#29 Lo nuestro #3
—Porque no pienso en otra cosa cuando estoy contigo, especialmente con cada uno de tus besos, Nora. —Digo su nombre como si la estuviera regañando por hacerme decir esas cosas.
Ella se apoya en su codo y descansa el mentón sobre mi pecho, mirándome fijamente. No podría ser más preciosa ni intentándolo.
—¿Entonces? —sigue presionándome.
Yo sonrío y deshago lo que le queda de recogido. Aparto el pelo de su cara bajo la mirada de sus brillantes ojos marrones.
—Te doy mi respuesta si tú me das la tuya.
—¿Mi respuesta?
—Vamos, he visto cómo te alejas de mí en cuanto se te pasa por la cabeza.
Arruga sus cejas y baja la cabeza para ocultar su rostro en mi pecho.
—¿Tan obvia soy? —oigo su voz amortiguada contra mi camiseta.
Empujo su mentón para que me mire otra vez.
—Para mí, sí, y me encanta. Dime. —Ahora soy yo quien la presiona. Quiero saber lo que piensa, porque no me veo capaz de adivinarlo ni en una vida.
—¿Prometes no reírte de mí? —me pide.
—Lo prometo.
—¿Y no usarlo en mi contra? —Su boca se curva en una sonrisa que hace aparecer la mía a la misma velocidad.
—Lo intentaré —trato de escaquearme, pero no está tan dormida como unos minutos atrás.
—Tienes que prometerlo.
Aprieta los labios escondiendo su diversión, y me doy cuenta de que le daría cualquier cosa que me pidiera con esa boca.
—Está bien, te lo prometo. No lo usaré en tu contra.
Paso mi mano por su pelo, colocándolo detrás de su oreja, y noto cómo contiene su respiración cuando lo hago. Luego, suspira.
—Yo… No quiero que desaparezcas —dice—. Creo que… mientras no ocurra, seguiré teniendo tu atención un poco más.
Lo que sea que surgió en mi pecho hace unos días, vuelve a recordarme su presencia con un duro golpe; justo debajo de donde descansa la barbilla de Nora. Se encoge dentro de mí y libera un calor que recorre mi cuerpo como un bálsamo.
—No voy a irme —le aseguro—. Nora, podría hacerte el amor diez veces esta noche y seguiría queriendo hacértelo mañana por la mañana.
No sé de dónde han salido esas palabras.
Han escapado sin que pudiera hacer nada por contenerlas.
Y lo peor es que no me arrepiento de ninguna.
Es tan cierto como que me estoy enamorando de esta chica.
Y me acojona bastante, porque nunca he sentido algo así por nadie.
Siempre he sabido retirarme a tiempo, quizás porque nunca nadie había despertado este interés en mí.
Sin embargo, con ella no tengo dudas. Sé con seguridad que lo que quiero es estar a su lado.
Veo su sonrisa resurgir.
—¿Hacer el amor? Eso te ha quedado muy romántico, 89 —trata de meterse conmigo. Yo sigo pensando cada palabra que he dicho. Especialmente cuando se muerde el labio inferior como lo hace.
Rodeo su cintura y la arrastro sobre mi cuerpo hasta que consigo alcanzar ese labio, y luego el otro.
Me giro sobre mi lado y la tumbo en el sofá junto a mí.
—Es lo que quiero contigo —susurro contra su boca en un pequeño respiro que le doy.
Veo cómo vuelve a quedarse sin palabras. Después, carraspea.
—¿Y tu respuesta? —me pregunta.
No me he librado de sincerarme. Me tumbo sobre mi espalda y miro al techo de su salón soltando el poco aire que queda en mis pulmones.
Giro mi cabeza hacia ella y sigo peinando su pelo detrás de su oreja, pese a que no se ha movido de ahí.
—No quiero hacerte sentir que eres una más. —No soy capaz de entender la reacción de Nora, que me mira fijamente y arruga las cejas varias veces—. Voy a esperar lo que necesites, hasta que me creas.
Se acerca a mí y me roba otro pequeño beso que yo procuro alargar un poco más. Me lo permite, y su mano comienza su recorrido a lo largo de mi cuello. Su boca se mueve insistente sobre la mía, buscando mi lengua para seguir batallando, y le doy la lucha que persigue.
Yo envuelvo su cintura y la aproximo más a mí, eliminando el poco espacio que queda entre nosotros. Subo por su espalda, y sus pequeños jadeos terminan con mi cordura.
Entonces, se separa de mí, y busco su mandíbula para seguir saboreándola un poco más.
—¿Y si te dijera que quiero hacerlo? —me pregunta en un resuello.
Se me escapa un gruñido ante el significado de sus palabras. Cada vez que abre la boca tengo más claro que esta mujer va a acabar conmigo. Doy un suave mordisco a su hombro antes de echarme hacia atrás para mirarla.
—¿Quieres? —le pregunto serio, con una sonrisa amenazando con aparecer.
Ella me responde enseguida, asintiendo con la cabeza.
«Va a acabar conmigo», repito en mi cabeza.
Mi mano, que permanecía escondida bajo su pelo, se mueve para acercarla a mí. La beso lentamente, como si tuviera todo el tiempo del mundo para disfrutarla. Sus manos agarran mi camiseta y más tarde se cuelan bajo ella hasta alcanzar mi cintura y mi espalda, arrastrando mi ropa con su movimiento.
El gruñido que se me escapa tiene algún tipo de efecto en ella, que gime mientras trata de mantener nuestras bocas unidas, a pesar de la falta de aire que nos amenaza a cada segundo.
Busco su cuello para dejarla respirar.
—Hoy no va a ocurrir —susurro contra su piel.
Detiene su movimiento por un instante. Luego, sigue llevándose mi camiseta, como si no hubiera escuchado nada.
—Me has oído bien —digo tan firme como puedo, porque ahora mismo mi autocontrol está llegando a su límite. Necesito que pare en su propósito de desnudarme.
Y, entonces, lo hace.
—¿Por qué? —pregunta extrañada, y yo me hago esa misma pregunta.
—Porque no —respondo tajante.
En este momento tiene demasiado en la cabeza, y, cuando eso ocurra, quiero ser lo único en lo que piense. Por muy duro que sea ahora mismo, lo haré bien con ella.
Intenta levantarse del sofá, y se lo impido apretándola más contra mi cuerpo, haciendo caso omiso del calor que lo recorre por tenerla tan cerca.
—¿Quieres irte? —dice, y no estoy muy seguro de si es una pregunta.
—¿Me estás echando?
Está enfadada, cosa que entiendo. Después de todo, acabo de darle calabazas en el momento en que más vulnerable se ha mostrado.
—Eres tú quien no quiere nada conmigo.
—¿Nada? —repito incrédulo. Muevo mis dedos sobre su hombro, colándome por el cuello de su camiseta. Escucho su respiración agitarse cuando la toco—. Esto no me parece nada.
—Tyler —dice mi nombre como si me regañara, porque esa no es la respuesta que quería.
—Nora, quiero todo contigo. No tengo prisa.
—Si estás intentando ser un caballero, no hace falta —responde, todavía molesta.
Entonces dejo de mover mi mano, y con la otra la sujeto de sus mejillas para hacer que me preste atención solo a mí; no a sus ideas absurdas.
—Deja de tentarme, ¿quieres? Ya me está costando bastante.
Ella se mantiene en silencio y, más tarde, se sienta en el sofá como una niña enfurruñada, y algo en mi interior se caldea.
—Mira, mañana tienes lío, ¿vale? —le explico, y veo que tiene resultado cuando sus cejas se relajan un poco—. Y como sigas por este camino no pienso dejarte dormir en toda la noche, así que sé buena y túmbate —le pido.
Lo que he dicho hace que su sonrisa se expanda, a pesar de no separar sus labios.
—Porque tú lo digas —me reta.
Cuando ve que me muevo en el sofá, trata de levantarse. Yo rodeo su cintura antes de que lo haga, y tiro de ella. Aun así, continúa luchando, y consigue sacar las piernas por encima de mí. Muevo las mías rápidamente para envolver las suyas y sujetarlas antes de que siga alejándose.
Una vez la tengo inmovilizada contra mi pecho, le doy un rápido beso en la mejilla y la tiro junto a mí.
—Vas a acabar conmigo, Appaloosa —susurro contra su oído.
Ambos nos mantenemos en silencio mientras nuestras respiraciones regresan a la normalidad tras esta pequeña trifulca. Me gustaría decir que es el único motivo por el que mi corazón está tan acelerado, pero estaría mintiendo.
Finalmente, suelto un poco mi agarre alrededor de su cuerpo y me tumbo sobre mi espalda con los ojos cerrados.
—Me gusta Appaloosa —escucho su voz junto a mí. Por un segundo he creído que era un sueño, por lo dulce que suena en mis oídos.
Vuelvo a colar mi mano por el cuello de su camiseta para alcanzar su hombro y seguir acariciándolo con mis dedos.
—Lo sé —digo—. Ahora deja de mover esa boca, porque mi límite se acabó hace rato.
Durante un momento me hace caso. Luego, se mueve a mi lado, girándose hacia mí y poniendo su mano sobre mi pecho. Se apoya en mi cuerpo para alcanzar mi boca y dejar un suave beso sobre ella.
—Buenas noches, 89.