#22 Mi paciencia ya se ha agotado
MI PACIENCIA YA SE HA AGOTADO
Odio estos paripés. Los medios, los compañeros, los agentes. Todos con sonrisas falsas y buenos deseos poco honestos. Nadie te desea lo mejor. Se desean lo mejor a sí mismos, y si estás para ayudarlos, entonces bien.
Aun así, llevo días esperando a que llegara esta noche, convencido de que por fin podría acortar la distancia con Nora.
La que casi me salto sin conocimiento el viernes en el gimnasio, delante de todo el equipo.
No sé en qué estaba pensando. Bueno, directamente no estaba pensando. Al menos, no con la cabeza.
Han pasado dos días, y nuestro encuentro sigue ocupando toda mi mente. Pero Louis se ha empeñado en joderlo. Es lo que suele hacer: liarme. Ni siquiera sé por qué lo invité a la fiesta. Supongo que porque no tengo a nadie más.
Pienso con agonía en cuánto preferiría haber venido solo.
La noche empieza mal, y continúa del mismo modo cuando llegamos al hotel. En la puerta nos recibe uno de los compañeros de Nora, y lo primero que hago es buscar su recogido en el interior.
No pregunto por ella, con la esperanza de verla pronto.
Nos dejan pasar sin problema, aunque, por la cara de circunstancia que ha puesto el chaval al contar cuántos éramos, me da que las acompañantes extra van a suponer un problema. Por mí, podría haber prohibido la entrada a las dos.
Avanzamos por el hall y al fondo encuentro a una multitud de medios preparados. Genial. Si esta es la idea que tiene Nora para una fiesta, creo que voy a tener que enseñarle un par de cosas.
Todavía no la he visto por aquí, y noto cómo ese simple aspecto comienza a nublar mi humor, que ya era malo al inicio de la velada.
Sin poder evitarlo, mis ojos vuelan hasta una figura envuelta en rojo, con un vestido ceñido que marca cada línea de su cuerpo. Salta a la vista que es un pibón. No sé a quién acompaña; está sola, mirando hacia los medios que exprimen tanto como pueden a mis compañeros de equipo.
Después de su silueta, llama la atención el escote que abarca toda su espalda, mostrándola desnuda bajo su corta melena ondulada.
Entonces vislumbro la carpeta en sus manos, justo antes de que se gire y busque a alguien con la mirada entre los invitados.
Para cuando sus ojos encuentran los míos, estoy seguro de que mi corazón ha colapsado. La imagen que veo no puede ser real. Si Nora ya me parecía guapa, lo que tengo enfrente es una puta ilusión sacada de mis más disparatados sueños.
Joder, está preciosa.
Ha escogido el rojo, por supuesto, y no puedo evitar pensar que parece una llama ardiendo en el centro de la sala; incendiando todo en torno a ella.
Si pudiera levantar la mirada de su figura, estoy seguro de que encontraría al resto deslumbrados con su imagen. No hay otra posibilidad.
No sé por qué esperaba verla en vaqueros y camiseta.
Vuelvo a fijarme en su ropa, por si me lo hubiera imaginado, pero no; el vestido rojo continúa ahí, envolviendo su cuerpo perfecto, abrazándola en cada curva, como si fuera una estatua griega esculpida.
Es la primera vez que lleva su pelo suelto, prendido en un lateral con un broche brillante, dejando su oreja y su cuello a la vista.
Respiro hondo antes de acercarme y me paso la mano por la boca, porque no me sorprendería haber estado babeando.
Apuesto a que no sabe lo espectacular que está. Si no, no se escondería como hace siempre, detrás de una pantalla o una carpeta.
Cuando llego hasta ella, me quedo petrificado. Quiero decirle lo maravillosa que está, llevarla a cualquier sitio lejos de toda esta gente, terminar lo que no hice en el gimnasio.
Joder, voy a perder el control.
Y que me siga mirando como lo hace no me ayuda a frenar todas las fantasías que toman forma en mi cabeza.
—Ty… —se interrumpe antes de decir mi nombre, lo que me hace fruncir ligeramente las cejas—. Señor Kelscot —se corrige y, de pronto, me siento a cinco kilómetros de ella.
—¡Eh, Nora! Ven aquí —Louis se abalanza sobre ella para darle un abrazo que recibe de forma incómoda. Lo sujeto por el cuello de su chaqueta y lo empujo hacia atrás.
—Es Louis. Mi amigo.
—Tu amigo, sí —responde Nora, evitando mi mirada tras un corto segundo. Luego, sus ojos se dirigen hacia mi lado, y recuerdo que llevo a una chica colgada del brazo.
Me muevo incómodo. Ella, en cambio, estrecha su agarre y se pega más a mí.
—Bienvenida a los Stallions —la saluda Nora con amabilidad, y a mí se me cae el alma a los pies.
Joder, no es así como quería que fuera la noche.
Debe pensar que soy un cabrón que está jugando con ella—.
Em, he… —comienza a balbucear mirando sus papeles—, he tenido un problemilla con los correos de confirmación y he perdido algunos nombres.
¿Le importaría decirme el suyo, señorita?
—Amber —contesta mi inesperada acompañante con una sonrisa perfecta.
—Claro, genial. —Nora apunta el nombre en su carpeta—. Y… —Se gira hacia Louis y la rubia que va con él.
—Sarah.
Nora vuelve a centrarse en su carpeta, que sujeta con demasiada fuerza, privándome del brillo de sus ojos castaños.
—Vale. Vale, muy bien. —Mueve sus labios de forma escueta y se da la vuelta para marcharse.
No sé ni cómo ni cuándo me he movido, pero, en un instante, mi mano está sobre su cintura. No puedo dejar que se vaya sin más; sin decirle lo guapa que está o las ganas que tenía de verla. Sin que me suelte alguna bordería.
La hago girar sobre sus talones mientras mi brazo se desliza por su cintura según se mueve, llegando hasta su espalda.
No digo nada, y ella tampoco. Únicamente me mira, y, por cómo lo hace, sé que quiere marcharse. Yo deseo justo lo contrario.
—Pensaba venir solo con Louis. No sabía que iba a traer…
Dejo de hablar cuando se apoya sobre mi brazo y, tras un segundo en el que todo mi cuerpo se eriza, lo empuja con suavidad.
—No… No pasa nada. —Pestañea varias veces, como si intentara concentrarse en sus palabras en vez de en nuestros cuerpos tocándose—. Es un lío para la distribución de las mesas, pero intentaré que estéis… juntos. —Le cuesta terminar la frase.
Joder. ¿Por qué siento que la he cagado del todo?
—Oye, yo… —Necesito aclararle que ha sido un malentendido, que esa chica no es mi pareja. Ella me interrumpe antes de que pueda decir nada.
—Los medios están listos. Las preguntas son controladas.
Aun así, si alguien se pasa, llámanos. Sé que no es el mejor plan para una fiesta, pero es una buena oportunidad para que deis vuestra mejor imagen y os hagáis querer por los fans —cuenta, como si hubiera dicho lo mismo varias veces en lo que va de noche—.
Tus amigos pueden ir entrando al salón por aquella puerta.
—Señala detrás de mí, evitando de nuevo mi mirada.
—Vale —digo rápidamente—. Oye…
Ella me interrumpe de nuevo.
—Tengo mucho que hacer. Pasadlo bien —dice elevando un poco la voz para que la escuchen las tres personas que esperan detrás de mí, a las que ya había olvidado, antes de perderse entre la gente con una prisa inusual.
El deseo de seguirla, de no dejar que escape, cobra fuerza en mi interior como una llama que prende con furia en mi pecho.
Doy un paso adelante, hasta que mi acompañante vuelve a enredar su brazo con el mío y Louis me da un golpe en el hombro.
No sé qué me está diciendo. Yo he perdido a Nora de vista, y el mal humor con el que he comenzado la noche recorre una vez más cada centímetro de mi cuerpo.
No puedo creer cómo he dejado que se me jodieran tanto los planes.
Me deshago del brazo que me retiene y me dirijo a la zona de medios, dispuesto a empezar el show. Hay varios compañeros que ya están ahí, compartiendo sus expectativas para la temporada, y hago un esfuerzo enorme por no poner los ojos en blanco.
Nunca me ha gustado este juego de cumplidos falsos, y, ahora mismo, solo hace que mi humor empeore. De hecho, me cuesta mantener el papel de estrella a pesar de mi experiencia con la prensa.
Estoy a punto de dar otra respuesta vaga al periodista que tengo enfrente cuando algo tira de mí, cortando mi entrevista.
Una mano pequeña, adornada con distintos anillos finos, rodea mi brazo.
Me vuelvo al reconocerla y encuentro a Nora, que me aleja de las cámaras después de disculparse con el reportero.
—Oye, ¿va todo bien? Estás un poco serio. Si alguien ha preguntado…
—Estás muy guapa. —La interrumpo antes de que la oportunidad vuelva a desaparecer, al igual que ella.
Me acerco y descubro el tono rosado que adquieren sus mejillas al escuchar mis palabras.
Sus pecas hoy quedan disimuladas por el maquillaje, aunque puedo intuirlas.
O quizás es que las conozco a la perfección y las veo incluso si no están ahí.
Contengo mis ganas de descubrirlas, y únicamente alcanzo a mover su pelo, que hoy tapa parte de su rostro.
—Gracias —contesta con una sonrisa tímida—. Tú también lo estás.
—¿Sí? —pregunto, interesado en su respuesta. Mi sonrisa, al contrario que la suya, es incontenible, y me doy cuenta de lo fácil que me resulta olvidarme de todo a mi alrededor cuando estoy con ella.
—Deberías mantener esa cara cuando hables con ellos.
—Nora me devuelve a la realidad en un segundo, y no consigo controlar el resoplido que escapa de mi boca.
Hablar con los medios es lo que menos me apetece en este momento, y ella se da cuenta—.
Esto es para conseguir que los fans griten tu nombre en el estadio a pesar de todos los líos.
Sé que es un rollo… —empieza a explicarme.
—Es una buena idea —le concedo. Ahora entiendo su jugada. Nos ha preparado un escaparate perfecto para ganarnos al público y a los reporteros antes de empezar la temporada. Por supuesto, yo lo estoy fastidiando.
Mi cumplido, en cambio, consigue revelar su felicidad.
—Gracias. Te prometo que la parte de dentro será más divertida —me dice esperanzada.
No recuerdo un paripé en el que me divirtiera. Sin embargo, Nora ha demostrado ser experta en sorprenderme, así que le concedo, al menos, la duda.