#16 No te hagas ilusiones
NO TE HAGAS ILUSIONES
Tomo el vaso de papel de mi mesa mientras envío el enésimo mail de hoy y le doy el último trago a mi café.
Solo llevo dos horas aquí sentada y siento que he corrido una maratón.
Al menos en lo que a trabajo se refiere.
No tengo ni idea de cómo se debe sentir correr una, porque nunca he sido muy deportista, aparte de verme sin excepción cada partido de los Stallions.
Por lo que sé, es una mezcla de cansancio extremo y satisfacción.
Y me siento así por todo lo que he sacado adelante en unas horas.
Por supuesto, los correos nunca dejan de entrar, pero ninguno de ellos es demasiado problemático.
Me termino el café y me levanto para tirar el vaso a la basura, cuando comienza a sonar un teléfono.
—Es Steven, de Sports Daily —me informa Marcus, preguntándome con la mirada si debería responder a la llamada.
Antes de que pueda decir nada, otro teléfono empieza a sonar.
—Patrick, de Game On —dice Andrew, esperando también mi respuesta.
Nuevas llamadas sumen al departamento en un caos instantáneo de sonidos telefónicos. Veo a Chris asomándose por encima de su pantalla sin decir nada. Los dos tenemos claro que hay algún problema, y me preocupa no saber cuál es.
—¡No respondáis! —alerto a todos. Hasta que no sepamos qué está ocurriendo, lo mejor es no dar alas a cualquier especulación de la prensa.
Me acerco a mi mesa y busco el móvil. Es entonces cuando veo las notificaciones que me acaban de llegar.
Abro la primera de ellas, del Redmont Sports Insider . A medida que mis ojos avanzan por la página, mi corazón se precipita en mi pecho, golpeándolo con cada salto extra que da.
He empezado a murmurar, y no me percato de ello hasta que el volumen de mis «no» supera cualquier otro sonido en la habitación.
Cierro la ventana que estoy leyendo y abro la siguiente notificación. La misma noticia, las mismas imágenes. Continúo buceando entre las alertas, y todo es más de lo mismo. Una filtración capaz de reducir el equipo a cenizas.
Mis piernas están temblando, y es entonces cuando siento a Chris a mi lado, sosteniéndome por el codo.
—Nora, ¿qué pasa? —pregunta alarmado.
—¡No me jodas! —dice Andrew demasiado alto, por lo que supongo que ha descubierto a lo que nos enfrentamos. Marcus y Sean se han acercado a su puesto corriendo. Mientras tanto, Chris me lleva hasta mi silla sin que me dé cuenta.
Mi corazón palpita furioso, mis manos tiemblan apenas sujetando el móvil y mi cabeza está perdida entre todo lo que tengo que hacer, todo lo que tengo que evitar y todo lo que ya debe estar perdido.
—Mierda, Nora. ¿Qué hacemos? —pregunta Sean, inclinado sobre la pantalla de Andrew.
Alzo la mirada para encontrar a Chris junto a mí, con gesto preocupado.
—Han filtrado el contrato de Kelscot. Es preferencial. Muy preferencial —le explico.
Que haya jugadores en la NFL que tengan cláusulas especiales en sus contratos no es nuevo, aunque sí es algo que se trata de ocultar.
El sentimiento de equipo se pierde cuando alguien tiene un trato de favor sobre el resto de compañeros.
Y por eso sé que acaba de desatarse el infierno en los Stallions.
Contengo mis ganas de vomitar para levantarme de mi silla. Tengo que mantener mi agobio a raya, pensar la solución y actuar.
El problema está claro. Ahora debo decidir qué pasos vamos a dar para contener al máximo los daños. Más tarde veremos cómo recuperamos lo perdido.
—Marcus, por favor, corrobora que esto es cierto.
Llama al departamento legal —le dicto, y cambio de idea mientras hablo—.
No, ve allí directamente. No salgas de allí hasta verlo con tus propios ojos.
Andrew, empieza con el comunicado. Me lo pasas en cuanto lo tengas, por favor.
Sean, encárgate de las llamadas. Diles que publicaremos una nota de prensa en breve y que después responderemos a las preguntas que queden sin resolver.
Y recuérdales que tienen que mandarnos las preguntas por email, no por teléfono.
Nadie dice nada. Tan solo asienten cuando reciben su tarea, y se ponen enseguida a trabajar.
—Chicos —les llamo una última vez—. Es una cagada monumental, pero para eso estamos aquí.
Mantengamos la calma. Mejor despacio y bien, que rápido y mal —les pido, aunque en realidad el consejo va más para mí, que siento cómo todo se mueve a cámara rápida salvo mi cuerpo, reaccionando con extrema lentitud.
Agarro con fuerza el móvil y salgo del departamento. Necesito un momento antes de que llegue Matthew. Mierda, me va a matar.
La cabeza me va a mil por hora mientras pienso cómo contener esta situación.
A lo mejor tendría que convocar una rueda de prensa. No, hasta que lo confirme, no.
Espero que no haya nada ilegal en el contrato, porque el equipo estaría aún más en apuros. Marcus debería informarme pronto.
El teléfono comienza a vibrar en mi mano y apenas me doy cuenta de ello. Tengo el cuerpo embotado con millones de punzadas atacando cada centímetro de mi piel. Cuando enciendo la pantalla, encuentro la imagen de Susan sonriendo con un trozo enorme de pizza a punto de ser engullido.
Cancelo su llamada. Sé que lo va a entender, al igual que yo sé por qué me llama: ha visto la noticia.
No sabía a dónde me llevaban mis pasos hasta que he cerrado la puerta del baño detrás de mí.
Estaba tan concentrada en todo el caos de mi cabeza que no me he percatado de la gente mirándome a mi alrededor.
Aun así, estoy segura de que la noticia ya se debe haber extendido por todo el edificio.
Además, las paredes de cristal no dan mucho espacio a la intimidad.
Cualquier revuelo se ve venir de lejos, literalmente.
Al menos en el baño estoy segura. Cruzo una de las puertas y echo mis rodillas al suelo sin poder contenerme. Vuelvo a recogerme el pelo, sujetando con la goma todos los mechones que he ido soltando esta mañana. Me lo dejo bien tirante mientras el revoltijo de mi tripa sigue haciendo de las suyas.
Luego paso papel por el retrete, que ya parecía limpio, y me apoyo en él al tiempo que las ganas de vomitar regresan. Sin embargo, con todo el trabajo de esta mañana, se me ha olvidado desayunar, y no hay nada que pueda echar.
Permanezco así hasta que mi mente se va serenando, al igual que mi estómago.
Me apoyo sobre mis talones y respiro hondo. No soy capaz de hacerlo del todo. El aire se queda en mi garganta, y me pregunto si debería llamar a Susan. Siempre me da paz en mis peores momentos.
Tiro del pañuelo en mi cuello, que me ahoga.
Antes de que pueda decidirme, o conseguir por fin que el oxígeno pase hasta mis pulmones, la puerta del baño se abre, trayendo más malas noticias.
—...el vestuario se le va a echar encima. —Escucho el final de una frase que alguna chica está comentando.
No necesito preguntar para saber a quién se refiere. Tenía la tarea específica de controlar a Tyler Kelscot, y puede que mi relación con él haya mejorado un poco. Todo lo demás, va de mal en peor.
Por un momento dudo de si esto será también cosa del acosador. La filtración ha venido por unas fotos, y, si algo hemos sacado en claro, es que esa es su forma de actuar, a pesar de no haber recibido ningún mensaje esta vez.
Me pregunto si estaría tan mal desbloquearlo para enterarme. Entonces surge en mi cabeza la imagen de Tyler cabreado, gritándome y arrebatándome el móvil, y mis ganas de hacerlo se esfuman.
Aunque no tendría por qué enterarse. Solo un vistazo rápido…
De pronto, se abre la puerta del baño con un golpe, cortando el hilo de mis pensamientos.
—¡Kelscot y Hunter se van a pegar! —grita una voz masculina desde la puerta.
Me levanto de un salto, haciendo caso omiso a la pesadez de mi estómago o al mareo que me hace tambalear, y salgo del cubículo.
—¡¿Qué?! —grito antes de conseguir centrar la vista en el chico sujetando la puerta.
—¡Nora! —Una de las chicas se sorprende al verme, pero mi atención está puesta en el chico de la entrada.
—¿Dónde están? —pregunto, acercándome a la salida. Sé que mis piernas van a echar a correr en cuanto sepa a dónde debo dirigirlas.
—Estaban en la sala de proyección —me dice, haciéndose a un lado para dejarme pasar.
Sin despedirme, salgo disparada a través de los pasillos, olvidándome de la presión que siento en mi pecho. No pueden salir más cosas mal.
Apenas reparo en la gente con la que me cruzo.
No se suele ver a gente corriendo por los pasillos, especialmente si no mide dos metros y pesa ciento veinte kilos.
Aun así, no están centrados en mí, más que para esquivarme.
Todos tienen la vista fija en la sala a donde me dirijo.
Y me pregunto quién tendría la genial idea de diseñar este edificio de cristal.
Porque está claro que la transparencia ha brillado por su ausencia, a juzgar por la filtración de hoy.
Veo a Hunter a lo lejos y no tardo en divisar a Tyler frente a él. Las voces tardan un poco más en llegar, mientras se señalan el uno al otro.
—¡Que te jodan! ¿Cuándo he fardado yo de cobrar más que tú? —dice Tyler demasiado alto.
Consigo llegar a la sala a tiempo para escuchar la respuesta de Hunter.
Sus compañeros están a su alrededor, intentando apaciguar los ánimos sin conseguirlo, así que no sé qué puedo hacer yo realmente.
Los llamo a los dos, pero mi voz queda escondida entre las voces de Hunter y el resto de jugadores.
—Te crees tan superior que ni siquiera te acuerdas de cuando te ríes de la gente que está por debajo de ti, estrellita de los cojones.
—Cierra la boca, Hunter —lo avisa Tyler alejándose, y veo su intento por permanecer calmado y acabar con esto. Su mirada se cruza con la mía, pero no dice nada.
—A mí no me dices lo que tengo que hacer, gilipollas —dice Hunter, y antes de que me dé cuenta, tira del hombro de Tyler para hacerlo girar, y su puño cerrado se estrella contra su cara.