#19 1346
Veo cómo Nora sale disparada por la puerta arrastrando a su amiga con ella. Susan se despide con un gesto de disculpa, pero apenas le presto atención. Mi mirada se queda clavada en el recogido deshecho que desaparece a lo lejos por el pasillo.
Por una vez, me alegro de que este edificio tenga las paredes de cristal, porque me permite verla un poco más.
Pero incluso después de perderla de vista, no me muevo de la sala.
Mi cabeza sigue atrapada en el momento en que sujeté a Nora.
No sé por qué lo hice, solo que no quería que se fuera.
Al menos no tan rápido. Acababa de llegar cuando apareció su amiga, y esperaba tener más tiempo para hablar con ella.
De la fiesta, del entrenamiento, del acosador…
La verdad es que no tenía muy claro el tema de hoy, y estaba deseando ver con qué me sorprendía.
Su cara de fastidio al verme fue suficiente para hacerme olvidar el dolor de mis músculos tras el entrenamiento, y la forma en la que trata de contener la sonrisa sin conseguirlo me resulta adictiva. Siempre espero conseguirla.
Quizá por eso me he acercado cada día a llevarle más sándwiches de los que se come.
No sé cuánto tiempo he pasado allí paralizado, recordando el tacto de su piel, cuando el móvil empieza a vibrar en mi pantalón.
Número oculto:
Sala de vigilancia. 13:46.
Respiro profundamente, debatiéndome entre soltar un grito o golpear algo. Cualquier cosa que no sea moverme o hacer caso al puto mensaje.
Miro la hora. Son pasadas las dos, así que no podría llegar puntual ni queriendo. ¿Por qué me mandaría eso entonces?
Joder, el buen humor que tenía se ha esfumado de un plumazo.
Me guardo el teléfono en el bolsillo y emprendo mi camino hasta la sala de vigilancia.
Decido que, en cuanto termine con esto, bloquearé sus mensajes, como obligué a hacer a Nora.
Según me acerco al cuarto de los vigilantes, compruebo de lejos que no hay nadie.
Me acerco a la mesa de Norman, que tiene la pantalla encendida, y me fijo en el vídeo pausado que muestra.
Es la imagen de un despacho, aunque no estoy seguro de haber estado en él antes.
Para mí todos son iguales. Por lo que sé, podría ser el despacho del mismísimo presidente Radford, salvo porque él mismo me dijo orgulloso que en el suyo no había cámaras.
Miro la barra de tiempo: 13:46. A esto se refería el acosador.
Vuelvo a otear a mi alrededor y, al verme solo, respiro hondo y doy al play .
No tarda en aparecer una sombra. Se mueve alrededor de la pantalla, y mis ojos se entrecierran mientras trato de descubrir quién es y lo que hace.
La forma de moverse me resulta familiar, si bien es su tamaño lo que me hace sospechar.
¿Un monstruo de doscientos kilos y dos metros de alto?
Si no es un jugador, no tengo ni idea de quién puede ser, porque el jefe de seguridad es alto y grande, pero no tanto.
Empieza a dolerme la cabeza de forzar la vista.
No entiendo para qué ponen sistemas de seguridad si luego se ve todo fatal.
Es imposible saber quién es con esa poca nitidez.
Puedo entender que está buscando algún documento en la estantería del fondo.
Después de un rato, encuentra la carpeta que necesita y la lleva al escritorio, a la derecha de la imagen.
Empieza a pasar las páginas, buscando algo en concreto.
—¡No me jodas! —soy incapaz de contener mis palabras cuando la sombra mira a sus espaldas y deja que la cámara capte su rostro a la perfección.
Hunter. El puto Nate Hunter. Y me hago a la idea de qué es lo que está buscando en esa carpeta.
Cuando comprueba que no hay nadie cerca, vuelve a girarse hacia ella y saca el móvil para hacer unas fotos.
Después, guarda la carpeta en su sitio y sale de allí.
¿Será gilipollas? ¿Es que el imbécil no ha visto la de cámaras que hay en este sitio?
Paro el vídeo y pienso en qué hacer. Si Norman ve esto, el idiota no llega ni a la fiesta del sábado.
Lo largan en un instante del equipo. Y se lo merece, visto la que ha liado.
Sin embargo, no puedo evitar pensar en el marrón que va a ser controlar los medios con una historia así.
Ya tenemos bastante atención con el soplo de mi contrato como para desvelar que ha sido otro jugador el que lo ha aireado todo.
Me imagino los titulares, y la de mierda que le va a caer a Nora.
Ese pensamiento me basta para saber mi siguiente paso.
Conecto mi teléfono al ordenador y me descargo el vídeo.
No voy a ocultar lo que ha hecho, pero no puede salir ahora a la luz. Nora apenas se mantiene en pie con lo que le obligo a comer.
Cuando termina de copiarse, lo borro del ordenador. No sé qué coño estoy haciendo. Por esto mismo debería haber bloqueado el número y haberme ido a comer.
Echo la cabeza hacia atrás, regodeándome en el embrollo en el que acabo de meterme.
Por supuesto, todo lo que he hecho queda registrado en las cámaras que hay aquí, por lo que tengo que solucionar el problema antes de que me descubran.
Mi móvil vibra de nuevo, y me planteo durante un momento si encender la pantalla o no. Finalmente lo hago, con mi condición autoimpuesta de que debo hacer caso omiso al mensaje que me mande el acosador.
Número oculto:
¿Más problemas?
Me quedo contemplando la frase, releyéndola una y otra vez. Joder, puto pirado. Con cada lectura me cabreo un poco más.
Borro todo rastro de lo que he estado haciendo allí y desaparezco rápidamente. No necesito otro escándalo a mi alrededor.