Solo una fan #23 Déjate llevar #2
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#23 Déjate llevar #2

Cuando acaba la canción empieza otra, sin darnos tiempo a poder descansar.

Empiezo a notar el calor por todo mi cuerpo, fruto del ejercicio, y, sin saber realmente el motivo, alcanzo la bebida de Kylen para robarle un trago largo.

Lejos de molestarle, me mira como si le gustase.

Y yo me dejo llevar. Es a lo que volví al salón.

Seguimos bailando, y otro empujón me lanza contra él. Antes de que pierda por completo el equilibrio, sus brazos rodean mi cintura, sosteniéndome con fuerza. Me mantiene junto a él durante un momento, hasta que me pisa el pie y no puedo evitar un grito ahogado.

En seguida empieza a disculparse, y lo veo tan preocupado por haberme hecho daño que me entra la risa.

—No sé cómo no os vais chocando todo el rato, con lo grandes que sois —le digo intentando quitarle hierro al asunto, si bien mi pie puede que tarde un poco más en recuperarse.

Él se ríe, y luego se me queda mirando, sin moverse y sin decir nada más.

—¿Qué pasa? —pregunto de buen humor. No es posible que se sienta mal por un simple pisotón.

Se agacha sobre mí para que pueda escucharlo a pesar del ruido y la música. Noto su mano en mi cintura cuando lo hace, y un pinchazo de decepción me atraviesa al recordar que no es la de Tyler. La suya estará alrededor de Amber.

—Has montado una fiesta brutal —me dice al oído. Cuando se yergue y me mira desde arriba, su gran sonrisa le ilumina la cara y marca unos diminutos hoyuelos en sus mejillas.

Niego con la cabeza. Nunca he sido buena aceptando cumplidos. Solo he hecho mi trabajo.

Me pongo de puntillas para llegar hasta él, aunque finalmente tengo que alzar la voz para hacerme oír.

—Espera a la de la Super Bowl. Será todavía mejor.

—Sería mi sueño ganarla en mi primer año.

Lo miro. Me suena eso de tener sueños al llegar a este equipo. Y el suyo no es que sea muy original. De hecho, todos los jugadores desean eso más que nada al llegar a los Stallions.

—Bueno, aquí son especialistas en cumplir sueños —le aseguro.

Él se queda contemplándome sin decir nada. Después, da un trago a su bebida y me ofrece otro a mí. En esta ocasión, decido rechazarlo, porque empiezo a notar el alcohol entumeciendo mi cuerpo.

Me dispongo a seguir bailando cuando una sombra se cierne sobre mí, deteniendo mis ridículos movimientos.

Tyler Kelscot surge frente a nosotros y, por su cara, ya no se divierte tanto. Su mirada está fija en Kylen, a quien parece querer matar una vez más.

—Eh, novato —lo llama.

—Kelscot —lo saluda con un buen humor que no recibe de vuelta.

En lugar de eso, Tyler le entrega su botellín vacío.

—Se me ha acabado.

Mi pareja de baile me mira durante una fracción de segundo antes de responder. Tyler, en cambio, sigue concentrado en él.

—Tío, soy tan novato como tú —le contesta.

Veo la sonrisa de Tyler expandirse en su rostro, como si hubiera estado esperando esa respuesta. Da un paso hacia su compañero, resultando más grande a su lado.

—¿Quieres comprobarlo? —le pregunta.

Antes de que pueda terminar su amenaza, me lanzo a detenerlo, sosteniendo su brazo. Puedo sentir el calor que emana de su cuerpo, o puede que sea la sensación de volver a tocarlo. Aprieto mis dedos alrededor de su chaqueta, y deslizo mi mano hasta llegar a la parte interna de su codo.

—Tyler, ¿qué haces? —le pregunto.

Cuando Kylen se aleja en busca de la cerveza que le ha exigido, él se gira hacia mí.

—Estrechaba lazos con el equipo.

—Ya, pues tienes una forma un poco extraña de hacerlo —lo reprendo.

Después de un momento en el que entrecierra sus ojos para mirarme, parece encontrar la forma de seguir molestándome.

—Te salvaba del novato. Parecías a punto de morir de aburrimiento.

Uno de los camareros pasa entre nosotros portando una bandeja hasta arriba de chupitos.

El entrenador Taylor me va a matar por esa idea.

Los invitados, en cambio, están encantados.

Alargo el brazo y me bebo uno de un trago bajo la atenta mirada de Tyler.

Luego, dejo el vaso vacío sobre la bandeja, y espero a que el camarero desaparezca entre la gente para darle mi respuesta.

—Estaba tan aburrida como tú con Amber —le suelto sin poder frenar mi arrebato de celos.

Debería haberme contenido, pero la valentía líquida está haciendo de las suyas con mi lengua.

Y Tyler se merece que le eche en cara la forma que tiene de jugar conmigo: engatusándome en privado, para escoger a otra en público.

Lejos de sonreír por haberme delatado, sus cejas se fruncen levemente.

—No sé quién es esa —me dice, como ya hizo en la habitación del pasillo.

—Ya… —le digo enfadada, dándome la vuelta para marcharme de allí.

Por supuesto, él no me lo va a poner fácil. Su mano me rodea por la cintura antes de que pueda dar mi segundo paso, y me hace girar sobre mis talones mientras me acerca a él.

—Me debes un baile, ¿recuerdas?

Lo miro fijamente, intentando encontrar la broma en sus palabras, sin conseguirlo.

—Ya, bueno, no es la música adecuada…—comienzo a decir, justo en el momento en que el DJ se dirige a la sala, anunciando que los asistentes deberían buscar a su pareja, y el ritmo empieza a ralentizarse—.

¿Has sido tú? —le pregunto, porque yo misma hablé con el DJ, y quedamos en que todo serían temas para tener a la gente eufórica y hacerlos bailar sin parar.

Noto el movimiento ligero de los hombros de Tyler, y sé que se está riendo. Todavía no he decidido si es de mí o de la situación.

—Ven —es todo lo que responde mientras coloca mis manos alrededor de su cuello. Después, abandona mis muñecas para recorrer mis brazos lentamente. Alcanza mis hombros y baja por mis costados hasta posarse sobre mi cintura.

No sé si lo hace excesivamente lento, o es mi corazón, que se ha precipitado a un ritmo imposible.

—Vas a acabar con la fiesta —soy capaz de decir, concentrada en mantenerme firme.

—Es solo una canción. Además, lo hago por ti. —Sus dedos se mueven por mi espalda hasta encontrar el límite de mi vestido.

Yo no respondo nada, concentrada en su movimiento.

Tyler sonríe frente a mí, y ese simple gesto lanza mi corazón contra mi pecho, desesperado por seguir disfrutando de esta imagen.

—Susan te preguntará. Te doy algo de material.

—Podría haber bailado con Kylen.

Según termino de hablar, sus manos alrededor de mi cintura aprietan su agarre y me aproximan a su cuerpo.

Su sonrisa ha desaparecido y su mandíbula se muestra tensa. Yo me siento victoriosa por un segundo. Entonces, se agacha sobre mí para hablarme al oído, sus labios rozando mi piel, derritiéndome con ellos.

—Ya te dije que eso no iba a ocurrir —me recuerda entre dientes, con una voz tan grave como peligrosa.

Se separa de mí y alzo la vista cuando me veo capaz de aguantarla. Apenas soy consciente de seguir respirando. Sus dedos se siguen moviendo, abandonando el vestido para recorrer mi piel lentamente.

—No te entiendo —digo finalmente, derrotada. Nada de lo que hace o dice tiene sentido. Parece interesado en mí, y un segundo más tarde se marcha en busca de otra mujer. Y no es que el hecho de que Tyler Kelscot parezca interesado en mí tenga más sentido.

Su mano recorre con suavidad mi columna y me empuja más hacia él. De nuevo, se agacha a mi lado mientras ambos nos balanceamos al ritmo de la suave música que nos envuelve.

—Y yo pensando que estaba siendo lo suficientemente claro.

Sus palabras me acarician, como si de un susurro se tratase, aunque, por el volumen de la música, no puede serlo. Y, a pesar de eso, no oigo nada más que su voz llegando hasta mí como un líquido caliente templando mi cuerpo.

No contesto nada. Prefiero darme un momento más de falsa felicidad. De creer lo que dice; de pensar que nada puede salir mal. Al menos, hasta que termine la canción.

Así que continuamos moviéndonos en silencio, acercándonos un poco más con cada giro, aprovechando los últimos acordes, como si los dos supiéramos que esta calma va a evaporarse de un momento a otro.

Me concentro en cada uno de sus dedos sobre mi piel, deslizándose tan lento por mi cuerpo que no soy capaz de seguir su caricia.

Alzo la vista, echando mi cabeza hacia atrás, y encuentro los ojos de Tyler, contemplándome. No sonríen, no están enfadados. Solo me miran. Y lo hacen con tal intensidad, que empiezo a sentirme pequeña bajo él.

—¿Tengo que explicarme más? —me pregunta como si hablara a mis labios, de los que no ha apartado la vista.

—Mh…

Ni siquiera logro procesar su pregunta. Únicamente siento el deseo de dejarme caer, de permitir que su tacto me haga arder, de rendirme.

Una de sus manos abandona mi cintura, dejándola fría, y pasa a rodear mi cuello antes de que pueda quejarme. Lo cubre con el mismo calor bajo el que ha hechizado mi pecho.

Sus dedos se mueven por la línea de mi mandíbula hasta que su pulgar alcanza mi labio inferior.

—Nora. —Mi nombre sale de su boca. No sé si me llama, si me avisa, si suspira mi nombre. Pero no quiero dejar de escucharlo.

Me mira a los ojos en busca de algo que le entregué hace tiempo. Con cada roce de su piel, con cada mirada, con cada palabra susurrada en mis oídos. Y me doy cuenta de que nunca he tenido la opción de escapar, porque nunca he querido salir de la trampa.

—¿Sí? —Si necesita una respuesta, solo tiene que preguntar.

En cambio, no lo hace. Se queda quieto mientras la música se apaga a la misma velocidad que se aparta de mi cuerpo, dejándolo helado y pequeño. Luego, respira hondo y su boca se transforma en una sonrisa llena de diversión.

—Fin del baile.

Y la realidad vuelve a atravesarme como un rayo. No ha dejado de hacerlo en toda la noche, y sigo cayendo una y otra vez. No pensaba besarme. Nunca ha pensado hacerlo. ¿Por qué sigo esperando que ocurra?

Siento un peso vacío en el estómago que tira de mi cuerpo hacia el suelo para que sea pisoteado. Como si la gravedad se hubiera ensañado conmigo, y el simple hecho de mantenerme en pie fuera demasiado duro.

Doy un paso hacia atrás al tiempo que la nueva canción, una llena de ritmo y fuerza, me obliga a despertar del sueño en el que me había aletargado.

Lo esquivo para alejarme de la pista, de él, de mis esperanzas frustradas, antes de que la rabia haga llegar lágrimas a mis ojos.

Su mano se aferra a mi muñeca.

—Tengo que irme —le digo antes de que pueda reírse de mí una vez más.

—¿Ahora?

—Sí. Déjame. —Me zafo de su mano, de su tacto, que me quema. Y, a pesar de todo, sigo queriendo derretirme bajo él.

Me alejo, ignorando mi nombre cuando lo grita a mis espaldas. No pienso darle una mayor satisfacción otorgándole la victoria.

Haber sucumbido a las zapatillas me permite marcharme a mayor velocidad sin temer por mi equilibrio. Cruzo la pista de baile y choco contra McKillen, que me estudia preocupado. Pero no tengo tiempo para inventar ninguna excusa.

Necesito salir de allí, respirar.

¿Por qué no puedo dejarme llevar? ¿Por qué me es tan difícil con Tyler?

Cruzo el salón y el silencio me abruma en los oídos cuando la música queda amortiguada tras la puerta doble detrás de mí. Sigo avanzando, evitando la mirada curiosa de los recepcionistas, hasta alcanzar la salida del hotel.

La noche me recibe fría, y, sin embargo, no me hace temblar. Salgo hacia ella sin pensármelo, porque es justamente lo que necesito para calmarme y volver a mis cabales. Para frenar los sueños delirantes que he dejado entrar en mi cabeza; que solo me harán daño cuando por fin despierte.

—¡Nora!

Su voz vuelve a llamarme, dejándome petrificada en mi sitio.