Solo una fan #18 Para eso estamos las amigas
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#18 Para eso estamos las amigas

PARA ESO ESTAMOS LAS AMIGAS

Alzo la vista del ordenador para darme cuenta de que, una vez más, me he quedado sola en el departamento. Ha sido una semana de mucho trabajo, pero, al final, la fiesta ha quedado bien organizada.

Sé que ha llegado la hora de comer cuando Tyler aparece por la puerta. Lleva haciéndolo desde hace unos días, siempre a la misma hora, con tres sándwiches en sus manos. Puede que me haya fijado más de lo que debería en ellas, y vuelvo a hacerlo cuando se acerca a mí.

—Buenas, jefa —me saluda de buen ánimo.

Yo gruño sacudiendo levemente la cabeza y me apoyo sobre mis codos. En realidad, agradezco que sea tan pesado, pues me da la oportunidad de descansar y desconectar antes de volver al trabajo con energías renovadas.

Sé que mi aparente mal humor lo divierte, así que no me corto en mostrárselo tanto como puedo. Él se ríe antes de dejar la comida en la mesa. Por supuesto, le interesa poco que pueda tener algo importante en ella. Deja todo sobre mis papeles o el teclado, sin ningún cuidado.

—¿Por qué traes tantos? —Estudio el banquete frente a mí. Siempre hay uno de jamón y queso, que es el que me como, y otros dos de sabores que van cambiando. Vuelvo a observarlo a él con la cabeza ladeada—. Sabes que solo me como uno, y porque me obligas.

Él se sienta en mi mesa, y yo hago un esfuerzo sobrehumano por no mirarle el culo cuando lo planta delante de mí.

—Si quiero que prepares una buena fiesta, te necesito en forma —me explica satisfecho.

Estoy a punto de contestarle la primera bordería que se me ocurre cuando aparece mi amiga Susan por la puerta. Después de tantas visitas en los últimos años, ella misma consiguió que Norman le hiciera un pase al Complejo, y así me evita el ir hasta la entrada a recogerla.

Me había olvidado de que hoy habíamos quedado. Por suerte, el plan era encontrarnos aquí. De otro modo, no habría aparecido en nuestra cita. Las dos lo sabemos.

—¡Eh, Susan! —la saluda Tyler.

Mi amiga alucina visiblemente, y no sé si es por verlo sentado tan cómodo sobre mi mesa, o porque se haya dirigido a ella como si fueran amigos de toda la vida.

Ella se queda congelada en su sitio durante un segundo. Sus ojos se han abierto desorbitados, y tarda un poco en reanudar el paso. Por el gesto de su cara, me imagino las ganas que tiene de gritar.

—Hola —dice despacio, como si tuviera que controlar cada palabra saliendo de su boca—, Tyler Kelscot.

Él debe haber visto reacciones similares más de una vez, pues solo se ríe suavemente.

—Puedes llamarme Tyler —le ofrece, y sé que a mi amiga le falta poco para empezar a babear.

Me levanto de mi silla, preparada para ayudarla a comportarse como una adulta normal y funcional.

—Tú puedes llamarme Susan, o como quieras. —Se queda parada frente a él—. Llámame —le ofrece más tarde, obviando completamente el hecho de que tiene marido. Posiblemente olvidándolo.

—¿En serio? —digo bien alto. Me giro hacia Tyler, que sigue riéndose—. ¿Puedes dejar de encantar a mi amiga? Gracias —le pido mientras la muevo a mi lado para que reaccione.

—¡No estoy haciendo nada! —se defiende el jugador.

—Ya. —Señalo su cara haciendo círculos alrededor de ella. Una cara sonriente y de buen humor que está haciendo de las suyas con Susan. Lo sé porque casi lo consigue conmigo—. Córtate un poco, ¿vale?

Él se ríe una vez más, aunque detiene su carcajada al verme levantar una de mis cejas. Luego, se cruza de brazos y se gira hacia mi amiga.

—¿Vienes a que te explote? —le pregunta. Ella, un poco más centrada, es capaz de contestar con normalidad.

—Para eso estamos las amigas —dice, y consigue que me revuelva rápidamente.

—¡Yo no te exploto!

—Es broma. —Levanta las manos como si se rindiera—. Vengo a sacarla de aquí. Ya sabes, adicta al trabajo —concluye, y no sé si esa opción me deja mucho mejor.

—Bueno, aquí tienes al culpable. —Señalo a Tyler, que no oculta lo bien que se lo está pasando, y mis ojos bailan por un segundo sobre sus brazos, aún cruzados. Me giro entonces hacia Susan, porque me preocupa lo que mi mente empieza a imaginar—. Si quieres decirle algo…

—¡Claro! —accede ella animada—. ¿Ya tienes acompañante para la fiesta?

—¡Susan! —le llamo la atención y, por la mirada que me echa, sé que solo acaba de empezar.

La única forma de acabar con esto es sacarla de aquí cuanto antes, así que regreso a mi mesa para recoger todo tan rápido como puedo.

—¿Qué? Es solo curiosidad sana…

—Pues ya ha confirmado un más uno —le informo obviando la sonrisa tonta que tiene mi amiga en la cara. Empiezo a temer por mi seguridad.

—Oh —dice ante esta nueva información, dejando claro lo que pretendía averiguar. Me apuro en seguir recogiendo.

—Mi amigo Louis —explica Tyler, y sin darme cuenta, dejo de moverme durante un segundo. Cuando noto que se gira hacia mí, continúo con mi tarea. No esperaba escuchar esa respuesta. Por lo que sé, su amigo Louis no es una rubia de metro ochenta.

—Louis —repite Susan alargando cada letra—. Amigo. Amigo chico —dice, a la espera de una confirmación que llega junto a la risa de Tyler.

—Sí, solo un amigo.

—¿No vas con una chica? Con tu novia o algo así. —Sigue presionando, y a mí me va a dar un ataque.

—Ay, por Dios —murmuro apagando el ordenador bruscamente.

—No, ninguna chica.

—¿Y eso?

—¡Susan! ¿Quieres dejarlo en paz?

—¡Vale! —exclama ella, mostrándome de nuevo las palmas en señal de una rendición que sé que no piensa llevar a cabo—. Bueno, quizá encuentres alguna en la fiesta. ¿Sabes? Nora tampoco va acompañada.

Nada más escucharla se me cae el móvil, que iba a guardar en el bolso, y este tira mi taza de bolígrafos, montando un buen escándalo.

Me apresuro a colocar todo en su sitio, esperando que al menos este destrozo pueda desviar la atención de mis mejillas sonrosadas.

Pero no detiene mi corazón, que se ha puesto a correr dentro de mí, o el calor que abrasa mi cuello.

—Ni siquiera me lleva a mí. ¿No es raro? Soy su mejor amiga.

En cuanto termino de ordenar el desastre de mi mesa, me lanzo hacia ella.

—Sabes que yo iré a trabajar, no a estar de fiesta —me excuso. En realidad, me encantaría compartir un evento así con ella, pero voy a estar a mil cosas y prefiero no tener que estar pendiente también de ella, por mal que suene.

—Bueno, seguro que un rato sacas para bailar. Si alguien te saca… —Me mira abriendo los ojos mientras alza sus cejas levemente, continuando con la campaña de promoción que no quiero tener.

—¡Bueno, vale! ¡Nos vamos! —anuncio desesperada empujándola hacia la puerta. Sin embargo, algo me retiene tirando de mí.

Cuando miro hacia abajo, encuentro el brazo de Tyler alrededor de mi cintura. En un instante, mi corazón se vuelve completamente loco, saltando bruscamente contra mi pecho.

—Espera, espera… —me dice con su voz grave, poniendo en alerta todo mi cuerpo. Lo siento junto a mí, alto y fuerte como un muro a mis espaldas. Me giro hacia él con su brazo todavía rodeándome—. No intentes escaquearte. Aún tienes que comer.

—¿En serio? —digo cuando estoy segura de que mi voz no se va a quebrar.

—En serio, jefa —me responde con una medio sonrisa que no puedo dejar de mirar. Estoy demasiado cerca de él, y no hago nada por alejarme. Él lo hace tras estudiarme durante un momento, o puede que al comprobar que estoy tan tonta como lo estaba Susan al llegar al departamento.

Levanta su mano entre nosotros y coloca uno de los sándwiches frente a mí.

Se lo quito y empiezo a comerlo sin demora. Ahora mismo haría cualquier cosa con tal de salir de aquí.

Termino en menos de un minuto y lo miro con cara de odio, pese a que sigo muy nerviosa. No se ha separado de mí ni un milímetro.

Al menos, he conseguido no atragantarme, aunque casi me ocurre en más de una ocasión. ¿Por qué tiene que oler tan bien? ¿Y por qué no deja de mirarme, como si le gustara lo que ve?

—¿Contento? —le pregunto devolviéndole el plástico vacío de mi comida.

Él lo toma con una mano, y la otra abandona mi cintura. Sus ojos han descendido por mi rostro hasta mi boca, y no dice nada cuando coloca la mano bajo mi mentón y mueve el pulgar por mi labio inferior, quitando alguna miga que se había quedado ahí.

—Bastante —me dice volviendo a atraparme con sus ojos verdes. Ya no sé ni a lo que me está contestando.

Estoy segura de que he dejado de respirar mientras su dedo acariciaba mi piel. O puede que el mareo que sienta sea de los puros nervios que se deslizan por mi cuerpo, envolviéndolo en un cosquilleo incesante.

Antes de poder evitarlo, veo mis manos subiendo por su cuello, lentamente.

Rodeándolo y empujando su rostro hasta que mis labios encuentran los suyos, presionándolos con suavidad.

Debería apartarme. Debería hacerlo él. En cambio, rodea mi cintura y me empuja hacia sí, transformando el beso en uno más ansioso y apasionado.

Y yo dejo que saboree mi boca, porque tengo las mismas ganas de perderme en la suya.

Nos dejamos llevar en un baile donde tira uno y luego el otro, buscando conseguir más de este beso.

Y entonces, vuelvo a la realidad, donde Tyler permanece frente a mí mirándome, no besándome.

Me alejo de él de un salto, preocupada por lo que acaba de ocurrir en mi mente y me esfuerzo especialmente en no mirar su cuello, por miedo a encontrar mis dedos recorriéndolo.

—Bueno, nos vamos —digo con voz aguda, alejándome y tirando de Susan, a la que había olvidado por completo hace unos segundos.

Y eso no es lo más grave que he hecho. ¡Ay, por Dios! Acabo de imaginarme besando a Tyler Kelscot justo delante de él.

Cruzamos con rapidez las puertas de cristal del departamento, y juraría que Tyler no se ha despedido. De haberlo hecho, estoy tan perdida en mis nervios que no me habría enterado.

Tampoco sé si Susan está hablando detrás de mí.