Solo una fan #14 La tapadera perfecta
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#14 La tapadera perfecta

LA TAPADERA PERFECTA

Cambio de marcha y piso el acelerador, aunque no me hace falta meterle caña al coche, porque voy con tiempo de sobra.

Ni siquiera sé cómo es posible. En otra época, pasar la noche fuera significaba desaparecer durante un día, o incluso más.

Pero las prisas de Nora por volver al trabajo, incluso después de lo ocurrido, han cambiado mis mejores costumbres.

Recorro las calles de Redmont pensando en otros hábitos que ha cambiado mi jefa de comunicación, como dormir con una chica sin que pase nada entre nosotros. Y más raro aún es que me gustase.

Había algo relajante en ver a la Chica del Móvil a mi lado, descansando tranquila, como si todo el odio que me tiene hubiera desaparecido.

Luego, recuerdo la pesadilla del Midnight Casino. Duró poco, y, aun así, solo por el color oscuro que pude divisar en el cuello de Nora, sé que tardaremos en olvidarlo.

Cuando vi a Draven agarrándola, sentí una furia desatándose dentro de mí que no recordaba ni en mis mejores partidos.

No fue el miedo a que le estuviera haciendo daño, cosa que era obvio viendo lo morada que se le estaba poniendo la cara, sino porque esos dedos que la agarraban, lo hacían por mi culpa.

Si la hubiera hecho caso desde el primer momento, si hubiéramos salido de allí cuando me lo pidió, ahora no tendría el cuello magullado. Y, sin embargo, no me lo ha reprochado ni una vez mientras desayunábamos.

Siempre he pensado que Nora era como un libro abierto, incapaz de disimular las expresiones de su cara. Es fácil saber lo que siente o piensa. Y entonces, dice o hace algo que no me espero. En lo referente a ella, no entiendo nunca nada.

Cuando cruzo las puertas del Complejo, paso por delante de mi plaza, señalizada con una foto bien grande de mi cara y mi nombre en rojo. Pero no busco mi aparcamiento, sino el Ford rojo de Nora. Lo encuentro donde siempre, esta vez con su conductora junto al vehículo.

Se está colocando un pañuelo en el cuello, lo que hace que la furia adormecida en mi pecho vuelva a activarse, porque su camiseta de manga corta es prueba suficiente de que no hace tiempo para llevar el cuello abrigado, y solo hay un motivo para llevar esa prenda.

Aparco mi coche delante del suyo, aunque podría decirse que lo tiro, y espero a ver su cara de fastidio. Como suponía, no tarda en mostrarla.

Abandona el pañuelo y pone una de sus manos en su estrecha cintura.

—¿En serio? —me pregunta, haciendo que mi humor mejore al instante.

—Me gusta este sitio —replico tan indiferente como soy capaz. Sin embargo, me siento hasta feliz de que siga siendo ella, a pesar de lo que sucedió la pasada noche.

Me dirijo al maletero y lo abro para sacar mi bolsa. También selecciono una de las gorras que tengo por ahí y me la pongo con la visera hacia atrás.

Nora aparece a mi lado, y caminamos juntos hacia la entrada del edificio.

—Me pregunto por qué te gusta tanto mi sitio, cuando tienes uno reservado justo al lado de la puerta —dice cuando pasamos por delante de mi plaza.

—Así estiro un poco las piernas. —Se me ocurre la peor excusa. Lo cierto es que la única razón que tengo es que le molesta. Hace unos días me había propuesto hacerla explotar delante de todos. Ahora con verla enfadarse conmigo me vale. Pero parece que se va resignando a mi comportamiento.

Abro la puerta del edificio y la dejo pasar mientras me pregunto si debería esforzarme un poco más en lo referente a sacarla de quicio.

—Buenos días, señor Kelscot. —La chica de recepción corta el hilo de mis pensamientos al saludarme con su habitual sonrisa. Se la devuelvo al tiempo que levanto una de mis manos.

Nora se para frente a mí y casi choco con ella. Saca una tarjeta de su bolsa de tela y la pasa por un lector que hay al lado del mostrador de recepción.

—Ay, qué mala cara tienes, Nora. —El saludo que la recepcionista le dedica a ella es muy diferente al mío.

Me apoyo en el mostrador para poder fijarme en su rostro, porque no me he dado cuenta de que tuviera mala pinta, y quiero constatar que no tengo más de lo que preocuparme aparte de lo que esconde el pañuelo.

Pero, salvo el color rosa que empieza a cubrir sus mejillas, no veo nada raro. Aun así, no pierdo la ocasión.

—¿Una mala noche, jefa? —digo con el tono más socarrón que consigo.

—No, todo bien. —Intenta que su voz suene seca y decidida mientras guarda su tarjeta en la bolsa y se aleja velozmente.

No me cuesta ponerme a su altura.

—Todo bien… —digo detrás de ella, haciéndole saber que la sigo de cerca—. Así que no fue tan mala.

Según termino de hablar, llegamos al final del pasillo, donde se separan nuestros caminos. Solo entonces se vuelve hacia mí y puedo comprobar que su rostro continúa tan ruborizado como hace un momento. Estoy bastante seguro de que ahora se debe a su esfuerzo por contenerse y no gritarme.

—En realidad, fue horrible.

Se cruza de brazos, pero, con lo pequeña que es, no resulta demasiado intimidante.

— En realidad , no te creo —respondo con una sonrisa.

Apoyo mi brazo en la pared, por encima de ella, haciéndola retroceder hasta que esta frena su movimiento. Sus labios se cierran con dureza, aunque juraría que el buen humor sube hasta sus ojos cuando me contempla.

Nos mantenemos en silencio durante un momento en el que me pregunto en qué estará pensando, o si va a contestarme con alguna otra mentira. Pero no tengo tiempo de comprobarlo, pues alguien se ha acercado a nosotros, y no me he percatado hasta que nos saluda.

—Hola, chicos.

Alzo mi cabeza y encuentro a Kylen Blaze, otra vez él, junto a Nora.

—¿Qué pasa, novato? —le pregunto de mala gana.

Tengo que recordarme que es de mi equipo, que deberíamos incluso ser colegas.

En cambio, en cuanto aparece, solo me dan ganas de placarlo y dejarlo en el suelo—.

La sala de proyección está por allí. —Muevo mi mano y señalo con el pulgar detrás de mí, a donde debería estar dirigiéndome yo mismo, en lugar de estar perdiendo el tiempo en el pasillo.

—Sí, es que hoy tenía grabación con Nora —dice inseguro. Está claro que no ha olvidado la última grabación, cuando entré hecho una furia y con ganas de matarlo—. Pero puedo volver en otro momento —nos mira a ambos, dándose cuenta de que ha interrumpido algo.

Si bien, no sé exactamente el qué.

—No, tranquilo —responde ella rápidamente—. Vamos, Kylen.

El novato pasa por detrás de mí sin decir nada más y da unos pasos para alejarse. Después, se queda quieto, esperando a Nora.

—Bueno… Me voy —se despide con una voz débil, separándose de la pared y de mí.

Antes de que se aleje con el novato, la llamo.

—Oye, nos vemos luego, ¿no? —digo, sin saber por qué soy incapaz de frenar mis palabras. Aunque, ahora que veo cómo el rubor vuelve a cubrir sus pecas, me alegro de no haberlo hecho.

—¿Qué? —pregunta nerviosa, mirando a ambos lados del pasillo.

Me acerco a ella recortando el poco espacio que ha establecido entre nosotros.

—Para lo de… —Me agacho para llegar a la altura de su oído, y percibo el olor a flores que me ha acompañado durante toda la noche. Ahora resulta más intenso—. Desenmascarar al acosador —susurro a su lado.

Ella se separa al instante.

—Ah, sí, claro, sí —me contesta varias veces.

—Terminamos la charla a las doce —le informo, y me marcho detrás de los últimos jugadores que cruzan el pasillo.

Cuando me giro, ya está hablando con Kylen, ambos moviéndose juntos por el pasillo.

—No pierde tiempo el novato, ¿eh? —Hunter aparece detrás de mí y me da un puñetazo amistoso en la tripa. No ha medido la fuerza, porque mis músculos palpitan bajo el golpe.

Sin decir nada, camino detrás de él tratando de olvidar su comentario e incapaz de ignorar su risa.

—¿No me digas que te jode?

Cuando miro al tight end veterano del equipo, encuentro su ceja elevada mientras espera mi respuesta.

—Joder, pero ¿qué dices? —Me río con fuerza, a pesar de que no me hace ni puta gracia. Lo cierto es que me ha jodido desde el primer momento que Nora me tuviera entre ceja y ceja, aunque no pienso reconocerlo. Y está claro que el novato está pillado por ella. Cosa que me da igual.

—Solo digo que pasáis mucho tiempo juntos, ¿no?

Seguimos andando, y noto la mirada insistente de Hunter sobre mí. Me recoloco la mochila sobre el hombro sin dejar de moverme. Hoy tenemos charlas de jugadas y tenía planeado pasarme por el gimnasio al terminar la jornada. Un poco de machaque muscular siempre viene bien para acallar la cabeza.

—Se llama fama. Estabais un poco necesitados de ella por aquí. —Le guiño un ojo de la forma más creída que puedo. Si lo que le apetece es tocarme los cojones, yo también puedo jugar a ese juego.

—Claro, estrellita —me dice con una sonrisa, pero sé que le ha hecho la misma gracia que a mí su comentario.

Me llevo la mano a la frente y la separo en un gesto rápido de despedida. Empiezo a trotar con ganas de llegar y concentrarme en algo que no sea lo que ocurre en los pasillos de este edificio.

Tres horas más tarde, tengo la cabeza hasta arriba de nueva información. Algunas de las jugadas ya las conocía de estudiar al equipo cuando me enfrentaba a él como Rampart. Otras, las intenté ir aprendiendo cuando supe que por fin llegaría a los Stallions.

Sin embargo, hay muchos detalles que me fallaban, y que en estas charlas he podido entender. El libro de jugadas no es más grande que los que he tenido que memorizar en mis anteriores equipos, pero siento que la presión a no defraudar le añade un peso extra.

Voy a tener que empollar de lo lindo.

Kylen llegó media hora tarde a la charla, y el entrenador le ha anotado cincuenta dominadas.

Le importa una mierda que haya faltado por temas de marketing; al entrenador Taylor únicamente le importa nuestro trabajo con él.

Yo, por mi parte, no he escondido mi sonrisa cuando el novato se sentaba cabizbajo en su sitio.

En ese momento, se me olvidó el malestar porque tuviera la grabación esta mañana.