#13 Cuando tú me cuentes tus secretos #2
—En realidad, solo tomo café por las mañanas. No necesito rellenar tanto músculo como tú —digo. Y cuando veo cómo su sonrisa se curva en su cara, alcanzo la taza de café y la jarra y empiezo a servirme.
Me gustaría pensar que el calor que siento es por la bebida en mis manos, pero no he pasado por alto que acabo de referirme a sus músculos, a los que, por cierto, he dormido abrazada; y por desgracia, él también se ha percatado de ello.
—Pensaba que no te dolía. —El buen humor se le ha borrado de la cara, y me pregunto si hemos vuelto a nuestra anterior relación. Me hace una seña con la cabeza y baja por un segundo los ojos hasta mi cuello.
Me doy cuenta, entonces, de que estaba estirándolo.
—Es por dormir en una mala postura —le aclaro. Luego, vierto más café en mi taza, hasta llegar al borde. Me la acerco a los labios y siento que el olor ya me despierta un poco. Doy un trago largo y suspiro—. Necesito bien de esto antes de ver las noticias de hoy. Espero que haga efecto pronto.
Descubro entonces que Tyler no ha levantado la vista de mí. No recuerdo haber dicho ninguna tontería en particular y, sin embargo, su ceño permanece fruncido.
—¿Qué pa…?
—Lamento lo de anoche.
Ya no usa la voz ronca que escuché esta mañana en la terraza y, aun así, suena tan grave que se me mete debajo de la piel. O puede que sea la forma en que me mira, atrapando mis ojos con fiereza, como si de verdad sintiera esas palabras.
—No… No pasa nada —soy capaz de decir después de un momento.
En realidad, todo se podría haber evitado si me hubiera hecho caso y hubiera salido de allí en cuanto se lo dije. Sin embargo, algo me empuja a no romper la paz entre nosotros. Además de la confusión que me produce verlo preocupado por mí. Es imposible.
Tyler no dice nada más y se sirve su café.
Aprovecho que está ocupado para mirarlo por un momento.
Incluso con su pelo despeinado, sigue pareciendo un modelo de portada.
Sus mechones claros brillan con el sol que empieza a colarse por la ventana a mis espaldas.
«Igual que yo», pienso cruelmente, reprochándome las pintas que debo tener, con el pelo mal recogido en un moño rápido.
Intento controlar los mechones que yo misma me he sacado hace un momento sin darme cuenta, pero mi imagen tiene poco que hacer contra la de una estrella mundial.
Me percato de que sigue serio según se prepara el desayuno, y no se me ocurre qué decirle para animarlo. Tampoco es que tenga esa relación con él. Lo más seguro es que me invitara a meterme en mis asuntos.
Así que, antes de que me lo diga él, es lo que hago. Vuelvo a centrarme en mi desayuno. Al menos, hasta que Tyler habla de nuevo.
—¿Tienes algún pasado con Draven?
La pregunta me pilla tan de sorpresa que no puedo evitar toser cuando el café se me va por el lado equivocado. Una imagen muy femenina por mi parte.
—¿Qué? —pregunto estupefacta—. Claro que no. ¿Por qué piensas eso?
Lo veo encoger los hombros mientras da vueltas a la napolitana de chocolate en su mano.
—Sabía que eras la jefa de comunicación.
Un pequeño escalofrío me recorre la espalda cuando recuerdo mi breve presentación con Draven. No sé cómo me conocía, pero lo hacía.
Sacudo la cabeza y pienso en una explicación posible para eso.
—Todo el mundo sabe que es fan de los Stallions, aunque pensaba que su conocimiento no iba más allá de los jugadores. Quizá se informa de quién entra en su local. No sé.
Tyler se ríe suavemente.
—Típico de mafiosos, ¿no? Espero que no tengas trapos sucios, jefa.
Una pequeña sonrisa se escapa de mis labios cuando veo la suya, y no digo nada más.
Me termino mi café y respiro hondo.
—Bueno, la hora de la verdad… —digo levantando el móvil de la mesa.
Me quedo mirándolo durante un segundo antes de atreverme a encender la pantalla.
Cuando lo hago, la encuentro inundada de notificaciones.
Entre ellas, tengo varias llamadas y mensajes de Susan.
Decido fijarme en las aplicaciones de noticias con la alerta «Stallions».
Empiezo a abrirlas todas, una tras otra, con titulares sobre los entrenamientos, comparaciones de algunos jugadores, el futuro de McKillen en el equipo, lo que va a aportar Tyler con su llegada… Pero en ninguna de ellas se habla del Midnight Casino.
—¿Alguna novedad? —pregunta Tyler frente a mí.
Lo miro confusa, porque no consigo procesar que no aparezca nada sobre el incidente de anoche, así que pongo el nombre del local en el buscador y salen distintas noticias sobre la redada.
Después de cuatro de ellas, puedo confirmar que no aparece el nombre de Tyler, ni la foto que el acosador me mandó.
Alzo la vista del teléfono, tan feliz que tengo ganas de saltar.
—¡No hay nada! ¡Nada! —le confirmo con una voz demasiado aguda—. Nadie está hablando de ti.
Mi sonrisa es incontenible, y creo que he contagiado la que irrumpe en el rostro de Tyler.
—Supongo que eso es bueno —dice, intentando sonar herido.
No puedo evitar dar golpecitos con los pies en el suelo.
—¡Sí! ¡Es genial! El acosador nos ha dado tregua hoy. —Respiro hondo y me dejo caer contra el respaldo de la silla.
—Bien —dice Tyler satisfecho. Y, de la nada, una ráfaga de diminutos cosquilleos recorre todo mi cuerpo cuando me mira como si compartiera mi felicidad mientras yo me escurro en la silla.
Luego, carraspea suavemente.
—Todavía no me has dicho cómo sabías que estaba allí. —Su tono ha cambiado, como si recordase que, en realidad, nos llevamos mal. Cosa que yo también tengo que esforzarme en recordar.
Me yergo en la silla y, a pesar de que abro la boca para hablar, ningún sonido sale de ella. Es como si todas las palabras hubieran abandonado mi cuerpo, dejándome sola ante una buena discusión. Justo la que quería evitar.
Por supuesto, él se da cuenta de todo.
—¿Desde cuándo te escribe? —Apenas me da un segundo para contestar, aunque tampoco lo hubiera usado—. Sabes que tienes que bloquearlo, ¿no? ¿Has hablado con Norman? —No deja de lanzarme preguntas.
—Aún no.
Se detiene para expulsar todo el aire de sus pulmones por la nariz. El nivel de enfado que demuestra me resulta incluso superior a cualquiera de nuestras anteriores disputas.
—¿Por qué no lo has bloqueado? —inquiere finalmente. A pesar de que trata de mantener la calma, no puede ocultar los músculos de sus brazos tensándose. Parece que se estuviera conteniendo para lanzar la mesa, y todo lo que se interpusiera en su camino, por los aires.
—¡Nora! —me apremia ante mi silencio.
Al final, suspiro y digo lo que no quería decir.
—Porque es la única forma de enterarme de tu agenda y de tus posibles líos con la prensa.
Si me dijeras tus planes… —termino diciendo, y sé que da igual el motivo, todos son equivocados, porque no debería estar hablando con un acosador.
Sé que le he dado a Tyler la oportunidad perfecta para seguir considerándome la estúpida que cree que soy.
Él se ríe incrédulo mientras se masajea la nuca.
—Así que ahora es culpa mía —dice sacudiendo la cabeza. —¡Nora, es peligroso, joder!
—Pensaba que eran inofensivos —digo con un atisbo de sonrisa. Su gesto, en cambio, permanece impasible, especialmente cuando eleva el volumen de su voz.
—¡No cuando te controlan! ¡Joder! ¡Draven ha estado a punto de matarte porque has decidido seguir el juego al acosador!
Detengo mi mano en el aire, antes de que llegue a posarse sobre mi cuello, porque no necesito darle más motivos para regañarme.
—¿Y tú? —pregunto tratando de buscar una salida.
—¿Yo qué? —Cada cosa que digo parece enfadarlo más. —¡A mí me manda fotos y paso de ellas! ¿O me has visto hacer alguna gilipollez?
Mi primer instinto quiere rebatirle que, desde que llegó a los Stallions, no ha dejado de hacerlas, pero prefiero mantenerme callada.
—¡Vale! —accedo finalmente, rendida.
Mi respuesta me sorprende tanto como a Tyler, que se queda quieto en la silla, arrugando sus cejas.
—¿Vale qué?
—Que tienes razón. Lo bloquearé.
Me mira fijamente por un momento, y luego se recuesta en el respaldo de la silla. Se cruza de brazos, llamando mi atención sobre ellos más de lo que me gustaría admitir, y vuelve a mostrar un gesto más amistoso.
—Que yo lo vea —me pide. Solo intenta que vuelva a darle motivos para echarme la bronca, así que hago lo que quiere. Levanto mi móvil de la mesa y, antes de buscar la conversación que tengo con el número oculto, me viene una idea a la cabeza. O, más bien, una locura.
—Y si…
No llego a terminar la frase, pues una de las manos de Tyler aparece sobre mi teléfono, arrebatándomelo en un rápido movimiento. Un segundo después, está concentrado en su pantalla.
—¡¿Qué haces?! —pregunto molesta.
Él sigue tecleando sobre el cristal del dispositivo. Cuando termina, me lo devuelve, visiblemente de mejor humor.
—Este acosador es mío, no tuyo. Te prohíbo hablar con él.
Yo me río suavemente.
—¿Que el acosador es tuyo? Suenas incluso más idiota y egoísta que de costumbre.
Lo que le digo le gusta, porque veo sus ojos entornándose al sonreír.
—Dime algo que no sepa, jefa.
Me doy cuenta de que llevo un rato mirándolo y me centro en la taza vacía entre mis dedos. Él continúa desayunando y acabando con todos los dulces del plato. Me pregunto cómo puede comer tanto, aunque, visto su tamaño, me hago una idea.
Cuando termina, se deja caer contra el respaldo de la silla, poniendo uno de sus enormes brazos sobre él.
Echa un vistazo a la cafetería mientras yo recorro su cuerpo con la mirada.
Un calor me sube por la garganta hasta mis mejillas cuando recuerdo ese brazo alrededor de mi cintura la noche anterior.
Supongo que ese es el efecto que tiene Tyler sobre sus fans, aunque yo no lo soy. Y no pienso serlo.
Tyler se gira hacia mí, sorprendiéndome.
—Deberías comer un poco más. —Me acerca el plato en el que quedan cuatro bollos.