#16 No te hagas ilusiones #3
—No estoy para tus jueguecitos, Tyler. ¿Has pensado que puede haber sido cosa del acosador? ¿Que esté consiguiendo lo que se propone? Ha puesto a todo el equipo en tu contra, y a media afición.
—Sí, lo he pensado —me reconoce después de un momento.
—¡Pues no le permitas ganar! —respondo molesta. Noto cómo me voy cabreando, y no tiene tanto que ver con Tyler, como con que todo se haya ido al traste. El jugador que tengo frente a mí simplemente ha caído en la trampa. Y eso es porque ninguno de los dos ha sabido parar al maldito acosador.
Dejo de aplicar más maquillaje alrededor de su ojo, y pienso que debería haber esperado a Jenna. No tengo ni idea de lo que estoy haciendo.
Le miro el golpe, intentando descubrir si estoy arreglándolo, o, por el contrario, estropeándolo más.
—Te ha dejado el ojo fatal —digo finalmente.
Lejos de molestarlo, mi comentario parece divertirlo.
—Deberías verlo a él.
—Lo he visto —le aseguro, extendiendo algunos pegotes—. Solo lo empujaste. Me pregunto si de verdad querías hacerle daño. —Aprieto un poco más de la cuenta mis dedos contra su piel y él levanta su mano hasta agarrar mi muñeca en un acto reflejo, haciendo que me detenga.
—No me duele, tranquila —dice. Su voz se ha convertido en un susurro mientras sus dedos se deslizan por mi antebrazo.
Sus ojos se mantienen fijos en mí, y de pronto siento que estamos demasiado cerca.
Tanto como para percibir su olor y no querer que me abandone.
Hago un esfuerzo por centrarme y olvidar el ritmo frenético de mi corazón.
—No me importa si te duele o no —soy capaz de decir, aunque el tono duro no me ha salido muy creíble—. Necesito que te lo tapes y que no se sepa nada de esto.
Entonces suelta mi brazo, dejando una sensación de vacío sobre mi piel. Por un segundo, me pregunto si, de haberle dado otra respuesta, aún me sostendría.
—Sí, jefa.
Sigo trabajando hasta que creo haber conseguido disimular todo bien. A Jenna le habría salido mejor. Yo, en cambio, no tengo más tiempo. Todavía debo pensar en el plan de comunicación para el tema de la filtración y la pelea interna.
Cuando termino, me echo hacia atrás, para ver mi obra completa. Tyler se levanta y se pasa la mano por la cabeza, como si se desperezara. Me doy cuenta entonces de que hemos permanecido callados todo este tiempo.
—¿Te duele? —pregunto, incapaz de contenerme. El maquillaje no puede hacerle más daño en realidad, pero me siento tan torpe que no se me ocurre qué otra cosa decir.
Sé que es la pregunta equivocada cuando Tyler se estira frente a mí y cruza sus grandes brazos sobre su pecho. Me esfuerzo más que nunca en no mirarlos mientras una sonrisa se dibuja en su rostro.
—Pensaba que no te importaba —me dice, dando un paso hacia delante.
—Es por… —Me he quedado en blanco y no se me ocurre ninguna excusa. Posiblemente se debe a su aroma, que se lanza de nuevo contra mí haciéndome ver lo cerca que volvemos a estar.
Me muevo contra la encimera y, aun así, no consigo poner espacio entre los dos.
—¿El comunicado? —termina mi frase, porque he perdido el hilo de la conversación.
En cuanto asumo que no voy a conseguir decir nada coherente, me aclaro la garganta y me muevo para alejarme. Entonces, su mano se alza frente a mí, deteniendo mi movimiento.
Me quedo tan quieta como puedo, intentando acallar mi respiración desbocada. Separo mis labios para que el aire llegue de forma más silenciosa, y mis nervios enloquecen en mi interior cuando los ojos de Tyler descienden hasta ellos.
Luego, continúan bajando hasta mi cuello, donde su mano busca el nudo de mi pañuelo, que deshace sin esfuerzo.
Sé que es la seda lo que acaricia mi piel mientras lo retira, pero se mueve tan lento, y estamos tan quietos, que mi mente imagina que son sus dedos.
—¿Cómo estás tú? —me pregunta. Su voz suena ronca y grave. Me recuerda a la mañana que compartimos en su terraza secreta, donde escuché ese tono por primera vez. Donde sentí el mismo escalofrío que ahora recorre mi espalda.
Alza su mirada, que permanecía concentrada en mi cuello, y sus ojos verdes me atrapan. Encuentro destellos marrones en ellos, y me pregunto por qué no los había visto antes.
—Tampoco me duele —digo casi en un suspiro.
Levanta su mano libre, la que no sostiene el pañuelo, y me sujeta por la barbilla, haciéndome girar levemente la cabeza para poder comprobar el estado de mi herida. Mi corazón ha dejado de funcionar, y mi cabeza, también.
Apoyo mi mano en su brazo y, cuando mi piel toca la suya, un hormigueo se desplaza veloz a través de todo mi cuerpo. Justo en ese momento, los ojos de Tyler se olvidan de mi herida para volver a mí.
Sus dedos liberan mi barbilla y se mueven por mi cuello. Esta vez no es el pañuelo.
Y de pronto, su tacto me abandona. Un segundo después, la tela vuelve a cubrir mi cuello. Aún estoy pestañeando, tratando de entender qué ha pasado, cuando la puerta de la sala se abre de un portazo.
—Ya he puesto a los abogados a trabajar en una demanda—anuncia Riley entrando furioso sin ni siquiera saludar.
Mi cara de pánico aparece en el instante en que veo al agente dirigirse hacia nosotros.
—¡¿Qué?! ¡Riley, no por favor! —suplico.
Me mira por primera vez desde que ha entrado en la sala, como si acabara de descubrir que estoy delante de él.
—¿De qué coño hablas? ¿Tú has visto lo que le ha hecho? —Señala a Tyler, y me pregunto si habrá salido alguna foto de la pelea entre los dos, porque, ahora mismo, el moratón está bajo varias capas de maquillaje.
—Sí lo he visto, pero…
—¿Y pretendes que lo pase por alto? —Riley me interrumpe subiendo el volumen de sus palabras.
—No, claro que…
—¡Pues no me toques los cojones! —me grita su alegato final, y desisto en mi intento de apaciguarlo—. ¡Nos vamos! —Se dirige a Tyler.
Sin embargo, él no se mueve de su sitio. Después de que Riley entrase como un obús en la sala, se quedó apoyado en la encimera donde un segundo antes había estado yo. Cuando lo miro, vuelve a cruzar sus brazos, y su gesto es imperturbable.
—No —es todo lo que dice.
Pilla de sorpresa tanto a Riley como a mí.
—¿Qué? —pregunta su agente, aunque bien podría haber sido yo.
—Voy a seguir el plan de Nora. —Hace un gesto hacia mí con la cabeza sin quitarle la vista de encima a Riley. Este, en cambio, mira a su alrededor, como si estuviera buscando alguna cámara oculta. Luego, se pasa la mano por la cara mientras respira hondo.
—¿Qué coño estás diciendo? ¿Ese golpe te ha dejado gilipollas? —pregunta sorprendido.
—Tenemos que dar imagen de equipo, para los seguidores —Me dirige una mirada que dura menos de un segundo, y al mismo tiempo es lo suficientemente larga como para que su agente concentre todo su enfado en mí.
—Imagen… —repite incrédulo—. ¿De eso le has llenado la cabeza?
—Es la única frase que me ofrece antes de volver a actuar como si yo no estuviera delante—.
No me jodas, Ty. Tú vienes aquí a jugar y hacer touchdowns .
No a que te partan la cara. Y ese cabrón se va a tirar suspendido toda la temporada.
—He dicho que no —responde Tyler serio. Creo que nunca lo he visto así, salvo, quizás, en el Casino, mientras hablaba con Draven.
Al ver que con Tyler no consigue nada, Riley se vuelve hacia mí.
—¿Qué coño te crees que estás haciendo, lavándole así el cerebro? ¿A eso te dedicas?
—Los fans deben ver un grupo unido.
—¡Pues llévalos a una puta fiesta a emborracharse juntos! Pero si le parten la cara a mi cliente, el cabrón no se va de rositas. ¡Me da igual que sea de tu equipo!
A pesar de que Riley ha terminado dándome voces, he conseguido mantenerme en mi sitio. No es el primer hombre que me echa la bronca en el trabajo, y le queda mucho para llegar a asustarme como Matthew.
—¡Riley, cállate! ¡No es cosa suya! —Tyler sale en mi ayuda—. Lo decido yo. No voy a denunciarlo y a hacer que lo echen. No resuelvo así las cosas —dice.
—¿Y cómo lo resuelves? ¿A puñetazos?
Tyler se toma un momento para responder. No sé si intenta que su agente se relaje, o no perder él mismo los nervios.
—Vete ya, ¿quieres? —dice finalmente—. Y detén todo eso de la denuncia.
Riley se queda mirándonos, primero a Tyler y luego a mí, y me percato del cabreo recorriendo su cuerpo. He aprendido a notar las señales después de tanto tiempo trabajando con Matthew, aunque no sabría describirlas. Es algo que simplemente noto.
—¡No sé para qué coño vengo!
Acto seguido se da la vuelta y echa a andar en dirección a la puerta.
—¡Me alegro de verte, Riley! —grita Tyler a sus espaldas.
—¡Que te jodan! —le responde él dando una voz y sacudiendo su brazo en alto.
Tyler se gira hacia mí y me sonríe.
—En el fondo me quiere —intenta asegurarme, sin convencerme.
No sé qué contestar, así que no digo nada y me acerco a la encimera para guardar todos los productos que hemos usado.
Él no se ha movido de su sitio, por lo que nos encontramos muy cerca.
Aun así, mi cabeza consigue escapar de su presencia, porque hay un tema que no ha hablado con su agente y no termina de cuadrarme.
Cierro el neceser y todavía tardo un poco en volverme hacia él, descubriendo que ha estado siguiendo mis movimientos en silencio.
—¿Lo sabías? ¿Sabías lo de tu contrato? —concreto mi pregunta, y me da que no le apetece hablar del tema. Por eso mismo me mantengo a la espera. Quiero que responda.
—Bueno, lo he firmado, ¿no?
—Eso no responde a mi pregunta —le digo, aunque en parte sí lo hace. No lo sabía. No sé por qué, pero estoy segura de eso. Y él me lo confirma después de que su sonrisa se expanda en su cara.
—No, no lo sabía.
—¿Y por qué actúas como un arrogante? Como si hubieras pedido todo eso en tu contrato.
La cara de Tyler cambia, y en un instante parece aburrido.
—Es lo que todo el mundo espera. Soy la estrellita del equipo. Todos creen conocerme sin tener ni puta idea de mí, y lo prefiero así.
De pronto, me siento mal por haberlo llamado así hace unas semanas. Hunter también ha usado esa palabra mientras discutían hace un rato. Y, sin embargo, creo que ninguno podríamos estar más equivocados. Tyler ni siquiera sabía que tenía esas condiciones especiales a su favor.
Me pregunto entonces qué es lo que le ha hecho venir a los Stallions, o haber tardado cuatro años en aceptar las negociaciones, si ni él mismo sabía en qué consistían.
—¿Por qué no les dejas descubrirlo? Si de verdad no sabías nada…
—No —me corta de manera tajante—. Cuanto menos te conocen, más fácil es.
—¿Fácil? ¿El qué? —Me encuentro perdida en la conversación.
—Protegerte. —Se encoge de hombros y no explica nada más.
—Bueno, yo sé la verdad. ¿Temes que te ataque o algo así? —pregunto. Lo que me dice no tiene nada que ver con el Tyler que conozco y, en cambio, explica muchas cosas, aunque no soy capaz de entenderlo al completo ahora mismo.
Su risa leve corta el hilo de mis pensamientos.
—No te hagas ilusiones, jefa. Que sepas esto no significa que me conozcas.
Doy un paso atrás, casi instintivamente. He sentido en mi pecho el golpe que sus palabras me han propinado sin previo aviso.
«Ilusiones».
—Claro… —digo vagamente, mientras me castigo en mi cabeza, porque eso es exactamente lo que llevo días haciendo. Crear ilusiones de una mentira; mi especialidad.
Que mi relación con Tyler haya mejorado no significa nada, salvo que seguimos obligados a trabajar juntos. No hay nada más. No me trata de manera especial. Si se ha interesado por mí en algún momento ha sido por simple culpabilidad.
—Tengo que volver. Te mandaré un mensaje cuando esté todo preparado —digo alejándome.
Por un momento no dice nada, pero finalmente me llama cuando estoy a medio camino hacia la puerta.
—Nora…
—¿Sí? —me giro a mi pesar. Lo miro por un segundo mientras trato de sonreír, de mostrarme profesional. Creo ver preocupación en su rostro. Una preocupación que sé que no existe. «Nada ha cambiado», me fuerzo a pensar.
Mi corazón da un salto extra en mi pecho, como si quisiera recordarme que está herido, que necesita que salga de la habitación.
Tyler aún no ha dicho nada y yo no dejo que lo haga.
—Luego te veo.
Me dirijo hacia la puerta, y esta vez no me llama, ni yo vuelvo a girarme.
Debo concentrarme en mi trabajo, en solucionar las dos crisis que me han caído de la nada en una mañana. Más tarde podré centrarme en llevar a cabo la idea que Riley me ha dado.