Solo una fan #17 Como siempre #2
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#17 Como siempre #2

—Nada —dice encogiéndose de hombros y secándose las manos. Luego, se apoya en la encimera de la isla, frente a mí—. Solo quería saber si también tengo que buscar ropa para una acompañante, como siempre .

Me quedo en silencio.

—En caso de que vayas a llevar una, claro.

—No lo he pensado aún —le digo. Apenas me he preocupado por el tema de la fiesta desde que lo han anunciado. He estado más interesado en saber que todo se había arreglado, que no había más marrones que tuvieran que arreglar en los Stallions, y que Nora no encontrara más motivos para odiarme.

No he hablado con ella desde que salió del estudio de rodaje, y creo que la cosa no acabó bien.

Justo antes de irse me miró de forma distinta, como si algo le perturbara.

Quiero pensar que sería la cantidad de trabajo que se le venía encima.

La extraña sensación que tuve en el estómago, por el contrario, me indica que ese no era el motivo.

—Ya, nunca sueles pensarlo mucho. —Maly me saca de mis reflexiones—. ¿Ahora sí?

Sonrío, porque sé a dónde quiere llegar.

—Maly… —la aviso, sin decir nada más.

Ella se gira y se encoge de hombros una vez más. Luego, empieza a servir la cena en distintos platos, para todos.

—Es cuestión de logística —me dice.

No soy capaz de impedir la carcajada que me nace del pecho. Ya me imagino la logística a la que se refiere. Ahogo mi risa bebiendo un poco más de agua.

—Avísame si al final hablas con Louis para traerte alguna chica —me dice sosteniendo dos platos y dirigiéndose al salón—. Y recuerda pedirle la talla.

—¡Lo haré! —le grito para que me oiga, pues no ha esperado a escuchar mi respuesta.

Pero ni yo me creo eso. No sé por qué, la idea de llevar a una desconocida a la fiesta de los Stallions ha dejado de tener interés para mí. Maly me conoce demasiado bien.

Tres días después, sigo sin ver a Nora. Ni siquiera se ha pasado a comprobar si he venido con el ojo maquillado, cosa que sí he hecho.

Aunque debí prestar más atención mientras me lo hizo ella, porque la primera vez monté un buen lío.

Maly no me ha dejado acercarme a los productos desde entonces y se ha encargado ella de ocultar mi golpe cada mañana.

Obviamente es menos interesante cuando lo hace mi asistenta, pero no quiero meter a los Stallions en más líos. A pesar de que la culpa de todo haya sido del imbécil de Hunter.

Lo malo de que compartamos posición en el campo es que compartimos también entrenamientos. Lo bueno, es que no tengo que jugar con él. Sería un problema, porque este deporte se basa en la confianza, y no tengo ninguna en él.

Tras la regañina de Matthew y las dos mil dominadas con las que nos castigó el entrenador Taylor el día siguiente, ambos tenemos claro que nuestra mejor opción es ignorarnos todo lo posible.

De momento, está funcionando.

Me dirijo a la cafetería pensando en ello. Me he estado pasando los últimos días, a distintas horas, y hoy por fin encuentro lo que buscaba.

Nora está sentada en una de las mesas, con la jarra de café a su lado.

Permanece concentrada en la carpeta que tiene frente a ella, y sonrío al descubrir que hay demasiados pelos fuera de su recogido.

Sé que eso significa que ha tenido un buen día, por extraño que parezca.

En lo referente a ella, todo me resulta insólito.

Me hago con uno de los vasos de papel que hay al lado de la fuente de agua y me acerco hasta su mesa.

Tarda unos segundos en darse cuenta de que no está sola y, entonces, alza la vista hasta mí. La veo ruborizarse y me pregunto por qué. Aún no he dicho nada para molestarla.

—Ya pensaba que no tenías permitidos los descansos —le digo fingiendo indiferencia y sirviéndome un poco de café.

Solo después de seguir con la mirada cada uno de mis movimientos, y luego el vaso hasta mis labios, recuerda que debe responder.

—No los tengo. Pero si no me bebo un café ahora mismo, voy a desmayarme.

Me dedica una sonrisa ladeada que apenas deja ver el hoyuelo de su mejilla, y entonces me percato del color oscuro bajo sus ojos.

—¿Estás comiendo?

—¿Qué? —pregunta confundida.

La agarro del brazo, que puedo rodear con mi mano, y lo muevo delante de ella.

—Te estás quedando demasiado delgada, jefa.

Ella se escapa de mis dedos con un movimiento.

—Tus cumplidos son realmente halagadores —dice entrecerrando los ojos.

Yo me agacho frente a ella, apoyando mis codos en la mesa y acercándome a su cara, desde donde puedo ver aún más claro el tono azulado de sus ojeras.

—Hablo en serio. —Me esfuerzo por mostrarle mi semblante más rígido mientras aprieto la mandíbula al oler el perfume de flores que se cuela por mi nariz.

Ella toma aire profundamente y veo cómo hace un esfuerzo por controlar su humor.

—Sí, como —me confirma finalmente.

Es Chris, que se sienta en este momento junto a ella, quien la delata.

—Cuando no se le olvida —apunta con una sonrisilla.

Nora se gira hacia él, lanzándole una mirada furibunda.

—¡Gracias, Chris!

Yo ya me he alejado de la mesa y me dirijo a la máquina expendedora más cercana. Echo unas monedas y escojo varios sándwiches que caen a la bandeja.

—Tyler, ¿qué haces? —pregunta Nora cuando todavía espero a que caiga el último.

—Creo que es obvio.

Me hago con mi recién adquirido botín y vuelvo a la mesa, sobre la que dejo toda la comida. Ella, en lugar de tomar uno, se cruza de brazos.

—No tengo tiempo para esto —dice, y me pregunto si está intentando ponerme de mal humor, porque no pienso dejar que se vaya sin comer nada.

—Claro que sí —respondo.

—Tyler, te estoy diciendo que no —sigue discutiendo conmigo, por lo que apoyo uno de mis brazos en la mesa y empujo un sándwich en su dirección. La miro, dedicándole mi mejor sonrisa. Por un momento, se muestra confusa.

—O te comes esto —digo lentamente—, o suelto una rajada en internet que me meta en un buen lío.

—¿Siempre vas amenazando a la gente? No es muy buen hábito.

Aprieta los labios en una línea fina, aunque me parece ver una de sus comisuras alzándose levemente.

—Solo a ti —le confirmo de buen humor, y le guiño un ojo. Estoy a punto de ganar.

Finalmente, respira hondo y selecciona uno. Por supuesto, no el que le he acercado. Sería demasiado para su orgullo.

Echo un vistazo a Chris, que permanece concentrado en su bolsa de patatas, incapaz de ocultar su diversión.

Cuando vuelvo a mirar a Nora, ya ha engullido medio sándwich, y termina de comérselo más rápido de lo que esperaba. Tiene los carrillos llenos mientras mastica y sigue mirándome molesta.

—No ha sido tan difícil —le digo satisfecho.

—¿No tienes asuntos propios de los que ocuparte? —me pregunta seca cuando termina de tragar el último trozo.

—Sí, pero me divierte más fastidiarte.

—Ah, claro. Había olvidado tu pasatiempo favorito.

Después, me mira alzando sus cejas, esperando conocer el motivo por el que me he acercado en primer lugar, pero lo cierto es que no lo recuerdo. Creo que no había ninguno.

Luego, veo cómo se fija en mi ojo, y me paso la mano por el pelo. Prefiero evitar ese tema.

—¿Cómo va la fiesta? —pregunto, dirigiendo la conversación hacia un tema que sí me interesa.

—Bien.

Creo que no sabe si sonreír o esperar mi siguiente comentario sarcástico, pero hay algo que me interesa más que hacerla rabiar.

—¿Iréis? ¿O es solo para jugadores? —pregunto en plural, metiendo a Chris en la ecuación, que, al instante, alza la cabeza de sus patatas. Lo cierto es que únicamente quiero saber si ella irá. No fue a los Sideline cuando esperaba que lo hiciera, así que no sé qué será esta vez.

—Es para todo el que forma parte de los Stallions —me informa—. Y yo soy quien la organiza. Así que lo siento, tendré que estar allí.

Sonrío ante su respuesta y no me molesto en disimularlo.

—Bueno, intentaré divertirme de todas formas —sigo el tono de su falsa disculpa. Luego, doy dos golpecitos en la mesa y me levanto—. Ah, te llevaré un sándwich.

—No es necesario.

—Me tomo muy en serio el molestarte, jefa. —Dejo escapar una pequeña risa mientras me alejo hacia la puerta de la cafetería.

—¡Tyler! —escucho a Nora llamarme, seguramente dispuesta a regañarme. Yo me giro cuando estoy al lado de la puerta para dedicarle mi saludo antes de salir de allí, llevando la mano a mi frente con un semblante victorioso.

Me encantaría quedarme a discutir con ella, pero si voy a fastidiarle el día, prefiero que sea en pequeñas dosis. Del mismo modo que ella mejora el mío con cada mirada de enfado.