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#29 Lo nuestro

LO NUESTRO

Maly sube las persianas para despertarme sin ningún miramiento. Normalmente suele bastarle con dar unos golpecitos en la puerta. Hoy, o está muy enfadada, o le ha costado levantarme más de lo normal.

Según llegué a casa, caí rendido. No recuerdo haber dormido tan bien en esta cama, y tengo claro el motivo por el que anoche las sábanas me engulleron.

—Arriba. Tienes visita —me dice mi asistenta.

Definitivamente, hoy está de mal humor, y al bajar las escaleras, descubro por qué.

Riley, mi agente, se encuentra en la cocina tecleando con poca paciencia todos los botones de la máquina de café hasta que me ve aparecer por la puerta.

—¡¿Qué coño pasa contigo?! —me grita, obviando el saludo.

—Buenos días a ti también —le digo antes de bostezar, y me paso la mano por el pecho, únicamente cubierto por el anillo de Nora que llevo colgando de una cadena.

Me acerco a la cafetera y le quito la taza que se estaba preparando.

—¿Buenos días? ¿No has visto las noticias?

—No. ¿Qué he hecho ahora?

Riley se ríe incrédulo al tiempo que se pone en jarras.

—Joder, ¿te estás tirando a la de comunicación?

—¿Qué? —Casi escupo el café, y no solo por lo malo que está.

—¡Que si te la estás follando! —me grita exasperado.

—Claro que no —respondo molesto.

A mi lado, Maly carraspea, como si pretendiera dejarme en evidencia.

—No me jodas —dice Riley, que no pierde detalle del gesto de mi asistenta.

—Te estoy diciendo que no. No me he acostado con ella. —Echo un vistazo a Maly para avisarla de que no va por buen camino si pretende seguir metiendo baza.

—¿Planeas hacerlo?

Esta vez soy yo quien se ríe ante la pregunta.

—¿Ahora tengo que decirte con quién quiero acostarme?

—La madre que te parió. ¡Con ella no, Tyler!

—No te incumbe.

—¡Me incumbe cuando te están poniendo de extorsionador y manipulador para arriba! ¡La prensa rosa lo está gozando contigo! ¡Y con ella también!

Cuando Nora aparece en la ecuación, me quedo callado. No había contado con eso. Estoy acostumbrado a que saquen todo lo malo que pueden de mí, pero no he pensado en lo que podrían escribir sobre ella.

Saco el móvil de mi pantalón y me meto en Game On , para comprobar qué es lo que ha salido a la luz. De todos los medios, es el que mejor me ha tratado siempre.

No tengo que buscar por su web, pues la foto de Nora está en la primera noticia. La rabia me invade, y estoy a punto de tirar el teléfono cuando la veo. Está preciosa con mi camiseta blanca de los Stallions. Parece que no lleva nada debajo, y me jode que esa imagen no sea solo para mí.

Ni siquiera me preocupo por leer la noticia. Abandono la cocina haciendo oídos sordos a los gritos que Riley sigue profiriéndome y me dirijo a mi dormitorio. Me pongo la primera camiseta que encuentro y bajo corriendo hasta el garaje. Eddie está limpiando el coche que usé ayer.

—Buenos días, Ty —me saluda. Yo ni siquiera me percato, y paso por su lado sin decir nada. Me acerco a donde están las llaves de los coches y pillo la primera que encuentro.

Me subo al coche y salgo de mi casa tan rápido como puedo.

En seguida apago la radio. Están hablando de la noticia del día y no quiero saber nada de ello. Únicamente me interesa saber cómo está Nora. Si esto es demasiado para ella.

Pensaba ir a verla, pero había varios paparazzi esperando a la salida de mi urbanización, por lo que su casa debe estar atestada. Así que, contra mi voluntad, me dirijo al Complejo de los Stallions, donde habrá más seguridad.

Hay dos coches en el aparcamiento, y ninguno es el suyo. He llegado pronto, y no deja de preocuparme que se haya pedido el día libre.

No me pega mucho con ella. Es más de enfrentarse a los problemas y buscar una solución, que de esconderse. Así que decido quedarme a esperar.

Una hora más tarde, su coche entra por fin en el aparcamiento. Ha llegado antes de que empiece su jornada, así que no tengo dudas de que está al tanto de lo que ha ocurrido.

Salgo de mi coche mientras ella aparca, y me acerco de una carrera.

—¡Nora! —la llamo, y se gira hacia mí con cara de susto—. He visto las fotos.

—Ya, dudo que alguien no las haya visto. Lo siento mucho, Tyler. Tengo que irme —comenta, echando a andar.

Joder, no esperaba un beso apasionado como el que tuvimos para despedirnos, pero tampoco que se quisiera librar de mí como lo está haciendo.

—Espera —la retengo—. ¿No podemos hablar?

Ella mira alrededor, liberándose de mi agarre. Mi estómago se retuerce como si hubiera recibido un puñetazo con ese gesto, aunque entiendo sus motivos.

—Creo que no es muy buena idea ahora mismo. Pero no te preocupes, solucionaré todo esto. —Sigue andando, y yo la persigo.

—¿Solucionar? ¿El qué? —Después de un momento, consigo ponerme a su altura. No sé cómo hace para andar tan rápido con lo pequeña que es.

Ella se para ante mi pregunta, como si tuviera delante un extraterrestre.

—Lo de las fotos. ¿Qué va a ser si no? Que la gente sepa que… Bueno, que piense que… Ya sabes. —susurra la última parte—. No sé si has leído los comentarios que han salido. Los medios de deporte no lo ven tan mal, pero la prensa sensacionalista…

—No leo esas mierdas —la interrumpo.

—Ya, bueno, pues mi trabajo es hacerlo. Y no ha sido muy agradable, que digamos.

Continúa caminando, acercándose peligrosamente a la entrada del Complejo, acabando con mis opciones de hablar con ella.

—Oye, Nora, espera. —Vuelvo a tirar de su mano y, esta vez, no me rechaza. Sin embargo, por cómo se arrugan sus cejas, sé que querría hacerlo. Acaricio entonces su mejilla, y me da esperanza ver que cierra los ojos por un segundo—. Por mí no hay nada que solucionar —susurro a su lado.

Que la gente sepa lo nuestro no es un problema para mí. Me importa una mierda lo que piense una ciudad de desconocidos, o incluso mi agente.

Entonces cubre mi mano y la separa de su rostro.

—Tengo que irme.

Y, sin más, se esfuma.

Tener un día de mierda tras este encuentro es algo que no me sorprende en absoluto. Me lo he pasado mirando a través de las paredes de cristal, esperando encontrarla, sin resultado. Mi humor, por supuesto, empeorando a cada segundo.

Cuando llego a casa, la situación no mejora.

Me encierro en el gimnasio en un intento absurdo de dejar de pensar en ella y en todo lo que está ocurriendo.

Hubiera seguido en el Complejo, pero el entrenador me ha obligado a marcharme y descansar.

Por supuesto, la segunda parte no es seguro que lo consiga.

Cuando estoy estresado, prefiero esconder mis problemas bajo el peso de las máquinas.

Horas más tarde, aparece Maly para dejarme una bandeja con la cena. Para cuando decido acercarme a ella, la comida está fría, y me apetece comerla lo mismo que cuando la trajo.

Finalmente doy tregua a mis músculos, que no aguantan mucho más, y subo a ducharme.

Soy la imagen de un ermitaño. No he hablado con nadie en toda la tarde, a pesar de vivir con otras dos personas en esta casa. Me tumbo en la cama y echo un vistazo a mi móvil.

Desecho los mensajes de Riley. He tenido bastante con su mierda de esta mañana. No pienso escuchar más de lo que tenga que decirme. Si la gente piensa que estar con Nora es un crimen, es que no tienen ni idea de lo que ocurre cuando estamos juntos. Nunca podría serlo.

Tengo mensajes de Louis, ofreciéndome montar una fiesta. Tampoco me paro a contestarle.

El siguiente que veo me hace sentarme en la cama de un bote.

Chica del móvil:

¿Estás dormido?

Veo la hora. Solo hace diez minutos que me ha escrito. Me apresuro a contestar.

Yo:

No

Chica del móvil:

Deberías. Mañana madrugas.

Yo:

Eso también va por ti.

¿Por qué estás despierta?

Me siento como un colegial, sonriendo a la pantalla de mi teléfono. ¿Cómo no he recordado antes que tenía su número? Me habría pasado la tarde hablando con ella, en lugar de machacando mis músculos.

Chica del móvil:

He estado preparando la rueda de prensa por el despido de Hunter. Ahora echaba un vistazo a la nueva crisis.

Lo siguiente que recibo es una captura de pantalla, con un comentario de un desconocido.

Chica del móvil:

«¿Qué ha visto en esa? Debería buscar a una modelo, como hacen los jugadores normales».

Siento un golpe seco en el esternón, como si algo se rompiera ahí dentro. ¿Esos son los comentarios a los que se ha estado enfrentando Nora durante todo el día?

Por eso mismo no leo estas mierdas. La gente es muy cruel cuando comenta sobre la vida de personajes públicos, como si no fuéramos personas de carne y hueso.

Yo llevo casi toda mi vida enfrentándome a ellos; Nora acaba de caer en la cueva de los lobos, y no pienso dejar que esos comentarios acaben con ella.

Yo:

Lo que deberían hacer es adaptar internet para la gente invidente.

Me gustaría estar con Nora y comprobar si mi comentario ha conseguido sacarle una sonrisa.

Recibo otra imagen de otro comentario.

Chica del móvil:

«Seguro que lo ha chantajeado con hundirlo en las redes. Si no, no lo entiendo».

Joder, me dan ganas de matar a @stallioner_0087.

Escribo mi mensaje de vuelta.

Yo:

Lo que me hunde es no estar contigo ahora.

Me ha quedado demasiado cursi, pero he decidido que me da igual lo que me mande. No voy a dar ningún poder a esos comentarios.

Entonces me llega un emoji con una cara llorando de risa y me permito serenarme. Me tumbo en la cama, más relajado. Al menos sé que mis respuestas tienen algún efecto positivo en ella.

Me llega otro comentario.

Chica del móvil:

«Otro claro ejemplo del patriarcado y su asqueroso machismo, abusando de una trabajadora porque él es famoso y tiene poder».

No puedo evitar reírme en mi cama ante la sarta de bobadas que acabo de leer. La gente está fatal.

Yo:

No sé de qué poder habla, pero lo quiero.

Añado un emoji con una carita guiñando el ojo.

Un segundo después, me llega otro de una cara sonriente, e imagino ese mismo gesto en la de Nora.

Lo siguiente que recibo es un mensaje suyo.

Chica del móvil:

¿Estás ligando conmigo?

Yo:

Llevo intentándolo desde que te vi con el vestido rojo.