Solo una fan #28 Parece adictivo #3
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#28 Parece adictivo #3

Entonces resoplo. Creo que estoy en serios problemas.

¿Es posible que me esté enamorando de Tyler Kelscot?

Yo iba a seguirle el juego, a divertirme, a dejarme llevar y ya está.

Pensaba tener siempre en mente que en cualquier momento conocería a una modelo más digna de él.

Entonces, se comporta de forma tan agradable conmigo, tan gentil, tan caballeroso, como si de verdad le importase; y pierdo mi objetivo.

Por fin me muevo y paso de la entrada hasta mi dormitorio. Me cambio y dejo la gorra sobre la mesilla; el recuerdo de esta cita tan perfecta. Quizá cuando me despierte por la mañana haya desaparecido, o mi anillo vuelva a mi dedo. Por el momento, decido seguir viviendo este sueño.

Mientras doy vueltas en la cama, me arrepiento de haberme despedido. Si no lo hubiera hecho, seguiríamos juntos. Y entonces se me ocurre una forma de alargar la noche.

Me levanto corriendo de la cama en busca de mi móvil, que tengo olvidado en mi pantalón.

Cuando lo abro, escribirle es lo último en lo que pienso. Un sinfín de notificaciones inundan mi pantalla.

Lo que más me preocupa son las llamadas de Susan. Sabía que estaría con Tyler, así que debe ser importante, porque, de otro modo, no me interrumpiría. Es más, al final no pudo hacerlo porque ella misma puso mi móvil en silencio.

Antes de mirar nada más, abro sus mensajes.

Tengo más de veinte, todos llenos de exclamaciones, prohibiéndome mirar las noticias esta noche.

En el último me insta a apagar el teléfono y a volver a mi noche de sexo desenfrenado con Tyler.

Es posible que se quede un poco decepcionada cuando le cuente que no ha habido nada de eso.

Y, sin embargo, el calor que siento en mi pecho ante el recuerdo de nuestra cita tiene poco que ver con la decepción.

Hago caso de sus avisos y apago la pantalla, poniendo el teléfono boca abajo frente a mí. Me cruzo de brazos, como si así pudiera evitar la tentación un poco más.

¿Qué habrá pasado para recibir esos mensajes?

Finalmente alcanzo el móvil, aunque no lo enciendo por el momento. Pero si puede esperar a mañana, significa que no es tan grave como para no verlo ahora mismo.

O eso es lo que me digo.

Enciendo la pantalla y echo un vistazo a los titulares de mis alertas: «La última jugada de Tyler Kelscot: nueva conquista en su lista».

«Tyler Kelscot tiene chica de pretemporada».

Según veo los titulares del Game On y del Sports Daily , mi corazón se acelera a velocidades imposibles, ahogándome con cada latido, dejándome sin aliento.

Esperaba ver una noticia de este tipo, recibir un golpe similar, pero no tan pronto, no después de esta noche, cuando todavía siento sus manos en mi cintura o el beso dulce con el que se despidió.

Susan tenía razón: no debí abrir las notificaciones. Al menos así habría tenido una noche entera de falsa ilusión, de no sentirme una estúpida.

Pero no hay duda de que lo soy, porque hoy me he dejado creer que era real, que había algo entre nosotros, que disfrutaba de mi compañía tanto como yo de la suya.

Supongo que mi lado más sensato tenía razón, y solo soy una más en su catálogo. Quizás alguien con quien salir mientras espera a que las modelos estén disponibles.

Me dispongo a apagar el móvil sin querer ver qué rubia ha escogido esta vez, cuando otro titular alcanza mi visión: «De groupies a compañeras de trabajo. Tyler Kelscot pivota en sus conquistas».

El corazón se me para durante un segundo antes de reanudar su incesante golpeteo frenético. No puede ser.

Abro la noticia y una foto mía ocupa toda la pantalla. Voy vestida con su camiseta blanca, la que me prestó tras la fiesta, que me quedaba tan larga como para ocultar las mallas que llevo debajo y que, por supuesto, han obviado en el texto de la noticia.

¿Cómo la han conseguido? ¿Y cómo han deducido que he pasado tiempo con Tyler solo por la foto? Podría ser una fan cualquiera.

La respuesta llega con la siguiente imagen. Yo, con el mismo look, saliendo apurada de casa de Tyler.

Tengo la presión tan alta que empiezo a marearme.

Salgo de esa noticia y reviso el resto. Todas son similares y con las mismas fotos. Mi estado no mejora.

Me tumbo en la cama y me tapo los ojos, incapaz de relajarme. No sé qué va a significar todo esto. Tyler se ha preocupado por mantenerme oculta; no quería que esto saliera a la luz.

Me doy la vuelta, angustiada. Tampoco sé cómo voy a presentarme mañana por el Complejo. Todo Redmont debe haber leído ya la noticia.

La luz de mi móvil, que sigue parpadeando con nuevas notificaciones, llama mi atención.

Echo un vistazo y descubro que Instagram está echando humo.

Lo que no tiene sentido, porque me siguen unas diez personas, y llevo años sin subir una foto.

Sin embargo, no dejan de llegar comentarios sobre mi última publicación.

Una foto mía durante el último partido de los Stallions que vi con mi abuelo.

La sacó justo después de que Cole Maddox metiera el touchdown que nos llevó a la victoria aquel día.

No era un partido especial; no nos podíamos permitir uno mucho mejor.

Fuimos a uno de los menos interesantes de la temporada, aunque yo siempre los he vivido como si fueran la mismísima Super Bowl.

No salgo mal en la foto. Quizás demasiado sonriente.

Lo que más me gusta de ella es el momento que me recuerda. Por eso quise dejarla publicada.

Al poco conseguí el trabajo en el equipo, y no quise publicar nada más, por si la imagen había funcionado como amuleto.

Cuando me fijo en el símbolo de comentarios, hay más de cuatrocientos. Paso el dedo por encima y espero a que aparezcan. Un segundo más tarde, desearía no haberlo hecho.

Me ponen de aprovechada para arriba. Además, hacen bastantes comentarios hirientes sobre mi aspecto en esta foto y en las que han salido en los medios.

Se me cae el móvil de las manos, que no han dejado de temblar. Me levanto de la cama y me dirijo a la cocina a por un vaso de agua. Necesito calmarme y pensar en las consecuencias que puede tener esto para Tyler y los Stallions, o en cómo solucionarlo.

Después de beber tres vasos de agua del tirón y frotarme la tripa por el dolor de estómago que acabo de provocarme, vuelvo a la habitación. No voy a ser capaz de dormir hasta que tenga un plan para afrontar todo este revuelo mediático, así que me pongo a trabajar.

Lo primero es conocer el nivel de daños: revisar todo lo que ha salido para poder evaluar la situación. Busco el móvil y continúo con la tarea que tanto me ha costado hace unos minutos.

Todos los medios dicen más o menos lo mismo. Informan de quién soy, de mi puesto en el equipo, algunos rumores de cuándo pudo comenzar nuestra relación…

Relación . Ni siquiera yo he pensado en eso.

Alguien ha encontrado una foto de nosotros dos hablando en el pase de medios de la fiesta.

Sigo leyendo, y me sorprende que en el cuerpo de la noticia no se dice nada negativo hacia Tyler o hacia los Stallions. De hecho, ven la posible relación entre nosotros dos de forma positiva, augurando que puede dar estabilidad al jugador más problemático de la NFL.

Empiezo a asfixiarme con el peso de todas las expectativas. Solo he tenido una cita con él.

Termino todas las noticias, y me queda una última notificación de un número oculto. El corazón se me acelera. Podría ser cualquier medio pidiéndome alguna declaración. Mi intuición, por el contrario, me dice que el remitente es otro.

Abro el mensaje, y me encuentro con una foto que todavía no he visto en internet. Estamos Tyler y yo junto a la entrada del hotel, en el momento en que pasaron los fans de los que quería esconderme. Sin embargo, no lo hizo bien, porque se me ve la cara, totalmente embelesada por la suya.

Doy una bocanada de aire al recordar ese momento.

Leo el mensaje que llega después.

Número oculto:

Pensaba que eras mi amiga. Que tú tampoco lo querías en el equipo.

Me quedo mirando las palabras en mi pantalla, entendiendo la amenaza implícita en ellas.

Pero, al menos de momento, no ha enviado esa foto a los medios.

Con las otras imágenes puedo trabajar. Ni siquiera se nos ve juntos y podría haber ido a su casa por trabajo.

Con esta imagen, en cambio, no hay duda de que hay algo entre nosotros.

Desesperada, hago lo único que no debería hacer.

Yo:

Por favor, no publiques la foto.

Número oculto:

Sales muy bien. Haciendo exactamente lo que te dije que no hicieras. ¿Por qué iba a hacerte caso yo ahora?

Yo:

¿Qué quieres?

Número oculto:

No lo he decidido aún, pero tranquila, mañana sabrás el precio por no escucharme. Quizás así la próxima vez lo hagas.