces? —pregunta al fin, y yo le contesto afirmativamente a la vez que Susan me arrastra hasta el salón.
—¿Vas a decirme qué pasa? No voy a dejarte aquí sola con este lío.
—En realidad no voy a quedarme aquí. —Sonrío sin proponérmelo—. Tengo una cita con Tyler.
Acto seguido, mi amiga me deja sorda del tímpano izquierdo al gritar como una lunática.
Luego, sin decir nada más, me lleva a su dormitorio y echa a Ryan de allí, que estaba tranquilamente arreglándose mientras veía un partido de tenis.
Empieza a rebuscar entre su ropa, y yo trato de detenerla.
—Susan, solo he venido a esperarlo aquí. Va a llegar en cualquier momento.
—¿Y piensas ir vestida así? ¿No me has dicho que era una cita?
—Sí… —dudo, haciendo disminuir mi seguridad mientras alargo la sílaba.
Me mira raro, y sé que no voy a poder discutir con ella.
—Vale, pero que sea rápido —me rindo, viendo cómo su cara cambia y casi da un bote de alegría.
Desaparece entre las perchas de su armario, hablando para sí misma según descarta algunas prendas.
Con otras, saca la cabeza de entre la ropa para mirarme, preguntándose si podría ser la opción adecuada.
Es después de otro minuto más buceando entre sus modelitos cuando encuentra el que va a plantarme esa noche.
Se deshace de mis shorts y mi camiseta, y me lanza una falda larga y un crop top de tirantes.
Cuando termino de vestirme, empieza con sus retoques, haciendo que las prendas luzcan mucho más estilosas de lo que yo podría haber conseguido.
La falda, que a Susan le queda por debajo de las rodillas, a mí me llega hasta los tobillos, con una hilera de botones sobre mi pierna derecha.
Susan solo abrocha tres de ellos, haciendo que mi muslo se vea casi por completo con el más mínimo movimiento.
El crop top es un trozo de tela anudado sobre mi pecho. Ella lo coloca haciendo que parezca una pieza de alta costura.
Sin duda tengo una imagen mucho más sofisticada para una cita que la que yo había escogido.
Vuelvo a ponerme mis sandalias al tiempo que mi móvil vibra sobre la cama.
—Dile que espere.
—¿Qué falta? —pregunto, porque, en mi opinión, ya está todo listo.
—Nada, pero le vendrá bien para que crezcan sus ganas de verte.
Nunca he entendido esos juegos mentales en las relaciones. Sin embargo, de las dos, Susan es la única que ha mantenido una pareja durante más de una semana, así que decido hacerle caso tan solo durante un breve rato, porque la espera está acabando también conmigo.