#27 Déjame verte
DÉJAME VERTE
Me es imposible dejar de sonreír según me dirijo a la sala de conferencias, bastante seguro de que no voy a centrarme hoy.
En mi cabeza se repite el recuerdo de Nora entre mis brazos, rindiéndose por fin a nuestra atracción, incluso en los pasillos de este Complejo; algo que jamás me habría imaginado de la correcta y adicta al trabajo Chica del Móvil.
Lo que hace que el calor que infunde a mi cuerpo se dispare todavía más.
Da igual cuantas veces piense en Nora y en cómo va a reaccionar. Nunca hace lo que espero, y me tiene totalmente enganchado, queriendo descubrir todo sobre ella.
La retuve sin compasión esta mañana, cuando Matthew la esperaba, y se le escuchaba bastante enfadado desde su despacho.
Un pequeño sentimiento de culpa me golpea mientras me pregunto si su reunión habrá ido bien.
Pero cuando se escapó el domingo de mi casa, me dije que no volvería a dejarla huir.
No cuando sé que siente el mismo deseo que a mí me arrastra hacia ella.
Me llevé una desilusión al ver su aparcamiento vacío por la mañana.
No suele llegar tarde, y temí que fuera a tomarse el día libre con tal de evitarme.
Luego la vi corriendo por los pasillos agobiada.
Parecía la Nora de siempre, con el pelo recogido y su camiseta de los Stallions.
Para hoy ha escogido una blanca, con el nombre del equipo en rojo y unas líneas también rojas en las mangas.
Me hubiera gustado que llevara mi camiseta, aunque sabía que eso no iba a ocurrir. Al menos, no de momento. Pero la llevará puesta en mi primer partido. De eso estoy seguro.
—¿Qué pasa tío? ¿Mojaste en la fiesta? Vaya sonrisa tienes en la cara, cabrón —me pregunta DeVonta cuando se sienta a mi lado.
Me muevo molesto en mi sitio, porque no me gusta que nadie sepa de mí más que mis estadísticas de juego, y eso incluye lo que sea que ocurre entre Nora y yo.
Johnson se ríe a su lado cuando toma su asiento.
—Sí que tienes cara rara —dice entre risas, asomándose para observarme.
Estamos esperando la charla motivacional del día para preparar los ánimos de la pretemporada. Yo no la necesito; los míos están ahora mismo por las nubes.
—Deberíais controlar vuestra envidia, se os nota demasiado —les contesto a ambos.
—De eso puedes estar seguro. Con las pibas que te trajinas… —responde DeVonta, y algo en su comentario hace que me sienta mal, porque Nora no es una piba más que me quiero trajinar. Bueno, obviamente sí quiero eso, pero no es lo único. A veces creo que me basta con estar cerca de ella.
El calor que dejaban sus manos sobre mi cuerpo en la casa de invitados instaló una sensación extraña en mi pecho que me calmaba.
Y ese increíble sentimiento fue más fuerte cuando volví a la habitación, después de que me hiciera salir a buscarle un pijama.
La encontré dormida, vestida con un albornoz que llevaba mis iniciales.
Joder, necesito volver a ver esa imagen.
Quiero tenerla en mi cama, ojalá soñando conmigo, y vestida con mi ropa. O sin ella.
Me dejó tan hipnotizado, que no pude alejarme de allí. Entonces, se giró diciendo mi nombre. Creo que seguía soñando cuando tiró de mí para que me tumbara a su lado. Lo hice, y me quedé contemplándola, escuchando su respiración profunda y apartando el pelo que le caía a la cara cuando se movía.
En algún momento me quedé dormido junto a ella.
El buen humor me duró durante el día siguiente, incluso cuando volví con el desayuno y me encontré la casa vacía y ordenada. En cierto modo, no podía esperar otra cosa de ella.
Pero hoy sabía que tenía que encontrarla y recargar la adrenalina que me produce estar a su lado.
Varios golpes me despiertan de mis ensoñaciones y, al momento, se hace el silencio en la sala. Más golpes suceden a los anteriores y, luego, el sonido de un cristal rompiéndose.
El entrenador Taylor, que ya había empezado a gritarnos, ha salido al momento pese a que no es necesario, pues las paredes de este edificio nos permiten ver a Hunter arrollando con todo por los pasillos.
Me levanto de mi asiento cuando veo al imbécil lanzar contra la pared a uno de los compañeros de Nora; el que la estuvo ayudando durante la fiesta.
Cruzo la sala corriendo y, al salir, lo encuentro en el suelo, respirando agitadamente.
—Llamad a Norman —me dice cuando lo alcanzo.
—Eh, tío, ¿estás bien? —Dejo que se apoye en mí para levantarse. Se ve que Hunter le ha dado con ganas, porque sigue encogido de dolor.
—¡¿Dónde está esa zorra?! —escucho la voz del maldito tight end gritando al final del pasillo.
—¿Qué mierda le pasa a ese imbécil?
—Lo han echado de la plantilla —dice el chico, frotándose el costado magullado.
—Ya era hora —respondo. Y no solo porque filtrase mi contrato intentando joderme la vida. Jugadores tóxicos como él acaban con el espíritu de equipo.
No tarda en llegar McKillen, preguntando al chico si se encuentra bien, a lo que él asiente.
—Tenéis que avisar a Norman —repite, todavía con cara de susto.
—¿Qué ocurre? —pregunta el quarterback , sosteniéndolo.
—Creo que está buscando a Nora —dice, y siento que mi mundo se derrumba en un segundo.
Ni siquiera lo miro, ni intento que vuelva a repetirlo por miedo a haber oído mal. Mi corazón se ha activado a niveles imposibles, y mis piernas han echado a correr.
—¡Y una mierda! —es todo lo que digo antes de salir en busca de Hunter.
—Joder, ¡Kelscot! —Creo oír a McKillen gritar detrás de mí, pero no pienso parar por nada.
Creo que no he corrido tanto en toda mi vida.
Ni siquiera en las pruebas de acceso a la NFL antes de mi Draft.
Siento la boca seca solo de pensar que ese cabrón pueda llegar hasta Nora antes que yo.
Es cuatro veces más grande que ella, y podría partirla en dos con menos esfuerzo que si doblase una hoja de papel.
A pesar de que aprieto mi ritmo recorriendo los pasillos, lo he perdido de vista. Joder, no sé dónde se ha metido.
A mi alrededor todos me miran.
—¡Dónde está! ¡Dónde está Hunter! —grito desesperado. Un segundo después, varias manos me señalan la entrada del Complejo.
Abro las puertas con un golpe de mi hombro y lo encuentro en el aparcamiento, intimidando a Nora, casi engulléndola con su cuerpo. Ella se mantiene firme frente a él, y no sé si está siendo valiente o una inconsciente. Debería apartarse.
—Si es verdad, es lo menos que te mereces —dice, y mi miedo se intensifica. Si Hunter ha lanzado a su compañero por los aires, no quiero imaginar lo que haría con ella.
—¿Qué coño sabrás tú, zorra? —lo escucho gritar mientras saco el máximo partido a mis piernas.
Me siento como en una pesadilla donde, por más que me esfuerzo, apenas consigo avanzar.
Cuando estoy por fin a unos pasos de él, me lanzo a placarlo, y, al mismo tiempo, una fuerza me arrastra en dirección contraria.
Aterrizo en el suelo, sintiendo el duro asfalto del aparcamiento chocando contra mi costado.
Cuando me giro, veo a McKillen frente a mí.
Blaze ha llegado hasta nosotros y mueve a Nora detrás de él.
No tengo tiempo para sentir celos. Si Nora está protegida, me vale.
Me levanto para terminar lo que el quarterback me ha impedido, y este me sigue a la misma velocidad, sujetándome por los brazos.
—¿Qué coño haces? —le grito, tratando de deshacerme de él.
Él se mueve rápidamente, pasando sus manos por debajo de mis brazos y uniéndolas detrás de mi cabeza, inmovilizándome. Un guarda de seguridad aparece frente a nosotros, como si yo fuera el peligro.
—Evito que te echen a ti también —masculla McKillen con esfuerzo junto a mi oído.
Hunter se ríe al verme, haciendo que la furia en mi interior crezca.
—¡Ni defender a tu puta puedes!
Me muevo bruscamente bajo los brazos de mi compañero para liberarme.
—¡Que te jodan! —le grito, consiguiendo dar dos pasos hacia él y arrastrando al quarterback conmigo.
—Kelscot, ¡para de una puta vez! Vamos a esperar a Norman. No va a tocarla.
Yo soy incapaz de escuchar sus palabras. Únicamente veo a Hunter frente a mí.
—Das pena, ¡gilipollas! —me dice este con una sonrisa socarrona. Luego se dirige a Nora, y el novato se interpone en su camino para protegerla—. ¡Espero que disfrutes de tu fama por follártelo, zorra!
En ese mismo momento, Norman cruza las puertas del Complejo seguido de cinco personas más. Valora por un segundo la situación, y, al contrario que el imbécil de su compañero, sabe que el problema viene de Hunter, y manda a sus chicos a escoltarlo hasta la salida.
Después se acerca a nosotros y, solo entonces, McKillen suelta el agarre bajo el que me tenía sometido.
—¿Estáis bien? —nos pregunta Norman, y yo lucho contra mis ganas de darle a él el puñetazo que no he podido dar a Hunter.
—¡A buenas horas venís, joder! —respondo cabreado, esperando que al gritar consiga aflojar la presión que siento en el pecho.
Entonces escucho a Blaze detrás de mí.
—¿Te encuentras bien? —pregunta a Nora, sujetándola por los hombros.
Ya he tenido bastante mierda por hoy, así que me acerco, todavía incapaz de controlar mi mal humor, para hacer que quite las manos de mi chica.
—¿Qué te ha hecho? —Debería sonar preocupado, cariñoso, como le estaba hablando el novato, y, sin embargo, escupo mis palabras de mala gana. La miro de arriba abajo, esperando no encontrar ninguna marca en ella que me haga perder la razón por completo.
—Estoy bien, tranquilo —responde obviando a Blaze, que encuentra su lugar dando unos pasos atrás.
Sostengo a Nora por la barbilla y muevo su cabeza con toda la delicadeza de la que soy capaz. Su piel bajo mi tacto me infunde un poco de calma, pero no la suficiente. Sigo demasiado cabreado.
—Déjame verte —le exijo.
Ella levanta sus manos hasta cubrir la mía, pero no me aparta.
—Tyler, no me ha hecho nada, de verdad. Solo me ha gritado.
Me dedica una sonrisa que ahora mismo no puedo disfrutar.
Doy media vuelta y me alejo de ella. Sigo con ganas de golpear algo.