#16 No te hagas ilusiones #2
Tyler se vuelve por el impacto y se agacha por un momento, como si le costara entender qué es lo que ha ocurrido.
Un segundo después, sacude la cabeza y se lanza contra Hunter, hincándole el hombro a la altura de la cintura y haciéndole un placaje que lo levanta por los aires y lo empuja varios metros atrás.
Unos cuantos jugadores se han lanzado a sujetar al veterano, que empieza a levantarse del suelo vociferando distintos improperios.
Yo me encuentro reteniendo a Tyler por los brazos, y ni siquiera sé cómo he llegado a colocarme delante de él. Lo empujo sin conseguir nada. Él continúa concentrado en su oponente.
—¡Tyler! —lo llamo, y sigo empujando sus brazos con toda mi fuerza, que, al lado de su cuerpo, resulta nula. Pongo mi mano sobre su mejilla—. ¡Mírame! —le pido. Necesito que se concentre en algo que no sean las ganas de matar a Hunter. Tengo que frenar esto antes de que Matthew aparezca.
Finalmente, y sin saber cómo, consigo mover la cabeza de Tyler, que deja de mirar al otro jugador y dirige hacia mí todo su odio. Sus cejas están separadas únicamente por una línea demasiado profunda.
Un momento después, su pecho se hincha, y suelta todo el aire por la nariz, demasiado furioso para decir nada.
Detrás de mí continúan los gritos de Hunter, hasta que de pronto se calla y yo cierro los ojos, porque solo hay una persona por la que todo se calmaría tan abruptamente.
—¡Todo el mundo fuera! —escucho a Matthew gritar a mis espaldas.
Noto el movimiento a mi alrededor antes de abrir los ojos. Cuando los abro, Tyler continúa observándome, todavía cabreado. Al menos no lo está tanto como hace un momento. Quizás hasta sea capaz de tener una conversación civilizada con Matthew y Hunter, si se esfuerza.
Aparto mis manos de sus brazos, que seguían sujetándolo. No sé qué decirle que no sepa ya. Y, de todos modos, dudo que me hiciera caso si le digo que es mejor permanecer callado cuando mi jefe te echa la bronca. Así que mantengo mi boca cerrada y me doy la vuelta para marcharme con el resto.
—¡Tú te quedas, Nora! —me dice Matthew con un tono demasiado duro. Ni siquiera me ha mirado cuando me daba la orden.
Tyler se mueve en su sitio y le aviso con la mirada de que es mejor no responder. Que no haya tenido nada que ver con esto no significa que no deba estar aquí. Seré yo quien tenga que solucionar este lío, al fin y al cabo.
Hunter espera sentado en uno de los asientos y Tyler se dirige a la otra punta de la sala. Yo me quedo junto a Matthew.
La gente a nuestro alrededor ha desaparecido, y los que pueden vernos a través de la pared de cristal tratan de disimular mientras echan alguna ojeada a nuestra sala.
El proyector está aún encendido con la frase «Conoce a tu enemigo» ocupando toda la pantalla.
Puedo imaginarme cómo ha empezado la situación.
—Creo que no es necesario que nadie os diga lo grave que es esto.
Acto seguido, Hunter empieza a excusarse y Tyler se pone a discutir también. Por supuesto, es un error.
—¡Silencio! ¡Me importan una mierda vuestros motivos!
Por mi como si os queréis matar, ¡pero antes os vais de los Stallions!
—La cara de Matthew comienza a mostrar un matiz rojo, y me fijo en que la vena de su cuello aumenta de volumen—.
¡Lo que de verdad me importa es que todos los medios ya saben que os habéis pegado!
¡Y es lo último que necesita el equipo! ¡Joder!
Voy a echar un vistazo a mi móvil para corroborar que lo que dice es cierto, pero no lo llevo encima. He debido dejármelo en el baño.
—¡Y tú! —Matthew se vuelve hacia mí, señalándome con el dedo índice—.
¡Que sea la última vez que me entero de estas mierdas por los medios!
Si no sabes controlarlo dímelo y te busco un trabajo más cuqui montando galas benéficas para la Fundación.
—Da unos pasos hacia mí, y necesito de toda mi voluntad para no moverme hacia atrás—.
Creía haberte dejado claro cuáles eran tus obligaciones esta temporada.
Si no vas a poder hacerlo, alguna otra más dispuesta será capaz.
Las ganas de vomitar que había conseguido mitigar en el baño regresan directas a la boca de mi estómago.
No se está refiriendo únicamente a la filtración de esta mañana, sino a que no estoy consiguiendo que Tyler deje de meterse en líos.
Bueno, en realidad sí lo conseguí en el Casino.
Matthew no sabe nada de eso porque era mi trabajo que no llegase a enterarse.
Aprieto mis labios y asiento con la cabeza. Nada de lo que diga va a hacer que se tranquilice, así que asumo mi reprimenda en silencio.
—Señor… —Tyler empieza a hablar, y el terror se hace con mi cuerpo. Alzo la cabeza desesperada hacia él al mismo tiempo que mi jefe se gira.
« Por favor, cierra la boca. Por favor, cierra la boca» . Pienso esa frase tan alto, que me preocupa que la escuchen todos allí.
—¿Tienes algo que decir, Kelscot? —lo reta Matthew.
Mi cara ha debido de funcionar, porque ha cambiado de opinión respecto a su idea inicial.
—Necesito un poco de hielo —dice finalmente, apuntándose al ojo con el dedo.
Matthew suspira, poniendo las manos en su cintura. Al menos parece que no va a seguir gritando.
En lugar de contestar a Tyler, se gira hacia mí.
—Tapad eso. Esto no ha ocurrido. Y te quiero en media hora en mi despacho con un plan de actuación. Más te vale que sea bueno.
Vuelvo a asentir, haciendo un esfuerzo por mitigar mis nervios, sabiendo que solo ha demorado mi bronca durante media hora.
Luego me giro hacia Tyler, pidiéndole con la mirada que me siga. Entiende el mensaje rápido, porque comienza a caminar detrás de mí.
Cruzamos los pasillos bajo el escrutinio de todos. No hemos dicho ni una palabra, y no sé en qué estará pensando él. Yo no dejo de darle vueltas a todo lo que tengo que hacer en treinta minutos.
Llegamos a la zona de rodajes. Ronald está preparando la nueva colección de streetwear , separándola por jugadores y planchándola desde sus perchas.
Tenemos planeada la sesión de fotos para antes de comer, en cuanto terminen las charlas de entrenamiento, aunque la del equipo ofensivo ha terminado antes de lo esperado.
Según nos ve entrar, detiene su trabajo. Está claro que sabe lo que ha ocurrido; nuestra presencia allí, en cambio, lo deja perdido.
—Hola Ronald. ¿Jenna no ha llegado? —pregunto, comprobando por mí misma que, efectivamente, la maquilladora no está por allí.
—Faltan dos horas.
—Claro —suspiro—. ¿Sabes dónde…? —comienzo mi pregunta echando un vistazo alrededor, hasta que el estilista me corta acercándose a Tyler.
—Ay, ¡cómo tienes eso! ¿No deberíais visitar a Nate? —pregunta poniendo cara de circunstancia con el ceño y los labios fruncidos mientras se fija en el ojo de Tyler, que poco a poco ha ido tornándose más oscuro.
El estilista está en lo cierto, pero tengo suficientes problemas ahora mismo, por lo que evito centrarme en ello y prosigo con mi tarea.
—Órdenes de Matthew —digo acercándome hasta el tocador y abriendo los cajones. Solo uno de ellos está abierto, y únicamente contiene toallitas, algodones y pañuelos. Cosas que nadie querría llevarse a casa, supongo.
Ronald se aproxima por detrás de mí y deja un neceser sobre la encimera.
—Coge lo que necesites —me ofrece.
Yo suspiro. Puede que las cosas empiecen a mejorar ahora.
—Tyler —lo llamo, moviendo una silla hacia él. Empiezo a sacar productos de la bolsa y me doy cuenta de que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo. Leo el nombre de los productos y suspiro de nuevo.
Mi amigo se acerca y me los arrebata, aguantándose una pequeña risa mientras coloca unos cuantos tubos sobre la encimera, en fila.
—Primero, segundo y tercero. —Va marcándome el orden en el que debo usarlos, poniendo a su vez en mi mano las herramientas con las que aplicarlos.
Cuando termina, se aleja, regresando a su tarea entre las perchas.
Abro el bote de crema y me echo un poco en los dedos. Solo entonces me permito mirar a Tyler, y descubro que no ha levantado la vista de mí desde hace un buen rato. Me quedo por un momento paralizada, y después me fuerzo a seguir moviéndome.
—No has dicho nada —comenta antes de que alcance a tocarlo.
—¿Serviría de algo? —digo derrotada. No tengo ganas de más discusiones. Sin embargo, eso a él le da igual.
—Yo no he ido fardando —intenta explicarse mientras mis dedos recorren su párpado hinchado y bajan por su pómulo.
—Tyler, déjalo, de verdad.
—Todo lo que ha dicho ese cabrón es mentira.
—Tyler… —lo llamo para que se calle, y no me hace ni caso. Así que lo intento otra vez, más molesta. —¡Tyler!
Se queda en silencio al momento, y luego su gesto cambia. Yo sigo sin estar de humor.
—¿Vas a echarme la bronca, jefa? —pregunta divertido antes de que siga extendiéndole la crema por las zonas que ya empiezan a verse amoratadas.
Me olvido de sus magulladuras y me fijo en él.
—Debería.
—¡Estaba hablando mierdas de mí! —Vuelve a intentar sacar el tema y siento unas ganas irrefrenables de ponerle el otro ojo a juego.
—¡Ya lo sé! —le concedo. Hunter siempre me ha parecido una molestia con su comportamiento; muy difícil de tratar—. ¡Pero no puedes pelearte con tus compañeros!
Por una vez, decide no contestar y respira hondo. Así que aprovecho el momento para esparcir la crema un poco más. Por el rabillo del ojo, veo cómo Ronald deja sus cosas y sale de la sala. Es la señal de que debo recobrar la compostura.
—¿Por qué te empeñas en hacer más difícil mi trabajo? —pregunto, recuperando mi voz serena.
Abro el segundo bote que me ha preparado Ronald y vierto un poco de maquillaje sobre la esponja que me ha dado. Espero no haberme pasado con la cantidad.
Cuando me vuelvo hacia Tyler, cierra los ojos para que empiece a tapar el color oscuro de su piel.
—De lo contrario te aburrirías, jefa.
Sus labios se curvan hacia arriba.