Solo una fan #22 Mi paciencia ya se ha agotado #3
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#22 Mi paciencia ya se ha agotado #3

Me agacho y pongo uno de mis brazos detrás de sus rodillas. El otro rodea su pequeña cintura y, un segundo más tarde, la llevo en volandas, preguntándome por qué no lo he hecho antes. Según la levanto del suelo, Nora suelta un pequeño grito de sorpresa y rodea mi cuello.

Vuelvo a cuestionarme por qué no he hecho esto antes.

—¿A dónde? —pregunto.

Tras pestañear varias veces, intenta bajarse; algo que no le permito. La sujeto con más fuerza contra mí, dejando que su olor floral me envuelva, y haciendo un esfuerzo sobrehumano por retener el gruñido de satisfacción que me sube por la garganta.

—¡Tyler! ¡Bájame! ¿Qué haces? —Se mueve nerviosa sin conseguir zafarse de mí.

—¿A dónde tienes que ir? —vuelvo a preguntar.

—No puedes llevarme en brazos.

—Claro que sí. Pesas menos que una pluma. Necesitas una dosis extra de sándwiches, jefa —le digo, dedicándole mi mejor sonrisa y aupándola un poco más.

—Tyler, para antes de que nos vea nadie. —Echa un vistazo a su alrededor y confieso que, si hubiera más gente en el pasillo, no me habría percatado.

Vuelve a mirarme y, en la posición que estamos, su cara apenas queda a unos centímetros de la mía.

—No estamos haciendo nada malo, ¿no? —pregunto en un susurro. Mientras lo hago, mi mano envuelve un poco más su cintura, celosa del vestido que se ciñe a su cuerpo.

Noto su pecho elevándose al contener la respiración, posiblemente por cómo mis dedos se han movido sobre ella. De lo que no creo que se haya percatado es de los suyos en mi nuca, acariciándome lentamente.

—No —responde ella en otro susurro. Casi necesito leer sus labios para captar lo que dice, y no me resulta difícil, pues no he dejado de mirarlos desde que la llevo en brazos. Joder, tengo demasiadas ganas de besarla. ¿Se apartaría si lo hago?

—Dime a dónde te llevo —le pido contra su boca, tan ensimismado que no sé lo que estoy diciendo. Mis brazos continúan rodeándola y atrayéndola hacia mí. Sus dedos se mueven por mi cuello, en un roce que dispara una oleada de nervios por cada rincón de mi cuerpo.

—Em… Tengo… —Su caricia sube hasta esconderse bajo el nacimiento de mi pelo, provocando una nueva descarga que se expande, intensa, hasta el centro de mi estómago—.

Tengo mis zapatillas allí —dice finalmente y, aunque su mano se aleja repentinamente de mi cuerpo, no ha dejado de mirarme.

Mi piel echa en falta su tacto desde el instante en el que ha desaparecido.

—Hecho, jefa —digo moviéndome al fin, con ella en brazos.

Me acerco a la puerta más próxima y veo las deportivas de Nora al lado de una silla.

En contra de mi voluntad, la acomodo sobre ella y doy un paso atrás.

Sin esperar más, se quita los zapatos y suspira aliviada. Luego, empieza a calzarse las zapatillas blancas.

—¿Mejor? —pregunto, aunque ya sé la respuesta.

—Sí. —Vuelve a suspirar y luego se tapa la cara—. Soy nefasta para esto de las fiestas.

—Yo creo que se te ha dado bastante bien.

—Oh, ¿este paripé? —se interesa con una sonrisa pícara que contagia la mía. Por fin se pone de pie, esta vez sin complicaciones.

—Todo el mundo está encantado.

No sé qué he dicho que acaba con su buen humor, y sus ojos de pronto se muestran interesados en el suelo bajo nuestros pies.

—Todo el mundo —repite mis palabras—. ¿Tu… tu acompañante también?

Noto el intento por sonar cordial en su tono de voz, pero hace tiempo que Nora no puede engañarme.

Me acerco a ella, para aclarar todas sus dudas.

—Es una amiga de Louis. No recuerdo ni cómo se llama. —Mi mano encuentra su cintura, tal y como hizo el día anterior.

Del mismo modo, la suya se coloca sobre mi brazo cuando alza la mirada.

—Amber. Se llama Amber.

Me acerco un poco más, satisfecho de que ella no se aleje. Alcanzo uno de los mechones que hoy lleva sueltos y que pretenden ocultar su rostro.

—Sigo sin recordarlo. —En mi cabeza solo hay cuatro letras repitiéndose una y otra vez como un grito desesperado.

—¡Nora! —Su nombre alcanza mis oídos, y no ha sido mi voz.

La aludida se separa de mí dando un paso atrás justo en el momento en que uno de sus compañeros cruza la puerta de la habitación.

—Ah, ¡hola Tyler! —me saluda con un buen humor que ahora mismo no comparto.

—¡Andrew! —Nora toma la palabra ante mi silencio—. ¿Hay…? ¿Hay algún problema?

Su compañero se quita un auricular sin acercarse, mirándonos al uno y al otro. Me imagino el nivel de nerviosismo de Nora porque nos hayan encontrado a solas en este cuartucho. Y lo que más me enerva es que realmente no ha pasado nada.

—Venía a dejar el walkie . Como dijiste que habíamos terminado… —El chico frena sus pasos y sus palabras—. Puedo volver más tarde. —Parece que al final sí se da cuenta de que ha interrumpido algo, y sé que Nora va a negarlo en menos de un segundo.

—No, pasa. Yo he venido a lo mismo, en realidad.

Por más que me moleste esta situación, una sonrisa se me escapa al descubrir lo bien que la conozco.

Andrew termina de cruzar la habitación para dejar el pinganillo sobre la mesa detrás de Nora. Un momento después, ella hace lo mismo, desprendiéndolo del escote trasero de su vestido, donde lo tenía sujeto.

—¿Y los zapatos? —pregunta su compañero, haciendo un movimiento con su cabeza para señalar sus pies.

Un fuego me quema por dentro cuando advierto su relación tan relajada.

—Creo que al final voy a pasar —responde ella.

—Me lo he imaginado. No has parado de dar vueltas. —Se ríe—. Bueno, pues si no necesitas nada más, me voy de fiesta.

—Gracias Andrew. Espero no haberte fastidiado mucho la noche.

—¿Bromeas? Apenas me has dejado hacer nada. Y, además, yo me ofrecí, ¿vale?

—Vale —accede ella. Juraría que no le ha gustado tener que pedir ayuda para llevar la fiesta.

Aun así, me alegro de que lo hiciera. Ahora, quiero cerciorarme de que cena, porque, por lo que ha dicho Andrew, me da que no ha permanecido mucho frente a su plato—.

Te lo compensaré —le ofrece a su compañero antes de que se aleje.

—¡Ahora os veo! —se despide él según cruza la puerta.

Una vez a solas de nuevo, nos quedamos en silencio por un momento.

—¿Así que vas a compensarle? —pregunto entonces, listo para acorralarla un poco, no solo con mi cuerpo.

Mi pregunta la pilla por sorpresa, y su cara es adorable cuando trata de mantener la compostura.

—Me ha ayudado mucho.

—¿Y yo? —digo, en un arrebato de celos—. He evitado que te cayeras con los zapatos. —Le dedico una gran sonrisa, mientras mi mano se mueve hasta que mis dedos rozan los suyos.

—Gracias —replica nerviosa sin alejarse de mí, aguantando la respiración.

—No hay compensación para mí. —Pese a que muestro decepción en mi voz, mi buen humor no se disipa.

—Qui… Quieres…

—Al menos un baile —interrumpo su frase inacabada—. Por tu amiga, para que no se enfade. —Mi dedo sube por su muñeca, acariciando su piel suave. Sus ojos no abandonan los míos, pese a que nuestra atención no está puesta en ellos, sino en el contacto de nuestros cuerpos.

—Mi amiga… —murmura perdida.

—Susan.

—Sí. —Parpadea, si bien no estoy seguro de que sepa de qué hablamos. Y me encanta. Me encanta ver que se pierde en mí tanto como yo en ella. Al menos cuando estamos solos, o tan cerca que creemos estarlo.

—Te veo en la fiesta, jefa —digo, alejándome.

Es lo último que quiero hacer en este momento. Sin embargo, me falta poco para abalanzarme sobre ella, y puede que este no sea el momento ni el lugar idóneos.

Antes de volver al salón, decido darme un paseo por el baño. Debería poner la cabeza bajo el grifo un buen rato, pero me conformo con echarme un poco de agua en la nuca.

En cuanto consigo mitigar el calor que hace arder mi cuerpo, regreso al salón.

La música se estampa contra mis oídos y encuentro a Louis enrollándose con su acompañante de forma poco elegante.

Amber surge de pronto a mi lado, dispuesta a recuperar el tiempo que no le he dedicado durante la noche.

Supongo que van todos hasta arriba de chupitos, porque no se corta un pelo en manosearme.

Aún estoy quitando sus manos de mi pecho cuando Nora aparece detrás de mí. Se queda mirando a la chica rubia, que vuelve a escabullirse de mi agarre y me rodea con sus brazos.

Y, sinceramente, ni siquiera me enteraría de ello, pues la imagen de Nora frente a mí con ese impresionante vestido rojo es suficiente para hacerme olvidar todo lo demás, salvo porque su gesto cambia en un segundo y sale caminando en dirección opuesta.

«Joder».

—¡Louis! —grito a mi amigo según agarro a Amber del brazo y la llevo hasta ellos—. La fiesta se ha acabado.

—¿Qué dices, bro’? Si acaba de empezar —dice, escondiendo las últimas palabras tras el cuello de su amiga.

Lo sujeto por el hombro con mi paciencia agotada por completo.

—Hablo en serio. Marchaos. Eddie está fuera. Os llevará a donde quieras.

—Aquí tengo fiesta gratis, colega.

Entonces, lo agarro por la solapa de su chaqueta y le hago andar en dirección a la puerta.

—Pago yo. Llévatelas —le siseo.

—Joder tío. No te habrás vuelto un estira’o como tus compañeros.

—Venga, no me jodas.

—Vale, vale. Nos vamos al Nocturne.

—Eddie os lleva —le prometo.

Amber se acerca a mí, de nuevo moviendo sus manos sobre mi ropa. Nunca antes me había importado ese comportamiento en las mujeres, y ahora solo quiero recibirlo por parte de la única que no lo hace. La única que ni siquiera se atreve a mirarme. Estoy jodido.

—¿Nos vemos luego, cariño? —me pregunta Amber.

—No —respondo cortante.

Según desaparecen tras la puerta, mando un mensaje a Eddie dándole indicaciones de que los lleve al Nocturne y les abra una cuenta. Me va a salir cara la puta fiesta, pero suspiro aliviado al recibir el ok de mi chófer.

Me vuelvo hacia el salón, donde todo el mundo está pasándoselo de lujo. La imagen frente a mí, en cambio, me quita todas las ganas de diversión.

Kylen Blaze, el puto novato, ha aprovechado para acercarse a Nora. Veo cómo se agacha para decirle algo al oído. Sin embargo, no es eso lo que me tiene al borde de la combustión, sino la mano de Nora sobre su brazo mientras se ríe.

Esta jugada no termina así.